miércoles, 30 de enero de 2008

-Los visigodos en Burgos.


---Tras las invasiones de pueblos bárbaros procedentes de centroeuropa a partir del año 409, no sera hasta el reinado del rey godo Leovigildo cuando se va a producir la plena integración de los territorios peninsulares bajo el poder visigodo.

Así, el año 574, Leovigildo ocupa la ciudad de Amaya, sometiendo a los pobladores montañeses del norte, que tras la caida del periodo romano habían vuelto a sus antiguos castros. Desde entonces se crearía el Ducado de Cantabria, con capital en la propia Amaya.
Los montañeses parece que se vincularon rápidamente a las iniciativas políticas del estado visigodo, asimilando cambios sociales tan importantes como la idea de “comunidad de aldea”. Esto es, el cambio a la propiedad particular, el definitivo sedentarismo, la explotación familiar de la tierra, los concejos vecinales y el definitivo predominio del cristianismo con el asentamiento de clérigos estables en el territorio.

Parece que en territorio burgalés, los principales asentamientos visigodos se situaban en la zona oriental, sobre todo en zonas bien protegidas, como San Felices de Oca, San Vicente del Valle, Santo Domingo de Silos, La Yecla, Barbadillo del Mercado, Quitanilla de las Viñas, Rupelo, Clunia, Hinojar del Rey, Castrillo del Val y Lara de los Infantes.
En el norte de la provincia serían puntos de reunión de guerreros y puntas de lanza de evangelización sobre los territorios más norteños, como Amaya, Castrosiero, Mijangos y San Millán de San Zadornil.

Es en este periodo cuando se produce la fundación de la sede episcopal de Oca y tal vez la posible diócesis de Amaya, de monasterios en Cillaperlata, Pampliega y tal vez en Silos, y la construcción de las basílicas de Santa María de Mijangos y Santa María de Quintanilla de las Viñas.

Con la entrada de las tropas musulmanas de Tarik en 711, se produce la desmembración del reino visigodo. Tarik toma Amaya, Mave, Oca, Briviesca y Pancorbo. Aunque aparentemente se mantiene el sistema administrativo visigodo, los antiguos castros se reconstruyen y se transforman en castillos y se respalda la unidad cristiana del territorio. La población se resguarda en las zonas montañosas del norte, modelándose un sistema de “Señor” titular de grandes propiedades colectivas y que protege a sus aldeanos de los ataques externos. En este territorio florecen cenobios como los de San Emeterio y San Celedonio de Taranco, Santa María de Valpuesta, San Román de Torillas y San Martín de Herrán.

Debido a esta nueva estructuración del territorio cristiano, se empezarán a producir las famosas y terribles aceifas para frenar su articulación y progresión. Ello dará lugar a dos siglos de luchas, hambre, penalidades y un afán de supervivencia que llevará poco a poco a la recuperación del espíritu del antiguo reino visigodo. Pero esa es otra historia…

martes, 29 de enero de 2008

-Excalibur.


Excalibur -los paleontólogos la bautizaron inmediatamente con el nombre de la espada mágica- apareció el 9 de julio de 1998 en la Sima de los Huesos, con la campaña de excavación de aquel año apenas comenzada.
El hacha fue encontrada sola, entre miles de huesos, barro y rocas. Es un bifaz o hacha de mano tallado por sus dos caras en cuarcita roja y marrón y de una calidad excepcional, datada hace 400.000 años.

La misma fue tallada con un material poco frecuente en la sierra de Atapuerca, cuarcita de color rojo. Apareció con los restos de una treintena de esqueletos, lo que hace pensar que era un objeto simbólico, que habría sido aportado al yacimiento, junto con los cuerpos humanos descubiertos, a modo de ofrenda.

Este hallazgo, único instrumento de piedra, recuperado junto con 4.000 fósiles humanos de 400.000 años de antigüedad nos indica que estamos ante un hito representativo de alguna creencia compartida por todo un grupo, y a la vez el comportamiento simbólico más antiguo hasta hoy conocido.

lunes, 28 de enero de 2008

-Villadiego



La villa fue fundada, según es tradición, por el Conde Don Diego Rodríguez Porcelos, Señor de Amaya, en la segunda mitad del siglo IX, en aquellos tiempos del Reino Astur en que la corona residía en Oviedo y Alfonso III impulsaba la repoblación de los territorios situados entre la Cordillera Cantábrica y el Duero, y algunos años antes de que el mismo emprendiera la gran obra de la fundación o repoblación de Burgos por mandato del Rey Alfonso III el Magno, hacia el año 884. Así se tituló esta Villa, bien porque el Conde Diego la fundara o bien porque fuera su dueño y señor.

Sin embargo, no será hasta el 978 cuando aparezca citado por primera vez en el documento fundacional del Infantado de Covarrubias.

Es también aquí voz común trasmitida desde tiempo inmemorial de padres a hijos que VILLADIEGO se denominó primitivamente Las Siete Villas de Diego. En la antigüedad hubo ciertamente estos barrios con sus iglesias, de los que sólo subsiste el primero. A saber: Barruelo, San Esteban, San Cristóbal, Tudanca de Arriba, Tudanca de Abajo, Mora y el primitivo villorrio de Villadiego. Lo más probable es que al fundar el Conde Don Diego este pueblo diseminara por la campiña una cuantas casas de campo, las cuales en el correr de los años, uniéndose unas a otras con nuevas edificaciones, formarían el núcleo de lo que luego se llamaría Villa de Diego o Villadiego.

Durante la Edad Media, Villadiego fue cabeza de alfoz y capital de merindad. Este hecho, unido al fuero otorgado por Alfonso VII en el año 1134 y confirmado posteriormente por Fernando III y Alfonso X, contribuyó a la consolidación del lugar como núcleo comercial y político.
Desde tiempo inmemorial estuvo Villadiego estrechamente vinculado a los Condes de Amaya. Don Fernando de Lara dominaba en Amaya y Ordejón y por lo menos desde 1182 defendía y tenía dominio en Villadiego. Pero en tiempos del Rey San Fernando pasó a dominio real y a él perteneció hasta el 18 de julio de 1255 en que Alfonso X el Sabio lo concedió en venta a Burgos, la que fue confirmada por su hijo Sancho el Bravo en 26 de mayo de 1285.

La prosperidad comercial de la villa, que formaba parte de las rutas de la sal, explica que acogiera a una importante comunidad judía ubicada entre las puertas del Arco de la Cárcel y de las Monjas, donde actualmente se encuentra el monasterio de San Miguel de los Ángeles.

Villadiego dependió de los señores de Amaya, y después de la Corona, hasta que en 1255 el Rey Alfonso X la otorgó al Concejo de Burgos.
A mediados del siglo XIV pertenecía la Villa, según el Becerro de las Behetrías, a Doña María de Portugal; siendo enajenados los derechos monetarios de Villadiego por Enrique II, en favor de los Tovar.
A principios del siglo XV fue vendida a Juan Fernández de Velasco a cuyo señorío ha pertenecido hasta su extinción en el siglo XIX.

En la actualidad, el trazado urbano de Villadiego conserva la antigua planta ovalada marcada
por la línea de la muralla que, ya a principios del siglo XV, rodeaba toda la localidad. De las cuatro
antiguas puertas sólo se conserva el Arco de la Cárcel, totalmente restaurado a partir de 1983 y
remodelado en su interior para acoger el Museo de Pintura y Etnografía, que incluye destacadas
obras pictóricas de Mariano Fortuny, Sorolla, Benlliure, Vicente López y otros autores de los siglos XV al XVIII.

La villa conserva todavía un buen número de edificios y rincones de interés. Entre ellos se
encuentra la Plaza Mayor, de forma irregular y rodeada de edificios porticados. Destaca de manera especial el profundo soportal del lado norte, a doble crujía y sustentado por columnas de piedra al exterior y de madera en el interior. La abundancia de soportales evoca la intensa actividad comercial desarrollaba en las calles de la villa. En el centro de la plaza se yergue la estatua del Padre Flórez, historiador nacido en esta localidad en 1702 cuya obra más conocida es la España Sagrada. Enfrente del Ayuntamiento, sobre el edificio donde estuvo situada la desaparecida ermita e Santa Ana, podemos observar la Torre del Reloj.

Al lado de la Plaza Mayor se sitúa la Plaza de los Mártires de la Tradición en la cual se
conservan una serie de casas-palacio de estilo renacentista que constituyen el conjunto
arquitectónico más notable de la villa. El edificio mejor conservado es el Palacio de los Velasco,
construcción de planta rectangular realizada a mediados del siglo XVI. Frente a ella se localiza la
Casa de los Borja, con una fachada construida en piedra en la planta baja y ladrillo en la superior.


Al suroeste de la villa se sitúa la iglesia de San Lorenzo, construcción que presenta planta
de dos naves con bóvedas de crucería del siglo XVI. Conserva una portada protogótica de finales del siglo XII. Su aspecto exterior actual responde a la reconstrucción neogótica de la torre realizada a principios del siglo XX. Próximo a ella se encuentra el Hospital de San Juan, edificio de gran sobriedad constructiva destinado en su día a dar asistencia a los peregrinos. Hoy día funciona como Casa de Cultura.
En el extremo opuesto se ubica la iglesia de Santa María, que conserva una primitiva portada del siglo XIII, si bien su interior fue renovado en el siglo XVI. Situado en las proximidades de la Plaza Mayor, en la calle de las Monjas, está el convento de San Miguel de los Ángeles, fundado a mediados del siglo XV por Alonso Rodríguez de Santa Cruz
con licencia del obispo de Burgos, Luis de Acuña. El monasterio se construyó sobre el antiguo barrio judío, y la iglesia, sobre la sinagoga. En clausura se conservan algunos recuerdos de la visita que realizó a la casa Santa Teresa.
Uno de los ejes más interesantes de la villa es el que discurre desde la fuente del Artesiano,
donde se encontraba la puerta sur, siguiendo la calle Estudio hasta la Plaza Mayor y desde allí, por la calle de Vega, hasta el Arco de la Cárcel. Este eje era la antigua vía comercial por la que llegaba la sal de Poza. Existían talleres artesanos, tiendas, edificios religiosos, como la desaparecida iglesia de San Juan de Mediavilla, y otros de prestigio como la Cátedra de Latinidad, cuya portada con escudo aún se conserva.

Ya a las afueras del pueblo se encuentra el barrio del Arrabal y la Ermita del Cristo. Se trata
de una capilla de reducidas dimensiones construida en el siglo XV, que alberga en su interior un
retablo barroco del XVIII y un Cristo yacente.
Villadiego comparte en su edificación la arquitectura en piedra, propia de la montaña vecina y
de los páramos circundantes, con la arquitectura de barro que distingue a las campiñas arcillosas de la cuenca.

domingo, 27 de enero de 2008

-El Brazalete de Oro de la Cueva del Silo.


Esta pequeña joya apareció en la Cueva del Silo en la campaña de 2004 y data de la Edad de Bronce, hace unos 3.000 años.
Se encontró en la devastada y tantas veces maltratada Cueva del Silo, que hasta la fecha había mostrado escasas evidencias arqueológicas. El brazalete de oro estaba oculto entre grandes bloques de piedra y data, según los expertos, de la Edad de Bronce, esto es, hace 3.000 años de antigüedad.
Este descubrimiento se produjo un 21 de julio por varios integrantes del grupo espeleológico Edelweiss.

El brazalete tendría que ver con posibles ocultaciones ceremoniales o votivas que se produjeron en parajes naturales durante la Edad del Bronce, lo que otorgaría un carácter sagrado al lugar.
Revela que los grupos humanos que desde el Neolítico hasta la Edad del Bronce utilizaron el Portalón de Cueva Mayor como lugar de asentamiento principal y la Galería del Sílex como santuario, podrían ser los autores del ocultamiento de este extraordinario objeto de oro».

La hipótesis de que la sierra fuera un lugar sagrado no es nada descabellado, toda vez que tanto la Sima de los Huesos como la Galería del Sílex fueron, según los investigadores, sendos santuarios. Así, aseguran que la gran acumulación de cadáveres de la Sima de los Huesos, que es el mayor yacimiento de fósiles humanos descubierto en el mundo, demuestra que este era un tipo de práctica funeraria, por lo que el yacimiento, como ha aseverado Juan Luis Arsuaga, uno de los codirectores, lo sitúa como el santuario más antiguo de la historia de la humanidad.

Fuente: diariodeburgos.es

sábado, 26 de enero de 2008

-Ruta de Viaje por Tierras de Lara y Arlanza.


Pequeña guía de viaje para recorrer las tierras de Lara y Arlanza.
-OLMOS ALBOS: Torre levantada en 1554 por Diego de Gamarra y Leonor de Serón, cuyos escudos adornan la fachada.

-SAN QUIRCE: Fundada por el conde Fernán González, la iglesia actual, románica, fue consagrada en 1147.
-QUINTANILLA DE LAS VIÑAS: Al pie de la Peña de Lara, en cuyo extremo se encuentran los restos del castillo de Fernán González. La ermita dedicada a Santa María es visigoda, de finales del siglo VII.
-SAN MILLAN DE LARA: Conjunto urbano arquitectura popular e iglesia parroquial.

-SAN PEDRO DE ARLANZA: Fue construido por Gonzalo Fernández, padre del conde Fernán González, el año 912. Quedan restos de la gran iglesia románica comenzada el año 1080, así como de la torre, también románica, del siglo XII, claustros y algunas dependencias monacalas. Fue abandonado tras la Desamortización del siglo XIX. Aquí estuvieron enterrados el conde Fernán González y su esposa doña Sancha hasta su traslado a la Colegiata de Covarrubias en 1841.

-COVARRUBIAS: El recinto urbano, con restos de la antigua muralla, tiene un singular interés y es uno de los mejores exponentes de la arquitectura popular castellana. En el año 978 el conde Garcí Fernández funda en Covarrubias el monasterio de San Cosme y San Damián y crea el Infantado de Covarrubias para su hija Urraca. En 1148 doña Sancha, otra de las grandes abadesas del monasterio otorga fueros a la villa.

--Excolegiata de San Cosme y San Damián: Construida sobre otra anterior románica, la iglesia actual, gótica, fue comenzada en 1474. Bajo el altar mayor, descansan tres infantas abadesas, y en el presbiterio el conde Fernán González y su esposa Sancha, esta última en un bello sepulcro hispanorromano del siglo IV. El retablo principal es barroco y el órgano, de magníficas sonoridades, es de la segunda mitad del siglo XVII. En el claustro, construido en los primeros años del siglo XVI, está el sepulcro gótico de la infanta Cristina de Noruega, primera esposa de infante Felipe, hermano de Alfonso X el Sabio.
--Iglesia de Santo Tomás. Construida en el siglo XV sobre otra anterior, conserva la pila bautismal románica, un retablo del siglo XVI y otro barroco.

--Torreón de Fernán González. También llamado de doña Urraca, por la tradición de situar en él el encierro y muerte de la infanta. Es obra mozárabe del siglo X.

--Arco del Archivo del Adelantamiento de Castilla. Elegante puerta de muralla, el edificio fue construido en 1575 para sede el Archivo del Adelantamiento de Castilla por orden de Felipe II, cuyo escudo corona la fachada.
--Casa de Doña Sancha. Construcción medieval, típica de Covarrubias, con soportal, fachadas de adobe revocado, entramados de madera al aire y amplia solana en la planta alta.

--Crucero. Frente al Arco del Archivo, siglo XVI.

--Rollo jurisdiccional. Del siglo XVI.

-SANTIBÁÑEZ DEL VAL: En la desviación que lleva a Barriosuso, ermita mozárabe de Santa Cecilia; su interior presenta arco triunfal de herradura y cúpula semiesférica. Siglo X con añadidos, como el atrio, del siglo XII.

-SANTO DOMINGO DE SILOS: Conserva el pueblo aún su carácter medieval con arquitectura popular y elegantes casonas, así como restos de la muralla del siglo XII.

--Monasterio de Santo Domingo de Silos. De origen visigodo, encierra una de las joyas señeras del románico mundial: el doble claustro monacal. El piso bajo, el más importante, fue realizado a finales del siglo XI y comienzos del siglo XIII. Elegantes capiteles sobre dobles columnas y relieves coin la vida de Jesucristo en los ángulos. El artesonado, mudéjar, es del siglo XIV. Importantísimo archivo y biblioteca con manuscritos del antiguo escriptorio del monasterio o interesante botica con una gran colección de tarros de Talavera y el laboratorio con antiguo instrumental.

-CASTRILLO SOLARANA:De camino a Lerma, la iglesia parroquial dedicada a San Pedro, posee un interesante ábside románico.

-LERMA: Asentada sobre un cerro que domina el valle del Arlanza, la villa, en otro tiempo amurallada y cabeza de alfoz. Perdió su vieja fisonomía medieval en el siglo XVII por deseo y capricho expreso de don Francisco Gómez de Sandoval y Rojas, valido de Felipe III, y Duque de Lerma. El trazado urbano es uno de los más importantes realizados en el siglo XVII en España.

--Palacio Ducal. De líneas sobrias y elegantes, preside la gran Plaza Ducal, escenario de las oberbias fiestas palaciegas.

--Excolegiata de San Pedro. Construida a comienzos del siglo XVII por fray Alberto de la Madre de Dios.
--Monasterio de San Blas. Comenzado en 1613 por Francisco de Mora para monjas dominicas.

--Monasterios de la Madre de Dios. También de principios del siglo XVII para monjas carmelitas.

--Monasterio de la Ascensión. Iniciado en 1605 para monjas franciscanas clarisas, fue el primero construido de los seis que tiene Lerma.
--Exconvento de Santo Domingo. Comenzado en 1613 para dominicos, fue ocupado hasta la exclaustración del siglo XIX.

--Exconvento de Santa Teresa. Finalizado en 1617. Hoy alberga las oficinas Municipales y la Oficina de Turismo.

--Exconvento de San Francisco de los Reyes. Construido entre 1606 y 1613 para frailes franciscanos.

--Plaza de Santa Clara. Recoleta plaza situada entre los conventos de la Ascensión y Santa Teresa; al fondo discurre el pasadizo volado que une el Palacio Ducal con la Colegiata y desde el que se domina una espectacular panorámica de la vega del Arlanza. En un sencillo mausoleo se hallan los restos del Cura Merino.

--Ermita de la Piedad. Antigua iglesia parroquial del primitivo núcleo medieval. A su alrededor una pequeña plaza con soportales.

--Arco de la Cárcel. Puerta de la antigua muralla reformada por el Duque de Lerma.

--Ermita-humilladero del Santo Cristo. Junto al camino real de Madrid a Francia, forma parte del conjunto urbano del siglo XVII.

viernes, 25 de enero de 2008

-Tres Simas.


Se trata de otro yacimiento importante de la Trinchera del Ferrocarril, inmediato a Gran Dolina, que se continúa con la Covacha de los Zarpazos y el conducto vertical TN (formando parte las tres cavidades del complejo Tres Simas).


El conjunto es cronológicamente equivalente a los niveles superiores de Gran Dolina. Se han excavado trece niveles con evidencia de actividad humana, que se datan entre unos 200.000 y 400.000 años.

El tipo de industria hallada aqui corresponde al achelense (Modo II). También se han encontrado dos restos humanos (un pequeño fragmento de mandíbula y otro de cráneo)

jueves, 24 de enero de 2008

-Cueva Peluda.



Otra de las principales cavidades de la Sierra de Atapuerca es la Cueva Peluda, que se desarrolla en dirección NNW-SSE, paralela al eje de la Galería Baja, aunque sin llegar a conectar.


Contaba con dos antiguas entradas, ya obstruídas, una en el Pleistoceno y otra en el Holoceno, reconocibles por la existencia de restos de ambas épocas.

La realización de la Trinchera del Ferrocarril provocó la apertura de dos bocas de entrada artificiales, una de ellas actualmente ya obstruída -la Cueva de la Vía- que han permitido el acceso a su interior en el presente siglo.

Se desarrolla en el nivel más bajo del karst, en las mismas cotas que la Cueva del Silo, localizándose en ambas niveles de terrazas fluviales.

-Las Téseras de Hospitalidad.


Durante las excavaciones arqueológicas realizadas en los antiguos yacimientos celtíberos o romanos, aparecen objetos de cuyo nombre, apenas hemos oído hablar. Uno de ellos es, sin duda, la “tésera de hospitalidad”.

La tésera de hospitalidad era una lámina o estatuilla metálica utilizada por los antiguos pobladores de la península como un documento jurídico-religioso para identificar a las personas y reconocer sus derechos sobre acuerdos o pactos establecidos. Su posesión era suficiente para ser recibido amistosamente, viajar libremente por un territorio o entrar en las ciudades.

Aunque los pactos siempre habían sido anteriormente verbales, fue en los principios de la romanización cuando empiezan a ser téseras de bronce escritas con alfabeto ibérico.
Su forma podía ser muy variada. Algunas eran geométricas, zoomorfas, otras eran partidas en dos mitades, cada una de las cuales guardaban los interesados. La reunión de ambas, que encajaban perfectamente, era la prueba de la validez del documento.
Esta relación se convertía en un compromiso legal, bien entre un individuo y una ciudad, o bien entre dos comunidades. Los pactos de hospitalidad, además de facilitar los intercambios comerciales, servían también para estrechar los vínculos políticos entre ciudades.

Los romanos hacían otro uso diferente de la tésera. Eran salvoconductos militares para permitir el paso de personas por lugares o ciudades concretos, no tenían el valor de amistad y hospitalidad como en las téseras celtíberas. También las usaban como distinción honorífica o prenda de un pacto. En los campamentos romanos el general daba al atardecer a sus centuriones una tablilla (tessera) en la que figuraba la contraseña para entrar en el recinto.
La tésera gladiatoria era una tablilla larga de marfil en la que estaba escrita el nombre del gladiador, a quien se le daba como certificado de aptitud cuando dejaba de ser tirón o recluta, o como distinción honorífica; el de su maestro, y la fecha de sus primeros triunfos.

Se han encontrado tres téseras de hospitalidad en la provincia de Burgos. Una en Belorado y dos en Sasamón, la vieja Segisamo.
La de Belorado y una de Sasamón son placas zoomorfas, un pez y un cuadrúpedo, y contienen escritura ibérica, mientras la otra de Sasamón, también de perfil zoomorfo, tiene caracteres latinos en su escritura.

miércoles, 23 de enero de 2008

-Los castillos.



El castillo era una vivienda fortificada perteneciente al señor feudal o al rey, muy común durante la Edad Media en Europa. A lo largo de ese periodo las guerras son constantes de tal modo que era una necesidad de supervivencia la existencia de castillos capaces de resistir los frecuentes ataques y los asedios de fuerzas militares.

Los castillos cumplían con varias funciones. Servían como vivienda de los gobernantes, refugio para los campesinos, como prisión, custodia de riquezas, arsenales de armas, albergaban tropas militares y eran centros de la administración local de una comarca.

Desde el siglo IX hubo una gran variedad de influencias en la construcción de los castillos. La época de apogeo de éstos se dio entre los años 1000 a 1500. A partir de ese siglo XV pierden su función militar para convertirse en residencias nobiliarias.

Los castillos se solían construir en las cumbres de las montañas de fácil acceso a los valles. A veces se buscaba una colina que dominara el entorno ya que resultaba imprescindible poseer una amplia visión de la zona, pues en el fondo eran lugares de observación del entorno natural sobre el que dominaban.
A veces se construían utilizando la presencia de un río; otras veces, la natural expugnabilidad de una roca en una colina; otras, aprovechando un cortante de un precipicio.

A partir del siglo XI los castillos se construian con piedras sustituyendo a la madera. Apareció la torre que servía para protegerse de los proyectiles lanzados contra el castillo. Con el tiempo esta torre pasó a ser la "Torre del homenaje". El patio interno y la torre del homenaje estaban cercados por un muro de piedra. El número de puertas era generalmente una, ya que eran puntos débiles en el conjunto amurallado.

Los castillos evolucionaron sensiblemente a consecuencia de los viajes de los cruzados a Tierra Santa en donde pudieron contemplar distintos tipos de fortificaciones y de diferentes técnicas de asalto. En el siglo XIV apareció en Europa el cañón. Pero no empezó a extenderse su uso y su eficacia hasta la mitad del siglo XV.


A consecuencia de ello el diseño de los castillos tuvo que cambiar para hacerse más resistente. Las murallas se hicieron inclinadas. Pero aún así, a finales del siglo XV, los castillos comenzaron su declive porque los mismos Reyes eran los que incrementaron su poder y resquebrajaron la autonomía de los nobles locales. Limitaban la construcción y la reconstrucción de un castillo a su propia decisión y establecían fuertes castigos a sus transgresores. De esta manera se aseguraban reforzar su poder central. Así pues, los castillos empezaron a dejar de ser usados incluso como vivienda y comenzaron a arruinarse. En su lugar aparecieron las ciudades fortificadas.

La construcción de un castillo era una tarea larga y costosa. Podía durar varios años. Se requerían oficios especializados: maestros albañiles, canteros, transportistas ... Estos grupos se desplazaban de un lugar a otro y eran muy demandados.

El buen castillo debía poder ser defendido por una pequeña fuerza de militares y ser capaz de resistir un largo periodo de tiempo de asedio. Normalmente el asedio finalizaba cuando se ocupaba el castillo, cuando las fuerzas atacantes ya no disponían de víveres o cuando una fuerza externa atacaba a los sitiadores. También se daba el caso frecuentemente de la aparición de enfermedades.

Fuente: naturayeducacion.com

martes, 22 de enero de 2008

-Espinosa de los Monteros




Espinosa de los Monteros está enclavada en el extremo noroeste de la provincia de Burgos, a los pies de los Montes de Valnera. Dentro del municipio se localiza la singular subcomarca de Las Machorras, un territorio muy quebrado formado por los cuatro ríos pasiegos burgaleses: Trueba, Lunada, Rioseco y La Sía y en los que se alternan pastizales, bosques de pinos, hayas y robles y altas paredes rocosas.

Su fundación pertenece a los primitivos pobladores celtas de la península, 800 años a. C. y a la que parece llamaron Velliga. Será una zona de paso entre las vías que enlazaban la meseta con el Cantábrico. La conquista que los romanos hicieron de la Península Ibérica encontró fuerte resistencia en los Cántabros que habitaban éste territorio.
La invasión visigoda desemboca, en tiempos del rey Atanagildo (año 554), en una terrible batalla con el ejército romano, con derrota de estos últimos, y posterior destrucción de todo vestigio de construcciones de la etapa romana. Entre los años 600 y 700 los nuevos pobladores godos fueron creando pequeñas aldeas: Santotis, Nestedo, San Miguel, Villaverde; Santiago, Santuyán, San Pedro de Tasugueras y San Juan. A todas juntas se les llamó Val de Espina, y más adelante Val de Espinosa, por los muchos espinos que había en la zona.
Algunos escritores de ésta época dirían que: “...esta fue ciudad episcopal con diversos obispos y el martirio de tres de ellos: San Felix, San Martín y San Urbilio, este último en el año 97 de nuestra era.

Ya en el año 800 el abad Vitulo ocupó estas tierras y el núcleo es citado en el año 816. La zona alta de Castilla fue repoblada además de con cántabros con muchos vascongados y navarros, a la par de mozárabes.
A partir del siglo XII, pero más intensamente en el siglo XIII, la nueva coyuntura económica abre unas expectativas mejores para estas tierras. Las rutas mercantiles que, partiendo de Burgos u otros lugares se dirigen hacia los puertos cantábricos, verán llenar los caminos de esta tierra de “recuas de caballerías mayores o menores”. Es un camino de ida y vuelta. Ello supone una nueva fuente de ingresos y apertura hacia el exterior: sur o Países Bajos. Esto tendrá una influencia notable en la arquitectura.

A comienzos del siglo XI el pueblo ya se encontraba, en parte, entre las posesiones del monasterio de Oña, por estar incluido entre las donaciones que se hicieron para su fundación. En esta zona se libran diversas contiendas entre los resistentes cristianos del norte peninsular y los invasores, destacando los espinosiegos en la defensa de su población. La victoria de los vecinos de Espinosa quedó reflejada en su escudo, en el que aparece un escudo de oro y en él un espino verde con majuelas coloradas y tronco pardillo, lo que se añadió al castillo que ya antes aparecía. Pese a la victoria, esta zona será tierra de frontera y permanecerá, por tanto, prácticamente despoblada. Y nuevamente será atacada y asolada, esta vez hacia el año 920.

Ese apelativo de los Monteros proviene del año 1.006, cuando fue la lealtad de un espinosiego la razón por la que el Conde de Castilla, Sancho García, salvó su vida. El Conde creó un Cuerpo especial de Monteros de Cámara, integrado exclusivamente por hijos del pueblo de Espinosa, encargados de la guardia personal de los condes y, más tarde, de los reyes de Castilla y luego de España.

Con la conquista de América partieron hacia el nuevo continente muchos espinosiegos. Entre todos ellos cabe destacar Juan de Salazar de Espinosa de los Monteros, el fundador de Asunción, capital de Paraguay.
La participación de Espinosa en la historia de España no queda aquí, siendo otros los episodios en los que tuvo un papel protagonista. Las velas de la Armada de Inglaterra -la tristemente famosa Invencible- fueron confeccionadas por vecinos de la villa y, en 1808 se produjo aquí una cruenta batalla, en la que las tropas españolas fueron derrotadas por las francesas.

Espinosa de los Monteros tiene un trazado irregular, con numerosos palacios, casonas y torres. La mayoría de estas construcciones provienen de la Baja Edad Media y de la época Moderna. Entre ellas destaca el castillo de los Velasco que fue construido en la segunda mitad del siglo XVI.De la misma época es la torre de Valanto o torre de los Monteros. En el centro de la población destaca el Palacio del Marqués de Chiloeches, de comienzos del siglo XVII, portador de un grandioso escudo de los Zorrilla. También son dignos de mención el Palacio de Cuevas de Velasco, la Casa fuerte de los Carrillo del Hoyo, la casa de los Cantimplor, el palacio del Marqués de Legarda (siglos XV-XVI), la torre de los Fernández Villa y la mansión de los Marcide (siglo XVI), con fachada blasonada.

En la Plaza Mayor se levanta la iglesia de Santa Cecilia. Es un edificio renacentista, del siglo XVI. Otras dos iglesias destacan en la localidad. La de santa María de Berrueza, reconstruida en el siglo XVIII y presidida por un gran baldaquino barroco, y la de San Nicolás, con su impresionante retablo tardo-gótico de fray Alonso de Zamora. Y junto a las construcciones vinculadas a la “arquitectura culta” encontramos casas populares, cuyas fachadas tienen uno o dos niveles de solanas, de clara influencia cántabra, en su mayoría construidas en el siglo XIX.

En 1501 se concede a la Villa el priviliegio de celebrar mercado todos los martes. Desde tiempos lejanos la villa ha sido el centro comercial por excelencia de toda la zona pasiega burgalesa. La mantequilla, los quesos, las quesadas y los sobaos, junto con la leche y el ganado, eran traídos por los pasiegos a Espinosa para su venta.

El paso de las tropas napoleónicas a principios del siglo XIX, dejó una gran huella: la batalla de Espinosa, ganada por el ejercito francés. Además supuso para la Villa una gran pérdida de obras de arte, archivos y documentación.

Por su calidad paisajística, patrimonial y etnológica, Espinosa constituye un enclave turístico fundamental en el norte de la provincia de Burgos, en cuyas calles aún puede sentirse el trasiego de pasiegos y el eco de los Monteros.