sábado, 14 de mayo de 2022

-De paseo por la ruta del carbón.

 

 Fuente: https://www.diariodeburgos.es

La historia de San Adrián de Juarros está indisolublemente unida a su pasado minero. A la vida de cientos de hombres que en durísimas condiciones extrajeron durante casi un siglo el carbón escondido en las entrañas de esta comarca burgalesa. A un 'oro' negro como el del polvo que se colaba en los pulmones de los valientes obreros que picaban la tierra y como el que aún hoy tamiza el firme de los caminos que surcan el llamado 'sendero minero'. Un ameno y didáctico recorrido circular, de diez kilómetros entre bosques de roble y pino, que nos lleva hasta los restos de nueve pozos, viejas bocaminas y una calera, donde es fácil imaginar la intensa actividad que hubo en la zona con los sonidos de los martillos golpeando la roca.

La idea de poner en valor este recurso patrimonial surgió en el año 2000 cuando la localidad se dio cuenta del potencial que tenía desde el plano turístico su recuperación, ya que hasta este lugar acudían numerosas personas interesadas en visitar las minas que hubo en estos bosques y disfrutar de un paraje salpicado de arroyos y miradores en pleno contacto con la naturaleza. Con una inversión cercana a los 300.000 euros se acondicionó el sendero, se señalizó el recorrido, se instalaron paneles informativos y se arreglaron los accesos de algunos de los pozos para acercar al caminante lo que fue este territorio carbonero, como explica el alcalde de San Adrián, Florencio Martínez, al tiempo que destaca el 'tirón' que tiene este trazado entre los senderistas (muchos llegados de comunidades limítrofes como La Rioja o País Vasco) y el impulso que ha supuesto para un pueblo de 95 vecinos que ha sabido conservar su arquitectura popular con casas construidas en piedra rojiza y teja árabe. «En su mejor época llegaron a vivir unas 400 familias provenientes de toda España; quizá eso hizo que San Adrián haya sido siempre un pueblo acogedor», apunta Florencio, tras anotar que el término municipal abarca más de 1.200 hectáreas, la mayor parte de ellas, monte.

La historia minera de la zona comienza en 1841 para suministrar carbón a varias empresas de Burgos. La mina Esmeralda, la única perteneciente a Brieva, fue una de la primeras en explotarse y una de las más peligrosas, por el exceso de agua y los hundimientos. En Burgos el carbón se utilizó en dos fábricas de papel, una de hilados, en alfarería, en producción de gas para alumbrado y en calderas. Las lavanderas lo usaban para calentar el agua. La compañía inglesa Ferrocarriles y Minas fue la que explotó la concesión los primeros años. A finales de los 60 la propiedad pasó a ser de Ibercominsa. Desde entonces, la producción de las minas sufrió oscilaciones, en función del precio de los carbones extranjeros. El problema del carbón en la comarca de Juarros consistía en su calidad inferior al de otras zonas cercanas como Palencia, León o incluso el carbón inglés. La única manera de que fuera competitivo era mediante un transporte rápido y barato.

Por eso, se realizaron estudios sobre la posibilidad de realizar un ferrocarril para llevar el carbón a Burgos, proyecto que nunca llegó a materializarse. La mina más conocida fue la Juarreña, que llegó a producir 5.000 quintales anuales y fue la primera en España en usar dinamita. En 1970, cuando se extraían casi 10.000 toneladas anuales, las minas se vieron obligadas a cerrar por falta de rentabilidad, lo cual supuso un fuerte mazazo demográfico para los pueblos de la zona.

Las entradas a la minas se realizaban por pozos verticales o por socavones cuando existía un desnivel en el terreno. En los primeros casos el acceso se realizaba mediante un caldero que servía de ascensor. Las condiciones de trabajo eran muy malas: trabajo con pico y pala, empuje de vagonetas, silicosis, problemas de visión por deslumbramientos de lámparas, respiración de los gases de las máquinas de vapor..., aunque fueron mejorando algo con la progresiva mecanización. No faltaron algunos sucesos luctuosos como el ocurrido en la mina Salvadora, donde llegaron a perder la vida 10 hombres.

El trazado del 'sendero minero', que carece de dificultad, arranca en San Adrián. Junto a la plazoleta, un gran panel nos informa del recorrido, que se inicia a escasos metros, tras cruzar una cancela. En ligero ascenso, se alcanzan unas viejas tenadas. Mientras ganamos altura, a nuestra izquierda, un castillete de hierro nos marca el primer indicio minero, el pozo San Ignacio, muy visible desde lejos por tener una gran torre de extracción, hoy rehabilitada de la ruina, y al que se llegará en el tramo final del paseo. Pero ahora toca seguir el camino, siempre bien señalizado. Pasamos un robledal, dejando la mina del Conde a la derecha y desembocamos en un gran valle transversal conocido como la Mata de los Campos.

Torcemos a la izquierda hacia el arroyo Salechón. Un mirador de madera y un panel informativo permiten disfrutar de las vistas, tapizadas por un pinar de repoblación. La siguiente parada la hacemos en la boca de la mina del Travesal de los Villares, de 100 metros de profundidad, que ha sido acondicionada para que los más curiosos, siempre que vayan provistos de cascos y linternas, puedan recorrer sus primeros metros bajo tierra.

El camino que sigue a la derecha nos llevaría a una decena de minas adicionales (entre ellas la Salvadora), pero nosotros tomamos un sendero que nace junto al río Brieva o Salgüero. En unos pasos llegamos a un pequeño puentecito enfrente del cual se abre la mina Esmeralda. En esta zona es fácil toparse con corzos y jabalíes. Un poco más adelante vemos los restos de un molino harinero que aún conserva la piedra de moler y algo más allá llegamos a la sencilla ermita de Las Nieves, del siglo XVIII. Desde este punto ya se vislumbra el cercano núcleo de Brieva, que se desparrama por una ladera rocosa al pie de la cual está el generoso manantial que da lugar al río Brieva. Desde aquí el paseo inicia el tornaviaje y apenas unos metros después nos encontramos con la bastante bien conservada calera de Brieva, de gran valor como arqueología industrial. Seguimos la senda que pasa junto a un gran ejemplar de roble y nos introducimos en una nueva zona boscosa. En el cercano cruce seguimos hacia la derecha, pasamos junto a una nueva boca de mina y llegamos a una zona más abierta y a la carretera de acceso a Brieva. Debemos torcer a mano izquierda por ella y recorrer los escasos 200 metros hasta salirnos otra vez a la izquierda por una amplia pista (en ascenso) que nos debe llevar de regreso a San Adrián. En este tramo final pasaremos por los pozos de La Escalera y de San Lorenzo (se comunicaban uno con otro), del Buey -que se visita- y por la escombrera de la mina la Juarreña. Un último repecho culmina en lo alto del collado y en una bifurcación más, donde tomamos la pista que sale por la derecha. Se nos ofrece enseguida la opción de ascender al Pico Sauce (máxima cota de la ruta y con excelentes vistas panorámicas), pero nosotros seguimos hacia el Pozo San Ignacio, justo encima de San Adrián. En este punto todavía podemos observar el cargadero y el castillete para el ascensor del pozo. Una reja de hierro permite asomarse a la negra profundidad del mismo, inalcanzable para la vista al superar los 200 metros. «Es uno de las instalaciones que más llama la atención y además es un mirador magnífico sobre el pueblo», concluye Florencio, no sin orgullo.

-El trazado urbano de la calzada romana languidece en el olvido.

 

Son apenas cien metros, pero los expertos aseguran que son los mejor conservados del término municipal de Burgos. El tramo de calzada romana perteneciente a la Vía Aquitania que se encuentra entre la estación del ferrocarril y el hospital, en el llamado sector S-27, es apenas perceptible: el hecho de que nunca se haya actuado allí poniendo en valor el trazado está poniendo en riesgo su conservación. Hace una década, el Ayuntamiento de Burgos valoró la posibilidad de intervenir aprovechando la comisión territorial de Patrimonio avala hacerlo en aquellos tramos que pudieran encontrarse en adecuado estado de conservación. No en vano, cuando se llevó a cabo la modificación del PGOU asociado a la variante ferroviaria, se preservó este trazado, calificando el tramo como 'suelo de rústico de protección' y subrayando que cuando se desarrollara el sector se realizaría una prospección arqueológica, se pusiera en valor la calzada y s e creara «un itinerario recreativo conectado a l os sistemas generales de espacios libres incluidos en él». Al haberse desarrollado urbanísticamente esta zona, el proyecto quedó en nada.

Este tramo es hoy pasto del olvido. Sí puede apreciarse, casi oculto por la maleza y escombros de todo tipo, que la vía -paralela al camino que discurre a esa altura- se halla sobre un leve promontorio, pero hay que imaginar mucho para intuir que bajo la yerba se encuentra la calzada romana. Durante las obras de construcción de la ronda interior (Avenida Príncipes de Asturias) se documentaron algunos restos de interés arqueológico, concluyéndose que la calzada tenía una anchura de entre ocho y nueve metros. Aquella idea del Consistorio pasaba por que la calzada quedara integrada en el parque que se haría al desarrollarse ese sector, dejándola perfectamente excavada y conservada, ofreciendo a la vista el corte de los distintos niveles, como una manera de mostrar cómo construían sus carreteras los ingenieros romanos en el siglo II. 

Las calzadas romanas eran caminos de entre cinco y seis metros de ancho, sumando la cuneta. En algunas bien conservadas, según asegura Isaac Moreno, historiador burgalés experto en la materia, su anchura llega hasta los ocho metros, caso del tramo que nos ocupa. Las vías principales debían tener la anchura suficiente para permitir que dos legiones formadas pudieran cruzarse en sentido opuesto sin que hubiera problemas de paso. Su construcción consistía en una zanja de aproximadamente un metro de profundidad para hacer unos cimientos de piedras grandes (statumen). Sobre ellos se colocaba una capa de cascajo (rudus), otra de grava fina (nucleus). En las zonas de mayor tráfico, como las cercanías a las grandes urbes, se añadía un empedrado de piedras anchas y planas (summa crusta). Cada pocos metros, se dejaba un drenaje. Las calzadas eran tan rectas como fuera posible y no se desviaban ante una colina, sino que la remontaban. Solamente ante altas montañas desviaban su trayectoria, faldeándolas. 

Las calzadas eran construidas por civiles, soldados y e esclavos para las tareas más pesadas con piedras de distintos tamaños con el objetivo de conseguir un firme sólido. Las piedras grandes se colocaban en la base y sobre éstas se establecía una capa de piedras más reducidas. En algunos casos, por norma general en las rutas más importantes, sobre estos cimientos se colocaba un firme de adoquines. Las calzadas tenían sistemas eficaces de desagüe, logrado mediante la construcción de una curvatura en las orillas.

La vía del oro. Las calzadas o vías fueron el cordón umbilical de aquel fabuloso Imperio Romano. La metrópoli estaba conectada con todas y cada una de las localidades de tan extenso territorio. Por Burgos cruzaban varias, pero quizás la más importante fuera la vía 34 del itinerario de Antonino, denominada Vía Aquitania. Unía Tarragona (Tarraco) con León (Legio VV), y en su trayecto por la actual provincia burgalesa atravesaba localidades importantes como Cerezo de Río Tirón (Segisamunculum), Briviesca ( Virovesca), Alto del Monasterio de Rodilla ( Tritium), Tardajos (Deobrígula) y Sasamón (Segisamone). Durante siglos, fue la columna vertebral de las comunicaciones este-oeste de la península. Por esta ruta se transportaba el preciado metal de las minas de León rumbo a Roma. Y no era una vía cualquiera. Por ella discurría oro. 

Como recoge Isaac Moreno en su libro Descripción de la vía romana de Italia a Hispania en las provincias de Burgos y Palencia, esta calzada fue la primera carretera construida en esta parte del mundo do por los romanos. Por ella transitaron cientos de cargamentos de oro procedentes de las minas leonesas, que eran embarcados en Tarragona rumbo a Roma. «El camino es tan desconocido hoy, que no tiene nombre concreto. Si tenemos en cuenta que el destinatario preferente del producto de las grandes explotaciones auríferas del noroeste peninsular sería la capital del Imperio, este camino bien podría llamarse Vía del Oro, con mucho más derecho que otro tan famoso cuyo apelativo de la Plata no guarda relación con el transporte de metales preciosos», escribe Moreno en su documentada obra. Sobre esta calzada, el historiador asegura que técnicamente es tan buena como las demás, «con unos paquetes de firmes espectacularmente gruesos en las zonas por donde pasa por terrenos arcillosos o húmedos, como el caso de Burgos capital o la zona de Las Mijaradas, cerca del campo de golf».

Muchos 'enemigos'. No sólo el olvido institucional afecta a este patrimonio histórico de la capital y su alfoz.Como ya denunció hace unos meses este periódico, el trazado de esta vía entre Quintanapalla y la capital que transcurre también por las localidades de Hurones y Villayerno Morquillas ha sido objeto de vandalismo: la señalética y los carteles informativos se han visto destrozados o malogrados, en actos que se antojan incomprensibles. A veces la maquinaria agrícola, otras los gamberros y la falta de conservación ha provocado que en los últimos años este tipo de hitos de los que está salpicada la calzada hayan desaparecido o se hayan visto afectados para mal.

 Fuente: https://www.diariodeburgos.es

-El yacimiento de La Quivilleja de Valparaíso revela nuevos secretos de los preneandertales.

 Fuente: https://www.elespanol.com

 

 Excavaciones en el  yacimiento de La Quivilleja de Valparaíso

La segunda campaña de excavación en el yacimiento La Quivilleja de Valparaíso, en el término municipal de Hortigüela, aporta nuevos datos sobre la tecnología de los preneandertales, y permite constatar la existencia de material arqueológico en posición estratigráfica en una antigua terraza del río Arlanza. Esta nueva intervención arqueológica, financiada por la Fundación Palarq y la Fundación Atapuerca, en colaboración con la Universidad de Burgos, finalizó hoy y estuvo dirigida por el arqueólogo y vicepresidente de la Fundación Atapuerca, Eudald Carbonell, según ha informado la agencia Ical. 

Según informaron desde la Fundación Atapuerca y la Universidad de Burgos, durante esta semana, un equipo de diez arqueólogos, muchos de ellos estudiantes de la UBU, terminó los trabajos de la cata de 25 metros cuadrados iniciada en la primera intervención, y se abrió una nueva cata de 15 metros cuadrados en otra área del yacimiento. Entre las herramientas recuperadas destaca una importante presencia de bifaces, hendedores, picos y lascas de gran formato, la mayor parte de ellas realizadas en cuarcita.

 Los bifaces, denominados así porque están tallados por sus dos caras, son las piezas más características del modo tecnológico II o achelense. En Europa esta tecnología la comenzaron a desarrollar los preneandertales hace medio millón de años y está bien documentada en los yacimientos de Galería y Gran Dolina en la sierra de Atapuerca. Estos yacimientos se encuentran a tan sólo 32 kilómetros en línea recta del yacimiento de La Quivilleja de Valparaíso.

Por este motivo el estudio de la colección de herramientas del yacimiento va a permitir conocer la relación tecnológica entre los grupos cazadores y recolectores que ocuparon la sierra de Atapuerca y los que se desplazaron por la cuenca media y alta del río Arlanza. Las herramientas descubiertas fueron talladas para se ser utilizadas directamente con la mano, sin necesidad de ir enmangados. Con estos objetos, los prenandertales podían despiezar un bisonte o trabajar una rama para fabricar una jabalina de madera.

Además del material descubierto en la excavación, toda una serie de prospecciones arqueológicas permitieron recuperar otro importante conjunto de piezas líticas de las mismas características. Estas herramientas quedaron dispersas por las tierras del alrededor, como resultado del desmantelamiento geológico de la plataforma donde se ubicaba el yacimiento. Una vez los grupos humanos abandonaron La Quivilleja de Valparaíso, el paso del tiempo y procesos naturales de carácter hídrico "fueron erosionando el antiguo yacimiento y dispersando por el espacio limítrofe las herramientas que estos humanos habían tallado", explican.

Los 35 metros cuadrados excavados permiten constatar la gran extensión de este sitio, que ocuparía la antigua vega del río Arlanza. "El estudio de La Quivilleja de Valparaíso nos introduce en la problemática de análisis del establecimiento de los nodos ocupacionales de las primeras redes poblacionales del territorio del Arlanza y establecer su relación con otras zonas como la cuenca del Arlanzón o la cuenca del Duero", afirman desde la Fundación. La recuperación de la industria en estratigrafía y el material en superficie permite caracterizar los procesos técnicos de talla y conocer la complejidad de las industrias del modo 2 contemporáneas a los yacimientos de la sierra de Atapuerca en la segunda parte del Pleistoceno medio.

La Quivilleja de Valparaíso es un yacimiento al aire libre ubicado en la margen derecha del río Arlanza en el término municipal de Hortigüela, localidad situada en el centro de la provincia de Burgos en las proximidades de la sierra de la Demanda. Estas excavaciones están dirigidas por vicepresidente de la Fundación Atapuerca, Eudald Carbonell i Roura; la profesora titular de Prehistoria de la UBU, Marta Navazo Ruiz; el investigador del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (Cenieh), Alfonso Benito Calvo; el beneficiario de una ayuda económica para investigación de la Fundación Atapuerca, Francisco Javier García Vadillo; y Rodrigo Alonso Alcalde del Museo de la Evolución Humana – Universidad de Burgos. Junto a ellos participaron un equipo de varios becarios predoctorales y alumnos de grado de la UBU. Esta intervención arqueológica organizada por la Fundación Atapuerca es posible gracias a la colaboración del Servicio Territorial de Cultura de la Junta de Castilla y León y el Ayuntamiento de Hortigüela (Burgos).

 

 

lunes, 7 de febrero de 2022

-Los restos arqueológicos del Solar del Cid se volverán a tapar.

 Fuente: www.diariodeburgos.es

 Después de tres campañas de excavaciones arqueológicas entre 2017 y 2019, el Solar del Cid, ubicado en la calle Fernán González y próximo al arco de San Martín, recuperará su aspecto previo una vez dada por concluida la intervención en la zona. La próxima semana el área de Vías Públicas  y Obras del Ayuntamiento comenzará con los trabajos que se prolongarán por espacio de mes y medio, según ha explicado el concejal Miguel Balbás.  

La actuación arrancará el martes y el espacio excavado, que abarca desde el monumento hasta las escalinatas, se protegerá con la tela geotextil que ya posee, se rellenará de arena y después con tierra. Con la idea de preservar el elemento más frágil, el horno metalúrgico que se apuntaló para mantener en pie lo que queda de la bóveda, se creará una estructura que lo delimite. 
Una vez tapados los restos arqueológicos, los trabajos concluirán con la recolocación de las losetas y los pivotes que rodean al monumento. «Todo el material se ha guardado en los Almacenes Municipales y se  volverá a poner en su sitio», señaló el concejal.

La excavación en el Solar del Cid se inició para investigar si bajo el monumento se podían encontrar restos de lo que fue la vivienda del Campeador, que es lo que decía la tradición sobre ese solar que perteneció al monasterio de San Pedro de Cardeña. Pero en lugar de la casa del Cid la excavación se cerró en 2019 con los restos de una vivienda porticada de unos 180 metros cuadrados levantada en los siglos XIII o XIV -unos cuantos cientos de años después de la muerte de Rodrigo Díaz, que falleció en el 1099-. Y si debajo hubo otras estructuras habitacionales es probable que se destruyeran para construir esta.

 La excavación permitió conocer que esa casa medieval fue habitada por una familia pudiente dado que se encontraron restos de yeserías, azulejos mudéjares y distintos tipos de tejas, además de una pintura mural. Del hogar de dos alturas se consiguieron definir algunas estancias, como un patio en la parte trasera con un pozo de cuatro metros de profundidad y al menos dos espacios más.

En cuanto a lo que se creía podía ser un torreón junto a la casa, se terminó considerando que era un muro que probablemente se necesitó para un añadido o una ampliación de la vivienda.

Al margen del hogar hallaron una zona dedicada a la actividad artesanal -el horno mencionado- y, por otro lado, una quincena de silos que fueron usados antes de que se construyera la casa (en la época alto medieval) para guardar grano.
Tras los trabajos, algunos expertos eran partidarios de hacer un rebaje en el terreno retirando las escalinatas para que la excavación quedase a la vista y protegida a la altura del viandante. Pero dado que no se ha hecho así, confían en que al menos se coloque un cartel explicativo con la historia del monumento y la de las excavaciones.


jueves, 16 de diciembre de 2021

-San Román documenta los terraplenes defensivos franceses.

 Fuente: https://www.diariodeburgos.es

 La tierra que hay debajo de la ladera del Castillo contiene toda una historia pendiente todavía de contar sobre una iglesia que nació románica y terminó siendo gótica, que fue parroquia y tuvo su propio cementerio, que sirvió de refugio a los aliados durante el asedio al Castillo en la Guerra de la Independencia y que, tras su voladura por los franceses en 1812, sus ruinas sirvieron a las tropas de Napoleón para construir terraplenes defensivos que utilizaron hasta junio de 1813.

La forma de loma que queda marcada en el estrato, la tierra compactada y el contenido del sedimento evidencia el uso como trinchera de los escombros de la iglesia, algo que ya se desveló en campañas arqueológicas pasadas, pero que se dejó intacto para trabajar en otras zonas del templo.  Así es como el año pasado pudieron dar con la capilla de San Andrés (de mayor tamaño de lo que se creía) y con las escaleras hacia una cripta cuya existencia se desconocía.
Pero por ahí no pueden continuar hasta que no se haga un proyecto concreto y se asegure el terreno que afecta a la parte más alta de la zona de excavación, con un desnivel de 7 metros. «Hay que mover el vallado y asegurar el sedimento que, por otro lado, topa con el camino que corresponde, probablemente, a la antigua calle medieval de las Armas, que unía esta parte de la ciudad con la iglesia», apunta la arqueóloga Fabiola Monzón, que dirige los trabajos.

Mientras esto se resuelve hay otros puntos para excavar igualmente importantes e interesantes, como las trincheras construidas y usadas por los franceses durante ocho meses para mantener la posición de la iglesia. Durante esta campaña, que abarca hasta diciembre de este año, se pretende documentar todos esos terreros defensivos y limpiarlos, para poder seguir bajando hasta el suelo del templo. «En su momento descubrimos una de esas lomas en la parte izquierda de la excavación -según miramos desde la carretera-. Ahora vamos a seguir con toda la parte central y la zona de la derecha. Estamos hablando de unos 250 metros cuadrados», añade Monzón. Así que este año toca pico y pala porque estamos hablando de una gran cantidad de tierra que hay que ir retirando poco a poco mientras se documentan las terreras.
Aún así, durante la excavación no descartan seguir encontrando piezas, sobre todo arquitectónicas, que habrían quedado ocultas tras la voladura en la tierra compactada como trinchera. De hecho, algunas piedras propias de ese derrumbe se han hallado tal cual, presentando una imagen en cascada de las rocas como se aprecia en una de las imágenes que acompañan este texto.
Hasta ahora de la iglesia se han desenterrado, además de parte del muro, los límites de la capilla mencionada o los escalones de la cripta, claves de bóveda, pilastras, pavimentos, detalles arquitectónicos, cerámica, un enterramiento medieval y restos de artillería de la Guerra de la Independencia. 
En la nueva campaña participa un equipo de cinco personas contratadas a través del Plan de Empleo de la Junta con el apoyo del Instituto Municipal de Cultura y Turismo. La presidenta de la entidad, Rosario Pérez Pardo, destaca el trabajo que desde hace años se está realizando en esta zona del Castillo: «Es una apuesta por recuperar la iglesia de San Román, que fue tan importante en la historia de Burgos y que es parte del entorno de la fortaleza, cuya recuperación es uno de los objetivos del equipo de Gobierno y, en concreto, de Ciudadanos».

-Quintanilla ampliará la excavación de la necrópolis.

 Fuente: https://www.diariodeburgos.es

El empeño del presidente de la junta vecinal de Quintanilla Cabe Rojas, Ismael Alonso, de poner en valor la necrópolis que fue hallada en 2004 de forma casual no cesa. El yacimiento del siglo VII lo encontró un grupo de trabajadores que realizaban labores de limpieza perimetral en la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción. A partir de entonces, la pequeña localidad ha trabajado duro para recuperar el cementerio medieval.

 

Desde el Consistorio asumieron que el descubrimiento era de interés para el pueblo por lo que años después, en 2010, aprovecharon el programa Tú eliges, tú decides, promovido por la entidad Banca Cívica, para obtener una subvención e intentar consolidar la necrópolis como un recurso turístico. Sobre las 15 tumbas se instaló una estructura metálica para preservarlas de las inclemencias meteorológicas, que pretenden retirar de inmediato porque con ella se afectó al yacimiento, a las paredes de la iglesia y se interrumpió la visión amplia y clara del mismo.

Hasta la fecha, la información obtenida del yacimiento es precaria, dado que únicamente se ha llevado a cabo su registro dentro del inventario Arqueológico (IACyL). La arqueóloga territorial Cristina Etxeberría redactó un informe en el que constataba que la necrópolis responde a un modelo de enterramiento excavado en roca generando una cabida en la que se colocaba el cuerpo del difunto y posteriormente quedaba cubierto por una piedra o laja. Asimismo, en las tumbas halladas predominan las formas antropomorfas, siendo ocasional alguna en forma de bañera. Las sepulturas se asocian tanto con individuos adultos como infantiles en función del tamaño que presentan.

Dado el interés de la pedanía por impulsar la recuperación y restauración del patrimonio medieval, «hemos diseñado una estrategia de actuación en la que pretendemos ahondar en su contextualización y abordar este tipo de área funerario dentro de un marco más amplio que responde a un poblamiento rural y a un paisaje vinculado al desarrollo de las aldeas medievales», expone el regidor.

El proyecto de estudio y puesta en valor se articula en varias fases, que «solo se podrán desarrollar con la ayuda de la Diputación», aclara Alonso. Por ello, el plan se ha presentado a la convocatoria de subvenciones para la realización de proyectos de excavación, prospección y documentación del patrimonio arqueológico y paleontológico promovido por la administración provincial.

En la primera de ellas se plantea eliminar la estructura metálica, realizar un nuevo vallado perimetral con postes de madera, limpiar y consolidar las tumbas y comprobar mediante sondeo la extensión del yacimiento. En la segunda comenzará la excavación propiamente dicha en la zona exterior del templo y se adecuará el acceso sobre los restos arqueológicos. Además, estudian colocar señales para indicar donde se ubica la necrópolis. Por último, los trabajos de exploración se ampliarán hasta el interior de la iglesia, donde pretenden habilitar un museo con réplicas de enterramientos con estelas funerarias y elaborar folletos divulgativos para su promoción.

De forma preventiva, se cubrirá la zona aledaña a la intervención para asegurar su estado de conservación. Durante las actuaciones mecánicas de extracción de la estructura «no se tocará bajo ningún concepto el medio rupestre. El proceso de excavación se realizará atendiendo al criterio de mínimo contacto abrasivo con la roca, empleando herramienta de nylon y madera», manifiesta el alcalde de la pequeña localidad.

La propuesta de difusión del Ayuntamiento de Quintanilla Cabe Rojas sobre la investigación arqueológica tiene como objetivo principal llegar al público no especializado, con el fin de acercar la historia y atraer la atención del turismo.

No obstante, el equipo de gobierno pretende organizar jornadas de puertas abiertas para que los interesados se acerquen a conocer los resultados obtenidos. Además, durante el periodo de excavación, los visitantes podrán contemplar la necrópolis y recibir explicaciones detalladas del desarrollo de los trabajos.

En función de los resultados obtenidos, se ampliará la señalización existente con pequeñas placas informativas que incluirán una breve información de cada punto que se acompañará con códigos QR para desarrollar los contenidos.

-Hallan 50 hachas de mano paleolíticas en Valparaíso (Hortigüela)

 Fuente: https://www.diariodeburgos.es

La primera campaña de excavaciones en el yacimiento de Valparaíso, en Hortigüela, ha permitido localizar medio centenar de hachas de mano paleolíticas, cuyo estudio hará posible analizar las relaciones tecnológicas de estos grupos humanos con los que ocuparon la sierra de Atapuerca hace medio millón de años.

 

La intervención arqueológica, financiada por la Fundación Palarq y la Fundación Atapuerca, en colaboración con la UBU, se ha realizado bajo la dirección del arqueólogo y vicepresidente de la Fundación Atapuerca, Eudald Carbonell. Valparaíso es un yacimiento al aire libre ubicado en la margen derecha del río Arlanza en Hortigüela.

Este yacimiento se descubrió de forma casual cuando Gerardo López, un vecino de la zona puso en conocimiento de Carbonell la posible presencia de hachas de mano de piedra en las tierras circundantes. Tras reunir los permisos correspondientes, durante una semana, un equipo de diez investigadores ha abierto una superficie de veinticinco metros cuadrados para determinar la potencia estratigráfica del yacimiento y poder tomar las muestras necesarias que permitan conocer la cronología de este lugar.

 Hallan medio centenar de hachas de mano paleolíticas en Valp

Durante la excavación, se han recuperado una docena de piezas en posición primaria, hecho que hará posible contextualizar el resto de las herramientas de piedra recuperadas mediante la prospección arqueológica de las tierras circundantes inmediatas a la zona de la excavación. En total se han encontrado más de medio centenar de piezas talladas principalmente sobre cantos de cuarcita entre los que destacan varios bifaces, hendedores y lascas, así como algún triedro y núcleos para la obtención de lascas de gran formato.

Estos útiles de gran formato son herramientas de mano que los antepasados empezaron a fabricar en Europa hace medio millón de años y que dieron origen al modo tecnológico II o achelense. En Europa, la comenzaron a desarrollar los preneandertales. El estudio de las huellas de uso de muchos de estos útiles achelenses ha puesto de manifiesto que una de las características de estos objetos es su polifuncionalidad, les servían para todo, tanto para descarnar un rinoceronte, como para trabajar la madera o para recolectar fibras vegetales.

El estudio permitirá ahondar en los sistemas de fabricación de estos útiles y compararlas con otros conjuntos de estas características documentados en los yacimientos de Galería y Gran Dolina de la sierra de Atapuerca, apenas a 32 kilómetros en línea recta de Valparaíso. Por este motivo, es informe permitirá conocer las relaciones tecnológicas entre los grupos cazadores y recolectores que ocuparon la sierra de Atapuerca y los que se desplazaron por la cuenca media y alta del río Arlanza.

 Hallan medio centenar de hachas de mano paleolíticas en Valp

 

 

lunes, 25 de octubre de 2021

-Descubren una ciudad romana ortogonal y ocupada en Belorado.

 Fuente: https://www.diariodeburgos.es

El yacimiento romano de La Mesa, en el oeste de Belorado y junto al río Tirón, estuvo totalmente ocupado y cuenta con estructuras antiguas que permiten comprobar que se trata de una ciudad ortogonal, como muestran las primeras evidencias tras emplear el georradar en diez hectáreas. Las calles son perfectamente regulares y queda reflejado que existe un gran número de casas organizadas a partir de esas vías. Por lo que se ha estudiado en años anteriores, respecto a materiales en las excavaciones realizadas, el asentamiento se enmarca entre el siglo I y el IV o V. Aunque en esta ocasión los datos aún resultan muy preliminares, el objetivo pasa por conocer si hay algún edificio singular de la época y de cara al futuro entender por completo cómo era la vida allí.

 

En este asentamiento romano de unas veinte hectáreas, en campos de cultivo actualmente, se han localizado espacios domésticos, calles y zonas productivas que permiten afirmar «que tenía cierta importancia» y precisamente se deseaba obtener una imagen de los restos del subsuelo de la mayor extensión posible, como asegura Joan Oller, director del proyecto. Para ello se ha contado con un equipo que gracias al georradar ha realizado un barrido por los campos para saber con claridad qué hay. Una radiografía de la tierra para conseguir la visión más precisa posible de lo que se esconde realmente y poder excavar en el futuro en los lugares de mayor interés.

Se han estudiado diez hectáreas esta vez, la mitad de lo que supone el yacimiento de La Mesa, donde ha trabajado un equipo especializado de la Universidad de Cádiz para llevar a cabo la prospección durante cuatro días con georradar combinado con lo que se denomina una fotogrametría con drones -varias pasadas con drones que ofrecen imágenes muy precisas-. Se priorizó la parte central de la zona, donde sabían seguro que se ubica la parte de mayor interés.

En este proyecto de investigación se lleva trabajando desde el año 2013, que está hecho desde la Universidad Autónoma de Barcelona, y que a nivel de financiación cuenta con el apoyo tanto del Ayuntamiento de Belorado como de la Diputación de Burgos. La idea parte de poner en valor el patrimonio de Belorado y especialmente se han centrado en el yacimiento romano llamado La Mesa. Se han realizado durante estos años intervenciones que han consistido en prospecciones y también excavaciones. Hasta ahora se habían hecho diez sondeos y se habían localizado tanto casas como espacios productivos, donde lo más relevante que se ha encontrado son 27 niños enterrados en una habitación. Eso se descubrió en 2019 y, como asegura Oller, «no es algo extraño encontrar niños enterrados en una casa, pero tanta cantidad en un mismo espacio se da en muy pocos casos» y ahora intentan saber la razón exacta a la vez que buscan averiguar cada detalle del día a día de la ciudad romana.

Vídeo: La arquitectura. La ciencia que esconde la catedral de Burgos.

 


sábado, 9 de octubre de 2021

-Hallados mosaicos romanos del siglo IV o V en Huérmeces.

Fuente: https://www.diariodeburgos.es/

 Las excavaciones en Huérmeces han finalizado este año con la confirmación de que existen mosaicos del período final de la villa y que se encuentran en un estado de conservación realmente delicado. Se trata de una sala especial por su decoración y la hipótesis inicial es que se corresponda con una zona termal, pero también pueda que sea una fase de una villa anterior. La intervención arqueológica se hizo en una estancia que se tenía clara su planta, octogonal, y donde se iban a encontrar un suelo cuyo estado se quería analizar.

El sondeo estaba previsto para investigar lo que ocurría tanto al interior como al exterior de la propia estancia. En concreto se ha intervenido en la estancia 2T, localizando el muro exterior de esta curiosa habitación octogonal así como los pavimentos tanto interiores como exteriores que estuvieron en uso en la fase final de la villa (siglo IV-V). Precisamente, se ha podido verificar que al interior se disponía un mosaico de motivos geométricos de una fase tardía dentro de la villa y que se superponía a otro previo. Mientras, al exterior han encontrado una superficie de uso que es el típico suelo con cantos, en el interior está el mencionado suelo de mosaico y saben que debajo de dicho mosaico no hay en este caso el hipocausto, gloria o área calefactada. Tiene «un uso especial» pero aún no está clara la funcionalidad con lo que se ha documentado del complejo.

Este año el objetivo consistía en indagar el estado de conservación tanto de la zona monumental de la villa, de lo que se ve en la fotografía aérea, y sobre todo determinados suelos que aparecen en las lecturas que se hicieron con el georradar. Se ha detectado lo que se pretendía y que, como sospechaban, es de tipo mosaico. Esto les permite plantear o tener un diagnóstico completo para seguir investigando en el futuro sobre la villa, que cuenta con varias estancias distintas. Ya en la campaña anterior se sacó a la luz una zona de confluencia entre el interior de la casa y un patio y uno de los primeros hallazgos en la zona fue la base del hipocausto.

Inicialmente se hicieron una serie de estudios diagnósticos no invasivos y el año pasado ya se realizó el primer sondeo dirigido a detectar una serie de datos sobre la antigüedad y la cronología en profundidad. «Hay una parte vinculada a la cronología romana muy bien representada en este yacimiento y llevamos varias actuaciones dirigidas a obtener datos sobre la fase de ocupación romana», explica Eduardo Carmona, uno de los investigadores que ha dirigido la intervención, que desarrolla que en múltiples ocasiones no es lo más complejo la excavación de los bienes arqueológicos y sí «diseñar unos buenos planes de conservación y protección».

En comparación con la zona sobre la que trabajaron el año pasado, esta vez se han desplazado más hacia el norte de la villa -como unos 50 metros- y la excavación ha comprendido 25 metros cuadrados. Pero no se trata de una ampliación del sondeo anterior y sí de un muestreo en otro sitio. Se ha hecho en esa ubicación puesto que el georradar ya las localizó y contaban con datos de las cosas que se podían encontrar a diferentes profundidades. El equipo pretende así dar continuidad a sus trabajos en este lugar para seguir recabando datos que permitan verificar la existencia de una fase antigua (siglos I-II) y la relación de este yacimiento con los que  investigan en el entorno inmediato del valle del Urbel.

Así, se continúa con la hipótesis de que existen varias fases constructivas y aunque en principio los datos que se han obtenido «solo se circunscriben a la fase final de la villa, eso no quiere decir que realmente no existan más fases». Eso sí, se trata de un lugar ocupado en diferentes ocasiones a lo largo del tiempo, «en la Edad del Hierro y después se puso allí la villa romana».

Este verano realizaron una jornada de puertas abiertas a la que acudieron numerosos vecinos de Huérmeces y de las localidades de alrededor. El éxito fue rotundo y asistieron un centenar de  visitantes en dos turnos. Han despertado un gran interés en la población y se tiene intención de concretar próximamente con el Ayuntamiento del municipio una conferencia para explicar los resultados concretos. Un interés que agradecen en gran medida los investigadores. El equipo arqueológico viene investigando la Villa Romana de Vegas Negras desde 2018, bajo la dirección de los investigadores de las universidades de Burgos y Cantabria, Eduardo Carmona Ballestero, Carolina Cortés Bárcena y Adrián García Rojo, y en esta ocasión ha intervenido en el yacimiento situado en Huérmeces durante tres semanas con la financiación de la Dirección General de Patrimonio Cultural de la Junta de Castilla y León.