martes, 23 de octubre de 2007

-Alfonso I El Católico.



Si con el nombramiento de Pelayo como rey de los astures en el año 718 se daba origen legendario al primer núcleo de resistencia frente al Islam en el norte de la península, será con su yerno Alfonso I con quien el reino astur se consolide y dirija sus miras hacia los territorios del sur. Los cristianos de la cornisa cantábrica ven despejado su horizonte y se marca un punto de inflexión en su trayectoria, de ahí la importancia que para la historia de nuestro país tiene este monarca, apodado "El Católico" por su interés en potenciar la religión cristiana en sus dominios.

Alfonso I sucede a Favila, hijo de Pelayo, cuyo reinado duró apenas dos años, del 737 al 739. El final de sus días llegó de forma terrorífica, cuando un oso le despedazó mientras disfrutaba de unas jornadas de caza, a las que era muy aficionado. El joven monarca apenas tuvo tiempo para consagrar la ermita de la Santa Cruz, construida en Cangas de Onís, capital del reino, como recuerdo del triunfo de su padre en Covadonga.

Nacido en el año 693, Alfonso I era hijo del dux Pedro de Cantabria. Se casó con Ermesinda, hija de Pelayo, con lo que a la muerte de Favila, se convirtió en único heredero del trono, lo que constata la tradición matrilineal propia de la sociedad gentilicia astur.
De esta manera se unirán a los territorios originarios del reino, los dominios de su padre Pedro, dando lugar a una extensión formada por Cangas de Onís, Liébana, Transmiera, Sopuerta, Carranza y Bardulia, que según la Crónica de Alfonso III, correspondía a la primitiva Castilla, que se situaba en el norte de la actual provincia de Burgos, cuyo límite meridional quedaría fijado por el río Ebro, en territorio fronterizo con los vascones.
El inicio del reinado de Alfonso I, en el año 739, coincide con un enfrentamiento civil en Al-Andalus entre bereberes y árabes. Los primeros, que estaban al frente de las guarniciones de la Meseta Norte, abandonan sus posiciones dejando el terreno libre para un hábil Alfonso, que viendo una gran oportunidad para afianzar su territorio, se lanza hacia el oeste incorporando a su reinado la diócesis de Iria Flavia, con lo que abre sus dominios a la costa gallega, que desde entonces, queda incorporada al reino astur.
Hacia el 750, una enorme hambruna y una epidemia de viruela merman los territorios del valle del Duero, ya de por sí despoblados, lo que favorece las incursiones de los astures. La Crónica de Alfonso III nos dice que acompañado de su hermano Fruela, "llevó a cabo muchos combates contra los sarracenos y capturó muchas ciudades que éstos habían ocupado. Esto es, Lugo, Tuy, Oporto, Braga, Viseo, Chaves, Ledesma, Salamanca, Zamora, Ávila, Segovia, Astorga, León, Saldaña, Mave, Amaya, Simancas, Oca, Veleya, Alavense, Miranda, Revenga, Carbonera, Abalos, Briones, Cenicero, Alesanco, Osma, Clunia, Arganda, Sepúlveda, con todos sus castros, con villas y aldeas..."
Muy optimista se mostraba el cronista, en la Albeldense, se nos dice simplemente que "invadió victorioso las ciudades de León y Astorga, poseídas por los enemigos, asoló los Campos que llaman Góticos hasta el Duero y extendió el reino de los cristianos..."
Sin tomarlas al pie de la letra, el relato de ambas Crónicas nos permite trazar los límites entre Al-Andalus y el reino astur durante el reinado de Alfonso I. Saldaña, Mave, Amaya, Oca y Miranda constituirían una primera línea fronteriza, que los musulmanes protegerían con centros fortificados más alejados, como Astorga, León, Clunia y Osma. En el Valle del Ebro, las fortalezas de Miranda, Revenga, Carbonera, Abalos, Briones, Cenicero y Alesanco constituirían el limes de los territorios vascones.
El objetivo de las incursiones dirigidas por Alfonso I sería el de crear una gran franja fronteriza, en su mayoría despoblada, que supusiera un cordón de seguridad frente a los musulmanes. Esto explica que, según la Crónica de Alfonso III, se dedicara a eliminar los núcleos de población musulmana y a llevarse a los habitantes cristianos hacia las zonas más seguras del norte peninsular.
Este fenómeno permitió la introducción de formas de vida visigodas en los núcleos poblaciones de la cordillera cantábrica y la costa gallega, que dejaron una cierta influencia en la centralización del poder y en el régimen de servidumbre, claves para entender el futuro desarrollo del reino astur. Así también, en este fenómeno encontramos la base del surgimiento del neogoticismo, que inculcó entre los astures la idea de Reconquista.

A pesar de sus incursiones, Alfonso I no consiguió establecer un dominio estable sobre las zonas del Valle del Duero, pero sí que logró despoblar de enemigos extensas franjas del norte peninsular. Desde entonces, los musulmanes establecieron tres marcas fronterizas, las de Zaragoza, Toledo y Mérida, altamente fortificadas. El Valle del Duero se convirtió en escenario de continuas escaramuzas bélicas entre los reinos cristianos del norte y Al-Andalus.
De su matrimonio con Ermesinda, Alfonso I tuvo tres hijos: Fruela, Vimarano y Adosinda. Tras enviudar, engendró otro vástago de una cautiva, al que llamó Mauregato. A su muerte, fue su hijo Fruela quien le sustituyó, reinando desde el año 757 hasta el año 768.
A parte de las incursiones militares, Alfonso I mostró una gran preocupación por engrandecer y enriquecer la capital de su reino, Cangas de Onís, potenciando a su vez la vida cristiana, lo que le valió el apelativo posterior de "El Católico". Fundó el monasterio de San Pedro de Villanueva, junto a Cangas, y el de Santa María de Covadonga, cuyo aspecto se desconoce, pero que bien pudieron ser la incipiente muestra de un estilo arquitectónico propio, que comenzaría a gestarse en este momento y que alcanzaría su mayor esplendor a partir del reinado de Ramiro I.
Alfonso I murió en el año 757, rodeado de una aureola de santidad y sus restos reposan en la santa Cueva de Covadonga, junto a su mujer Ermesinda.


Fuente:ARTEGUIAS: Mario Agudo












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