miércoles, 26 de febrero de 2020

-La cueva de El Mirador de Atapuerca aporta nuevos datos sobre los inicios agrícolas y ganaderas en la Meseta.

Enlace: https://noticiasdelaciencia.com/

[Img #59177]El IPHES (Institut Català de Paleoecologia Humana i Evolució Social) (Catalunya, España) ha acogido recientemente una reunión científica centrada en las investigaciones de la cueva de El Mirador (Atapuerca), organizada por Ethel Allué (IPHES-URV), Patricia Martín (Universitat de Barcelona) y Josep Maria Vergès (IPHES -URV). El objetivo era favorecer el debate entre los y las asistentes y establecer futuras colaboraciones para avanzar en el conocimiento sobre los inicios de las prácticas agrícolas y ganaderas en la Meseta.

La reunión científica dio cabida a 13 comunicaciones en las que participaron 57 coautores y coautores, procedentes de 14 instituciones nacionales e internacionales. De esta manera se pudo abordar un amplio abanico de problemáticas enmarcadas en un total de 21 disciplinas. Cabe destacar la presencia de personal investigador del IPHES y de la URV (Universitat Rovira i Virgili de Tarragona), como Palmira Saladié (IPHES URV), Marina Lozano (IPHES URV), Isabel Expósito (IPHES) y Miquel Guardiola (IPHES). Tambien contribuyeron con sus aportaciones, doctorandos y estudiantes del Master Erasmus Mundus en Arqueología del Cuaternario y Evolución Humana, que imparte la URV gracias a la investigación que desarrolla el IPHES, algunos de los cuales realizan parte de su investigación sobre la cueva de El Mirador.

Entre los ámbitos de estudio que se analizaron estaban presentes la contextualización paleoclimática y del paleoambiente, proporcionada por diferentes estudios interdisciplinarios; las prácticas agrícolas y ganaderas, que se abordan a través de estudios arqueobotánicos, zooarqueológicos y micromorfológicos, de química analítica y tafonómicos sobre la formación de la secuencia de fumier (excrementos quemados que se acumulan en las cuevas).

También fueron objeto de interés el uso de la cueva como espacio funerario y el estudio de los restos humanos. Se trataron temas como la dieta de los individuos, sus patologías, genética o las prácticas rituales como el canibalismo. Entre todos los datos obtenidos se ha podido avanzar en el conocimiento de los grupos humanos que habitaron la cueva entre hace 7.000 y 3000 años aproximadamente. Sobre su cultura también se habló sobre su tecnología y la cerámica que elaboraban.

La cueva de El Mirador se excava desde el año 1999 y ha proporcionado una secuencia con niveles pleistocenos y holocenos imprescindible para comprender especialmente los inicios de la incorporación de las prácticas agrícolas y ganaderas en la Meseta. Esta cavidad fue principalmente utilizada para la estabulación de ovejas y cabras. Los excrementos de estos animales se acumulaban en su interior y eran periódicamente quemados para reducir su volumen y desparasitar la cavidad. Este proceso forma los llamados depósitos de fumier, siendo el de El Mirador uno de los más amplios y mejor conservados. Cabe destacar también que, durante el Calcolítico la cueva fue utilizada como sepulcro colectivo.

Las personas participantes procedían de diversas instituciones algunas integradas en el Proyecto Atapuerca como Jaime Lira (UCM-ISCIII) y Ángel Carrancho (Universidad de Burgos) y otros colaboradores como Ana Polo (University of Sheffield), Iñigo Olalde (Universidad Pompeu Fabra) Javier Iglesias (Universidad Complutense). La reunión contó con la presencia del conocido genetista Carles Lalueza-Fox (Universidad Pompeu Fabra) quien impartió una magistral conferencia. La reunión científica incluyó también una exposición de materiales ("El Mirador: 20 años de investigaciones) y dos series fotográficas ("El Mirador: 20 años en 10 imágenes" y "El Mirador: una mirada a través del Microscopio"). (Fuente: IPHES/DICYT)

sábado, 18 de enero de 2020

-Los tesoros de las Cuatro Villas de Amaya.

Fuente: https://www.burgosconecta.es/provincia

Restos del castillo de Castrojeriz, que domina la llanura desde un otero situado en las afueras de la localidad./Amplios páramos dominan la comarca burgalesa que hoy visitamos, paisajes abiertos por los que la vista se pasea sin encontrar resistencia. Comparten espacio con tierras de cultivo dominadas por el cereal que todo lo vuelve amarillo y verde. Unos y otras visten esta zona situada en el occidente de Burgos, provincia regia llena de historia, de hombres y mujeres acostumbrados al frío. Un famoso camino, el de Santiago, rompe esa homogeneidad. Muchos pisaron su senda, muchos siguen haciéndolo todavía. Imprime carácter al campo, igual que lo hace la riqueza monumental de las conocidas como Cuatro Villas de Amaya: Castrojeriz, Sasamón, Villadiego y Melgar de Fernamental. Puedes ponerte en manos de un guía para que te ayuden a conocerlas (www.guiasturisticosburgos.com) o hacer el recorrido por tu cuenta. Hay mucho que ver, que aprender y escuchar.
Es precisamente la senda estrella para los peregrinos quien marca el desarrollo de la primera de estas localidades, Castrojeriz. El urbanismo jacobeo dibuja sus líneas, con un precioso castillo que impone su presencia sobre el conjunto. Antes de colarse dentro de sus límites vale la pena reconocer las ruinas del convento de San Antón (s. XV), gótico, levantado por la orden francesa de los Antonianos, aunque ahora se trate de un albergue para peregrinos.
Entramos en la población, segunda más importante del Camino Francés en la provincia. Aseguran los expertos que solo le hace sombra la capital de la provincia. Llamada antiguamente Castrum Sigerici, en sus calles se levantaron hasta siete hospitales para aquellos que transitaban hacia Santiago de Compostela, lo que da una idea del enorme flujo de visitantes. Cruza de este a oeste la calle Real, una de las más largas del trazado jacobeo, desde el barrio del Manzano o Almazán, anfitrión de la Colegiata de Nuestra Señora del Manzano, cuya fábrica original protogótica de comienzos del XIII y reformas del XV y XVIII funden colaboraciones. Dentro hay que fijarse en la imagen de Nuestra Señora del Manzano (s. XIII), iluminada por un rosetón gótico, a la que Alfonso X El Sabio dedicó cinco de sus famosas cantigas.
Los templos de Santo Domingo, sede del Centro de Interpretación Iacobeus, y de San Juan, con su torre con arranque románico y precioso claustro del XIV, hacen las delicias de los recién llegados que deberán pasar por la porticada plaza mayor, de formas alargadas. Hay mucho más que ver aún: convento de Santa Clara, ruinas del convento de San Francisco, Casa del Cordón, casona de los Gutiérrez Barahona, restos de muralla... Bonitos inmuebles cubren el lugar.
Santa María la Real es uno de los emblemas de Sasamón.
Santa María la Real es uno de los emblemas de Sasamón.
La siguiente parada aguarda en Sasamón, llamada Segisama por sus antiguos vecinos celtíberos. Principal enclave para los turmogos, también los romanos decidieron hacerla suya. Tanto atrajo a Augusto que establecería allí su campamento, desde donde comandar la guerra contra los cántabros. Liberada ya de todas estas civilizaciones, se convirtió en sede de un obispado altomedieval, aunque no le duró mucho.
Imprescindible es maravillarse ante la colegiata de Santa María la Real, enorme como pocas y de gran categoría artística. La portada del extremo meridional del crucero (s. XIII) se creó como una réplica de la del Sarmental, presente en la catedral de Burgos. Disfrutarás además las ruinas del convento de San Miguel, los restos de la muralla medieval con puerta fortificada y la cruz del humilladero tardogótico, monumental y tallado en piedra.
Ermita románica de Arenillas.
Ermita románica de Arenillas. / turismo de villadiego
Nueva dirección hacia Villadiego. Habitada desde finales del siglo IX gracias al impulso del fundador de Burgos, el conde Diego Porcelos, recibió su fuero de Alfonso VII en 1134. Gracias a él atesoraron privilegios económicos que proyectarían al alza este rincón del mundo. Dinero llama a gentes ansiosas de poseerlo. En este lugar se instalaron judíos, creando una de las aljamas más importantes de la provincia. Con un admirable núcleo urbano de origen medieval, la muralla que ceñía su perímetro marcó su silueta almendrada.
Desde la plaza arranca una calle porticada hacia el Arco de la Cárcel. Tras la expulsión de los judíos se levantó el convento de Santa María de los Ángeles. La plaza mayor porticada acoge el monumento a uno de los hijos ilustres, Enrique Flórez, célebre historiador agustino. Dos iglesias equidistantes completan la visita, son San Lorenzo Mártir y Santa María.
El acueducto de Abánades permite al Canal de Castilla salvar el río a su paso por Melgar de Fernamental.
El acueducto de Abánades permite al Canal de Castilla salvar el río a su paso por Melgar de Fernamental. / P. P. S.
Queda por conocer Melgar de Fernamental. Tocada por la fortuna a finales del siglo XV y en el XVIII, en esa primera época nace su iglesia parroquial de la Asunción de Nuestra Señora, un templo renacentista que a mediados del XVI erigió Juan de Escarza. También renacentista es el ayuntamiento. En cambio, el arte románico domina la ermita de Nuestra Señora de Zorita. El segundo periodo de esplendor coincidiría con el reinado de Carlos III y la instalación de la real fábrica de curtidos a la inglesa.
Brillante es también la obra cumbre de la ingeniería hidráulica española del siglo XVIII que espera en la villa. Basta cruzar el Pisuerga para toparse con el Canal de Castilla, vía fluvial de comunicación y transporte que, gracias al fluir de sus aguas, acabó con el aislamiento de la meseta castellana y leonesa. El acueducto de Abánades, una impresionante obra de ingeniería, salva el río.
Espacio dedicado a la pesca en Pisórica (Melgar de Fernamental).
Espacio dedicado a la pesca en Pisórica (Melgar de Fernamental).
La parte cultural informativa la cubren cuatro Centros de Interpretación de diversa temática, pensados para niños y adultos. Los primeros disfrutarán sin medida en Fabulantis. Villadiego acoge este espacio que fomenta creatividad e imaginación. Crearán todo aquello que pase por su cabeza gracias a dibujos y juegos. Dentro podrán disfrazarse de superhéroes, leer cómics… Sasamón cuenta con Medievum dentro de la Colegiata de Santa María. De manera didáctica el visitante retrocede en el tiempo para conocer a los habitantes del lugar a lo largo de la historia.
El tercer espacio, situado en Castrojeriz, es Iacobeus, donde se develan enigmas del Camino de Santiago, secretos físicos y espirituales. El objetivo, desentrañar la razón por la que tantos peregrinos deciden emprender esta ruta. Por último, Pisórica transforma a los visitantes en pescadores en Melgar de Fernamental, pues muestra técnicas de pesca fluvial para aprender a convivir con él y respetarlo.

-El Homo antecesor hallado en Atapuerca ya padecía problemas derivados de no poseer el espacio suficiente para la muela del juicio.

Fuente:https://www.burgosconecta.es

El Homo antecesor hallado en Atapuerca ya padecía problemas derivados de no poseer el espacio suficiente para la muela del juicioUn estudio llevado a cabo por la Universidad de Burdeos y el Grupo de Antropología Dental del Centro Nacional de Investigación sobre Evolución Humana (CENIEH) y publicado esta semana en la revista 'American Journal of Physical Antrhopology' desvela que el Homo antecesor hallado en Atapuerca ya padecía los inconvenientes de no poseer el suficiente espacio para la muela de juicio o tercer molar, por los rasgos modernos de su cara.

El análisis del hueso maxilar ATD6-69, 'la cara' de Homo antecessor, cercano al millón de años de antigüedad, mediante técnicas de alta resolución como la microtomografía computarizada llevada a cabo en el CENIEH, ha permitido la identificación de signos coincidentes con el desarrollo fuera del lugar propio, del tercer molar, y el impacto secundario del segundo molar, su retención dentro del hueso alveolar.

 La falta de espacio para muela del juicio, inconveniente de la cara moderna

-El Homo Antecessor no tenía capacidad de trepar.

Fuente:https://www.republica.com/2020/

Los Homo antecessor, especie humana que pobló Atapuerca (Burgos) hace 800.000 años, ya no poseían un cuerpo adaptado a trepar árboles con facilidad, según ha develado un estudio de un equipo liderado por José María Bermúdez de Castro, coordinador de Paleobiología del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (CENIEH).

El estudio, publicado en la revista Journal of Human Evolution, se basa en dos escápulas de Homo antecessor halladas durante las campañas de excavación de 2005, 2006 y 2007, que pertenecieron a un individuo de unos tres años y a un menor de sexo desconocido de edad equivalente a la de un adolescente actual, de las que se ha podido determinar que el esqueleto de Homo antecesor era parecido al de un homínido marchador habitual.
Los dos ejemplares abren un nuevo camino para conocer la forma de los omóplatos o escápulas y las características de este hueso de la espalda de esta especie, aunque aún hay otra investigación en curso para averiguar si su crecimiento seguía las mismas pautas que las de Homo sapiens.
Además, el estudio plantea la hipótesis de que una de las características de la escápula pueda informar sobre la posibilidad de arrojar o no objetos a larga distancia.
Si esa hipótesis fuera correcta, Homo antecessor habría sido incapaz de arrojar piedras y otros objetos con relativa precisión, aunque, puesto que apenas hay escápulas en el registro fósil, la pregunta queda aún en el aire.

En el registro fósil de homínidos solo existen cuatro ejemplares completos de esta parte anatómica del esqueleto en el período que transcurre entre hace seis millones de años y 100.000 años. El resto de escápulas de todo este largo período están incompletas y solo proporcionan información parcial.
Ambas escápulas de Atapuerca han podido ser comparadas con los otros dos ejemplares completos: un ejemplar de la especie Australopithecus afarensis (La niña de Dikika, Etiopía), con una antigüedad de algo más de tres millones de años; y el ejemplar del esqueleto KNM-WT 15000 (El Chico de Turkana), atribuido a Homo ergaster, datado en 1,6 millones de años.
De hecho, el 50 por ciento de todas las escápulas del registro del Plioceno y del Pleistoceno se han encontrado en el nivel TD6 del yacimiento de la Gran Dolina de Atapuerca, lo que sugiere de manera indirecta las características de la ocupación humana de este nivel.
Las escápulas son huesos delicados y se rompen con gran facilidad tras la muerte de los individuos, especialmente en niños y jóvenes, por lo que en el nivel TD6 de Gran Dolina tuvieron que existir uno o más campamentos de duración indeterminada, en los que se llevaran a cabo eventos de canibalismo, como así evidencian las marcas de corte de los huesos humanos hallados.
Los restos quedaron prácticamente en la misma posición en la que fueron dejados hace más de 800.000 años, algo determinante en el estudio arqueológico.
Debido a la fragilidad de estos restos, la labor de restauración llevada a cabo en el Instituto de Ecologìa Humana i Evolució Social (IPHES) de Tarragona por Lucía López-Polín, co-autora del estudio, ha sido lenta y minuciosa.
De hecho una de las escápulas es tan frágil, que no ha podido ser extraída del bloque de arcilla calcificada en el que se encontraba y la extracción se ha tenido que realizar de manera virtual por el Laboratorio de Microscopía y Microtomografía Computerizada del CENIEH.