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La tercera campaña de excavación en el dolmen de Villafría no será la última, como se preveía de inicio, debido a la gran cantidad de restos humanos que ha encontrado el equipo de arqueólogos dirigido por Cristina Fraile desde el 18 de agosto. Un cráneo prácticamente completo y otros 400 huesos confirman el valor de este túmulo funerario de Sargentes de la Lora, que se muestra tal y como fue sellado por quienes lo abrieron hace unos 3.800 años, en el Neolítico, sin haber sido profanado siglos después.
Esas cronologías se corresponde con el cercano dolmen de La Cabaña, el más conocido de Territorio Megalítico, y vienen a ser refrendadas por los pocos, aunque valiosos, hallazgos de ajuar -objetos con los que se enterraba a los muertos- que han salido este año: una cuenta de collar de calcita y un microlito geométrico de sílex blanco, que casan con la lámina de sílex hallada en 2024. No obstante, Fraile calcula que les quedan unos 10 centímetros por excavar para llegar hasta la base de la cámara funeraria, donde suelen quedar depositadas la mayoría de esas piezas.
Desconocen aún el número de individuos que pueden estar aquí enterrados ni su sexo, puesto que habrá que clasificar los huesos y estudiarlos para extraer mucha información, además de someterlos a la prueba del carbono 14 al objeto de concretar su datación. No obstante, ya saben desde la pasada campaña que hay un niño, raro hallazgo en este tipo de túmulos, y que el individuo al que pertenecía el cráneo extraído -roto posmortem posiblemente por la caída de las losas del túmulo, llamadas ortostatos- sufrió una infección en una encía, según la información aportada por Angélica Santa Cruz, la experta en estos temas que forma parte de un equipo multidisciplinar, que cuenta también con la sabiduría y la experiencia de Miguel Moreno, Germán Delibes, Rodrigo Villalobos y Javier Basconcillos, geólogo del Geoparque de las Loras.
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