miércoles, 31 de octubre de 2007

-Monte Hijedo.


En pleno Alfoz de Santa Gadea, en el extremo noroccidental de Las Merindades, se encuentra el Monte Hijedo, una de las masas forestales caducifolias mejor conservadas de Castilla y León. La vegetación se extiende como una frondosa mancha verde por una ondulada orografía.
Entre la masa boscosa se intercalan verdes praderas en las que pastan libremente vacas y
yeguas con sus crías. En las 9.500 hectáreas de bosque del Monte Hijedo destacan, sobre todo, dos especies de robles, robur y petrea. Pero en este singular bosque atlántico también crecen hayas, abedules, alisos, arces, acebos y tejos.

El bosque encierra en su umbrío y profundo corazón una llamativa sorpresa: un magnífico y singular conjunto de tejos milenarios. El follaje verde oscuro de estos mágicos árboles destaca con fuerza entre los árboles caducifolios. Formando misteriosos rincones, los grandes tejos tienen la peculiar querencia de crecer sobre las rocas.
Entre la fauna de este paraje único encontramos lobos, corzos, jabalíes, gatos monteses y desmanes de los Pirineos. Entre las aves destacan águilas reales, gavilanes, azores y, especialmente, pitos negros, una especie en vías de extinción.
En medio del bosque se encuentra la llamada Cabaña de Hijedo, una airosa construcción compuesta por palacete y ermita, que se encuentra en regular estado de conservación. Otra construcción singular es la casa-torre de Riopanero, del siglo XVIII, en donde está previsto albergar un centro de interpretación de Monte Hijedo.

martes, 30 de octubre de 2007

-Puertas de la Catedral de Burgos.


La catedral de Burgos consta de cuatro puertas principales de entrada:

- Puerta de Santa María o Real o del Perdón.
Es su puerta principal. Terminada a mediados del siglo XIII, está situada en la fachada principal y antiguamente constaba de tres grandes arcos decorados con iconografía mariana. Tuvo que ser reconstruida en el siglo XVIII, desapareciendo gran parte de la original ornamentación gótica. Aún se conservan cuatro estatuas, organizadas de dos en dos a ambos lados de la puerta, representándose en ellas a Alfonso VI, el Obispo Asterio, Fernando III y el Obispo Mauricio.-


-Puerta del Sarmental.
Construida en torno al año 1230. Es uno de los grandes ejemplos de la escultura gótica española. Consta de un tímpano, rodeado por tres arquivoltas en la que se representan los ancianos del Apocalipsis y varios coros de ángeles. En el tímpano se encuentra la figura de Jesús en majestad, flanqueado por los símbolos de los Tetramorfos (cuatro evangelistas). Bajo el tímpano un dintel con doce figuras sentadas representando a los apóstoles. La puerta está dividida por un parteluz en la que aparece una moderna estatua (sustituyendo a la deteriorada original) en la que se representa un obispo, tradicionalmente se dice que es Don Mauricio, aunque bien pudiera ser don Asterio de Oca o San Indalecio. En las jambas se encuentran esculpidas seis figuras, cuatro de las cuales representan a Moisés, Aarón, San Pedro y San Pablo.

-Puerta de Pellejería o Corralejo.
Fue mandada construir por Juan Rodríguez de Fonseca en 1516 a Francisco de Colonia para que por ella pudieran entrar al templo los habitantes del barrio de pellejeros. De estilo renacentista aunque con algún que otro recuerdo del ya extinto por entonces arte gótico. En ella tenemos relieves a modo de retablo esculpido en piedra representando a San Juan Bautista, San Juan Evangelista, Santiago y San Andrés, así como dos relieves de dos martirios y una representación del obispo Fonseca arrodillado ante la Virgen.

-Puerta de Coronería o Cordelería o Alta o de los Apóstoles.
Está fechada en 1250 y su autor el maestre Enrique. En el tímpano se representa la escena del Juicio Final, con Cristo en trono rodeado de La Virgen y San Juan Bautista, en su parte inferior se encuentra una representación de San Miguel pesando las almas y separando a ambos lados los salvados y los condenados al infierno. Tres arquivoltas rodean al tímpano representando ángeles y escenas del Juicio Final. Unas amplias jambas tienen esculpidas imágenes de los doce apóstoles. Esta puerta estuvo abierta hasta el año 1786 y por ella entraban los habitantes los peregrinos del Camino de Santiago que venían por el camino Francés y gentes del barrio de Coronería y barrios altos de la ciudad cruzando a través de ella y bajando por la escalera dorada. Se cuenta que fue Napoleón el último en pasar por ella y bajar la escalera dorada cuando venía de pernoctar en el palacio de Castilfalé, situado frente a esta puerta.

lunes, 29 de octubre de 2007

-La alimentación de los celtíberos.


La alimentación Celtibérica del siglo II a de C era rica en componentes vegetales y frutos secos (como la bellota), y también incluía vaca, cabra, oveja, ciervo, corzo, jabalí, perdiz, codorniz, hongos, la famosa “Caelia Celtibérica (cerveza de trigo)”, vino (adquirido a los mercaderes que remontaban el Duero) e hidromiel (vino fabricado a base un fermento de agua y miel, muy abundante en la Celtiberia del Alto Duero).

Junto a la ganadería de cabras, vacas y ovejas, y a la agricultura del cereal, los bosques proporcionaban el resto de los elementos que servían de base para la alimentación de los celtíberos, abundantes frutos, bellotas (con las que se fabricaban harinas, al igual que con los cereales) y otros vegetales, componentes fundamentales de la dieta de los celtíberos, así como abundantes setas y hongos, de consumo frecuente. Los pescados se limitaban habitualmente a los de agua dulce que habitaban los ríos.


Por lo tanto, básicamente comian carne y pan y bebían vino con miel, como nos
indica el texto de Apiano: “Comen carnes variadas y abundantes y como bebida toman vino con miel, pues la tierra da miel suficiente y el vino lo compran a los mercaderes que navegan hasta allí”. A través de este texto se pueden apreciar las relaciones de esta zona con los vacceos del Duero Medio.
La falta de vino era sustituida por la denominada caelia, su bebida preferida, que, según Orosio, se hacía de trigo fermentado, extrayendo por medio del fuego el jugo del grano de la espiga humedecido, seco después y reducido a harina y mezclándolo con un jugo suave, cuyo fermento le daba sabor áspero y un calor embriagador.
“Cenan sentados en semicírculo en unos bancos construidos contra la pared; dan el primer asiento a la edad y al honor; comen en rueda...”: aunque Estrabón refiere este texto a los montañeses del Bajo Duero, es aplicable a los de esta zona. De hecho, esta costumbre -de comer en círculo en torno a un recipiente único por riguroso orden con una cuchara de hueso o madera y un pequeño cuchillo o navaja, con la que pinchaban la carne y se cortaba sobre el pan- ha sido característica en los pueblos de esta zona.

Los celtíberos no utilizaban cubiertos, tal como los conocemos hoy en día. La comida se colocaba en el centro y, ayudados por sus cuchillos o puñales, "pinchaban" la comida que se consumía con la ayuda de las tortas de harina de cereal o bellotas... y las manos. También utilizaban rudimentarias cucharas de madera pero, por ejemplo, no utilizaban tenedores o instrumentos parecidos.

domingo, 28 de octubre de 2007

-Covarrubias



La villa de Covarrubias se halla emplazada a orillas del Arlanza, con los sugerentes relieves
calizos de la Sierra de las Mamblas como telón de fondo. La multitud de cavidades de color ocrerojizo
que se abren en las paredes rocosas del entorno, debidas a los procesos de karstificación de la
caliza, han dado su nombre a Covarrubias.

Estas tierras fueron habitadas por el hombre desde tiempos del paleolítico. De la Edad del Bronce quedan restos de un hacha plana. Los primeros pobladores conocidos de Covarrubias fueron los Turmódigos, tribu ibérica pre-romana extendida por gran parte de la provincia de Burgos, como otras tribus de filiación celtibérica. Ellos fueron los primeros en habitar en el entorno inmediato de la Villa. Muchos de sus castros se hallaban ubicados en los altos, podemos ver los restos de un poblado protegido por una incipiente muralla de piedras apiladas en la Muela, en la cercana sierra de Mamblas.
Cerca de Quintanilla de las Viñas, existen vestigios de un poblado celta, como celtas son las estelas funerarias de Lara.
Una vez romanizada, se estableció un castro defensivo y en el llano una pequeña población de la que se han encontrado restos de cerámica, monedas, una ara votiva dedicada al dios Júpiter y restos de inscripciones en las cercanias de la ermita de Redonda y en torno a la iglesia de Santo Tomás.
La huella romana subsiste en el puente que accede a la villa, en el severo torreón ciclópeo -de base probablemente ibera- y en los descubrimientos del Llano de Redonda. La relativa proximidad de la fabulosa Clunia, tuvo que dejar necesariamente muestras de su influencia iberica y romana.
Se mantiene la creencia de que durante la época visigoda es la primitiva iglesia de San Cosme y san Damián. Mandada levantar por el Chindasvinto en el siglo VII, hacia el año 645. Así como el levantamiento de la muralla que rodeaba a la población que quedó arrasada unos años más tarde, hacia el año 737, por los árabes, después de dar muerte a los religiosos del monasterio y a su abad Astorgio.
Durante los decenios siguientes, la meseta se convierte en una tierra de nadie, despoblada y abandonada hasta finales del siglo IX, cuando aparece la inmensa figura de Fernán González, Conde Soberano de Castilla.
El joven conde Fernán González gustaba de descansar en esta villa, en el palacio que tenía su madre Munniadonna. A lo largo de su vida, aunmentó considerablemente su relación con Covarrubias.
Garcí Fernández, su hijo, tomó el relevo en la reconquista a los sarracenos y la unificación de Castilla. A él se debe el engrandecimiento de Covarrubias.
En el año 972 los abades Velasco y Martín con los demás monjes de Valeránica ceden la iglesia y la villa de Covarrubias al conde Garci Fernández a cambio de las aldeas cercanas de San Román, Licinio y Cornelianos, y funda el Infantado de Covarrubias, con lo que la villa se convierte en capital de un extenso territorio eclesiástico, civil e independiente.
En un principio, sería disfrutado por su hija Urraca. La infanta gobernadora sería la única con poder pleno sobre todo lo ubicado en tal demarcación: la que resolvería cuanto fuera preciso a tenor de sus amplísimas atribuciones, la que, en suma, anularía la autoridad del Conde Soberano de Castilla o del mismo rey. Todos cuantos habitaran en tal jurisdicción pasarían a ser vasallos directos de la Infanta. Como los dominios del Infantado iban a dispersarse por un área muy amplia (gran parte de las provincias actuales de Burgos, Santander, Alava, Logroño y Palencia) sus habitantes podrían circular por toda Castilla con entera libertad.
En sus comienzos el infantado de Covarrubias comprendería setenta villas e iglesias, veinte monasterios, infinidad de caserios, quintas, montes, prados, pozos de sal, etc.
El infantado atravesó una grave crisis a la muerte de doña Sancha, infanta de Covarrubias, y del rey de Castilla Sancho III. Nadie podía ocupar la vacante, y Alfonso VIII confió al Arzobispo de Toledo la célebre institución. Pero Fernando III el Santo -nieto de Alfonso VIII- consumó la restauración a instancias de su madre doña Berenguela. Este soberano reunió los miembros separados, devolvió su autonomía primitiva y no habiendo en Castilla Infanta, instauró en su gobierno al Infante don Felipe.
Fue don Felipe uno de los varios hijos que Fernando III tuvo Beatriz de Suavia. Vivió durante sus primeros años bajo la tutela de su abuela doña Berenguela, y queriendo ésta que el niño se inclinára por la carrera eclesiástica le puso por maestro al Arzobispo de Toledo, don Rodrigo. En 1248 quedó vacante la abadía de Covarrubias y don Fernando III presentó a su hijo para esta dignidad. Pero la aparición de la princesa Kristina de Noruega, hija del rey Haakon Haakonson, en Castilla, segó la vida religiosa de Felipe. Ambos se casaron el día 31 de Marzo de 1258 en Valladolid.
Pero la dulce princesa nórdica, muere de melancolía en Sevilla, tras cuatro años de matrimonio, encerrada en su palacio, añorando los fiordos noruegos, y su vida en Tönsberg. Fue enterrada en la colegiata de Covarrubias.
Pero fueron los siglos XV y XVI los siglos de plenitud para esta localidad. En esta época experimentó un gran desarrollo urbano, ampliándose con tres arrabales situados en las salidas de los caminos principales que parten de Covarrubias. La prosperidad de la abadía y de la villa así como la situación de privilegio con la que contaban, aparece una clase acomodada de clérigos e hidalgos cuyas empresas dejarán su impronta en la vida pública de España. Durante el siglo XV se reedifica la iglesia de Santo Tomás y la nueva colegiata, mostrando la riqueza del gótico burgalés. En el siglo XVI se añade el claustro sustituyendo al románico anterior. En Covarrubias nace en 1524 el “Divino” Vallés, médico personal de Felipe II.
A mediados de siglo se restaura el palacio de Fernán González y unos años más tarde se comienza la construcción del Archivo del Adelantamiento de Castilla, creado por una orden de Felipe II. Durante los últimos años del siglo XVI, Covarrubias vio reducida su población por una mortal epidemia que asoló a toda España. Así en 1590 Francisco Valles mandó demoler sus murallas para una mejor ventilación de la villa. A partir de 1759, y con la desaparación de la Abadía, los privilegios quedaron anulados, y si alguno de carácter civil logró subsistir, solamente alcanzó al reinado de Isabel II, durante el que fueron abolidos todos definitivamente.
Son años de decadencia, en los siglos siguientes, XVII, XVIII y XIX apenas hay hechos significativos. Ya en el siglo XX, un gran incendio amenaza con la destrucción de la Colegiata, pudiéndose salvar todo el tesoro gracias a la rápida actuación de los vecinos.
Los escenarios no han cambiado demasiado. Aún podemos contemplar la Villa tal y como la viera el buen conde Fernán González desde el Piélago, cuando volvía del monte de Retuerta de cazar.

viernes, 26 de octubre de 2007

-Caries y poco desgaste en los dientes de los homínidos de Atapuerca de hace 4.000 años



Los homo sapiens que hace entre 4.400 y 4.100 años habitaban la Cueva El Mirador de Atapuerca (Burgos) padecían caries y sarro (placa bacteriana), pero sus dientes sufrían poco desgaste porque consumían alimentos muy procesados.

Así se desprende del estudio realizado por Marina Lozano, investigadora del Instituto Catalán de Paleoecología Humana y Evolución Social (IPHES), con sede en Tarragona y del Equipo Internacional de Atapuerca (EIA).

La investigación se ha basado en el análisis de 65 dientes correspondientes a seis individuos descubiertos en el yacimiento durante los años 1999 y 2000, aunque sólo han sido de utilidad las 30 piezas posteriores (premolares y molares) halladas, ya que 'son los dientes con los que masticamos y, consecuentemente, son los que tienen más contacto con la comida', ha explicado hoy a Efe Marina Lozano. El estudio de estas piezas indica que estos individuos 'se desenvolvían en una sociedad agraria y ganadera de la edad de Bronce, controlaban procesos culinarios, como el hecho de hervir la comida, y conocían la cerámica, con la que podían cocer los alimentos'.

El desgaste dental observado y la presencia de placa bacteriana y de caries indican que comían carne y vegetales y, gracias a 'las evidencias arqueológicas' se sabe que, en concreto, se nutrían de ovicápridos, ciervos y jabalíes, así como de cereales, como el trigo, y algunas leguminosas como los guisantes', ha agregado Lozano.

'Los alimentos estaban muy procesados y elaborados porque no han dejado casi desgaste en los dientes', señala Lozano, quien añade que 'la cocción que practicaban de los productos facilitaba que al comérselos éstos estuvieran ya muy blandos, fueran poco abrasivos y, por ello, no desgastaban demasiado los dientes'.

La investigadora ha comparado la dentición de los antiguos habitantes de El Mirador con otro estudio de 1999 sobre los dientes descubiertos en otros yacimientos de Atapuerca, concretamente de las piezas posteriores de los individuos de la Sima de los Huesos, correspondientes a la especie homo heidelbergensis, de unos 400.000 años de antigüedad.

Los resultados obtenidos 'constatan una gran cantidad de estrías en el esmalte dental', lo que significa que tenían una dieta integrada por carne y alimentos de origen vegetal, como raíces, tubérculos y hoja, 'muy abrasiva, con una importante presencia de alimentos poco procesados'.

'Esta diferencia en la dieta responde a las diversas maneras de procesar los alimentos que tenían ambos grupos', recuerda Lozano, que apunta que 'los 300.000 años que los separan fueron claves para aprender a controlar y utilizar el fuego, elaborar los objetos cerámicos con los cuales cocinar y acceder a productos cultivados'.

De la comparación de ambos estudios se desprende que la dentadura de los homo sapiens de hace 4.000 años 'era muy similar a la nuestra, con poco desgaste y problemas como la caries', mientras que hace 400.000 años 'la situación era la contraria, ya que casi no se apreciaba la corona de los dientes, que, en cambio, no tenían enfermedades'.

La ausencia de caries o sarro en esa época se debe a 'la práctica inexistencia de carbohidratos y azúcares en la dieta', unas sustancias que empezaron a aparecer en la comida a partir del Neolítico.


Fuente: Terra.es - EFE

jueves, 25 de octubre de 2007

-Aranda de Duero

La villa de Aranda de Duero se encuentra situada en el extremo sur de la provincia de Burgos.
Su tradicional vitalidad y privilegiada situación geográfica le han convertido en la capital de la Ribera del Duero. Desde sus orígenes, se configuró como un lugar de paso al encontrarse muy próxima a las capitales de provincia de su entorno como Burgos, Valladolid, Palencia o incluso Madrid.
En cuanto a los orígenes de la población, carecemos de testimonios escritos o arqueológicos que puedan certificar un posible asentamiento prehistórico o romano, lo que nos obliga a fechar su nacimiento en los momentos posteriores a la llegada de los cristianos a la línea del Duero en el 912.
Aranda ofrece una peculiaridad respecto a las más notables villas de su entorno ya que no consta
que naciera como plaza militar fortificada, sino, más bien, como enlace de comunicación entre las tierras del Norte y el Sur del Duero. Por eso, su nacimiento y, sobre todo, su consolidación como villa debemos relacionarlo con el momento en que los castellanos se sentían seguros más allá del río, lo que no sucedió sino en las décadas posteriores a la muerte de Almanzor y a la posterior
desmembración del califato de Córdoba, en la década de los treinta del siglo XI. Cuando, tras la
conquista de Toledo en el 1085, la línea fronteriza cristiano-musulmana se trasladó definitivamente a la línea del Tajo, la Meseta Norte se sintió dueña de su destino y sus aldeas, villas y ciudades pudieron desplegar su vitalidad sin trabas ni ataduras exógenas. Fue éste el momento en que Aranda se afirmó como una villa dinámica y próspera.

El primer dato documental de la existencia de Aranda nos lleva al año 1088, cuando se celebró el Concilio de Husillos, en el que las diócesis de Burgos y la de Osma se enfrentaron por el poder territorial de esta villa ribereña. La cuestión no se solucionó hasta 1136, cuando se acordó integrar estas tierras en la diócesis de Osma.
Hasta el siglo XIII no vuelven a encontrarse referencias de Aranda; en concreto, existe un documento conservado en el Archivo Municipal arandino donde Fernando III dona ciertas heredades en el término de Aranda. En 1291, el rey Sancho IV expide un documento en el que se reafirma la condición de villa realenga de Aranda, situación que se mantendrá a lo largo de todos lo siglos medievales y modernos. La reina Juana, consorte de Enrique IV, se convirtió en señora de Aranda en 1461, tras conocer en esta villa que se encontraba embarazada de la futura Juana La Beltraneja.

En 1473, Aranda vivió uno de sus momentos más importantes al elegirse la iglesia de San Juan como lugar de celebración el Concilio Provincial de la Archidiócesis de Toledo, presidido por el obispo Alonso Carrillo de Acuña. En sus sesiones se trataron asuntos de interés tanto religioso como político, y, entre éstos, uno de los más importantes fue la unificación de criterios para apoyar la causa de la reina Isabel en su disputa por el trono de Castilla frente a los partidarios de La Beltraneja.
Además del templo de San Juan, a finales del siglo XV se levantó la magnífica iglesia de Santa María, en la que destaca su deslumbrante portada principal, obra tardogótica atribuida a Simón y Francisco de Colonia, y el conjunto arquitectónico del edificio.
Podemos decir que los siglos XV y XVI fueron unas centurias muy prósperas para Aranda, que se convirtió en foco de atracción para las familias nobles de la comarca, que se animaron a construir sus palacios y casas solariegas en la villa, como fue el caso de los Acuña, Rojas, Avellaneda, etc, destacando entre todas la casa de los Berdugo.

El esplendor alcanzado por la villa se pone de manifiesto también en su desarrollo urbanístico, imparable a lo largo de toda la Edad Media. Entre los siglos XI y XII se fortificó mediante una cerca o muralla que contaba con una serie de entradas, de las que sólo se conserva la puerta del Duero. Fuera de este espacio comenzaron a desarrollarse importantes arrabales en la zona que se conoce como Plaza del Trigo, dedicada al comercio de dicho cereal, y la Plaza Nueva (actual plaza Mayor), donde se celebraban los mercados y ferias, al amparo de los privilegios concedidos por la reina Juana. Muchas calles reciben el nombre de los productos que en ellas se vendían (Aceite, Sal, Miel...) o de sus establecimientos (Hospicio y Boticas). En los siglos XIV y XV, se procedió a la construcción de una segunda muralla, para incorporar los espacios anteriores, dejando fuera otros (barrio de San Gregorio, San Francisco, Tenerías, Fuenteminaya...). La Plaza Mayor, la calle San Francisco o la Plaza del Trigo quedaron porticadas para favorecer el desarrollo de las actividades comerciales, además de proteger del frío y la lluvia. Una magnífica imagen de la villa la tenemos en el plano de la localidad, fechado en 1504, que se conserva en el Archivo de Simancas, en el que se ven las principales plazas, calles y edificios del lugar, muchos de los cuales aún se conservan.

En las afueras de Aranda de Duero se encuentra la Ermita de Nuestra Señora de las Viñas,
patrona de la Villa, renovada a mediados del siglo XVI y muy reformada en tiempos modernos. Su origen se relaciona con la supuesta aparición milagrosa, en tiempos de Ramiro I, de una imagen de Nuestra Señora a un labrador, en una viña. En este lugar, según la tradición, los habitantes arandinos levantaron una pequeña ermita donde venerar esta efigie mariana.

miércoles, 24 de octubre de 2007

-Dolmen del Moreco. Huidobro.



El túmulo de El Moreco, datado en el 3.200 a.C, es el más espectacular de todos los de La
Lora. Se encuentra situado en las proximidades de la Hoya de Huidobro, en un amplio valle seco. De planta circular, llegó a medir más de 27 metros de diámetro por más de 2 metros de altura. Su estructura presenta un modelo complejo en el que el recinto megalítico aparece protegido por varias capas a modo de coraza. Los numerosos saqueos a los que ha sido sometido han hecho que tan sólo se conserven cinco ortostatos de la cámara, de los cuales dos presentan pinturas de color rojo que representan de manera esquemática figuras humanas con una finalidad ritual. Asimismo, debido al expolio, únicamente fueron encontrados unos cuantos restos óseos y de ajuar. Gracias al hallazgo de una madera de roble quemada en la base del monumento, fue posible conocer su fecha mediante un análisis de carbono 14.

martes, 23 de octubre de 2007

-Alfonso I El Católico.



Si con el nombramiento de Pelayo como rey de los astures en el año 718 se daba origen legendario al primer núcleo de resistencia frente al Islam en el norte de la península, será con su yerno Alfonso I con quien el reino astur se consolide y dirija sus miras hacia los territorios del sur. Los cristianos de la cornisa cantábrica ven despejado su horizonte y se marca un punto de inflexión en su trayectoria, de ahí la importancia que para la historia de nuestro país tiene este monarca, apodado "El Católico" por su interés en potenciar la religión cristiana en sus dominios.

Alfonso I sucede a Favila, hijo de Pelayo, cuyo reinado duró apenas dos años, del 737 al 739. El final de sus días llegó de forma terrorífica, cuando un oso le despedazó mientras disfrutaba de unas jornadas de caza, a las que era muy aficionado. El joven monarca apenas tuvo tiempo para consagrar la ermita de la Santa Cruz, construida en Cangas de Onís, capital del reino, como recuerdo del triunfo de su padre en Covadonga.

Nacido en el año 693, Alfonso I era hijo del dux Pedro de Cantabria. Se casó con Ermesinda, hija de Pelayo, con lo que a la muerte de Favila, se convirtió en único heredero del trono, lo que constata la tradición matrilineal propia de la sociedad gentilicia astur.
De esta manera se unirán a los territorios originarios del reino, los dominios de su padre Pedro, dando lugar a una extensión formada por Cangas de Onís, Liébana, Transmiera, Sopuerta, Carranza y Bardulia, que según la Crónica de Alfonso III, correspondía a la primitiva Castilla, que se situaba en el norte de la actual provincia de Burgos, cuyo límite meridional quedaría fijado por el río Ebro, en territorio fronterizo con los vascones.
El inicio del reinado de Alfonso I, en el año 739, coincide con un enfrentamiento civil en Al-Andalus entre bereberes y árabes. Los primeros, que estaban al frente de las guarniciones de la Meseta Norte, abandonan sus posiciones dejando el terreno libre para un hábil Alfonso, que viendo una gran oportunidad para afianzar su territorio, se lanza hacia el oeste incorporando a su reinado la diócesis de Iria Flavia, con lo que abre sus dominios a la costa gallega, que desde entonces, queda incorporada al reino astur.
Hacia el 750, una enorme hambruna y una epidemia de viruela merman los territorios del valle del Duero, ya de por sí despoblados, lo que favorece las incursiones de los astures. La Crónica de Alfonso III nos dice que acompañado de su hermano Fruela, "llevó a cabo muchos combates contra los sarracenos y capturó muchas ciudades que éstos habían ocupado. Esto es, Lugo, Tuy, Oporto, Braga, Viseo, Chaves, Ledesma, Salamanca, Zamora, Ávila, Segovia, Astorga, León, Saldaña, Mave, Amaya, Simancas, Oca, Veleya, Alavense, Miranda, Revenga, Carbonera, Abalos, Briones, Cenicero, Alesanco, Osma, Clunia, Arganda, Sepúlveda, con todos sus castros, con villas y aldeas..."
Muy optimista se mostraba el cronista, en la Albeldense, se nos dice simplemente que "invadió victorioso las ciudades de León y Astorga, poseídas por los enemigos, asoló los Campos que llaman Góticos hasta el Duero y extendió el reino de los cristianos..."
Sin tomarlas al pie de la letra, el relato de ambas Crónicas nos permite trazar los límites entre Al-Andalus y el reino astur durante el reinado de Alfonso I. Saldaña, Mave, Amaya, Oca y Miranda constituirían una primera línea fronteriza, que los musulmanes protegerían con centros fortificados más alejados, como Astorga, León, Clunia y Osma. En el Valle del Ebro, las fortalezas de Miranda, Revenga, Carbonera, Abalos, Briones, Cenicero y Alesanco constituirían el limes de los territorios vascones.
El objetivo de las incursiones dirigidas por Alfonso I sería el de crear una gran franja fronteriza, en su mayoría despoblada, que supusiera un cordón de seguridad frente a los musulmanes. Esto explica que, según la Crónica de Alfonso III, se dedicara a eliminar los núcleos de población musulmana y a llevarse a los habitantes cristianos hacia las zonas más seguras del norte peninsular.
Este fenómeno permitió la introducción de formas de vida visigodas en los núcleos poblaciones de la cordillera cantábrica y la costa gallega, que dejaron una cierta influencia en la centralización del poder y en el régimen de servidumbre, claves para entender el futuro desarrollo del reino astur. Así también, en este fenómeno encontramos la base del surgimiento del neogoticismo, que inculcó entre los astures la idea de Reconquista.

A pesar de sus incursiones, Alfonso I no consiguió establecer un dominio estable sobre las zonas del Valle del Duero, pero sí que logró despoblar de enemigos extensas franjas del norte peninsular. Desde entonces, los musulmanes establecieron tres marcas fronterizas, las de Zaragoza, Toledo y Mérida, altamente fortificadas. El Valle del Duero se convirtió en escenario de continuas escaramuzas bélicas entre los reinos cristianos del norte y Al-Andalus.
De su matrimonio con Ermesinda, Alfonso I tuvo tres hijos: Fruela, Vimarano y Adosinda. Tras enviudar, engendró otro vástago de una cautiva, al que llamó Mauregato. A su muerte, fue su hijo Fruela quien le sustituyó, reinando desde el año 757 hasta el año 768.
A parte de las incursiones militares, Alfonso I mostró una gran preocupación por engrandecer y enriquecer la capital de su reino, Cangas de Onís, potenciando a su vez la vida cristiana, lo que le valió el apelativo posterior de "El Católico". Fundó el monasterio de San Pedro de Villanueva, junto a Cangas, y el de Santa María de Covadonga, cuyo aspecto se desconoce, pero que bien pudieron ser la incipiente muestra de un estilo arquitectónico propio, que comenzaría a gestarse en este momento y que alcanzaría su mayor esplendor a partir del reinado de Ramiro I.
Alfonso I murió en el año 757, rodeado de una aureola de santidad y sus restos reposan en la santa Cueva de Covadonga, junto a su mujer Ermesinda.


Fuente:ARTEGUIAS: Mario Agudo












domingo, 21 de octubre de 2007

-Hasta siempre, Juan Antonio Cebrián.



Hoy nos ha dejado un genio, una de esas personas que dejan su huella en nuestro corazón, una persona que sin conocerla le consideras como un amigo del alma.
Nos ha dejado un gran comunicador, una excelente persona, un amigo de todos, un amigo de la vida y un poeta de la historia.
Los que no pudimos estudiar historia nos interesamos en ella gracias a tí.
La semilla que has plantado germina en nuestras mentes y en nuestros corazones.
Hasta siempre amigo Cebrian

"No contempleis mis cenizas con tristeza.

Ya no estoy aquí.

Ahora formo parte del Universo.

Soy polvo de estrellas,

Soy el rumor de los vientos,

Soy el resplandor de un diamante en la nieve

Soy la luz del sol que hace madurar el grano,

Soy la suave lluvia del otoño.

Cuando os desperteis al alba silenciosa,

Soy el viento que eleva a los pájaros tranquilos,

Soy la estrella suave que resplandece en la noche.

No acompañeis mis cenizas con nostalgia.

Ya no estoy aqui.

No lloreis por mi.

Me tendreis con vosotros en las pequeñas cosas. "

sábado, 20 de octubre de 2007

-Conjunto Megalítico de la Paramera de la Lora.

Desde el IV milenio a.C, las poblaciones neolíticas de una buena parte del entorno mediterráneo y de la fachada atlántica europea adoptaron la costumbre de enterrar colectivamente a sus muertos en el interior de grandes construcciones de piedra conocidas como dólmenes o construcciones megalíticas. La extensión de este fenómeno por la Península Ibérica fue extraordinaria, exceptuando únicamente el curso inferior del río Ebro, el litoral valenciano y el sector oriental de la submeseta sur.
Uno de los espacios donde encontramos una notable cantidad de monumentos megalíticos es en la Paramera de la Lora burgalesa. A partir del II Milenio, los megalitos fueron perdiendo su sentido funerario, aunque su atractivo perduró a lo largo de la historia como lo demuestra la existencia en ellos de objetos de época romana, medieval y moderna.

Los megalitos son considerados como la primera huella visible y perdurable de tipo constructivo dejada por el hombre en el territorio. Éstos tenían una finalidad muy clara: convertir la tumba en un elemento destacado del entorno. Por ello, siempre aparecen en lugares prominentes y con potencialidades agrarias, pues su ubicación no es azarosa, sino que responde a intereses estratégicos y socioeconómicos. Así se explica su presencia cerca de manantiales y siempre en espacios susceptibles de ser cultivados, para asegurar la vida de las poblaciones allí asentadas.
Hoy día los dólmenes están al lado de parcelas cultivadas, lo cual es bien significativo siendo el terrazgo existente en la Paramera escaso y discontinuo, por la poca aptitud de la mayor parte del terreno para su aprovechamiento agrícola.

Los dólmenes se componen de dos elementos bien diferenciados funcionalmente: uno “interno”, estrictamente megalítico, que actúa como recinto funerario principal, y otro “externo”, denominado túmulo, cuyo objetivo es dar consistencia y resaltar todo el conjunto. En la Península Ibérica presentan siempre planta circular, y en concreto, los de La Lora responden, en su mayoría, al denominado sepulcro de corredor. Reciben este nombre porque a la dependencia principal o cámara, más o menos circular, se añade un pasillo de acceso, el corredor, construido con bloques de menor tamaño, que comunica el área funeraria con el exterior.

Fueron lugares de enterramiento colectivo, como lo demuestran la formación de grandes depósitos de huesos en su interior. Los enterramientos tienen diferente cronología. Esto indica que los megalitos se utilizaron de forma ininterrumpida durante varios siglos. Muchos han sufrido un expolio sistemático y al ser excavados, los osarios se hallan muy revueltos. Frecuentemente, junto a los enterramientos hay una serie de objetos de piedra, hueso y cerámica, a modo de ajuar funerario.
Los monumentos conservados que han sido restaurados y señalizados para su visita turística son el Dolmen de la Cabaña en Sargentes de la Lora, el de Las Arnillas, en el término de Moradillo de Sedano, el magnífico túmulo de El Moreco, en Huidobro, La Cotorrita, en Porquera de Butrón y el dolmen de Valdemuriel, en Tubilla del Agua.