domingo, 10 de mayo de 2009

-Túnel de la Engaña


Hay días en que las fauces oscuras y húmedas del túnel de La Engaña vomitan con fuerza un humo denso y blanco. La escena puede resultar espeluznante, pero no hay que atribuirla a ningún fenómeno misterioso, sino a un suceso natural: indica que en Vega de Pas, la comarca que se halla al otro lado de la montaña, hay una niebla espesa que, empujada por la húmeda corriente, atraviesa los casi siete kilómetros de galería excavada en las entrañas de la sierra y emerge al otro lado para después esfumarse. La naturaleza exhibe así, con tan inquietante metáfora, la infausta historia de este lugar. Por ese túnel, construido para conectar por ferrocarril la meseta y el Cantábrico, jamás pasó el tren. Hoy sólo lo hace la niebla, como la pesadilla de un sueño en el que una vez se creyó a ojos ciegas. La maleza y la herrumbre del tiempo han ido devorando en silencio el poblado de La Engaña, un lugar fantasmal, tétrico en su ruinoso armazón de piedras, guardián decadente de una historia fabulosa.

Uno de sus capítulos más fascinantes sucedió hace exactamente 50 años. Tras casi dos décadas de trabajos, una de las obras más faraónicas del franquismo se acercaba a su fin: el día 8 de mayo se produjo la última voladura que permitió unir el lado burgalés con el cántabro en el vientre abisal de la montaña. Había luz al final del túnel. Matías, de 86 años, que trabajó durante quince en esta obra ingente, recuerda perfectamente el momento mientras se le vidrian los ojos: «hubo uno que salió a todo correr voceando ¡cinco centímetros, cinco centímetros! Se preparó un revuelo fenomenal y se tiraron hasta cohetes». Manolo, que trabajó diez años en los talleres, asegura que no se hizo fiesta más impresionante que aquella después de perforar el túnel. «Fue algo histórico. Se montó una celebración tremenda», apunta.

Este hecho fue algo más que histórico. Aquella última voladura encerraba un significado mucho mayor. Por un lado, ponía la guinda a una época importante para la zona, a la vez que clausuraba episodios trágicos; por otro, abría las puertas a un futuro halagüeño que tenía nombres propios: ferrocarril, progreso, bienestar. La construcción del túnel de La Engaña constituyó la piedra angular de aquel proyecto que fue el ferrocarril Santander-Mediterráneo.
Salvada la cordillera cantábrica, podría abrirse el tráfico de mercancías entre ambas costas con mucha mayor rapidez y con un costo infinitamente menor.

El túnel de La Engaña comenzó a horadarse en 1941. Para ello, en las inmediaciones de la roca se construyó un poblado al que no le faltó de nada. Había escuela, iglesia, economato, hospital, viviendas, cine... De forma permanente vivieron allí 300 personas. Además, pueblos de la zona como Pedrosa o Santelices vieron incrementado notablemente su censo. La Engaña era un hervidero de aluvión: gallegos, asturianos, andaluces o extremeños llegaron hasta allí para ganarse la vida. En aquellos casi 20 años de obra, 16.000 personas trabajaron a tres relevos a un lado y a otro de la montaña. «Nadie puede imaginarse lo que era esto entonces. Estaba lleno de vida. Había trabajo, dinero», señala Tito, que trabajó diez años allí.

En los primeros años, que fueron los más duros, trabajaron en la perforación del túnel centenares de presos republicanos, muchos de los cuales redujeron la pena y acabaron obteniendo la libertad por aquellos trabajos forzados. Cuando hace ahora 50 años Cantabria y Burgos quedaron unidas por ese brazo de aire, se había invertido una cantidad estratosférica de dinero, superior, dijeron las autoridades, a 300 millones de pesetas. Pero hubo otro coste, que ha ido desangrando esta historia hasta nuestros días: una veintena de obreros perdieron la vida en el corazón de la montaña y varias decenas más lo hicieron años después, paulatinamente, a causa de esa enfermedad llamada silicosis.

Un precio demasiado caro para que, al final, el sueño quedara en nada. Así, 50 años después, el poblado de la Engaña y su túnel oscuro como boca de lobo languidecen en el más absoluto olvido. Sus ruinas son una herida abierta que no cicatrizará mientras vivan personas como Matías, Manolo o Tito, para quienes este episodio es una parte esencial de sus vidas. Cada vez que visitan este lugar no pueden evitar sentir el escalofrío de la tristeza y de la rabia. Túnel adentro, el agua que lleva años filtrándose lo inunda todo. En el kilómetro 2,800 se ha desplomado parte de la estructura. Ya ni los más osados se atreven a entrar.

Aunque en varias ocasiones se han ilusionado ante tímidas promesas de recuperación, íntimamente son conscientes de que si el tren no pasó nunca, difícilmente vaya a hacerlo cualquier otra posibilidad de desarrollo. Ya ni siquiera ostenta el título de túnel para ferrocarril más largo de España, arrebatado hace dos años por los del Guadarrama. Por el túnel de La Engaña ya no atraviesan ni los sueños. Únicamente, de cuando en cuando, lo hace la niebla.

Matías
Trabajó 15 años en el Túnel
«Tanto esfuerzo y tantas ilusiones para nada»
Matías trabajó durante tres lustros en La Engaña, siete de los cuales los pasó haciendo hormigón «de 8 de la tarde a 8 de la mañana». Además, hizo trabajos de cantería, profesión que aprendió de su padre y en la ‘mili’. Recuerda que, aunque las jornadas eran maratonianas, fue muy feliz «y gané mucho dinero». Cuando el sueño de esfumó, se quedó en Pedrosa, haciendo de cantero y cuidando del ganado familiar. «Cada vez que vengo me da mucha pena. Me quedo mirando y no lo creo. Tanto esfuerzo, tantas ilusiones para nada». Entre un sinfín de recuerdos, Matías no olvidará nunca haberse cruzado un día con un hombre a caballo que tocaba la armónica. Aunque no le dijo nada, sus miradas se cruzaron. Aquel tipo se llamaba Manuel Fraga.

Manolo
Trabajó diez años en el Túnel
«De haber funcionado no hubiéramos emigrado»
«Esto es parte de nuestra vida. La pena es que ha quedado en nada y que nadie se preocupa. Nos han dejado tirados como colillas», reflexiona Manolo, que trabajó diez años como mecánico en las obra del túnel. «Esta era una zona que tenía cinco estaciones de tren y donde ahora sólo hay una, pero encima no para en ella. Nos vimos impotentes y tuvimos que emigrar. Si esto hubiera continuado me hubiera quedado, sin duda», dice con pena. Manolo destaca que, gracias a esta obra, aprendió un oficio; además, en la ruinas que se ven a su espalda, además de la iglesia, estaba la escuela, donde recibió educación. Al truncarse el proyecto, trabajó en Bilbao y en San Sebastián. «Tuvimos ilusión y esperanza. Pero nos dejaron olvidados».

Fuente: diariodeburgos.es

jueves, 7 de mayo de 2009

-Quintanapalla.


Situada en un islote respetado por la Autopista del Norte y la Carretera Nacional I. Con suavidad, el terreno asciende hasta el Alto de la Brújula, terreno por el que discurre el río Vena. El caserío, presidido por la excelente iglesia parroquial, goza de una buena orientación al sol. Tierra vieja, en la raya de los antiguos Turmogos y Autrigones, cercana a Tricio, una de las ciudades de éstos y luego mansión documentada en la Vía Aquitana y Tarraconense, unidas desde Briviesca hasta Finisterre, que atraviesa el término de Quintanapalla.
En la reconquista y repoblación de los siglos IX y X la posición de Quintanapalla resultó positiva para el empeño de Castilla. En aquel momento ya existía Quintanapalla, situada entre Villarmíos o Villausurmios, colocada en el pago de Fuenteayuso, y Castrillón, más al Este, sobre una colina en la que hubo antaño una torre y luego una ermita. Desaparecidos Villarmíos y Castrillón quedó Quintanapalla con el apodo de las Torres y así es mencionada hasta los tiempos modernos.

Durante siglos, la villa desenvolvió en paz y trabajo campesinos su vida sencilla. Hay que mencionar un factor creciente de economía y cultura que afectó y afecta a Quintanapalla. Se reduce a la palabra camino. Primero fue el Camino Real de Madrid al País Vasco y a Francia, convertido en el siglo XVIII en una de las seis vías radiales de España y que pasaba por medio de la villa. Sus vecinos vieron pasar cortejos de reyes, turbas de peregrinos, compañías de soldados y divisiones de Napoleón, trajinantes y pastores, unas veces con ventajas para el pueblo y otras con desventajas para él, según cuenta la Historia.
Vino luego el ferrocarril (s. XIX), primero vía única y de doble vía luego, expropiando tierras y facilitando las comunicaciones. En la década de los años 70 (siglo XX) la Autopista del norte suprimió el “Prado”, un pago hermoso, atravesando por el Vena, en el que holgaban las parejas de bueyes de labranza.

En su vida ganadera y agraria, Quintanapalla dio referencia a la ganadería, gobernándola con adecuadas Ordenanzas, que hicieron posible el sostenimiento de toda clase de ganados en 600 has. Del término, al que además Quintanapalla arrancaba el pan mediado de cada año. Su permanente amor fue el Monte, un coto cerrado de roble, que suministraba leña en los largos inviernos de la Brújula. Los vecinos alcanzaron privilegios y derechos sobre su monte y caza de los Reyes Católicos, según vemos en su archivo. Las ordenanzas de 1817 exigen un juramento fuerte a todas las autoridades, al comenzar sus mandatos, sobre respetar árboles, arbustos, espinos, majuelos, hasta humildes ailagas.

Algunos episodios conmovieron la Historia de Quintanapalla, consecuencia de su condición caminera: El encuentro y confirmación de desposorios, el 19 de noviembre de 1679 del rey Carlos II con doña María Luisa de Borbón que, con este motivo, aforaron generosamente al pueblo y a su iglesia. En 1911, Quintanapalla estuvo en el primer plano de la noticia europea: El aviador Verdines, en el primer vuelo que se realizaba de París a Madrid por vía aérea, siguiendo la carretera Nacional I, se vio obligado a tomar tierra en las eras del pueblo.
Los vecinos atendieron al atrevido piloto y a su avioneta, adelantado de la aviación, y con su ayuda, al día siguiente Vedrines pudo remontar el vuelo y llegar a Madrid con felicidad. Este hecho lo viven con orgullo cuantos pobladores tiene, y ha tenido, la villa en este siglo.

lunes, 13 de abril de 2009

-Ojo Guareña, una cavidad interminable.


El complejo kárstico de Ojo Guareña continúa hoy, medio siglo después de las primeras exploraciones en profundidad, un arcano inagotable, un filón que expedición tras expedición arroja nuevos hallazgos. El Grupo Espeleológico Edelweiss acaba de recoger en el enésimo número de su revista, ‘Cubía’, los últimos descubrimientos de este complejo, que con más de un centenar de kilómetros de galerías topografiadas, es el karst más singular de la tierra, por cuanto tiene un valor didáctico incomparable que resume a la perfección qué es un karst.

«Tras 50 años de exploraciones en el karst y el buen hacer de varias generaciones de espeleólogos puede dar la impresión de que Ojo Guareña tiene pocos secretos que revelar», apuntan en ‘Cubía’ los miembros de Edelweiss. Sin embargo, nada más lejos de realidad: «pensamos que la realidad es bien distinta y la gran caverna aún plantea incógnitas».

Así, creen que la red de conductos anegados en los niveles inferiores podría en un futuro «aumentar considerablemente el desarrollo conocido en Ojo Guareña». Además, en cada exploración se descubren nuevas galerías de poca importancia pero que prometen la existencia de otras que puedan ayudar a resolver las citadas incógnitas.
Los espeleólogos del grupo burgalés señalan que en las últimas incursiones se ha descubierto un yacimiento arqueológico en una de las cavidades, donde había, entre el sedimento arenoso del suelo, dos fragmentos de restos humanos óseos atribuidos a un enterramiento. «Parecen corresponder con un temporal perteneciente a un individuo infantil y un húmero de adulto. En espera de una datación de los huesos que aporte nuevos datos y encuadre el hallazgo en el contexto arqueológico de Ojo Guareña, creemos que se trataría de una cavidad sepulcral», indican.

Otro de los descubrimientos realizado en los últimos tiempos en el conjunto de más de 400 cavidades de Ojo Guareña es el sendero llamada ‘Cueva del Sendero a Cueva la Mina’, un conducto que se adentra 20 metros hasta hacerse impenetrable. Algo similar ocurrió con la denominada por Edelweiss ‘Línea Verde’, un nuevo conjunto de 250 metros de galerías. Los integrantes de Edelweiss también han hallado, en el extremo oriental del ‘Circo de San bernabé’ una cavidad inédita: la ‘Cueva de San Tirso’, «que metafóricamente recuerda el culto más antiguo y a la vez menos conocido del cercano santuario cristiano. Análogamente la nueva cavidad sería más antigua que la Cueva de San Bernabé al ocupar una posición más elevada». La cavidad consta de una única galería horizontal, apuntan en ‘Cubía’.

‘Cubía’ también recuerda aquella epopeya histórica de la expedición ‘Ojo Guareña 1958’, bautizada como ‘La mayor aventura subterránea del mundo’. En ella participaron espeleólogos franceses, italianos, monegascos y españoles de grupos montañeros del país. En total, sesenta expertos. Además, la revista analiza las cavidades de la comarca de Juarros, da cuenta del estado de las exploraciones del karst de Yesos, en el Valle de Valleasnera y desentraña la aplicación del GPS en espeleología.

Fuente: diariodeburgos.es

-Meave Leakey en Atapuerca



El pasado miércoles día 1 de abril, los miembros del Grupo Espeleológico Edelweiss, Ana Isabel Ortega Martínez y Miguel Ángel Martín Merino, junto con Juan Luis Arsuaga y los miembros de su equipo Ignacio Martínez y Alejandro Bonmatí, tuvieron el honor de acompañar a Meave Leakey en su visita a la Sima de los Huesos de Cueva Mayor de la Sierra de Atapuerca.
Venía acompañada de Carlos Martínez de Campos, presidente de la Sociedad Geográfica Española, dado que el día anterior había recogido el Premio Anual, en la categoría internacional, que la SEG otorgó a la Familia
Leakey, saga de investigadores, originaria de Kenia, que ha encabezado algunos de los descubrimientos paleoantropológicos más relevantes de la historia.

La visita resultó inolvidable para Meave Leakey, tal y como ella misma se ha encargado de transmitir en un corto artículo:

“Visitar los yacimientos de Atapuerca con Juan Luis Arsuaga y parte de su equipo de investigación fue un sueño hecho realidad. Al llegar a primer hora de la tarde, visitamos los yacimientos al aire libre, incluyendo la Gran Dolina, que fue expuesta en el Siglo XIX por la trinchera de un ferrocarril. Gracias a la compleja red de andamios que los investigadores han levantado para dotar de acceso a los yacimientos, pudimos ascender para ver la parte más alta de las excavaciones. A continuación fuimos a la Sima de los Huesos, lo cual superó mis mejores expectativas. La Sima es única; combina el entusiasmo y los desafíos de adentrarse en las profundidades de la tierra a lo largo de estrechos conductos, a través de cavernas enormes, y finalmente hacia abajo por un agosto y profundo conducto vertical, con la sensación de estar en algún lugar del pasado remoto. Las evidencias por doquier de osos y humanos primitivos, que usaban las cuevas hace cientos de miles de años, dan la sensación de haber retrocedido lejos en el tiempo. El clímax de esta emocionante experiencia tuvo lugar cuando alcanzamos el conducto vertical que constituye la única entrada al propio yacimiento. Al llegar al fondo del pozo me costaba creer que me rodeasen miles de huesos fósiles; fue sobrecogedor. Nunca había experimentado nada tan cautivador y maravilloso. Mi admiración por el equipo de personas que pasan horas trabajando en el espacio confinado al fondo de este pozo profundo, un día detrás de otro, extrayendo cuidadosamente los miles de fósiles maravillosamente conservados pero fragmentados, es infinita. Nunca olvidaré este día, y estoy enormemente agradecida a todos aquellos que lo hicieron posible.”

martes, 31 de marzo de 2009

-Craneo de una niña discapacitada en Atapuerca.

Tendría unos 10 años, seguramente era niña, murió en lo que ahora es la sierra de Atapuerca (Burgos) hace 530.000 años y era diferente, tanto que su grupo, su familia, le tuvo que haber prestado cuidados especiales. De lo contrario, no habría sobrevivido. Entonces, su cráneo asimétrico y, probablemente, su cara irregular no engañaron a nadie, porque además, cabe pensar que tuvo capacidades psicomotoras deficientes. Hoy los científicos saben que ese individuo, esa homínido preadolescente, tenía craneosinostosis, una enfermedad rara que afecta a menos de seis personas por 200.000 habitantes en la población actual.

Las claves de esta historia de enfermedad y solidaridad social están en un cráneo que los científicos de Atapuerca encontraron en el yacimiento de la Sima de los Huesos y que hoy presentan en la revista estadounidense Proceedings, de la Academia Nacional de Ciencias.

Casi todas las piezas del cráneo deforme fueron descubiertas en 2001. Al año siguiente encontraron más. "Tenemos más de 30 fragmentos de este cráneo, el número 14 de la colección de la Sima", dice Ana Gracia Téllez (Centro de Evolución y Comportamiento Humanos), líder del estudio. "Al reconstruirlo vimos que era raro, asimétrico", continúa.

La cuestión que se plantearon Ana Gracia, Juan Luis Arsuaga y el resto del equipo fue si un individuo así se valdría por sí mismo en un grupo de cazadores recolectores, si habría sobrevivido varios años sin la ayuda de otros individuos de esta familia. El primer apodo del cráneo 14 en el laboratorio fue Benjamín, "el niño querido", comenta Gracia. "Pero ahora, como creemos que es niña [por la gracilidad de las estructruas óseas], sería Benjamina".

La craneosinostosis es una patología que se caracteriza porque los huesos del cráneo se fusionan prematuramente. "Hoy en día, cuando se presenta en un niño, se le opera normalmente en sus primeros meses de vida para evitar tanto la deformación estética como las posibles alteraciones en el encéfalo", comenta Gracia. "En cuanto a nuestra niña, no sabemos exactamente qué deficiencias psicomotoras tendría, pero hemos descubierto indicios de que podría tener presión intracraneal elevada".

La fusión prematura de los huesos craneales se debe, en algunos casos, a mutaciones cromosómicas. Pero también puede tener un origen traumático o metabólico del feto. En el caso de Benjamina, los científicos se inclinan por el origen traumático. "La madre se dio un golpe, o el feto estaba mal colocado... Descartamos que el problema fuera en el parto", dice Gracia.

Existen en el registro fósil algunos homínidos con alguna carencia que sugiere que serían dependientes de sus congéneres para sobrevivir, pero son indicios controvertidos. Sin embargo, lo de Benjamina parece claro. "El cráneo 14 es el caso documentado más antiguo de craneosinostosis con deformidades neurocraneales, cerebrales y, muy posiblemente, asimetrías en el esqueleto facial", concluyen los científicos de Atapuerca. "A pesar de estas desventajas, el individuo sobrevivió más de cinco años, lo que sugiere que su condición patológica no fue un impedimento para recibir la misma atención que cualquier otro niño del género Homo del Pleistoceno Medio".

En la Sima de los Huesos se han hallado ya miles de fósiles que pertenecieron a 28 individuos, al menos (incluidos 16 cráneos), de diferentes edades y de ambos sexos, de hace 530.000 años, lo que supone un fondo excepcional para hacer comparaciones y estudios.

Fuente: elpais.com

lunes, 23 de marzo de 2009

-Restos arqueológicos en la autovía de Santander a su paso por Quintanaortuño.

Cuando se acometen grandes infraestructuras es bastante habitual que las máquinas se topen con restos arqueológicos y es lo que ha ocurrido con las obras de la autovía de Santander, en concreto en el término municipal de Quintanaortuño. En el páramo se ha localizado un yacimiento arqueológico situado en las proximidades del lugar que ocupó una ermita de la que no queda ningún vestigio.

«Por lo que dicen pueden tratarse de restos de varias épocas y lo que está claro es que no son de una ermita de la que no queda ningún vestigio, ya que ese lugar si estaba localizado y se ha salvado del trazado aprobado porque en su día presentamos una alegación desde el Ayuntamiento que se tuvo en cuenta y está protegido», manifiesta el alcalde de la localidad.

En la zona donde se han localizado los restos, lo más llamativo son unos silos que las palas han dejado al descubierto, «aunque también hablan los arqueólogos de una muralla y una torre de las que no hay ninguna constancia en los archivos municipales», indica González, quien al igual que el resto de vecinos esperan con expectación conocer los resultados de las excavación que realizarán los arqueólogos.

Desde el Ayuntamiento apuestan por proteger los restos y hacer un túnel en esta zona, propuesta que ya realizaron en su día y que ahora retoman al aparecer los restos arqueológicos. «Es la solución más lógica porque se salva el páramo, que siempre ha sido un lugar de paseo y lo vamos a echar mucho de menos, pero en su día desestimaron hacer el túnel porque incrementaba bastante el coste de las obras y ahora vamos a ver lo que pasa con el yacimiento».
Fuene: diariode burgos.es

domingo, 22 de marzo de 2009

-Casa de Miranda. (Museo de Burgos)

El Museo de Burgos nació con motivo de las leyes desamortizadoras iniciadas en 1835 para recoger los bienes artísticos de las comunidades religiosas exclaustradas. Primero, la Comisión Provincial de Desamortización, y, más tarde, la Comisión Provincial de Monumentos, fueron las encargadas de recoger, catalogar y custodiar sus fondos, casi exclusivamente de Bellas Artes. A partir del segundo tercio de este siglo se incrementaron considerablemente las colecciones arqueológicas, procedentes de las excavaciones y hallazgos fortuitos que se han llevado a cabo en la provincia de Burgos.

A lo largo de su historia el Museo estuvo instalado en diferentes sedes, siendo las más destacables el Convento de las Trinitarias (1870-1875) y el Arco de Santa María (1879-1950). En 1955 se trasladó a la Casa Miranda. A partir de 1979 se inició un importante proceso de transformación del Museo, con el fin de ampliarlo y renovar sus instalaciones. La Casa Miranda fue restaurada íntegramente y dedicada a las secciones de Prehistoria y Arqueología. Por otro lado, la Casa de Iñigo Angulo, adquirida por el Estado en 1986, se dedicó a la sección de Bellas Artes.

También forma parte del Museo la Casa Melgosa, destinada a futuras ampliaciones. La sección de Prehistoria y Arqueología consta de ocho salas, distribuidas en dos plantas. Su contenido discurre desde el Paleolítico a la época visigoda. Entre las piezas que se localizan en la misma cabe señalar los conjuntos prehistóricos de la Sierra de Atapuerca, los ajuares de los dólmenes de la Paramera de Sedano, las piezas de las necrópolis de Villanueva de Teba y Miraveche, los restos romanos de Clunia, los materiales de las necrópolis tardorromanas de Cabriana y Hornillos del Camino, así como los sarcófagos paleocristianos de la Bureba.

La Sección de Bellas Artes ocupa cuatro plantas y una entreplanta en las que se disponen nueve salas con obras que abarcan desde el prerrománico hasta el arte contemporáneo. Sobresalen, por su especial interés, una arqueta y un díptico de marfil elaborados por talleres árabes (siglo XI), y el frontal o urna de Santo Domingo, de cobre esmaltado (siglo XII). También merecen destacarse algunos retablos y esculturas góticas, como el sepulcro de Juan de Padilla, realizado por Gil de Siloe (siglo XV), las pinturas de tabla del antiguo retablo de San Pedro de Tejada, de fray Alonso de Zamora (fines del siglo XV), y el conjunto de sargas del monasterio de Oña, de la misma época y autor. Muy interesantes son algunas piezas del Renacimiento, como el retablo de Vileña, de Pedro López de Gámiz (mediados del siglo XVI).

Entre las pinturas conservadas destacan el retrato de Fray Alonso de San Vitores, obra de Juan Rizi (siglo XVII), y otros lienzos de maestros burgaleses de esta misma época, como Diego Polo, José Moreno y Mateo Cerezo, hijo. Finalmente se expone una selección de obras de escultores y pintores burgaleses de los siglos XIX y XX como Andrés García Prieto, Julio del Val, José María Muñoz Melgosa, Vela Zanetti, Modesto Ciruelos o Luis Sáez.

viernes, 20 de febrero de 2009

-Las Loras


La comarca de las Loras y de la Paramera de la Lora es el sector más meridional de la Cordillera Cantábrica. Un espacio de gran singularidad geográfica, bisagra entre la montaña propiamente dicha y la cuenca terciaria castellana con la que toma contacto por el sur, en el entorno de los núcleos de Sotresgudo, Villadiego y Sotopalacios. Su posición periférica, en la vertiente sur de la gran unidad montañosa, determina su condición de espacio de transición. Por un lado, es una comarca bastante accidentada aunque sus moderadas altitudes le otorgan carácter de media montaña.

La máxima altitud, 1.362 m., se alcanza en la Peña Amaya; las cimas de las otras Loras se sitúan en torno a los 1.200 m., mientras que la paramera de la Lora se encuentra a 1.000-1.100 m. Este carácter montañoso determina una mayor pluviometría respecto a la llanura inmediata, pero el régimen de distribución sigue siendo plenamente mediterráneo, por encontrarse a sotavento de la divisoria cantábrica. Algunas especies vegetales propias del dominio montano atlántico, como el haya, que se sitúa aquí en el límite de sus exigencias de humedad, crecen al lado de otras típicamente mediterráneas, como encinas y quejigos, existiendo algún bosque mixto en buen estado.

Un espacio de encrucijada desde el punto de vista bioclimático, pero también hidrológico, ya que el avenamiento se organiza hacia dos cuencas hidrográficas distintas, la del Duero, en el sector de las Loras, y la del Ebro, en el de la Paramera.
Pero, lo verdaderamente singular y llamativo de esta comarca es su relieve, configurador de un paisaje dominado por formas rotundas y perfiles rocosos, de sobrecogedora belleza. El paisaje es, en sí mismo, un tratado de geología. Penetrar en la comarca de Las Loras por el suroeste, supone pasar bruscamente de las formas simples, horizontales y casi monocromáticas de la cuenca sedimentaria a todo un elenco de formas de relieve esculpidas en la cobertera mesozoica.

Los perfiles abruptos y disecados por la erosión dejan al descubierto un muestrario de estratos rocosos, blandos y duros, que la vegetación no consigue enmascarar.
En el sector de Las Loras los elementos culminantes del relieve se perciben como impresionantes relieves tabulares, tanto por el desnivel que introducen respecto a los valles como por la sucesión de cantiles calizos y taludes de acusada pendiente, mediante los cuales se resuelve el enlace entre cimas y sectores deprimidos. Sin embargo, en este paisaje, las cimas planas no son lo que podrían parecer, pues el relieve es infiel a las estructuras. En realidad, se trata de un original tipo de relieve plegado inverso, que ha convertido en cumbres las charnelas sinclinales.

Así pues, los elementos destacados no son anticlinales, que por el contrario han sido totalmente vaciados y convertidos en valles o combes, sino sinclinales colgados, que recuerdan a enormes buques varados en tierra firme. Del mismo modo, la gran unidad de la Paramera de la Lora se corresponde con un sinclinal de grandes dimensiones y suaves buzamientos, que la intensa erosión ha dejado también en resalte. Su expresivo nombre hace referencia a la similitud morfológica con los páramos de cuenca, si bien, desde el punto de vista morfogenético su naturaleza es bien distinta.

En el sector suroccidental, la profusión de sinclinales colgados o “loras” y valles intercalados o “combes” proporciona un paisaje quebrado, lleno de matices. La vegetación, abundante en los taludes, rala en las cimas e inexistente en los cantiles rocosos, juega un papel destacado en la distinción de estratos y en la riqueza visual del conjunto. Por su parte, la gran extensión de La Paramera, de la que cabría esperar menor interés paisajístico por su más monótona morfología, encierra, también, sorprendentes contrastes y hermosos paisajes debidos al encajamiento de los ríos que la recorren. Destacan por su profundidad y belleza los cañones del Ebro y del Rudrón; dos profundos tajos en la Paramera, enmarcados por vertientes abruptas que dejan al descubierto los distintos estratos correspondientes a los pisos superiores de la cobertera mesozoica.

La abundancia de vegetación en los taludes y la ausencia de ella en los cantiles rocosos contribuyen a la diversidad visual de los cañones. Por el contrario, en lo alto de la Paramera la vegetación de porte arbóreo es escasa e incluso la vegetación arbustiva y herbácea es rala y discontinua, como corresponde a unos suelos de naturaleza caliza, raquíticos, rocosos y áridos. Otros ríos de caudal más modesto, como el Moradillo y el San Antón, ambos afluentes del Rudrón, han contribuido, asimismo, al desmantelamiento de la Paramera, encajándose y labrando sus valles en ella.

Fuentes y manantiales son muy abundantes en toda la comarca. La porosidad de la caliza en la superficie de la Paramera y en la cima de las Loras no favorece la escorrentía superficial, pues la lluvia y la nieve deshelada se filtran por la roca, para alimentar los numerosos acuíferos y cauces subterráneos existentes. Estas aguas emergen a la superficie por doquier, dando lugar a manantiales temporales, muy numerosos en invierno y primavera, y a manantiales permanentes, que ven aumentar notablemente su caudal tras la recarga invernal y el deshielo. Es frecuente entonces, que en puntos concretos de las escarpadas vertientes de las loras y de los cañones se formen, por unos días, espectaculares cascadas que se precipitan al vacío.

En el paraje de los cañones, existen dos surgencias permanentes y de abundante caudal, que han creado entornos de gran belleza. Una surge de la Cueva del Agua en el centro de Orbaneja del Castillo. Desde el lugar del manantial, un alegre regato, más o menos caudaloso según la época del año, recorre el pueblo hasta precipitarse finalmente en forma de gran cascada, buscando el Ebro. La otra, mana del Pozo Azul, en los alrededores del pueblo de Covanera, situado en el cañón del Rudrón. En un entorno bellísimo, la profundidad del pozo permite advertir la tonalidad azul de las aguas subterráneas que han participado en procesos de disolución kárstica, creando una película de agua extremadamente cristalina y azulada que da nombre al manantial. La naturaleza es tan privilegiada en la comarca de Las Loras y de la Paramera de la Lora como hostil a la secular ocupación humana.

La rotundidad y protagonismo de las formas de relieve imprime carácter al territorio, dominado por los elementos naturales, que destacan como hitos de referencia indiscutible en el paisaje. Así es, a pesar de la temprana presencia humana en estas tierras, como lo atestiguan los numerosos dólmenes, castros y otros vestigios arqueológicos desperdigados en el territorio. Frente a una naturaleza poco generosa, los habitantes de estas tierras han tenido que amoldarse a un espacio con una trama física de imponente belleza morfológica pero repleto de inconvenientes en lo que respecta a su articulación y aprovechamiento. En efecto, las huellas de la acción humana son visualmente poco destacadas. Apenas un mero retoque en el paisaje.

Los habitantes de estas tierras han ceñido su vida, su poblamiento, sus vías de comunicación y su terrazgo a la angostura de los valles, arañando también algunos espacios de pastos y parcelas de cultivo a las superficies culminantes. En la Paramera, el terrazgo, escaso y discontinuo, ocupa
dolinas, uvalas y valles secos, estos últimos integrantes de un antiguo sistema de escorrentía, fosilizado desde el Cuaternario y disfuncional en la actualidad. La mayor profundidad de los suelos en estos sectores debido a la concentración de arcillas de descalcificación o terra rossa, ha permitido su ancestral puesta en cultivo, a pesar de la dureza del clima por la altitud y la falta de abrigo en estos espacios abiertos.

En contraste, el fondo de los cañones del Ebro y del Rudrón, así como los valles del río Moradillo y otros afluentes menores inscritos en la Paramera, disfrutan de un microclima más benigno debido al descenso en altitud y a la protección que les proporciona su encajamiento. Frutales y cultivos de huerta ocupan parte del terrazgo en estos angostos valles. Otro cultivo singular de la
comarca, es la patata de siembra. Es está una de las pocas zonas productoras de España, pues en este caso, el fresco clima veraniego permite obtener un producto de calidad, exento de virosis y enfermedades degenerativas, tan frecuentes en la patata.

miércoles, 18 de febrero de 2009

-Yacimiento Romano de Arce- Miraperez

Lo que hoy es una zona a las afueras de Miranda coincidente con buena parte de los terrenos de Arce-Mirapérez, la fábrica Rottneros y la urbanización El Lago, fue entre los siglos I y V después de Cristo una ciudad romana de importantes dimensiones. Una afirmación de gran calado que viene a desvelar que el entorno de la actual Miranda fue un punto destacado en la romanización de la Península Ibérica y que coloca a la ciudad como un núcleo de gran interés arqueológico, y si las administraciones apuestan por ello, como un posible y nuevo atractivo cultural y turístico para Miranda. Y todo gracias a la combinación de diferentes trabajos de investigación que ayer desveló el arqueólogo mirandés de la empresa Ondare Babesa, Rafael Varón, responsable de las excavaciones arqueológicas realizadas en los últimos años.

Por un lado se ha recopilado abundante información sacada en las excavaciones que ha deparado la extracción de numerosos restos arqueológicos, principalmente cerámicas y material constructivo, ya que se cree que los metales (como monedas) han sido extraídos a lo largo de los años de manera ilegal. Por otro (y es una de las novedades que permiten apoyar la existencia de la ciudad romana) se han aplicado técnicas de fotografía aérea en colaboración con la Universidad de Burdeos 3. Y en esas imágenes se ve perfectamente lo que los expertos han distinguido como la trama urbana de la ciudad con sus calles y diferentes espacios. «Son fotografías muy significativas, que permiten dimensionar el tipo de asentamiento ante el que nos encontramos, que en la bibliografía existente había sido catalogado como un yacimiento pequeño, un asentamiento rural de escasa entidad, incluso cronológica, y no es así», explica Varón, que hace actualmente su trabajo predoctoral sobre esta inédita investigación.

Y así, en las imágenes aéreas utilizadas ya en muchas otras investigaciones arqueológicas, se observa el discurrir simétrico de las calles y su ordenación, algo tremendamente válido para los investigadores ya que les permite dar una dimensión muy real a lo que allí había, y sobre todo a lo que puede haber bajo centímetros de tierra. «Nos hemos encontrado con una ciudad romana como Dios manda, que tiene unas 26 hectáreas de extensión», comenta el arqueólogo. Incluso, según cálculos hechos para otros asentamientos, alcanzaría los 6.500 habitantes, población que Miranda no tuvo hasta el año 1910. Un tamaño similar a otras ciudades de tipo intermedio de la época romana, similar a la Astorga o a la Pamplona de la época, menor que la Clunia burgalesa y también algo menor que la cercana Iruña-Veleia de Álava. «No es un yacimiento pequeño, es una población que articula el territorio de la cuenca de Miranda en la época romana», dice Varón, algo muy útil también para conocer mejor la romanización de la Península, que se revela con importantes ciudades cada ciertos kilómetros que servían para regular y administrar el territorio.

Un complemento. Pero el arqueólogo insiste en que estos documentos aéreos no tienen validez por sí solos, y por ello requieren de un trabajo arqueológico tradicional que viene a apoyar la existencia de este importante asentamiento. «Aquí tenemos el contraste de la foto aérea y las excavaciones», explica, algo que permite determinar la dimensión física, pero también la cronológica. En este apartado los restos recuperados son valiosísimos para los investigadores y así hay fragmentos de cerámica del siglo I en adelante procedente de talleres de Francia y de otros como los que había en el valle del Najerilla, unos de los alfares más importantes del imperio romano. «Tenemos materiales que cronológicamente funcionan mejor que el carbono catorce para datar en época romana que nos dan esa continuidad del asentamiento. Hay piezas de un taller muy específico, y lo sabemos porque las piezas tienen un sello, un sigilo, que permite identificar el taller en el que se hizo, y nos da una precisión con sólo 30 años de margen de error», aclara.

Muchos servicios. Todos estos descubrimientos permiten, si no asegurar, ya que haría falta la excavación completa de la ciudad romana, al menos si pensar en la dimensión funcional que tuvo. Y así, en función de los restos encontrado y del tamaño, se puede pensar que fue una población grande, con importantes servicios administrativos, religiosos, sanitarios e higiénicos, con foro y mercado… «¿Qué tenía?... Hoy por hoy se puede hacer un indicio, porque tenemos materiales que irían con ese tipo de edificios: ladrillos para hacer cámaras, capiteles de suspensura, piezas que no pueden ser de otra cosa que no sean edificios como termas, por ejemplo, y eso no sale en un asentamiento pequeño, sale en sitios grandes en los que ya hay servicios», argumenta. Todo, teniendo en cuenta que la construcción de la Fefasa y de El Lago, destruyeron restos en una época en la que además de no haber conciencia sobre el patrimonio, tampoco había muchos elementos de protección.

Fuente: diariodeburgos.es

martes, 3 de febrero de 2009

-El Desfiladero de Pancorbo


El alargado y estrecho desfiladero de Pancorbo es el único paso de entrada a la Castilla
meseteña. De gran interés geomorfológico, como modelo de incisión fluvial sobre materiales
calcáreos, el Desfiladero es un estrecho paso natural por el que se desliza el río Oroncillo en su
camino hacia el Ebro. Los cordales montañosos ibéricos que separan las dos grandes unidades
geográficas de la Meseta, antecedida por la Bureba, y la Depresión del Ebro, se rompen momentáneamente en Pancorbo para abrir un
pequeño pasillo. Esta sombría y angosta garganta fue lugar de paso para todos los pueblos desde tiempos inmemoriales. Celtas, romanos, suevos, vándalos, alanos, visigodos, bereberes, árabes, castellanos, navarros, soldados napoleónicos y carlistas utilizaron el desfiladero para refugiarse o emprender sus campañas.

Los restos de algunas de sus fortificaciones dan testimonio de su paso y estancia en el desfiladero. Desde el pueblo parte una empinada senda que permite ir ganando altura y alcanzar el mirador de la Peña del Mazo. También se puede acceder a lo alto del desfiladero desde otro sendero que nace en la ermita del Santo Cristo del Barrio, situada en pleno corazón de la garganta. Esta senda señalizada continúa paralela al río Oroncillo y permite recorrer el sector más espectacular del estrecho y alargado cañón. Desde lo alto se obtiene una hermosa perspectiva de la llanada de La Bureba y de los Montes Obarenes.

En amplias zonas aparecen formaciones de coníferas, como los pinos. En las laderas
umbrías y en las zonas más elevadas se dan las condiciones propicias para la aparición de manchas aisladas de hayas. Junto a éstas aparecen robles, avellanos y fresnos. En las laderas orientadas al sur crecen grandes extensiones de matorral de encina y coscoja, acompañadas casi siempre por abundantes ejemplares de quejigo. El sotobosque de encinares está formado por numerosos arbustos como madroños, jaras y romeros.

El entorno ecológico del desfiladero de Pancorbo es un enclave excepcional para las aves.
Una variada comunidad de rapaces anidan en los numerosos cortados rocosos. Entre ellas destacan el buitre leonado, el alimoche, el águila real, el halcón peregrino, el águila perdicera y el búho real.
En sus riscos anidaron también, hasta la década de los sesenta del siglo XX, los últimos quebrantahuesos burgaleses.
La fauna de este hermoso paraje se completa con mamíferos como la jineta, el turón, el jabalí, el corzo y el lobo. Los reptiles más significativos son el lagarto verde, el lagarto ocelado, la
lagartija colilarga y la culebra bastarda.