sábado, 9 de mayo de 2026

-Las obras de la muralla de Burgos destapan restos anteriores a la actual .

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 El Ayuntamiento de Burgos mantiene en marcha las obras de rehabilitación integral de un tramo de la muralla de la ciudad, una actuación iniciada el pasado mes de febrero tras el desprendimiento registrado el 28 de septiembre de 2024 y que afecta a varios lienzos y torres del recinto defensivo histórico.

Uno de los aspectos más destacados de la intervención ha sido el hallazgo y recuperación parcial en el interior del Torreón de Doña Lambra, los restos más antiguos de la muralla de la ciudad.

 Obras en la Muralla de Burgos

El arquitecto Javier Garabito explicó que, tras comenzar las excavaciones, se ha constatado que la estructura interior del torreón se conserva «en un estado muy bueno» y presenta bóvedas de gran interés patrimonial. Según indicó, las primeras conclusiones apuntan a que podría tratarse de una torre vigía anterior al siglo XI, vinculada al sistema defensivo primitivo de Burgos antes incluso de la consolidación del Castillo.

El arquitecto explicó que todavía no existe una datación definitiva, aunque sí considera acreditado que se trata de un elemento «anterior al siglo XI». En este contexto, la alcaldesa, Cristina Ayala, destacó el valor histórico del hallazgo y abrió la puerta a futuras actuaciones que permitan poner en valor el torreón y habilitar espacios visitables dentro del recorrido de la muralla.

 Obras Muralla Paseo de los Cubos Cristina Ayala Ángel Manzanedo (Mayo 2026)

 

La obra salió a licitación por algo más de 700.000 euros y fue adjudicada finalmente por alrededor de 564.000 euros a Construcciones Ortega. Además, cuenta con una aportación de 300.000 euros procedente de los Planes de Sostenibilidad Turística vinculados al Plan de Recuperación y Resiliencia.

Durante una visita a los trabajos, Ayala, acompañada por el concejal de Patrimonio, Ángel Manzanedo, representantes del estudio de arquitectura responsable del proyecto y técnicos de la empresa adjudicataria, explicó que el Consistorio optó finalmente por una intervención «más integral« frente a una actuación limitada únicamente a reparar los daños más visibles».

Las actuaciones se desarrollan en los lienzos y torres comprendidos entre los cubos 3, 4 y 5, así como en distintas puertas del entorno. Según detalló la regidora, los trabajos se centran tanto en la parte exterior visible desde el Paseo de los Cubos «como en el interior de la estructura defensiva», donde se ha detectado una importante afección causada por la vegetación y las raíces de árboles que, con el paso del tiempo, han provocado desplazamientos de piedras y daños estructurales.

En este sentido, señaló que la acumulación de vegetación «ha generado problemas de seguridad para los peatones» y ha obligado a actuar con rapidez al tratarse de un Bien de Interés Cultural (BIC). Los trabajos incluyen labores de drenaje, consolidación y retirada de raíces tanto en el interior como en el exterior de este monumento de Burgos.

Garabito recordó además que el Torreón de Doña Lambra ya figuraba como uno de los elementos prioritarios en el Plan Director de la Muralla redactado en 2001, debido a su deterioro y al potencial cultural y turístico del entorno.

-El frágil tesoro guerrero que manó del pozo. (Peñaranda de Duero)

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Cuando un rey fallecía, sus posesiones estaban destinadas a ser vendidas en almoneda pública para pagar sus deudas terrenales y espirituales. Cuadros, joyas... Así  lo mandaba la tradición hasta que Felipe II deja escrito en su testamento que su armería no sea subastada. En esa colección estaban las armas de su admirado padre, el emperador Carlos V, que había adquirido tras su muerte, pero también las de su abuelo Felipe I de Castilla, y sus bisabuelos Fernando el Católico y Maximiliano I de Austria. Desde el siglo XVI se ha custodiado y lustrado con mimo y constituye una de las joyas del Patrimonio Histórico Español.

 

Cuando un rey fallecía, sus posesiones estaban destinadas a ser vendidas en almoneda pública para pagar sus deudas terrenales y espirituales. Cuadros, joyas... Así  lo mandaba la tradición hasta que Felipe II deja escrito en su testamento que su armería no sea subastada. En esa colección estaban las armas de su admirado padre, el emperador Carlos V, que había adquirido tras su muerte, pero también las de su abuelo Felipe I de Castilla, y sus bisabuelos Fernando el Católico y Maximiliano I de Austria. Desde el siglo XVI se ha custodiado y lustrado con mimo y constituye una de las joyas del Patrimonio Histórico Español.

Cuesta imaginar que las piezas oxidadas y a punto de desintegrarse que se encuentran extendidas sobre la 'mesa de operaciones' del Museo de Burgos compartieran esplendor y siglo con las de aquel monarca prudente y meticuloso. Más parecen sacadas de un galeón hundido frente a las costas vizcaínas y modeladas por siglos de golpes de mar, tan frágiles que las siguiente ola podría destrozarlas para siempre. Pero no, estaban ocultas en un pozo de la Ribera delDuero, a 4 metros y medio de profundidad, colmatadas por siglos de sedimentos, tejas y fragmentos de cerámica. Petos, espaldares, capacetes, defensas de caballo, grebas, un ristre... Prácticamente de todo, salvo escarpes y espuelas. Piezas defensivas, sin lanzas ni espadas ni más armas  para atacar que un pequeño cañón de pequeño calibre (5 centímetros). ¿Cuántas? Primero habrá que recomponer los 850 fragmentos inventariados para concretarlo. 'Coser' unas piezas y separar otras que  han quedado soldadas por la acción del agua y el óxido. Independientemente de la cifra final, la excepcionalidad del hallazgo está fuera de toda duda. Las obras de rehabilitación del Palacio de Avellaneda para su conversión en hotel de la cadena Castilla Termal han sacado a la luz el auténtico tesoro de Peñaranda de Duero.

«Es un conjunto espectacular,  que cuando se pueda mostrar completo va a ser uno de los atractivos principales del Museo de Burgos, porque no hay un hallazgo parecido -que sepamos- en Europa», detalla entusiasmado su director, mientras la restauradora Adelaida Rodríguez manipula con extremado celo una de las piezas, en las que ya no queda hierro-metal, «solo hay hierro mineral y es muy frágil», puntualiza.

Supone un maravillo contrasentido que instrumentos concebidos para la guerra acaben convertidos en porcelana. Fueron algo así como «la alta costura» del siglo XVI, cuando se extendió el gusto por las colecciones de armas entre los nobles y rivalizaban por exhibir sus colecciones en palacios y villas.«El Condestable tenía la Casa del Cordón una armería espectacular, el conde de Benavente...», apunta Araus, que se ha documentado a fondo sobre el entorno del sexto conde de Miranda y primero de Peñaranda, Juan de Zúñiga y Bazán, a quien casi con toda probabilidad pertenecieron estas armas. «En Peñaranda tenían un gran salón con una estatua de Hércules y allí estaba expuesta la colección. En ella había muchas armas de América,  piezas también turcas y japonesas, orientales,... Es un señor  de la más alta política y tiene acceso a todo», añade. 

«En colecciones de museos hay piezas de este tipo, pero han estado exhibidas, no tiradas en un pozo», de ahí su excepcionalidad y las sorpresas que pueden deparar, avisa la restauradora. «Es posible que nos dé sorpresas porque la misma limpieza de continuo supone una abrasión, con lo que decoraciones muy sutiles pueden haberse visto disminuidas. Aquí, por ejemplo, todo lo que es este latón tiene una decoración radial, eso en otras piezas de colecciones ha desaparecido. ¡Lo de sacar brillo está muy bien, pero poquito!», añade riendo Rodríguez, quien se sabe ante uno de los tres trabajos que más le han marcado en su carrera, junto a Villanueva de Teba (necrópolis de la Edad delHierro) y Buniel (tardorromana).

Ahora «hace falta tiempo y colaboración interdisciplinar entre restauradores, arqueólogos, historiadores» para devolver el esplendor de antaño. Empezó, tras su recuperación, con el envío de diferentes piezas al Centro de Conservación y Restauración de Bienes Culturales de Castilla y León de Simancas, donde se realizaron radiografías, tomografías y distintos ensayos y pruebas para dar con las técnicas más apropiadas para ensamblar de nuevo las piezas, eliminar el óxido, recuperar la decoración... De ahí salió restaurado el capacete con el que se publicitó al mundo el tesoro de Peñaranda, en la Feria ARPA. Sin embargo, la joya parece ser un casco «que por la radiografía se ha visto que tiene una decoración en relieve de altísima calidad,  comparable a las mejores piezas de la Armería Real», detalla esperanzado el directo, y «posiblemente con algún damasquinado», añade Rodríguez. 

Las piezas aguardan, embaladas y protegidas de la humedad, el momento de obtener la financiación para acometer la restauración del conjunto. «Estamos pensando hacer una exposición parcial, de las piezas más completas y comprensibles para que el público tenga ocasión de verlas y, paralelamente, ver si se puede empezar con la restauración». 

Cuesta imaginar que las piezas oxidadas y a punto de desintegrarse que se encuentran extendidas sobre la 'mesa de operaciones' del Museo de Burgos compartieran esplendor y siglo con las de aquel monarca prudente y meticuloso. Más parecen sacadas de un galeón hundido frente a las costas vizcaínas y modeladas por siglos de golpes de mar, tan frágiles que las siguiente ola podría destrozarlas para siempre. Pero no, estaban ocultas en un pozo de la Ribera delDuero, a 4 metros y medio de profundidad, colmatadas por siglos de sedimentos, tejas y fragmentos de cerámica. Petos, espaldares, capacetes, defensas de caballo, grebas, un ristre... Prácticamente de todo, salvo escarpes y espuelas. Piezas defensivas, sin lanzas ni espadas ni más armas  para atacar que un pequeño cañón de pequeño calibre (5 centímetros). ¿Cuántas? Primero habrá que recomponer los 850 fragmentos inventariados para concretarlo. 'Coser' unas piezas y separar otras que  han quedado soldadas por la acción del agua y el óxido. Independientemente de la cifra final, la excepcionalidad del hallazgo está fuera de toda duda. Las obras de rehabilitación del Palacio de Avellaneda para su conversión en hotel de la cadena Castilla Termal han sacado a la luz el auténtico tesoro de Peñaranda de Duero.

«Es un conjunto espectacular,  que cuando se pueda mostrar completo va a ser uno de los atractivos principales del Museo de Burgos, porque no hay un hallazgo parecido -que sepamos- en Europa», detalla entusiasmado su director, mientras la restauradora Adelaida Rodríguez manipula con extremado celo una de las piezas, en las que ya no queda hierro-metal, «solo hay hierro mineral y es muy frágil», puntualiza.

Supone un maravillo contrasentido que instrumentos concebidos para la guerra acaben convertidos en porcelana. Fueron algo así como «la alta costura» del siglo XVI, cuando se extendió el gusto por las colecciones de armas entre los nobles y rivalizaban por exhibir sus colecciones en palacios y villas.«El Condestable tenía la Casa del Cordón una armería espectacular, el conde de Benavente...», apunta Araus, que se ha documentado a fondo sobre el entorno del sexto conde de Miranda y primero de Peñaranda, Juan de Zúñiga y Bazán, a quien casi con toda probabilidad pertenecieron estas armas. «En Peñaranda tenían un gran salón con una estatua de Hércules y allí estaba expuesta la colección. En ella había muchas armas de América,  piezas también turcas y japonesas, orientales,... Es un señor  de la más alta política y tiene acceso a todo», añade. 

«En colecciones de museos hay piezas de este tipo, pero han estado exhibidas, no tiradas en un pozo», de ahí su excepcionalidad y las sorpresas que pueden deparar, avisa la restauradora. «Es posible que nos dé sorpresas porque la misma limpieza de continuo supone una abrasión, con lo que decoraciones muy sutiles pueden haberse visto disminuidas. Aquí, por ejemplo, todo lo que es este latón tiene una decoración radial, eso en otras piezas de colecciones ha desaparecido. ¡Lo de sacar brillo está muy bien, pero poquito!», añade riendo Rodríguez, quien se sabe ante uno de los tres trabajos que más le han marcado en su carrera, junto a Villanueva de Teba (necrópolis de la Edad delHierro) y Buniel (tardorromana).

Ahora «hace falta tiempo y colaboración interdisciplinar entre restauradores, arqueólogos, historiadores» para devolver el esplendor de antaño. Empezó, tras su recuperación, con el envío de diferentes piezas al Centro de Conservación y Restauración de Bienes Culturales de Castilla y León de Simancas, donde se realizaron radiografías, tomografías y distintos ensayos y pruebas para dar con las técnicas más apropiadas para ensamblar de nuevo las piezas, eliminar el óxido, recuperar la decoración... De ahí salió restaurado el capacete con el que se publicitó al mundo el tesoro de Peñaranda, en la Feria ARPA. Sin embargo, la joya parece ser un casco «que por la radiografía se ha visto que tiene una decoración en relieve de altísima calidad,  comparable a las mejores piezas de la Armería Real», detalla esperanzado el directo, y «posiblemente con algún damasquinado», añade Rodríguez. 

Las piezas aguardan, embaladas y protegidas de la humedad, el momento de obtener la financiación para acometer la restauración del conjunto. «Estamos pensando hacer una exposición parcial, de las piezas más completas y comprensibles para que el público tenga ocasión de verlas y, paralelamente, ver si se puede empezar con la restauración». 

-Un sarcófago infantil hallado en Tartalés de Cilla, nueva pieza destacada del Museo de Burgos.

 Enlace: https://www.elcorreodeburgos.com

  El Museo de Burgos ha incorporado a su exposición de Nuevos Ingresos un sarcófago infantil localizado de forma fortuita en una escombrera a las afueras de Tartalés de Cilla, localidad perteneciente a la provincia de Burgos.

La pieza corresponde únicamente a la caja del contenedor funerario, faltando la tapa. Presenta forma trapezoidal y mide 98 centímetros de longitud, 31 centímetros en la cabecera y de 25 centímetros en los pies de anchura y 31 centímetros de altura. En el interior se aprecian marcas del uso del cincel en bruto, mientras que el exterior muestra un acabado más cuidado, decorado en sus cuatro frentes. En lo lados largos aparecen tres círculos acanalados e incisos, enmarcados por rectángulos también acanalados.

 Imagen del sarcófago.

Este tipo de decoración geométrica se ha visto ya plasmado en otros sarcófagos, esta vez de adultos, que están repartidos por distintos puntos de la provincia de Burgos, como en algunas localidades de la comarca de La Bureba, en la ermita de Montes Claros de Ubierna o en la necrópolis de Tubilla del Agua.

La datación se sitúa entre los siglos VI y VII d. C., en pleno periodo de dominación visigoda en la península. Esta cronología se fundamenta en la existencia de ejemplares muy similares documentados que se han podido fechar gracias a estudios de carbono 14.

El hallazgo confirma el dinamismo y la relevancia geopolítica del Desfiladero de la Horadada durante esta etapa, algo ya evidenciado por la presencia de importantes enclaves arqueológicos del mismo periodo. Entre ellos destacan, por su carácter militar, la fortaleza de Tedeja en Trespaderne, y por su dimensión cultural y religiosa, el cercano templo de Santa María de los Reyes Godos, donde también se encontraron sarcófagos con decoración geométrica de la misma tradición.

Este ejemplar confirma la continuidad, durante esta etapa, de una estructura artesanal especializada y constituye un testimonio de la existencia de una élite social destinataria de un bien funerario de tan elevado coste.

La obra podrá visitarse hasta el 15 de marzo de 2026, y se estudia su posible incorporación a la exposición permanente de la Sección de Arqueología.

-Dolmen de Sargentes de la Lora.

 Enlace: https://www.diariodeburgos.es

 La tercera campaña de excavación en el dolmen de Villafría no será la última, como se preveía de inicio, debido a la gran cantidad de restos humanos que ha encontrado el equipo de arqueólogos dirigido por Cristina Fraile desde el 18 de agosto. Un cráneo prácticamente completo y otros 400 huesos confirman el valor de este túmulo funerario de Sargentes de la Lora, que se muestra tal y como fue sellado por quienes lo abrieron hace unos 3.800 años, en el Neolítico, sin haber sido profanado siglos después.

 

Esas cronologías se corresponde con el cercano dolmen de La Cabaña, el más conocido de Territorio Megalítico, y vienen a ser refrendadas por los pocos, aunque valiosos, hallazgos de ajuar -objetos con los que se enterraba a los muertos- que han salido este año: una cuenta de collar de calcita y un microlito geométrico de sílex blanco, que casan con la lámina de sílex hallada en 2024. No obstante, Fraile calcula que les quedan unos 10 centímetros por excavar para llegar hasta la base de la cámara funeraria, donde suelen quedar depositadas la mayoría de esas piezas.

 

Desconocen aún el número de individuos que pueden estar aquí enterrados ni su sexo, puesto que habrá que clasificar los huesos y estudiarlos para extraer mucha información, además de someterlos a la prueba del carbono 14 al objeto de concretar su datación. No obstante, ya saben desde la pasada campaña que hay un niño, raro hallazgo en este tipo de túmulos, y que el individuo al que pertenecía el cráneo extraído -roto posmortem posiblemente por la caída de las losas del túmulo, llamadas ortostatos- sufrió una infección en una encía, según la información aportada por Angélica Santa Cruz, la experta en estos temas que forma parte de un equipo multidisciplinar, que cuenta también con la sabiduría y la experiencia de Miguel Moreno, Germán Delibes, Rodrigo Villalobos y Javier Basconcillos, geólogo del Geoparque de las Loras.

 

 

-Encuentran una iglesia visigoda inédita en las excavaciones de Olmillos de Sasamón.

 Enlace: https://www.burgosconecta.es

 

La campaña arqueológica realizada entre los días 8 y 25 de agosto en Olmillos de Sasamón ha culminado con el descubrimiento de una iglesia visigoda inédita.

Es el séptimo año de campañas arqueológicas en Sasamón, Olmillos de Sasamón y Villasandino y en esta ocasión las prospecciones geofísicas en Santa Olalla, en Olmillos de Sasamón, han identificado la planta del gran complejo suburbano dentro del que se encuentra la mencionada iglesia.

Los trabajos también se han centrado en la excavación de varios sondeos arqueológicos en el entorno de la colegiata de Santa María La Real, en Sasamón, con el objetivo de obtener información de primera mano sobre la ciudad romana de Segisamo.

El equipo de arqueólogos dirigidos por Jesús García Sánchez (Instituto de Arqueología, Mérida-CSIC-Junta de Extremadura) y José Manuel Costa-García (Universidad de Salamanca) concluyó, el pasado día 25, su séptima campaña de investigaciones en la comarca segisamonense.

Esta intervención, financiada por la Diputación de Burgos y los ayuntamientos de Sasamón y Olmillos de Sasamón, ha tenido como objetivo prioritario estudiar el poblamiento romano en la zona desde sus inicios en el siglo I a.C. hasta época tardoantigua (siglos IV-VII d.C.). La campaña se ha centrado en dos espacios: las inmediaciones de la colegiata de Santa María la Real (Sasamón) y el yacimiento de Santa Olalla (Olmillos de Sasamón).

Restos de la iglesia visigoda encontrada en Olmillos de Sasamón.

En los últimos años, el equipo de arqueólogos ha hecho uso de distintas técnicas de teledetección –incluyendo drones– y de prospección geofísica –en particular, georradar– con el objetivo de obtener planimetrías precisas de las ruinas todavía existentes en el subsuelo de la comarca. La prospección geofísica con georradar y magnetómetro es un método en auge, pues permite obtener imágenes tridimensionales del subsuelo e identificar estructuras soterradas. De este modo, es posible reconocer las trazas del antiguo callejero o las plantas de algunas edificaciones romanas sin necesidad de excavarlas. 

En el lugar de Santa Olalla, en Olmillos de Sasamón, la fotografía aérea había permitido documentar las estructuras de un gran complejo edilicio corresponda con una gran villa o asentamiento suburbano de época tardorromana (siglos III-V d.C.), a juzgar por los materiales hallados hasta la fecha. Durante la campaña de 2023, los investigadores y técnicos del Instituto de Arqueología, Mérida (IAM-CSIC) Carlos Cáceres, Stefano De Nisi y Jesús García han continuado la prospección geofísica del yacimiento en su conjunto, que ha derivado en un hallazgo excepcional.

Los investigadores contaban con indicios de un edificio rectangular rematado en ábside visible en las fotografías aéreas realizada con dron desde 2018 por José Manuel Costa-García (Universidad de Salamanca). Sin embargo, el empleo de un georradar de alta resolución ha permitido documentar la planta completa de un posible edificio de culto paleocristiano.

 

La iglesia tiene unas dimensiones de 8 por 14 metros y tiene una orientación ONO-ESE. Esta variación depende de la advocación de la iglesia siguiendo la salida del sol en el día del santoral, una liturgia introducida en el cristianismo en el siglo IV d.C. El cuerpo central está rematado por un ábside semicircular de 4,5 metros de luz en su lado sureste. Cuenta con dos espacios anexos con unas dimensiones de 4 por 5 metros: al norte, el posible baptisterio; al oeste, un nártex.

Imagen principal - Encuentran una iglesia visigoda inédita en las excavaciones de Olmillos de Sasamón

 Imagen secundaria 1 - Encuentran una iglesia visigoda inédita en las excavaciones de Olmillos de Sasamón

 

Las primeras hipótesis apuntan a una iglesia visigoda de los siglos VI-VII d.C. similar a la burgalesa Santa María de Mijangos (Merindad de Cuesta Urria), consagrada por Asterio (obispo de Oca) en el año 601. También se encuentran paralelos en otros lugares de culto cristianos como la villa de Fortunatus (Fraga, Huesca) o la iglesia exenta en Torre de Palma (Monforte, Portugal).

El hallazgo de esta iglesia permite conocer una nueva fase de ocupación del territorio de la ciudad de Segisamo tras el abandono de las grandes villas tardorromanas en el siglo V d.C. además de contribuir al estudio de la implantación del cristianismo en la Meseta y el papel que los aristócratas y obispos visigodos jugaron en la difusión del nuevo culto en el medio rural.

La iglesia se localiza en un amplísimo conjunto monumental de época romana que reúne al menos 13 edificios, muchos de ellos inéditos. Entre estos destaca una mansio, edificio destinado al reposo, alimentación y cambio de caballos en relación con la vía que comunicaba Segisamo con Clunia (Coruña del Conde, Burgos). También se han podido diferenciar estructuras destinadas al almacenamiento en conexión con un gran complejo residencial construido en torno a un gran peristilo o patio de 1200 metros cuadrados.

Excavaciones en el lugar.

En las proximidades de la Colegiata de Santa María La Real de Sasamón, los investigadores han iniciado ya la siguiente fase de estudios arqueológicos una vez evaluados los resultados de las prospecciones desarrolladas en campañas anteriroes.

Mediante la apertura de dos sondeos se ha procedido a estudiar primera mano los restos de la ciudad romana de Segisamo todavía existentes en el subsuelo de la localidad con el fin de determinar en qué momento fueron construidos y cuáles fueron las vicisitudes que vivieron hasta nuestros días.

Las excavaciones arqueológicas en contextos urbanos son siempre dificultosas, puesto que estos espacios han sido constantemente ocupados, con distintas fases de esplendor, declive, abandono, expolio y reocupación. Solo su estudio minucioso mediante el método arqueológico -que contempla la detallada documentación de las estructuras y la recuperación sistemática de cualquier material superviviente (cerámicas, vidrio, metales, restos óseos, etc.)- permite recomponer este complejo rompecabezas.

De este modo, sabemos ahora que este espacio se encontraba dentro de los límites del camposanto de la iglesia antes de que sirviese como era para la trilla. Los arqueólogos han identificado los restos de al menos siete personas enterradas en sencillas fosas con orientación E-O, según el rito cristiano. Los pobres ajuares dificultan la labor de datar los restos, pero todo parece indicar que habrían sido enterrados antes de mediados del siglo XIX.

Bajo estos niveles se atestigua la existencia de estructuras de época medieval y romana, si bien prácticamente expoliadas por el continuado uso de las ruinas como cantera para otras empresas constructivas. El volumen de material arqueológico recuperado de época romana ha sido muy voluminoso, evidenciando el carácter cosmopolita de la ciudad antigua. Así, al tiempo que se identifican vajillas finas, vidrios, pinturas sobre estuco y otros productos importados que permiten establecer conexiones con otros puntos de la península ibérica y el mundo mediterráneo, también se han recuperado cerámicas pintadas de tradición indígena que siguen los modelos de época turmoga.

Las excavaciones arqueológicas continuarán en 2024 con la intención de seguir ahondando en el conocimiento de las primeras fases de ocupación de la antigua Segisamo.