
Los estudios científicos aún están en ciernes. En otoño del año pasado se realizó una prospección arqueológica de cuatro metros cuadrados de superficie y presenta cuatro metros de profundidad. Por el momento el equipo ha alcanzado los 2,5 metros en un espacio donde se han extraído 3.000 piezas entre ellas percutores, picos y cuñas dedicados a la extracción minera que en la zona se hace desde el Neolítico, y otras piezas más comunes en contextos prehistóricos como raederas, raspadores o denticulados.
El trabajo de los científicos es contrarreloj para determinar fehacientemente estos indicios de la mina más antigua de España. «Aquello es descomunal, es todo muy sutil porque está en zanjas que con el tiempo se ha enmascarado con la erosión y la montaña pero cuando te detienes a analizarlo ves los agujeros y las zanjas y te das cuenta de lo que es», apunta. Afirma que la presencia de sílex es «descomunal, hay por todas partes». Se trata de un área que Tarriño ya inspeccionó hace 20 años. Especialista en determinar la procedencia geológica de las herramientas de piedra que aparecen en los yacimientos prehistóricos, sabía de la existencia de sílex en diferentes áreas procedentes de Treviño aunque no se había identificado el punto de origen. Las caraterísticas de la composición del sílex del Monte de Araico evidencian que es éste. Un tipo de roca que los prehistóricos desperdigaron por diferentes yacimientos separados entre Asturias y el suroeste de Francia. Entre los usuarios de este material de Treviño, los hombres que vivieron en las Cuevas de Altamira. «Miles y miles de años usándolo, pasa el tiempo y cuando caemos en la cuenta de lo que es vienen a instalar estos aerogeneradores...» se lamenta Tarriño.
Fuente: Marta Casado www.elcorreodeburgos.com
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