martes, 24 de enero de 2023

-Cuevas y abrigos con mucha historia en Castrillo del Val.

 

 Fuente: https://www.diariodeburgos.es

 

 

El monte de Castrillo del Val es enorme pulmón verde y oxigenante en las faldas de la Sierra de la Demanda, en el mismo alfoz de Burgos, pero entre encinas, rebollos milenarios y quejigos esconde un auténtico tesoro rupícola. A las cuevas del Carrascal, Portal de Belén y Carrera se suman el abrigo de Las Cocinas y el menhir de Peñalada. Las cavidades y portalones triangulan una espectacular ruta a pie o en bicicleta por unos parajes de ensueño, donde además de naturaleza y geología pura se acreditan huellas de ese pasado prehistórico y medieval, incluso cidianas. Nada extraño si tenemos en cuenta su cercanía a la sierra de Atapuerca. Es casi seguro que los Antecessor también vagaron por estos bastiones cársticos en busca de abrigo, comida y espacios para sus rituales. Los sondeos y catas -fueron catalogadas en 2002 por el grupo Edelweiss- en algunas de ellas han permitido descubrir diversos elementos líticos y fósiles de la Edad del Bronce. También tiene evocaciones medievales y cidianas porque por estos lares discurre el Camino del Destierro, que une Vivar del Cid con el monasterio de San Pedro Cardeña.

Todos, o casi todos, los caminos llevan al valle de Valdecuevas y a ese frondoso bosque de San Mamés, situado a poco más de 2 kilómetros al sureste del municipio. A falta de GPS, Gustavo Salas, concejal de Obras, y Santiago Ruiz, responsable de Cultura, hacen de solícitos guías. La pista inicial, después de un trecho muda en angosto y serpenteante sendero -horadado por las roderas de ciclistas- a medida que se interna en el monte. Encinas y robles -algunos enormes- jalonan esta ruta. Bajo el protector dosel arbóreo se llega a la cueva del Carrascal, una pequeña y rocosa catedral cárstica, con cuatro puertas, se alza entre el arbolado. El trazado de la cavidad no es extenso y se interrumpe por el relleno, pero impresiona. Los pequeños muros de cerramiento indican que estuvieron habitadas, también esa pequeña lasca de sílex y algunos restos óseos de macrofauna. Los más viejos del lugar recuerdan que, en ocasiones, sirvió de aprisco para guarecer ovejas. El negro de sus paredes y esos círculos de piedra desvelan antiguas fiestas, casi iniciáticas, además de cárnicas meriendas de quintos y quintas. Los tizones apuntan a que aún hoy algunos siguen haciendo hogueras. Una pena.

 Cuevas y abrigos con mucha historia

Siguiendo el sendero, a poco más de 60 metros se encuentra otro pequeño complejo de tres cavidades que el agua y el tiempo tallaron en el rocoso abrigo. Se trata de la cueva del Portal de Belén. Las entradas se asemejan a esos portales de los nacimientos navideños, solo que sus dimensiones son de tamaño natural. La primera es la mayor de las 34 y tiene un desarrollo de 34 metros. Falta la estrella de los Magos, pero en su interior se conservan los últimos misterios que depositaron los vecinos antes de la pandemia. Rodeando los abrigos, sobre la entrada, se abre un estupenda panorámica del entorno. En frente, la cueva del Carrascal.

Toca seguir de nuevo por el estrecho y algo empinado sendero -es destacable el porte de algunas encinas, quejigos y rebollos- durante unos 700 metros. En el cruce, a la derecha hay que seguir un tramo la pista que conduce a San Pedro de Cardeña -por la izquierda se llega a la rasa de Espinosa de Juarros- y, escondida entre los árboles, se encuentra la tercera gruta, cueva Carrera. Casi a ras de suelo, da la impresión de que es una simple hoya, pero no. Se trata de una dolina de hundimiento. Es necesario bajar la cabeza para llegar hasta el interior. No tiene más de 15 metros de recorrido antes de toparse con el relleno de este yacimiento arqueológico, en el que, por cierto, aparecieron restos cerámicos, algunos óseos y cantos rodados, que hablan también de ocupación humana. Son admirables y extasían sus estalactitas, algunas con lo macarrones fragmentados por la incuria de los visitantes. Las gotas de agua, que fluyen desde el techo, son perceptibles bajo la luz. Las formaciones calcáreas en las oquedades de la techumbre son también una lección de geología viva. Cada cueva tiene su leyenda y esta no iba a ser menos. Cuentan -pura tradición oral- que una vez el perro de un pastor se metió por la cueva del Portal de Belén y apareció en cueva Carrera. Misterio sin resolver aún, pero investigadores de los yacimientos de Atapuerca, según cuentan, ya ha hecho algunos estudios en la zona sobre esta y otras posibles conexiones.

Para completar la ruta es obligada la visita al abrigo de Las Cocinas y el menhir de Peñalada. La escapada se puede hacer sin regresar a Castrillo del Val, tomando un atajo por el valle y las tierras de labor, aunque desde la población también se puede acceder por el camino de los Molineros -que comunica a través del monte con San Millán de Juarros- a este singular paraje, que está a 1.800 metros del casco. No tiene pérdida porque el roquedal que hace de pétrea boina emerge y es visible entre los árboles. Donde termina o empieza -según se mire- un denso pinar de repoblación se accede al roquedo y a este abrigo, que en realidad son varios y con forma de eso, cocinas. De su interior también se extrajo material arqueológico. Salvar la ladera exige su esfuerzo, pero compensa porque la peña es además una perfecta atalaya para disfrutar de magníficas vistas de Castrillo y su entorno. Un poquito más abajo, a unos 50 metros, pegado a los postes y alambradas del pinar, hincado en tierra, se encuentra el menhir de Peñalada. Echando un ojo a las alturas es fácil deducir que se desprendió el roquedal, que fue colocado de manera premeditada y también que fue trabajado por mano humana. Lo complicado es saber cuándo, pero no sería descabellado pensar que este paraje fue un santuario natural prehistórico. Por cierto, junto al menhir hay un gran fragmento que se desprendió de la mole. Seguir por el monte, sin duda, atrae, pero no es recomendable si no se va a acompañado por algún vecino que sepa de caminos, senderos y trochas o disponer de un buen GPS y mapas.

*Este reportaje se publicó en el suplemento Maneras de Vivir del 17 de abril de 2021.


lunes, 24 de octubre de 2022

-La Santina burgalesa y la Virgen del Negro Día en Cillaperlata.

 Enlace: https://www.burgosconecta.esml#


Dicen los lugareños que la figura de la Virgen de Covadonga que se custodia en la parroquia de Cillaperlata es la auténtica Santina. Es el mayor secreto que guarda este pueblo, cercano a Trespaderne y Oña, que guarda también otros que, aún por demostrar, ponen este punto de la provincia como epicentro de la Reconquista. 

Imagen de la Virgen de Covadonga de Cillaperlata. /JCR

La Virgen de Covadonga de Cillaperlata es una talla románica, muy anterior por lo tanto a la más moderna talla, del siglo XVIII, que se venera en la cueva cercana a Cangas de Onís; la historia cuenta que en esta parte de la provincia, se realizaron al menos dos esculturas de María sedente, con el Niño Jesús sobre sus rodillas y bendiciendo al pueblo con su mano derecha.

Y junto a la imagen de la patrona de Asturias, convive con ella una talla anterior que sí guarda misterio, admiración, devoción y un halo esotérico muy profundo. Es la Virgen del Negro Día o de la Encinilla.

Desde que se jubiló de su trabajo en Bilbao, Claudio Salcedo hace de guía, sacristán, ayudante y cuidador de la iglesia. Recuerda que es «reciente y poco conocida la Santina» de Cillaperlata. Pero que esta historia está documentada y repleta de secretos y misterios.

«Una comunidad de monjes benedictinos vivía en un monasterio cercano al pueblo de Cillaperlata, San Juan de la Hoz», apunta Salcedo. Y probablemente allí se esculpieron en madera las tallas. «Los monjes dejaron una virgen en su cenobio y, tras la fundación de otro monasterio en Asturias, allí llevaron la segunda virgen», asegura.

Esa imagen se quedó en la cueva de Covadonga. La leyenda otorga a la Virgen María los méritos de la Reconquista por obrar milagros frente a los musulmanes. Y en su honor, siglos después se erige la iglesia, junto a la 'cueva de la Señora', que eso quiere decir Covadonga, donde albergará desde entonces la talla de la virgen llevada desde Cillaperlata.

Un incendio en la Cueva de la Santina destruyó la original en 1777 y fue sustituida por otra que poco o nada tiene que ver con la primitiva y original.

Encinillas o el 'Negro día'

 La imagen de la Virgen del Negro Día, en el templo norteño.

A la Virgen de Covadonga se le atribuye el milagro de ayudar a vencer a las tropas cristianas de don Pelayo contra los Omeyas de Córdoba; y poco más. Tampoco a la Santina de Burgos se reconoce intercesión alguna. «Sin embargo sí a la Virgen de las Encinillas, otra talla románica anterior hizo alargar la luz del día para que los cristianos ganaran la batalla. Es la Virgen del Negro Día'. 

Salcedo recuerda que a esta virgen se le tiene más devoción por «lo que significa para el pueblo»; la parroquia está «dedicada a la Virgen de Covadonga y ésta que hizo milagros está en otro altar». Todo ello ha llamado la atención de astures y curiosos que se han desplazado hasta Cillaperlata. Lo hicieron con motivo del Centenario del monasterio neorrománico. E incluso las más altas autoridades del Principado vieron la original talla de su patrona.

En fechas recientes, el programa de Calleja 'Volando voy' estuvo en Las Merindades. Y grabó esta historia de la Santina de Cilllaperlata y su significado. Pero Salcedo lamenta que a él le informaron después de que «no se emitiría nada de Cillaperlata y la Santina, salvo unos planos del pueblo». Sospecha que «interesa que no se dé a conocer. Los asturianos sabrán por qué», lamenta. 

 ¿Batalla de Covadonga en Tedeja?

Hay teorías que sitúan en el Desfiladero de la Horadada la batalla de Covadonga, descrita por Alfonso III y recogida en la Crónica Rotense. Si así fuera debiera llamarse Batalla de la Hoz de la Morcuera y no de Covadonga, porque se produce entre 140 y 150 años después de la ubicada –bien o mal— en Asturias.

Pero Alfonso sí fue contemporáneo a la Batalla de la Hoz de la Morcuera, en el desfiladero entre Oña y Trespaderne, y no a la de Covadonga –casi 150 años antes- por lo que ésta tiene muchas papeletas ser la que se narra en la Crónica Rotense primero y en la Crónica Sebastianiense, u Oventese después; y la librada en la provincia de Burgos sea la batalla de las batallas.

Lo cierto es que la de Morcuera se produjo en el año 865 y la de Covadonga en 722 (718 para otros historiadores). Y en este lugar se libró una sangrienta batalla. En ambas, los ejércitos cristianos se enfrentan a los poderosos Omeyas. El astur Pelayo, que era un noble o un príncipe astur, hizo frente a las tropas de Al Ándalus comandadas por Al Qama, en los valles de Cangas de Onís, o en Las Merindades. ¿Quién sabe?

Tiene su misterio y visos de ser realidad por la aparición, siglos después, del cenobio de San Juan de la Hoz donde los benedictinos veneraban la imagen de una pequeña virgen de la que había una copia que se llevaron a Asturias. Esa virgencita era la Santina de los astures.

Tedeja.


Tiene su lógica porque todo el norte de la provincia de Burgos marcaba la frontera de astures y musulmanes y era primera línea de defensa de los príncipes del norte; así que las montañas de Burgos fueron lugar en el que se pudieron librar batallas. Uno de los lugares de defensa y del que hay vestigios es el castillo de Tedeja, en Trespaderne, que es de la época visigótica y que ya existía siglos antes del inicio de la Reconquista.

Está ubicado en un lugar estratégico y sirvió desde el siglo VIII como altozano desde el que controlar el paso de enemigos por el Desfiladero de la La Horadada. Desde ahí se controlaba los términos de Cillaperlata y Tedeja al sureste; Mijangos al norte y Tartalés de Cilla al oeste. Y más aún, la entrada por La Bureba, por el Valle de Losa y por el bajo Ebro burgalés.

Tedeja hacía de frontera y de lugar para los vigías porque muchos cristianos acabaron refugiados tres las montañas del norte –los foramontanos- tras la Sierra de la Tesla al septentrión, la Engaña más aún al norte y los Obarenes, por la llegada del islam a sus territorios.

Las crónicas dicen que la guerra tuvo como inicio la negativa de los cristianos a pagar los impuestos que el gobernador de Córdoba quería hacer pagar a su imperio. Pero Pelayo era un estratega y decidió esperarlos en la cueva de Covadonga. La angostura del lugar hacia que el ejército Omeya no pudiera maniobrar; las fuerzas se igualaron y la batalla cayó del lado cristiano.

La historia contada por Alfonso III, recogida en la Crónica Rotense primero, escrita en latín bárbaro, y en la Crónica Sebastianiense, u Oventese, es mitad épica mitad realidad y cuenta que los musulmanes eran un ejército mucho mayor, unos 300 soldados de Pelayo contra una tropa de 185.000 omeyas. Cualquiera de los proyectiles de los musulmanes se volvían contra ellos, en lo que las crónicas dice «fue una intervención divina».

San Juan de Hoz

Aún queda algún resto de uno de los monasterios más antiguos de la cristiandad en España, porque la primera noticia escrita data del año 790; un cenobio para mujeres y hombres. Un escrito en el que se detalla una donación del abad Quilino. Desde el siglo XI pasa a depender de Oña tras la llegada de Trigidia, hija del conde Sancho García como abadesa de la villa condal.

Eran tan importante su dominio que abarcaba toda la cornisa cantábrica, con lo que llegaba hasta Asturias. Claudio Salcedo recuerda que «una hija de don Pelayo profesó en San Juan de la Hoz», lo que atestigua su larga vida. Es más, «por debajo del monasterio ya hubo uno anterior, lo que le da más antigüedad aún mayor», subraya el vecino.

Desamortizado, algunos de sus elementos prerrománicos y hasta alguna piedra de altar de San Juan de la Hoz se encuentran en el Museo de Burgos y en la parroquia del pueblo, como la Virgen de Covadonga.

 

viernes, 23 de septiembre de 2022

-Hallan el posible acceso a la torre medieval de Guzmán.

 Fuente: https://www.diariodeburgos.es

 

La segunda campaña de excavaciones en Guzmán encara su recta final con buen sabor de boca para los arqueólogos de la Universidad Rey Juan Carlos. Uno de los directores de este proyecto, Alberto Polo, detalla que han encontrado restos de las distintas caras de la torre octogonal del castillo en ruinas de la localidad ribereña, además del posible acceso a esta torre en la zona oeste.

Este verano han dado un salto notable a su investigación al pasar de un sondeo de 4x4 metros a uno de 8x16. Los arqueólogos han conseguido descubrir prácticamente la planta entera de la torre superior, ya que se trata de unos restos aposentados en la base de otra estructura más antigua. Según las primeras estimaciones, la torre mediría cerca de 8x8 metros. Falta por destapar el lado norte, algo que tienen previsto ejecutar en una tercera campaña el próximo verano. Por ahora no pueden precisar de qué época data, pero Polo apunta que "por su morfología, mínimo del siglo XII- XIII".

Después, la idea del Ayuntamiento de Guzmán, según indica Polo, es "restaurar, conservar y poner todo en valor, crear un sitio arqueológico y unirlo al Palacio y a la iglesia de San Juan Bautista" dentro de su apuesta por mantener el patrimonio.

Durante las excavaciones, en las que han participado una decena de investigadores, también ha aflorado abundante cerámica altomedieval y plenomedieval. Sobre todo, ollas, cazuelas y tinajas para vino o aceite. A ello se suman restos de fauna, especialmente ovejas y cabras, además de "un nivel de cenizas muy grande del final del desmonte de la torre".

A partir de ahora, una vez que hoy sábado los arqueólogos realicen una jornada de puertas abiertas para dar a conocer los resultados a los vecinos de Guzmán, quedará por llevar a cabo el trabajo de laboratorio. "Se hace un análisis y estudio de todos los materiales para ver cronologías y otros datos que puedan ser interesantes", explica Polo, mientras recalca la importancia de determinar su contexto. Otro punto a destacar es que a lo largo de las últimas semanas han contado con la ayuda de varios vecinos de Guzmán. Según comenta, el hecho de involucrar a la gente en las labores arqueológicas favorece la conservación y el respeto del patrimonio.


-Sale a la luz en Belorado una ciudad romana.

 Fuente: https://www.diariodeburgos.es

La utilización el año pasado del georradar en las excavaciones del yacimiento romano de La Mesa, en el oeste de Belorado, ha permitido ir sobre seguro en la campaña de este verano que se da por concluida hoy, jornada en la que está prevista una conferencia (20:30 h.) en el Teatro Reina Sofía para hacer balance no solo de estas dos semanas sino de los diez años de trabajo en ese entorno y los descubrimientos realizados. 

Los trabajos, dirigidos por Joan Oller, de la Universidad Autónoma de Barcelona, se han centrado en esta ocasión en dos sondeos, siguiendo la estela de las 'anomalías' detectadas por el georradar sobre una superficie de 10 hectáreas, y que dejaron claro que en el subsuelo se conservan restos de una ciudad romana. Ahora se ha desentrañado parte de esa estructura urbana al aflorar en el primero de los sondeos una calle con el pavimento conservado e incluso, lo que podría ser un pequeño pórtico; además, adosada a la calle se ven lo que sería una isla de casas entre calles, «mínimo unos seis ámbitos con dos fases de época romana», concluye Oller. Este explica que La Mesa ofrece un diseño curioso en comparación a la imagen que existe de una clásica ciudad romana. Para empezar, no se ha hallado ninguna plaza o foro grande, pero sí el asentamiento bien organizado por grandes calles que van dirección norte-sur y con una distancia entre ellas de unos 25 o 30 metros, y en medio las casas, muy variadas, unas sencillas con varios habitáculos y otras más lujosas y con habitaciones más grandes tipo domus romana, con pequeños peristilos y pintadas de rojo, por los restos encontrados. Como curiosidad, esta campaña se han localizado unas pinzas de bronces intactas para depilar, así como fichas de juegos y fragmentos de vidrio.

No menos importante es el hallazgo en el segundo sondeo, donde ha salido a la luz una gran cisterna para el almacenamiento de agua, un descubrimiento importante porque se trataría de la primera infraestructura pública localizada en el yacimiento para uso común de la población. Oller añade que ahora mismo es difícil calcular cuantos litros podía almacenar, «porque solo se conserva la base, no el alzado que ha sido arrasado por muchos años de cultivo del terreno». En todo caso, añade, a partir de esa base, con unas medidas de 5x 8 metros, ahora se podrán hacer los cálculos volumétricos para determinar su posible capacidad. 

El director de la excavación cree que en el yacimiento se encontrarán más almacenamientos en el futuro, por las propias anomalías detectadas por el georradar similares a esa cisterna, «lo cual tiene lógica, al estar el río Tirón al lado, se trae el agua y se acumula para el uso del pueblo», añade. Tampoco se ha localizado de momento ninguna estructura de conducción de ese agua, aunque los agricultores han encontrado canalizaciones de plomo que podrían responder a un sistema de distribución, «pero aún no hemos encontrado nada», añade. 

Este entramado urbano confirma que La Mesa fue un asentamiento rural de unas 20 hectáreas, que podría situarse en un término medio, es decir, explica Oller muy gráficamente, entre una gran ciudad como Clunia y una villa. Habría 2 fases de asentamiento, una primera en los siglos I y II después de Cristo, y una tardía del IV o V. 

Tampoco plantea dudas el modo de vida de sus pobladores, que se dedicaban a la agricultura y la ganadería como ponen de manifiesto distintos hallazgos a lo largo de estos 10 años, como molinos para la producción agrícola y restos fauna como ovejas, vacas, cabras y cerdos. Así, el director del proyecto recuerda que en años anteriores se localizó una especie de matadero o carnicería de animales.Las excavaciones en La Mesa cuentan con el apoyo del Ayuntamiento beliforano y de la Diputación Provincial de Burgos.

miércoles, 17 de agosto de 2022

-El muro de los enigmas. (San Pedro Royales)

 Fuente: www.diariodeburgos.es

 

A veces la arqueología resuelve enigmas y otras los descubrimientos abren tantas incógnitas históricas como fosas. Eso ha ocurrido en la tercera campaña de excavaciones del puente medieval y el hospital jacobeo de San Pedro Royales, un emplazamiento entre las orillas burgalesa y palentina del Pisuerga en el que ha aparecido un muro de tal entidad que plantea infinidad de cuestiones a los investigadores.

Alejandro Ramos, codirector del Proyecto Royales junto conRaúl Rubio, las lanza al aire como una metralleta. ¿Por qué un hospital tan pequeño, en el medio de la nada, tiene esa muralla? ¿Por qué es tan grande? ¿Fue defensiva? ¿Era una frontera?¿Quién lo sufragó? ¿Cómo es que eligieron piedras de canteras a más de 40 kilómetros en vez de las areniscas de explotaciones cercanas, y así una y otra vez hasta llegar a la gran pregunta, la clave de bóveda. «¿Por qué se construye el puente aquí?», prosigue, un emplazamiento con unas enormes cuestas en la zona burgalesa, hacia Rezmondo. De ahí que no solo en la tierra, sino también en los archivos históricos hayan empezado a buscar el nexo histórico entre los reyes y el complejo jacobeo, que todo apunta a que pudo ser un hombre, o una mujer, con el suficiente poder o los vínculos familiares lo bastante fuertes con la corte castellana como para atraer tamaña inversión a este punto del Pisuerga. Maneja solo dos certezas: «No es casualidad que esté aquí» y «esto solo lo pueden hacer rentas reales o de un obispo».

Los sillares del muro que han aparecido tienen unos 80 centímetros de largo por entre 46 y 50 de alto. Antes de toparse con el nivel freático del río han encontrado un saliente, lo que parece una especie de contrafuerte, que podría bajar más metros. El muro está confeccionado con arenisca «de muy buena calidad, que traen posiblemente de las canteras de Aguilar de Campoo», especula Ramos.

Han excavado también el resto de la vanguardia del puente y su acceso con ayuda este año de 9 estudiantes de diversas universidades y centros académicos, uno de ellos francés y otro checo. Gracias al apoyo del Ayuntamiento de Herrera de Pisuerga, del que depende la pedanía palentina de Olmos, y al burgalés de Rezmondo pueden llevar adelante los trabajos.Siguen esperando, por contra, la ayuda de la Diputación de Palencia, con la que creen que se podría dar el impulso definitivo alproyectoRoyales y convertirlo en un enclave turístico-cultural de referencia, al ser un yacimiento único.

Donde el verano pasado había girasoles hoy ha crecido el cereal. La cosecha se ha retrasado y los excavadores han tenido el tiempo justo de realizar unos sondeos en la finca. Gracias a un dron han comprobado lo que se intuye por las espigas. Allí donde crecen menos estuvo la planta de una de las ermitas del hospital que patrocinó la Casa de Lara, todopoderosa en la Castilla de los siglos XII y XIII. «Probablemente es la del siglo XVI o XVII. Nos faltaría saber dónde está la iglesia vieja», explica Ramos. La decepción de la campaña ha llegado precisamente al final, porque no se ha encontrado ningún vestigio en esa zona de la excavación. En cualquier caso, el hallazgo de la muralla compensa todo lo demás y abre un sinfín de posibilidad para investigar.

El codirector burgalés del Proyecto Royales siempre invita a los visitantes a«entender el puente como una pequeña ciudad», en la que vivían el encargado del paso, los molineros y sus familias, los vecinos de la comarca que traían el trigo, los rebaños que bajaban a pastar en el entorno... No resulta fácil, puesto que «el paisaje está muy alterado». El río se ha desviado, el terreno se ha rellenado varios metros, se han plantado chopos que no existían hasta la segunda mitad del siglo XX, la maquinaria agrícola y de la Confederación ha removido restos...

Por esta ruta del Camino de Santiago pasaron hace siglos peregrinos. Ellos conocen los secretos de las marcas de cantero -unas muy similares se han localizado en monasterios del siglo XII- de un puente que se salvó de la destrucción total el único arco de los 8 que tuvo. Entre los próximos proyectos, su reconstrucción en 3D, la consolidación del tajamar, un paso tibetano que vuelva a unir las dos orillas de Palencia y Burgos, una jornada de puertas abiertas...

El equipo de excavación ha concluido ya la campaña de este año, aunque ahora queda un interesante trabajo de laborativo e investigación en los archivos. Además, el yacimiento sigue ahí, con esa lunz especial, y abierto a cualquiera que busque explorar los enigmas de Royales.


-Asalto a los secretos del asedio romano al Cerro de Castarreño (Olmillos de Sasamón).

 Fuente: https://www.diariodeburgos.es

 Prospección geofísica y excavación arqueológica sobre el terreno, en septiembre de 2021.

El equipo de arqueólogos dirigidos por Jesús García Sánchez (Instituto de Arqueología, Mérida. CSIC-Junta de Extremadura) y José Manuel Costa-García (Universidad de Salamanca) vuelve a investigar el pasado de la comarca segisamonense por sexto año consecutivo. Esta intervención, financiada por la Diputación de Burgos y los ayuntamientos de Sasamón, Olmillos de Sasamón y Villasandino, tiene como objetivo estudiar los vestigios de un importante dispositivo de asedio romano alrededor del Cerro de Castarreño (Olmillos de Sasamón), así como continuar generando nueva información arqueológica sobre la importante ciudad romana de Segisamo (Sasamón), según informa Roman Army en un comunicado de prensa.

Mediante el uso de distintas técnicas de teledección –incluyendo drones-, los arqueólogos lograron documentar en los últimos años una doble línea de fosos que, por espacio de más de 6 kilómetros rodea el castro por completo. Asimismo, se han documentado varios campamentos militares romanos y un segundo alineamiento doble al exterior. Aunque en la península ibérica se han documentado otros escenarios de asedio de época romana -casos de Numancia (Soria) o La Loma (Santibáñez de la Peña, Palencia), el paralelo más próximo –cronológica y morfológicamente hablando- parece ser el cerco de Julio César alrededor de Alesia (Francia) a mediados del siglo I a. C. 

Durante la campaña arqueológica de 2021 se prospectaron con métodos geofísicos algunas de estas estructuras. La prospección geofísica con georradar y magnetómetro es un método en auge, pues permite obtener imágenes tridimensionales del subsuelo sin necesidad de excavaciones, para así identificar estructuras soterradas. Esto permitió conocer mejor el cerco, así como planificar posteriores intervenciones arqueológicas. Hasta la fecha, los miembros del equipo han prospectado con georradar lugares tan emblemáticos como la necrópolis de Pinilla Trasmonte, complejos vilicarios en Almenara de Adaja o amplios sectores de la ciudad romana de Segisamo. En colaboración con el Laboratorio de Arqueología no invasiva (MINARQLAB) del CSIC-IAM, la prospección de 2022 cubrirá otro sector del cerco completamente inédito y otro pequeño recinto recientemente documentado en las proximidades de Villasandino, así como diferentes áreas de la ciudad de Segisamo, cuyo urbanismo se conoce mejor a medida que avanzan los trabajos.

 

A continuación, se excavarán varios sondeos con el objetivo de documentar las estructuras, comprender su morfología, extraer elementos de cultura material relevante y tomar muestras para la datación por radiocarbono y luminiscencia de los antiguos fosos. Estos métodos, ya usados en 2021, permiten conocer con gran precisión cuándo se formaron esas potentes estructuras defensivas. Así, durante los trabajos desarrollados el agosto pasado, se recuperaron fragmentos de cerámica y algunas piezas del equipo militar romano que permiten situar el complejo sistema de campamentos y líneas de asedio en un momento anterior al inicio de la era cristiana.

Un pasado por (re)descubrir. Hasta el momento, únicamente se contaba con los escritos fragmentarios de algunos autores griegos y latinos para reconstruir la historia de la conquista de la comarca segisamonense. A partir de estos registros sabemos que los romanos conquistaron el centro peninsular e finales del siglo II a. C., pero la comarca del Odra-Pisuerga no quedaría definitivamente integrada en el Imperio Romano hasta finales del siglo I a. C. Esta integración supuso notables cambios en el paisaje. Los viejos poblados de la Edad del Hierro -como el oppidum del Cerro Castarreño (Olmillos de Sasamón), excavado en los años 2018-2020- fueron abandonados en favor de otro tipo de núcleos de cuño romano -como la recién fundada ciudad de Segisamo (Sasamón)-. Además, aparecieron nuevas infraestructuras públicas -vías, acueductos, etc.- y comenzaron a explotarse los campos de forma más intensa con el objetivo de obtener productos agrícolas con las que alimentar a la creciente población.

Sin embargo, quedan aún en el aire muchas incógnitas alrededor de este proceso de transición. Todo parece indicar que este cambio no se produjo de forma pacífica, pero desconocemos el destino de los antiguos Turmogos. ¿Arrasaron los romanos el Cerro de Castarreño? ¿Abandonaron los Turmogos sus asentamientos fortificados para habitar las nuevas ciudades? ¿De qué modo se integraron en el nuevo sistema? ¿Se respetaron sus derechos y costumbres? Las estructuras descubiertas recientemente podrían ayudar a responder estas preguntas.

 

En anteriores campañas (2017 a 2020), los arqueólogos han estudiado numerosos yacimientos en la campiña de Sasamón. Así, se estudiaron dos enclaves relacionados con el ejército romano (Carrecastro y Santa Eulalia), se prospectó el área urbana bajo el actual pueblo de Sasamón y se iniciaron los trabajos de excavación en el Cerro. Para ello se emplearon fotografías aéreas modernas y antiguas en color y en infrarrojo, imágenes satelitales y reconstrucciones 3D del territorio a partir de datos LIDAR. Se han usado, además otras técnicas sofisticadas y novedosas como la prospección geofísica o la generación de cartografías a partir de fotografías tomadas por medio de drones. 

De este modo se ha logrado conocer mejor el urbanismo romano de Segisamo -identificándose las trazas de sus calles y edificios-, reconocer la existencia de antiguos campamentos romanos e incluso recuperar materiales relacionados tanto con el ejército como con la vida cotidiana durante la Antigüedad. Por su parte, en 2018 se inició la excavación de una estructura identificada mediante estas tecnologías y que delimitaba el espolón septentrional del Cerro de Castarreño -donde actualmente se encuentran las antenas de telefonía-. La apertura de varios sondeos permitió documentar un potente foso excavado en el páramo y de un talud situado al interior del mismo. Todo parece indicar que el poblado se abandonó en relación con la llegada de Roma a la comarca y que ese abandono no fue tan pacífico como se creía. La campaña de 2021 vino a confirmar este punto al conocerse mejor los campamentos y estructuras defensivas construidas por los romanos.

Arqueólogos de diversos países (Reino Unido, República Checa, Alemania, Holanda, Portugal, España, Estados Unidos, Bulgaria, Italia) e instituciones han formado parte en el pasado de este proyecto.

El colectivo de investigación romanarmy.eu reúne a un conjunto de arqueólogos profesionales e investigadores de diversas instituciones (Universidades de Salamanca, Oviedo, Exeter y Minho; institutos de investigación como el Incipit-CSIC o el IAM) que estudian la presencia del ejército romano en el norte peninsular y las transformaciones que provocó la llegada de Roma en estos territorios. En los últimos años, el colectivo ha descubierto y estudiado numerosos yacimientos arqueológicos, lo que le ha permitido ofrecer visiones innovadoras sobre este proceso.

A través de una iniciativa centralizada en la web romanarmy.eu y en las redes sociales vinculadas, están llevando a cabo una tarea de difusión y visibilización de los nuevos hallazgos y análisis sobre estas evidencias arqueológicas, más de dos mil años después del fin de las operaciones militares. Durante la presente campaña, los arqueólogos retransmitirán a diario las novedades de la campaña. Asimismo, al final de la intervención se transmitirá a la población local los resultados obtenidos mediante una charla divulgativa. Asimismo, los resultados de las dos últimas campañas serán presentadas a final de mes en el prestigioso LIMES Congress XXV, que se celebrará en Nijmegen (Países Bajos).

El desarrollo de la campaña se transmitirá a través de los canales de comunicación del colectivo investigador Romanarmy.eu en Twitter y Facebook Live.

-Los secretos ocultos del despoblado de Alba.

 Fuente: https://www.burgosconecta.es

 Presa de Alba, en la provincia de Burgos./J.C.R.

Hay lugares que desprenden un cierto halo de misterio con solo mirarlos. En ellos se encierran historias que nadie ha contado; secretos que se quedaron bajo las aguas. Historias personales que murieron con una inundación. Esos lugares silenciosos son los embalses bajo los que quedan restos de pueblos o aldeas.

Los pobladores de Alba fueron auténticos supervivientes en mitad de un medio hostil. Alejados de todo vestigio de modernidad, eran moradores de una burbuja única… a miles de metros de lo que se podía conocer como 'civilización'… los Montes de Oca la engullían hasta hacerla desaparecer.

La niebla se echa sobre el viejo poblado comido por las hiedras y la maleza. Ya no queda de pie ni el viejo muro de la iglesia, dedicada a la Natividad de Nuestra Señora. No existe ya. Pero los vestigios permanecen y cerca de la iglesia se han encontrado altares dedicados a Cayo Deo, divinidad celta, y también hay una estela de casa romana y una inscripción con nombre de persona. En el resto de la aldea, apenas si se ve un abrevadero de ganado y el viejo lavadero.

Hoy ya nadie puede entrar en el despoblado de Alba; solo alguna alimaña o algún roedor son capaces de adentrarse en la maraña de maleza. Pero en Alba, el misterio, los secretos de los antiguos pobladores y el mismo silencio, son los protagonistas. Los restos de las viejas historias han quedado impregnados entre las hiedras. La historia ha muerto con el viaje definitivo de sus pobladores. El misterio permanece.

El entorno de la presa de Alba, en plenos Montes de Oca, es uno de esos lugares en los que la historia ha quedado escrita en el aire. En Alba y en Ahedillo ya no respira humano alguno. En la primera de ellas, los 20 vecinos que vivían, abandonaron el pueblo en los años 50. La última familia de Roque Rubio y Victorina Gutiérrez se fueron de Alba hasta Villafranca tras la muerte del cabeza de familia. Los cinco hijos del matrimonio se fueron también al núcleo más poblado de la zona. 

 Hoy solo quedan algunos restos comidos por la maleza. Un muro medio caído de su iglesia y un lavadero con la curiosa inscripción que dice: «prohibido lavar los hombres…» y la vieja fuente que mana del manantial de Alba, a modo de buzón.

Los robinsones de Alba tenían que cruzar un peligroso paso de montaña, el callejón de La Hoz, tras la ermita de la Virgen de Alba y la Fuente de San Indalecio, cuyas piedras rojas asemejan la sangre del martirio del santo.

Antes de despoblarse, la aldea sufrió un devastador incendio en 1937, en la Guerra Civil. Fue el inicio del ocaso de este pueblito. La modernidad, la necesidad de agua potable para la comarca de los Montes de Oca y Briviesca hicieron el resto. Y la Diputación de Burgos decidió construir una presa. El embalse de Alba es propiedad de la Diputación de Burgos que en 1996 lo construyó en una ladera de los Montes de Oca por su vertiente noreste.

Las aguas del Oca llenaron el barranco de Montecillo, justo al borde de las tierras de pastos de Alba. Los montes de Somoro, la Pedrera o el Castillo de Alba remontan el llano para alzarse frente a la presa y ocupar la altitud más elevada de este terreno. Con la construcción de la presa, los últimos restos quedaron fagocitados por el monte y la maleza que arrasó todos los restos que quedaban.

Del castillo no quedan vestigios ,pero desde la atalaya en la que se ubicaba se puede contemplar una vista del desfiladero y del entorno de los Montes de Oca por lo que la fortaleza tuvo que ser un punto estratégico de defensa. Por el desfiladero y el borde del río, la senda de la Hoz y al fondo se dibuja un enorme muro de 45 metros de altura que contiene las aguas del río Oca. 

El agua ha horadado la montaña en varias oquedades que en su nombre encierran más misterio, la cueva de los Moros y la Caldera, lugares privilegiados para las rapaces en lo más alto de estos montes. El paisaje de la zona es de embrujo. Si ya las ruinas de Alba son misteriosas, arrumbadas entre los troncos de las hayas que se comen los cercados y hiedras que agrietan los muros, en lo alto donde crece un enorme bosque de hayas, anidan leyendas de brujas y anjanas.


sábado, 9 de julio de 2022

-Una tumba de caliza con techo de madera. (En El Pendón de Reinoso, Burgos)

 Enlace: https://www.diariodeburgos.es

 

«¡La de enigmas que esconde este monumento! Cuando se acercaba el momento de finalizar las campañas de excavación siempre pensaba que serían las últimas, pero no, aquí seguimos porque continúan apareciendo nuevos secretos que nos hacen regresar», asegura Manuel Rojo, el arqueólogo que dirige las investigaciones en el dolmen El Pendón de Reinoso.

Los días previos a terminar los trabajos de 2021 aparecieron en la cámara y en el pasillo dos misteriosos hoyos. Acabó la campaña y cubrieron con plásticos el monumento megalítico para que quedara resguardado durante el resto del año. Pero Rojo tiene claro que acabarán por descubrir el significado de ambos boquetes. «El que se ubica en el centro creo que guarda relación con que el dolmen estaba protegido por una cubierta fabricada con maderas y material perecedero. Posiblemente en el agujero colocaron una pila que sujetaba el techo», expone.

Según los conocimientos del experto, «resulta de lo más habitual que estas tumbas prehistóricas contaran con una cubierta para proteger los restos, pero al no encontrar piedras de gran tamaño que sirvieran como tejado, lo más probable es que lo construyeran con otros materiales, aunque intentaremos llegar a la conclusión», añade. El segundo hoyo que asoma junto a la pila funeraria presenta varias piedras clavadas «a propósito por alguien» y restos óseos. Otro de los enigmas que el equipo compuesto por unos 20 expertos y estudiantes de historia y patrimonio pretenden descifrar a lo largo del mes de julio.

Pero en la campaña actual, que se alargará durante un mes, no solo se centrarán en encontrar respuestas sobre los llamativos agujeros, si no que intentarán acabar de excavar la cámara porque siguen apareciendo huesos humanos, y delimitarán el pasillo para realzar al monumento. Asimismo, también prolongarán la investigación un metro desde el pasillo hacia el suroeste para lograr que la estructura tumular se aprecie como en la parte noreste. La limpieza de la vegetación que rodeaba al dolmen hace más espectacular si cabe el lugar. No obstante, el director sostiene que el acceso al monumento puede que comenzara más lejos de lo que en un principio pensaban, por lo que excavarán desde el pasillo, pasado por un terraplén hasta llegar a una finca de cereal, para descubrir si la entrada original del Neolítico comenzaba en ese punto.

Las actuaciones de este año concluirán con los estudios de dos zonas en las que se aprecian «cortes de piedra caliza», que los expertos consideran que pueden tratarse de las canteras de donde obtuvieron el material para construir el monumento funerario. «Se encuentran muy próximas a la tumba y en otros dólmenes en los que he trabajado o he visitado trasladaban las rocas de lugares más lejanos, incluso situados a kilómetros de distancia», aclara Rojo.

programación para julio. Durante las próximas semanas los más pequeños podrán disfrutar de varios talleres que el Ayuntamiento de Reinoso ha organizado. Las visitas gratuitas en el dolmen y el museo de la torre realizadas por los arqueólogos se llevarán a cabo a las 19 horas.

Los tres últimos días de julio (29, 30 y 31), se celebrará en el municipio un encuentro científico novedoso en el país en el que se reunirán decenas de investigadores de cinco universidades españolas (País Vasco, Valladolid, Granada, La Laguna y Alcalá de Henares), con el fin de poner aún más en valor el monumento megalito. El programa de las jornadas incluye, entre otros actos, charlas, debates y representaciones.

-Atapuerca pone cara a los primeros europeos.

 Enlace: https://www.diariodeburgos.es

 

Ayer fue otro día histórico en los yacimientos de Atapuerca y por eso nadie se lo quiso perder. El hallazgo de dos fragmentos de una mandíbula de hace 1,4 millones de años «obligará a reescribir el libro de la evolución humana», tal y como dijo Juan Luis Arsuaga en una multitudinaria rueda de prensa a la que asistió el Equipo de Investigación prácticamente al completo. «No solo va a extender la cronología hacia atrás sobre la llegada de los primeros humanos a nuestro continente, sino que va a modificar ideas sobre la evolución del ser humano», añadió el codirector del proyecto.

Para empezar, el descubrimiento de este adulto en el yacimiento de la Sima del Elefante (en el nivel TE7) descarta la hipótesis de quienes sostenían que en esa época el viejo continente no estaba ocupado. «Cuando excavábamos TD6 de Gran Dolina se creía que Europa entonces (hace 850.000 años) era un continente despoblado. Pero encontramos a Homo antecessor y demostramos que en realidad Europa estaba petada, por decirlo vulgarmente. Ahora volvemos a reforzar esa afirmación sobre la situación ocupacional y podemos decir que estaba petada desde mucho antes. Este descubrimiento va a servir para conocer con precisión cómo se ha producido la evolución humana en los últimos 1,5 millones de años. Y nos ayudará a conocer a la especie que socializó Europa», sostuvo Eudald Carbonell, codirector del Equipo de Investigación de Atapuerca (EIA).

 Atapuerca pone cara a los primeros europeos

-Hallada en Atapuerca la cara del humano más antiguo de Europa.

 Fuente: https://elpais.com

 Las excavaciones en la sierra burgalesa destapan el rostro fósil de un homínido que vivió hace entre 1,2 y 1,4 millones de años.

 Presentación del descubrimiento de la cara del primer europeo, este viernes en el yacimiento de Atapuerca.

  El equipo de excavación de los yacimientos de Atapuerca (Burgos) ha hallado el fósil de la cara de un homínido que vivió hace entre 1,2 y 1,4 millones de años y es el más antiguo de Europa. El hallazgo es una sorpresa, pues no había hasta ahora evidencias tan rotundas de presencia humana en este continente en aquella época. El análisis científico de estos restos tiene una importancia excepcional para comprender los primeros pasos de la evolución del género humano fuera de África y la aparición de especies genuinamente europeas.

Hasta el momento, los fósiles humanos más antiguos de Atapuerca eran los del nivel 9 de la Sima del Elefante: una mandíbula y otros pocos fragmentos óseos de dos individuos que vivieron en este lugar hace 1,2 millones de años y que se hallaron en 2007. Estos fragmentos son tan escasos que los paleoantropólogos no los han atribuido aún a ninguna especie, solo al grupo Homo, al que pertenecen también los humanos actuales, Homo sapiens.

El nuevo fósil ha aparecido en un nivel inferior de la sima, el 7, cuya antigüedad máxima puede ser de 1,4 millones de años. La mandíbula hallada en el nivel 9 presentaba un rasgo en la barbilla que era moderno, es decir, aquellos primeros europeos podían ser los primeros en tener un rostro muy parecido al de una persona actual y alejado de la cara más simiesca de ancestros humanos de África como el Homo ergaster o el Homo habilis. El análisis detallado de la nueva cara hallada en el nivel 7 puede aclarar ahora quiénes eran los primeros humanos europeos, qué relación tenían con los grupos posteriores y si todos pertenecían a la misma especie.

El fósil lo halló el 30 de junio Édgar Téllez, un estudiante de doctorado del Centro Nacional de Investigación sobre Evolución Humana. Estaba unos dos metros más abajo que la mandíbula hallada en 2007. Primero apareció entre la arcilla el fragmento de hueso del pómulo y, un rato después, el maxilar donde irían encajados los dientes. Téllez avisó rápidamente a Rosa Huguet, coordinadora del yacimiento de la Sima del Elefante. “Su cara al ver lo que había encontrado era distinta que otras veces”, recuerda el científico. El día después, tras un análisis detallado, los científicos de la excavación concluyeron que los restos eran inequívocamente humanos. “En este maxilar también hay una proyección vertical, como en la mandíbula hallada en 2007, lo que podría indicar que ese rostro moderno ya estaba presente en esta época”, destaca.

Los fósiles han sido presentados este viernes en la localidad burgalesa por los tres codirectores de Atapuerca ( Juan Luis Arsuaga, José María Bermúdez de Castro y Eudald Carbonell), por Rosa Huguet y por Gonzalo Santonja, consejero de Cultura de Castilla y León.

 “Este descubrimiento probablemente nos ayudará a conocer la especie que socializó Europa”, ha resaltado Carbonell. Es posible que haya homínidos anteriores, ha argumentado, pero estos fueron los que comenzaron a establecer poblaciones más numerosas y permanentes.

El análisis científico y datación de los restos llevará al menos un año, ha explicado Bermúdez de Castro. Junto al maxilar se encontró un diente, pero estaba partido, por lo que no está claro si se podrán rescatar proteínas. Las excavaciones continuarán hasta finales de este mes y el equipo espera poder encontrar más restos humanos, posiblemente dientes de los que extraer material biológico. “Este fósil obligará a reescribir los libros de evolución humana”, ha destacado Arsuaga. Los restos “retrasan en el tiempo la presencia humana en Europa y nos muestran que cosas que pensábamos que aparecieron al final de la evolución [como el rostro moderno] surgieron al principio”, ha añadido.

Los yacimientos de Atapuerca comenzaron a excavarse de forma sistemática en 1978. Se sitúan en la trinchera de un ferrocarril minero que atravesaba esta sierra burgalesa y que dejó al descubierto antiguas cavidades con restos fósiles. El 8 de julio de 1994, hace hoy 28 años, la arqueóloga Aurora Martín se quedó petrificada al encontrar un diente sobresaliendo de la tierra que parecía de un humano. El equipo de excavación encontró más dientes y otros fósiles humanos y, tres años después, anunció los hallazgos al mundo en un estudio histórico publicado en la revista Science, donde le dieron nombre a una nueva especie humana: el Homo antecessor.

Los investigadores piensan que antecessor es descendiente de los primeros homínidos que abandonaron África hace 1,8 millones de años, los Homo erectus, que ya caminaban erguidos y fabricaban herramientas de piedra con las que cortar la carne de animales. La especie burgalesa sería el antepasado común de los neandertales que evolucionaron en Europa hace unos 400.000 años como de nuestra especie, los Homo sapiens, que aparecieron en África hace unos 250.000 años.

Los humanos de Atapuerca eran nómadas y establecían sus campamentos allí donde estuvieran en ese momento la mejor caza y los mejores frutos. El yacimiento de la Gran Dolina es el campamento temporal más antiguo de Europa. En este abrigo rocoso han aparecido más de 170 fósiles de al menos nueve antecessor que vivieron hace más de 860.000 años, junto a los restos de sus muchas presas animales.

Los restos humanos muestran que antecessor tenía una cara tan moderna que si fuera arreglado y peinado en un vagón de metro, no llamaría la atención. Su cuerpo aún presentaba rasgos arcaicos, como un tronco más robusto que los de los sapiens. Medía entre 1,65 y 1,85 metros. El tamaño de machos y hembras era muy similar, lo que sugiere que eran una especie sociable en la que no había encuentros violentos asociados al apareamiento, como sí sucede en otros primates, como los chimpancés.

La mayoría de los individuos de la Gran Dolina eran niños de pocos años y jóvenes. El detalle más escalofriante es que muchos de sus huesos conservan marcas inequívocas de que fueron devorados por otros humanos en un acto de canibalismo cultural. En aquella época no escaseaba ni la caza ni los frutos en la sierra de Atapuerca, por lo que los investigadores piensan que el canibalismo sucedió tras un enfrentamiento por estos recursos en el que habrían participado grupos rivales; una especie de germen de la guerra. Es algo parecido a lo que sucede en los chimpancés. Aunque sea una práctica abominable, el canibalismo es marca común entre la mayoría de las especies humanas del pasado y la práctica es mucho más frecuente entre los miembros de nuestra propia especie, el Homo sapiens.