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domingo, 22 de diciembre de 2024

-Poza de la Sal y su diapiro.

 Enlace: https://www.elcorreodeburgos.com

 El diapiro de Poza de la Sal es el mas grande Europa

Poza de la Sal se encuentra entre esos pueblos de Burgos que son únicos en nuestra geografía. Desde la cascada más alta de España, a la cueva más profunda o la cavidad sumergida más larga, pasando por el monumento más grande o el bosque más bello. En el caso de Poza, el gran protagonismo se lo lleva la sal. Sus salinas y el espectacular diapiro, que es el mayor de Europa. Pero Poza no es conocida solamente por el espectacular domo salino, sino que también es cuna de Félix Rodríguez de la Fuente.

Es uno de esos pueblos que tienen todo para una escapada de fin de semana: historia, paisajes increíbles y un montón de cosas por descubrir. Sin embargo, sigue siendo un lugar bastante desconocido, algo sorprendente si se piensa que aquí nació Félix Rodríguez de la Fuente, el famoso naturalista que marcó a toda una generación. Quizá sea ese aire tranquilo y poco explotado lo que lo hace tan especial, ideal para perderse unos días y disfrutar de su encanto único.

Es, además, uno de los muchos pueblos de Burgos que destacan en Castilla y León y en España por ser únicos. En este caso por un capricho geológico de récord, uno de los muchos que abundan en esta provincia tan rica en paisajes, costumbres, gastronomía y monumentos, tanto naturales como históricos y artísticos.

 Ubicado en la comarca de La Bureba, Poza de la Sal está a tan solo 43 kilómetros de Burgos capital, lo que lo convierte en una opción accesible para una excursión o una estancia de fin de semana. La localidad está rodeada por un entorno natural espectacular y marcado por su historia salinera, que le dio fama y prosperidad durante siglos.

 Los almendros ya están en flor en Poza de la Sal y en el Valle de las Caderechas los cerezos alcanzarán su máximo esplendor hacia finales de abril.  E. RIVERO / DIPUTACIÓN DE BURGOS

Aunque la producción de sal ya no es el motor económico del pueblo, el legado de las salinas sigue presente en su paisaje y en la memoria de sus habitantes. Hoy, Poza de la Sal combina su tradición histórica con un enfoque turístico que invita a explorar no solo su casco antiguo y sus salinas, sino también la riqueza geológica de su diapiro y la belleza de las rutas naturales que lo rodean.

Poza de la Sal ha desarrollado una interesante oferta de senderismo que permite a los visitantes conocer mejor tanto el pueblo como su entorno. Estas rutas varían en longitud y dificultad, adaptándose a diferentes públicos, desde caminantes ocasionales hasta amantes de la bicicleta de montaña.

 Entre las opciones más destacadas está la Ruta del Diapiro, un recorrido de unos seis kilómetros que es ideal para los amantes de la geología y los paisajes impresionantes. Esta ruta permite admirar de cerca el diapiro, un fenómeno geológico único en Europa que parece un cráter perfecto. Durante el camino, también se pueden disfrutar vistas del Castillo de Poza, el Altotero y el Castellar, además de las salinas.

 Otra ruta muy recomendada es la que conecta Poza de la Sal con el cercano pueblo de Castil de Lences, un lugar que sorprende a sus visitantes por su tranquilidad y encanto. Este pequeño pueblo, que incluso ha recibido la visita de los Reyes de España, guarda joyas como el monasterio de las Clarisas, un lugar lleno de historia y serenidad.

Para los más aventureros, la ruta conocida como ‘Infierno Pozano’ ofrece una experiencia desafiante en bicicleta de montaña. Este recorrido de 45 kilómetros es un reto popular entre los aficionados a la BTT, que cada mes de julio acuden a competir en una carrera que pone a prueba tanto su resistencia como su habilidad técnica.

 Si hay un momento mágico para visitar Poza de la Sal, es la primavera, cuando los almendros que rodean el pueblo florecen y tiñen el paisaje de blanco y rosa. La Ruta de los Almendros en Flor es una de las más populares entre los visitantes, con un recorrido de unos tres kilómetros que atraviesa las faldas del pueblo.

 Imagen de recogida de la sal.

Además de disfrutar de este espectáculo natural, los visitantes pueden optar por realizar la ruta acompañados por un guía, que comparte datos interesantes sobre los almendros, su floración y la relación de estos árboles con la cultura local.

“La Ruta de los Almendros es una forma de despertar la sensibilidad de los burgaleses y atraer ese turismo de naturaleza, familias. Por su sencillez y cercanía”, explica Padrones, gerente de la Oficina de Turismo de Poza de la Sal. Esta iniciativa ha ganado popularidad en los últimos cinco años, atrayendo a visitantes de toda España e incluso del extranjero, especialmente del País Vasco.

El diapiro de Poza de la Sal es, sin duda, uno de los grandes atractivos del pueblo. Con un diámetro de 2,5 kilómetros, esta formación es el domo salino más grande de Europa y uno de los más espectaculares del mundo. Su origen se remonta a millones de años atrás, cuando el agua salada quedó atrapada y se evaporó, dejando depósitos que los movimientos tectónicos moldearon en una estructura circular casi perfecta.

Este lugar no solo es impresionante desde un punto de vista visual, sino también por su importancia científica. Fue declarado Punto de Interés Geológico en 1983 y atrae a geólogos y curiosos por igual, que buscan entender cómo la naturaleza ha creado algo tan singular.

La historia de Poza de la Sal no se puede contar sin hablar de sus salinas, que durante siglos fueron el corazón económico de la villa. Desde la época romana hasta el siglo XVIII, cuando alcanzaron su apogeo, las salinas llegaron a producir más de 100.000 kilos de sal al día. Este "oro blanco" no solo enriqueció al pueblo, sino que también dejó un legado cultural que sigue vivo.

Hoy, las salinas son un importante reclamo turístico gracias al Centro de Interpretación de las Salinas, ubicado en la antigua Casa de Administración de las Reales Salinas. Este espacio permite a los visitantes descubrir cómo se extraía la sal en el pasado, con técnicas tradicionales que incluían la perforación de cañas, la introducción de agua dulce y la evaporación en eras.

 El Ayuntamiento de Poza de la Sal también está llevando a cabo un proyecto para rehabilitar las Salinas de Rusalado, con el objetivo de preservar este patrimonio y fomentar su valor turístico. Según María Negrero, arqueóloga encargada del proyecto, estas iniciativas se basan en estudios históricos que documentan el esfuerzo y las técnicas de los antiguos salineros.

Poza de la Sal es mucho más que un pueblo con historia. Es un lugar que combina naturaleza, tradición y actividades para todos los gustos. Desde explorar las rutas de senderismo y admirar el diapiro hasta perderse por su casco antiguo o descubrir los secretos de sus salinas, este rincón de Burgos tiene algo especial para cada visitante.Como el Festival de Charangas que ya acumula una década de éxito de público.

 Espectacular panorámica del diapiro de Poza de la Sal. © DARÍO GONZALO

Hay algo mágico en ellas. Ya sea al aire libre o bajo techo, las charangas tienen ese poder único de invitar a cantar y bailar, incluso cuando parece que no apetece. Su energía contagiosa es imparable y, casi sin darse cuenta, quienes las escuchan acaban sumándose a la fiesta. Esa capacidad de encender el ánimo es lo que mantiene vivo, año tras año, el Festival Nacional de Charangas de Poza de la Sal. Un evento que no para de ganar reconocimiento, creciendo en popularidad con cada edición. Detrás de esa aparente improvisación y desenfreno hay horas y horas de ensayo, además de una organización impecable. Todo para ofrecer alegría en estado puro para las cerca de 10.000 personas que acuden a este pueblo burgalés, a veces desconocido, pero que está cargado de sorpresas.

 

-Hortigüela, clave en la prehistoria y en el nacimiento de Castilla.

 Enlace: https://www.elcorreodeburgos.com

Existe un pequeño pueblo en Burgos con poco más de un centenar de habitantes a día de hoy que ha sido clave en el desarrollo de la prehistoria en la península Ibérica. Y no es el pueblo que estás pensando. No es Atapuerca. Hablamos de un cruce de caminos desde hace más de 500.000 años, con una tecnología propia realizada entre sus cuevas y que, tiempo después, fue testigo del nacimiento de un reino que dominaría el mundo, Castilla. 

 La Cueva de San Millan, ubicada en Hortigüela, retrasa el inicio del Paleolítico Superior e instaura una nueva cultura de talla por primera vez en España: el Arlanziense.

Hablamos del pequeño pueblo de Hortigüela La localidad bebe del Valle del Arlanza. Ubicada entre sabinares, en las estribaciones de la Sierra de Mamblas, fue testigo de la llegada de los primeros pobladores de la península. Su rastro lo ha seguido la Fundación Atapuerca y Eudald Carbonell en la zona de Valparaíso. Otro equipo, liderado por Policarpo Sánchez de la Universidad de Valladolid, ha localizado en la cueva Millán un nuevo modo tecnológico que como el musteriense o el olduvayense, tiene nombre vinculado al territorio: el arlanziense.

Son unas pequeñas puntas de 1,5 y 5 centímetros que se fabricaban de manera estandarizada. Se han encontrado en este punto 2.200 restos de su talla y piezas confeccionadas y utilizadas. Son únicas y clave porque podrían marcar el inicio del Paleolítico Superior en la península ibérica. Queda por saber si fueron hechas por neandertales, sapiens o ambos convivieron en este rincón de parajes verdes únicos que bien valen una ruta por la Fuente de las Mozas.  

Un lugar donde pueden practicar natación, trampolín, escalada amateur o incluso espeleología pero que, también, está marcado por la historia. La leyenda del nacimiento del reino de Castilla se relata desde este lugar donde se ubica el famoso Monasterio de San Pedro de Arlanza. Cuenta la leyenda que en la Fuente Azul, un pozo natural del que se conocen 65 metros de profundidad, era donde los cristianos entregaban 100 doncellas como tributo a los temibles musulmanes. Un impuesto al que Fernán González puso fin con una treta: disfrazó a cien guerreros de mozas que acabaron con el enemigo y el sometimiento de la zona a los árabes. 

Verdad o leyenda es lo mismo que envuelve al monasterio de San Pedro de Arlanza que se ha erigido como el germen del Condado de Castilla que, después, se convirtió en reino y cuya corona llego allende los mares. Los documentos fundacionales de Gonzalo Téllez y Fernán González han dado a lo largo de la historia este apelativo. Aunque hay estudiosos que rastrean los legajos históricos descubriendo verdades a medias o auténticas mentiras

La tradición dice que el monasterio, fundado en el año 912 por Gonzalo Fernández, padre de Fernán González, fue el gran centro monástico de la zona cristiana del siglo X al XII. Tuvo actividad hasta la desamortización de Mendizábal en 1835. Desde entonces fue expoliado y sus restos descansan en diferentes puntos del mundo. Por ejemplo, la portada fue trasladada al Museo Arqueológico Nacional en 1895, el sepulcro de los Condes de Castilla se trasladó a la Catedral de Burgos y valiosos frescos pueden verse en el Museo Metropolitano de Nueva York o en el Museo Nacional de Arte de Cataluña. 

Tras el abandono y el expolio, en 1931 fue declarado Monumento Histórico-Artístico y se ha sometido a obras de conservación que permiten que esté preparado para las visitas (hasta el 30 de abril de miércoles a domingo de 10.15 a 16.45, cerrado el primer fin de semana de cada mes). 

En el propio pueblo también se puede disfrutar de la Iglesia de la Asunción de la Virgen. Si el monasterio es la gran referencia del Románico tardío, la iglesia de la villa es un ejemplo del gótico pero con un toque singular. Es conocida como 'La Manca' puesto que solo tiene una nave lateral en su crucero. Llama la atención su torre, del siglo XVI, su escalera de caracol y una pila bautismal del siglo XII. 

En la localidad se conservan eremitorios como el de San Roque o San Millán que hablan de la potencialidad de un rincón único. Sus fiestas mayores son en verano, con Nuestra Señora y San Roque. La romería a la ermita de San Millán se celebra cada mes de agosto. 

Hortigüela es un lugar histórico y un enclave único marcado por las Hoces del Río Arlanza y encantos naturales donde el buitre leonado domina los cielos por donde puede conocer el Pinsapo del Arlanza, el roble grande en el camino a la ladera de las Mamblas o realizar rutas a pie o en bici hasta llegar al área de recreo El Torcón donde disfrutar de la esencia de este lugar, cruce de caminos desde los tiempos ya perdidos en la memoria de la especie humana.

sábado, 18 de enero de 2020

-Los tesoros de las Cuatro Villas de Amaya.

Fuente: https://www.burgosconecta.es/provincia

Restos del castillo de Castrojeriz, que domina la llanura desde un otero situado en las afueras de la localidad./Amplios páramos dominan la comarca burgalesa que hoy visitamos, paisajes abiertos por los que la vista se pasea sin encontrar resistencia. Comparten espacio con tierras de cultivo dominadas por el cereal que todo lo vuelve amarillo y verde. Unos y otras visten esta zona situada en el occidente de Burgos, provincia regia llena de historia, de hombres y mujeres acostumbrados al frío. Un famoso camino, el de Santiago, rompe esa homogeneidad. Muchos pisaron su senda, muchos siguen haciéndolo todavía. Imprime carácter al campo, igual que lo hace la riqueza monumental de las conocidas como Cuatro Villas de Amaya: Castrojeriz, Sasamón, Villadiego y Melgar de Fernamental. Puedes ponerte en manos de un guía para que te ayuden a conocerlas (www.guiasturisticosburgos.com) o hacer el recorrido por tu cuenta. Hay mucho que ver, que aprender y escuchar.
Es precisamente la senda estrella para los peregrinos quien marca el desarrollo de la primera de estas localidades, Castrojeriz. El urbanismo jacobeo dibuja sus líneas, con un precioso castillo que impone su presencia sobre el conjunto. Antes de colarse dentro de sus límites vale la pena reconocer las ruinas del convento de San Antón (s. XV), gótico, levantado por la orden francesa de los Antonianos, aunque ahora se trate de un albergue para peregrinos.
Entramos en la población, segunda más importante del Camino Francés en la provincia. Aseguran los expertos que solo le hace sombra la capital de la provincia. Llamada antiguamente Castrum Sigerici, en sus calles se levantaron hasta siete hospitales para aquellos que transitaban hacia Santiago de Compostela, lo que da una idea del enorme flujo de visitantes. Cruza de este a oeste la calle Real, una de las más largas del trazado jacobeo, desde el barrio del Manzano o Almazán, anfitrión de la Colegiata de Nuestra Señora del Manzano, cuya fábrica original protogótica de comienzos del XIII y reformas del XV y XVIII funden colaboraciones. Dentro hay que fijarse en la imagen de Nuestra Señora del Manzano (s. XIII), iluminada por un rosetón gótico, a la que Alfonso X El Sabio dedicó cinco de sus famosas cantigas.
Los templos de Santo Domingo, sede del Centro de Interpretación Iacobeus, y de San Juan, con su torre con arranque románico y precioso claustro del XIV, hacen las delicias de los recién llegados que deberán pasar por la porticada plaza mayor, de formas alargadas. Hay mucho más que ver aún: convento de Santa Clara, ruinas del convento de San Francisco, Casa del Cordón, casona de los Gutiérrez Barahona, restos de muralla... Bonitos inmuebles cubren el lugar.
Santa María la Real es uno de los emblemas de Sasamón.
Santa María la Real es uno de los emblemas de Sasamón.
La siguiente parada aguarda en Sasamón, llamada Segisama por sus antiguos vecinos celtíberos. Principal enclave para los turmogos, también los romanos decidieron hacerla suya. Tanto atrajo a Augusto que establecería allí su campamento, desde donde comandar la guerra contra los cántabros. Liberada ya de todas estas civilizaciones, se convirtió en sede de un obispado altomedieval, aunque no le duró mucho.
Imprescindible es maravillarse ante la colegiata de Santa María la Real, enorme como pocas y de gran categoría artística. La portada del extremo meridional del crucero (s. XIII) se creó como una réplica de la del Sarmental, presente en la catedral de Burgos. Disfrutarás además las ruinas del convento de San Miguel, los restos de la muralla medieval con puerta fortificada y la cruz del humilladero tardogótico, monumental y tallado en piedra.
Ermita románica de Arenillas.
Ermita románica de Arenillas. / turismo de villadiego
Nueva dirección hacia Villadiego. Habitada desde finales del siglo IX gracias al impulso del fundador de Burgos, el conde Diego Porcelos, recibió su fuero de Alfonso VII en 1134. Gracias a él atesoraron privilegios económicos que proyectarían al alza este rincón del mundo. Dinero llama a gentes ansiosas de poseerlo. En este lugar se instalaron judíos, creando una de las aljamas más importantes de la provincia. Con un admirable núcleo urbano de origen medieval, la muralla que ceñía su perímetro marcó su silueta almendrada.
Desde la plaza arranca una calle porticada hacia el Arco de la Cárcel. Tras la expulsión de los judíos se levantó el convento de Santa María de los Ángeles. La plaza mayor porticada acoge el monumento a uno de los hijos ilustres, Enrique Flórez, célebre historiador agustino. Dos iglesias equidistantes completan la visita, son San Lorenzo Mártir y Santa María.
El acueducto de Abánades permite al Canal de Castilla salvar el río a su paso por Melgar de Fernamental.
El acueducto de Abánades permite al Canal de Castilla salvar el río a su paso por Melgar de Fernamental. / P. P. S.
Queda por conocer Melgar de Fernamental. Tocada por la fortuna a finales del siglo XV y en el XVIII, en esa primera época nace su iglesia parroquial de la Asunción de Nuestra Señora, un templo renacentista que a mediados del XVI erigió Juan de Escarza. También renacentista es el ayuntamiento. En cambio, el arte románico domina la ermita de Nuestra Señora de Zorita. El segundo periodo de esplendor coincidiría con el reinado de Carlos III y la instalación de la real fábrica de curtidos a la inglesa.
Brillante es también la obra cumbre de la ingeniería hidráulica española del siglo XVIII que espera en la villa. Basta cruzar el Pisuerga para toparse con el Canal de Castilla, vía fluvial de comunicación y transporte que, gracias al fluir de sus aguas, acabó con el aislamiento de la meseta castellana y leonesa. El acueducto de Abánades, una impresionante obra de ingeniería, salva el río.
Espacio dedicado a la pesca en Pisórica (Melgar de Fernamental).
Espacio dedicado a la pesca en Pisórica (Melgar de Fernamental).
La parte cultural informativa la cubren cuatro Centros de Interpretación de diversa temática, pensados para niños y adultos. Los primeros disfrutarán sin medida en Fabulantis. Villadiego acoge este espacio que fomenta creatividad e imaginación. Crearán todo aquello que pase por su cabeza gracias a dibujos y juegos. Dentro podrán disfrazarse de superhéroes, leer cómics… Sasamón cuenta con Medievum dentro de la Colegiata de Santa María. De manera didáctica el visitante retrocede en el tiempo para conocer a los habitantes del lugar a lo largo de la historia.
El tercer espacio, situado en Castrojeriz, es Iacobeus, donde se develan enigmas del Camino de Santiago, secretos físicos y espirituales. El objetivo, desentrañar la razón por la que tantos peregrinos deciden emprender esta ruta. Por último, Pisórica transforma a los visitantes en pescadores en Melgar de Fernamental, pues muestra técnicas de pesca fluvial para aprender a convivir con él y respetarlo.

domingo, 5 de agosto de 2018

-Ruta arqueológica por Manzanedo con Pablo Domíngez Varona.

Recorrido fotográfico de la ruta arqueológica por Manzanedo-Argés: cueva eremítica, castro prerromano, túmulos funerarios, dólmen... de la mano de Jesús Pablo Domínguez Varona. Un lujo.
Nuestro guía es autor de:
CRONICAS DE LA MARGEN IZQUIERDA DE LA PREHISTORIA A LA ROMANIZACI ON 






















    







lunes, 8 de julio de 2013

-Villamayor de los Montes.

Con el comienzo de la reconquista en la batalla de Covadonga se inició la repoblación de grandes espacios de terreno como el valle del Duero que durante mucho tiempo permaneció como tierra de nadie.
Pobladores llegados incluso desde Al-Andalus se fueron asentando en nuestra geografía creando pequeños poblados. En la zona los terrenos pertenecían a la casa de Lara y en el año 938 Doña Muñadona donó los bosques colindantes al municipio al monasterio de San Pedro de Cardeña. Los mojes construyeron un pequeño monasterio de canónigos regulares con vistas al río Cubillo.
A principios del siglo X, los habitantes de los pequeños poblados de la zona, acuciados por la peste y los saqueos se trasladaron al abrigo del convento de monjes y al amparo de este construyeron sus casas y corrales, convirtiéndose en una behetría. El pequeño núcleo urbano creció tan rápidamente que hasta el nombre hace gala de ello, Villamayor de los Montes que llegó a tener 1.000 habitantes. En la actualidad cuenta con 200, está situado a escasos 4 kilómetros de la A-I, de la capital burgalesa le separan 35 kilómetros y 12 de Lerma.

Dominando el pueblo y el valle destaca el monasterio cisterciense de Santa María la Real. En el año 1223 Don García Fernández, que llegó a ser ayo de Alfonso el Sabio y su esposa Doña Mayor Arias, adquirieron los restos del viejo monasterio y decidieron reconvertirlo en cenobio femenino bajo la tutela de la Orden del Císter, solicitando a la casa madre de la Orden -Las Huelgas de Burgos- monjas para su fundación. La primera abadesa de la abadía fue Doña Marina Arias.
En dos ocasiones la comunidad tuvo que abandonar el cenobio. A comienzos del siglo XVII el Duque de Lerma para dar más prestigio a la villa decidió trasladar la comunidad a la villa ducal, años más tarde, en 1627, volvieron a Villamayor y el duque les dio 11.000 ducados por los daños causados, con este dinero compraron  los 39 asientos de madera de nogal que se pueden ver en el coro. Con la Guerra de la Independencia tuvieron que volver a abandonar el convento al que regresaron en 1813. A finales del siglo XIX pasaron a depender directamente del obispado de Burgos rompiendo todos los lazos con Las Huelgas.

Fuente: www.elcorreodeburgos.com

jueves, 20 de junio de 2013

-Muralla de Oña a la vista.

El proyecto de recuperación de la antigua muralla defensiva oniense, construida en el siglo XIV para proteger el monasterio de San Salvador y encuadrada en las actuaciones de la mancomunidad ‘Raíces de Castilla’, ha añadido un nuevo elemento de interés turístico a la villa de Oña. Su recuperación ha sido fruto de varios años de trabajo, ya que esta antigua construcción defensiva fue, literalmente, ‘engullida’ por el desarrollo urbano de Oña. Por ello, se decidió su ejecución en varias fases, una vez recibido el aprobado de la comisión de Patrimonio de la Junta.

Las labores de demolición y limpieza de todos los elementos superfluos que perturban la lectura del monumento, la consolidación, restauración de todo el lienzo de muralla, con un cuidadoso criterio arqueológico, finalmente ya muestra su resultado. A pesar de no haber sido posible la recuperación de la totalidad del sistema defensivo. sí es visible un tramo de ésta de unos treinta metros de la antigua muralla sin obstáculos, así como su diseño constructivo con las aspilleras de vigilancia totalmente recuperadas. En su proyecto esta actuación se localiza en un espacio libre entre la calle del Agua y la Ronda por una parte, el antiguo Hospital, hoy centro de salud, y el caserío en el extremo opuesto.

El coste de la intervención ha superado los 99.000 euros, siendo más de dos años la duración de dichos trabajos de recuperación.

Fuente: www.elcorreodeburgos.com

jueves, 7 de mayo de 2009

-Quintanapalla.


Situada en un islote respetado por la Autopista del Norte y la Carretera Nacional I. Con suavidad, el terreno asciende hasta el Alto de la Brújula, terreno por el que discurre el río Vena. El caserío, presidido por la excelente iglesia parroquial, goza de una buena orientación al sol. Tierra vieja, en la raya de los antiguos Turmogos y Autrigones, cercana a Tricio, una de las ciudades de éstos y luego mansión documentada en la Vía Aquitana y Tarraconense, unidas desde Briviesca hasta Finisterre, que atraviesa el término de Quintanapalla.
En la reconquista y repoblación de los siglos IX y X la posición de Quintanapalla resultó positiva para el empeño de Castilla. En aquel momento ya existía Quintanapalla, situada entre Villarmíos o Villausurmios, colocada en el pago de Fuenteayuso, y Castrillón, más al Este, sobre una colina en la que hubo antaño una torre y luego una ermita. Desaparecidos Villarmíos y Castrillón quedó Quintanapalla con el apodo de las Torres y así es mencionada hasta los tiempos modernos.

Durante siglos, la villa desenvolvió en paz y trabajo campesinos su vida sencilla. Hay que mencionar un factor creciente de economía y cultura que afectó y afecta a Quintanapalla. Se reduce a la palabra camino. Primero fue el Camino Real de Madrid al País Vasco y a Francia, convertido en el siglo XVIII en una de las seis vías radiales de España y que pasaba por medio de la villa. Sus vecinos vieron pasar cortejos de reyes, turbas de peregrinos, compañías de soldados y divisiones de Napoleón, trajinantes y pastores, unas veces con ventajas para el pueblo y otras con desventajas para él, según cuenta la Historia.
Vino luego el ferrocarril (s. XIX), primero vía única y de doble vía luego, expropiando tierras y facilitando las comunicaciones. En la década de los años 70 (siglo XX) la Autopista del norte suprimió el “Prado”, un pago hermoso, atravesando por el Vena, en el que holgaban las parejas de bueyes de labranza.

En su vida ganadera y agraria, Quintanapalla dio referencia a la ganadería, gobernándola con adecuadas Ordenanzas, que hicieron posible el sostenimiento de toda clase de ganados en 600 has. Del término, al que además Quintanapalla arrancaba el pan mediado de cada año. Su permanente amor fue el Monte, un coto cerrado de roble, que suministraba leña en los largos inviernos de la Brújula. Los vecinos alcanzaron privilegios y derechos sobre su monte y caza de los Reyes Católicos, según vemos en su archivo. Las ordenanzas de 1817 exigen un juramento fuerte a todas las autoridades, al comenzar sus mandatos, sobre respetar árboles, arbustos, espinos, majuelos, hasta humildes ailagas.

Algunos episodios conmovieron la Historia de Quintanapalla, consecuencia de su condición caminera: El encuentro y confirmación de desposorios, el 19 de noviembre de 1679 del rey Carlos II con doña María Luisa de Borbón que, con este motivo, aforaron generosamente al pueblo y a su iglesia. En 1911, Quintanapalla estuvo en el primer plano de la noticia europea: El aviador Verdines, en el primer vuelo que se realizaba de París a Madrid por vía aérea, siguiendo la carretera Nacional I, se vio obligado a tomar tierra en las eras del pueblo.
Los vecinos atendieron al atrevido piloto y a su avioneta, adelantado de la aviación, y con su ayuda, al día siguiente Vedrines pudo remontar el vuelo y llegar a Madrid con felicidad. Este hecho lo viven con orgullo cuantos pobladores tiene, y ha tenido, la villa en este siglo.

martes, 16 de diciembre de 2008

-Quintanar de la Sierra


A orillas del Arlanza, en la vertiente meridional de la Sierra de Neila, está emplazada la villa
de Quintanar de la Sierra, una de las poblaciones más representativas de la Tierra Pinariega. El
paisaje circundante está dominado por los majestuosos bosques de pino albar o pino silvestre, de gran importancia económica en la zona. El porte esbelto, erguido y el tronco limpio de ramas de estos árboles, permiten su rápida identificación. Su madera de gran calidad, debido a su lento crecimiento, es muy apreciada para la fabricación de muebles.

Con todo, el bosque natural que crece en este territorio es un bosque mucho rico en especies, pues junto a los pinos crecen robles y hayas con un complejo sotobosque. La mayor significación del pino no se debe tanto a razones naturales sino a la intervención humana que secularmente ha favorecido el desarrollo de esta especie en detrimento de las demás. En la actualidad, las nuevas prácticas forestales, que apuestan por la complejidad y riqueza del bosque mixto, permiten observar la recuperación de robles y hayas entre los pinos.

Al igual que sucede en otros pueblos pinariegos, tanto de Burgos como de la vecina Soria, la
historia de Quintanar se escribe en torno a esos bosques y a los distintos aprovechamientos
tradicionales que los serranos han desempeñado en torno a ellos. Hay que destacar que en la
actualidad los vecinos siguen siendo propietarios del pinar y beneficiarios de él, por lo que son los
mejores guardianes de tan importante patrimonio forestal.
La tradicional riqueza maderera y de pastos de este territorio explican la vocación silvícola y
ganadera de sus habitantes, así como, el interés del obispo burgalés y los grandes centros
monásticos de incluirlo en su dominio. Así ocurrió en el año 1213 cuando el lugar pasó a formar parte del monasterio de San Pedro de Arlanza.


Según los historiadores antiguos, fueron los celtíberos y concretamente la tribu de los pelendones, los primeros pobladores de Quintanar y de la zona serrana. Unidos a los arévacos, titos y belos, defendieron Numancia contra los ataques de Roma.

No existen restos romanos aunque se dice que la llamada "Senda Soriana", que pasa cerca del pueblo, y que va desde Soria por la sierra a La Rioja, era una vía secundaria romana.

Ya estaba poblada la zona del término de Quintanar, como lo indican las diferentes necrópolis: Iglesia, Cuyacabras, Revenga, La Cerca, etc. Son también muchos los poblados desaparecidos de épocas antiguas a los que hace referencia el Cartulario de Arlanza. Además, en las necrópolis existen restos de culturas anteriores a la medieval; muestras de culturas superpuestas sin ninguna duda, desde el Neolítico.

La explotación de la madera, la cría de ovejas y bueyes y la carretería, fueron las tres
ocupaciones principales de los vecinos de este lugar. La falta de terrazgo y el riguroso clima,
redujeron la agricultura a algunos huertos en la vega del Arlanza. La ocupación más destacada, la
carretería, era el transporte a larga distancia de todo tipo de cargas mediante sólidas carretas tiradas por bueyes, criados, a su vez, en los frescos pastos de los alrededores. Esta actividad se enmarcaba dentro de la Junta y Hermandad de Carreteros de Burgos-Soria, que actuaba bajo la protección y los privilegios de la Cabaña Real de Carreteros creada por los Reyes Católicos en 1497 y desaparecida a finales del siglo XIX. Quintanar llegó a tener más de 350 carretas y más de 1.050 bueyes y vacas.

Asimismo, la tradicional extracción de resina, de los viejos tocones de los árboles, para la fabricación de pez en los hornos que a tal efecto abundaban en el monte, explica que a finales del siglo XVIII y principios del XIX la localidad contara con una fábrica de brea de excelente calidad, empleada para calafatear los barcos del Cantábrico. El aprovechamiento comunal del bosque siguió siendo básico durante el siglo XX, aunque a partir de la década de los 60 se produjo un descenso de su importancia, que llevó a muchos habitantes a la emigración.

Quintanar de la Sierra es un pueblo alargado, pegado a la ladera, con una longitud que
supera los dos kilómetros. Las viviendas son sólidas y están construidas en piedra arenisca de color rojizo. Pero en su mayor parte, es un pueblo muy reformado. Las casas más antiguas datan del siglo XIX y éstas conviven con otras de estilo y materiales actuales, no faltando los bloques de pisos. La vivienda serrana más típica era la casa carretera, realizada esencialmente en piedra y madera y con escasas ventanas a causa del frío. Un gran arco en la fachada para la entrada de las carretas, solía ser su mejor distintivo. Pero, actualmente los ejemplos de esta tipología de casas son muy escasos.

Su iglesia, dedicada a San Cristóbal, es un notable edificio barroco de tres naves levantado
en el primer tercio del siglo XVII. En su interior conserva una pila bautismal románica. Se alza sobre tumbas altomedievales. Hay que destacar también la ermita de Nuestra Señora de la Guía, levantada entre los siglos XV y XVIII en pleno Prado Mayor.

Sin embargo, el patrimonio más interesante de Quintanar de la Sierra, además de su
privilegiado entorno natural, es el conjunto de necrópolis y eremitorios altomedievales que se
conservan en sus proximidades. A tres kilómetros del pueblo, en pleno pinar, se hallan la necrópolis de Cuyacabras, y muy cerca de la misma, se puede visitar el eremitorio de Cueva Andrés.
No muy lejos de Cuyacabras se encuentra la llamada “Peña el Vaso”, en la que se puede
contemplar cómo la erosión combinada del agua, el hielo y el viento ha ido dando a las piedras
originales formas, convirtiendo a este lugar en un mágico enclave natural.

Fuente: turismoburgos.org