martes, 10 de abril de 2012

-Miradores de la Bureba.

Poder apreciar con detalle la diversidad de la comarca burebana hace que los miradores panorámicos sean la única forma ‘terrestre’ de poder echar un vistazo desde el cielo. Esto ha llevado a la proliferación de estos enclaves en puntos muy distintos de la comarca y en algunos casos a combinarlo con el doble objetivo de poner en valor el patrimonio arquitectónico.
Ayudados por la particularidad geográfica de la comarca burebana, de estar prácticamente rodeada de altos picos, ofrece un singular turismo aéreo con vistas sorprendentes, especialmente por los coloridos contrastes.
Así, en el mirador de El Portillo de Busto se comprueba la fusión entre las montañas de los Montes Obarenes que circundan esta parte de La Bureba y el interior del amplio territorio llano hasta su otra frontera montañosa. La diferencia de vegetación apreciable desde este punto tiene un efecto camaleónico al ser radicalmente distinta según la estación en la que se le visite.
Incluso la meteorología ofrece irrepetibles efectos como un auténtico mar de nubes sólo apreciable desde este privilegiado punto.

La naturaleza también es la protagonista en el mirador de Lences de Bureba desde donde se divisa en estas fechas el manto blanco de los almendros en flor como si fueran la vanguardia de la floración del cerezo en el Valle de las Caderechas. Casi enfrentado esta el mirador de Poza de la Sal, situado a tiro de piedra del monumento a Félix Rodríguez de La Fuente.
Desde él, una incomparable imagen del Diapiro de Poza enseña una formación geológica única en el mundo y permite ver en su extensión las salinas de Poza que se extienden a derecha e izquierda del mismo.
Con otra filosofía, los miradores de Pancorbo y Monasterio de Rodilla combinan la espectacularidad de la naturaleza con el pisar lugares donde se forjo la historia de la comarca. Así, en el primero instalado en la recuperada fortaleza de Santa Engracia se observa el impresionante desfiladero que muestra toda su salvaje naturaleza cortada a pico que transforma en simples juguetes las obras fruto de la mano humana. Esta altitud permite mirar literalmente cara a cara a los grandes ejemplares de buitres que anidan en la zona mostrando en sus vuelos un bello aspecto muy distinto con el que comúnmente se les conoce.

Fuente:  http://www.elcorreodeburgos.com/

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