Cuando en 1958 se abrió el sarcófago de la princesa Kristina no sólo aparecieron sorprendentemente bien conservados sus restos; junto al esqueleto, y perfectamente legible, se halló también un pergamino con un poema escrito en castellano y varias recetas médicas para el mal de oídos. Durante una visita a Covarrubias el escritor Jesús Maeso de la Torre conoció éstos y otros detalles en torno a la figura, durante siglos olvidada, de la soberana nórdica enterrada en aquel insólito rincón de Castilla. Y supo que estaba ante una gran historia. El resultado es La cúpula del mundo, obra galardonada con el II Premio Caja Granada de novela histórica y que ha llegado a las librerías de la mano de la editorial Grijalbo.
«La aventura de Kristina de Noruega, su paso por España y su enterramiento final en Covarrubias es como un cuento de hadas, una historia mágica, sobrenatural, maravillosa», ha explicado a este periódico el autor, que se encuentran en plena promoción del libro. Maeso ha compuesto una obra ambiciosa, magníficamente documentada y escrita con gran pulso narrativo. La historia gira alrededor del amor imposible de la princesa con el médico personal del rey Alfonso X, pero es a la vez un fantástico retrato de la Europa del siglo XIII y de las ambiciones del monarca castellano, llamado a ser el líder espiritual e intelectual del mundo.
Autor de una decena de novelas históricas, Maeso habla con fascinación de Kristina: «Era una mujer hermosa y muy culta, que hablaba latín y francés perfectamente, y que llegó a una corte casi prerrenacentista procedente de otra mucho más salvaje. He tratado de describir el impacto que tuvo que sentir al abandonar el país de la bruma, los fiordos, la noche eterna por un Castilla gobernada por un hombre cultísimo, ‘el asom bro del mundo’, como se le definió en París». El autor de La cúpula del mundo también sostiene la teoría de que Alfonso X había pensado en Kristina no tanto para desposarla con uno de sus hermanos (como al final sucedió, puesto que casó con el príncipe Felipe) como con él mismo, ya que su esposa, Violante de Aragón, no le había dado un hijo varón, hecho que se produjo, casualmente, cuando la noruega llegó a Castilla.
Con todo, Maeso cree que Kristina fue feliz en Castilla. «Fue el centro de todos los trovadores y juglares de la corte, y no creo que muriera de melancolía, sino de algún mal posiblemente relacionado con el oído. Fue muy llorada.
Aunque el hilo conductor de toda la novela es la pasión amorosa del médico real y la princesa, la clave de la novela es la llamada ‘Cupula Mundi’, la Cúpula del Mundo, «que para gloria y orgullo de los españoles fue Alfonso X de Castilla, que no fue un monarca medieval al uso. Era poeta, alquimista, músico, ajedrecista... La Universidad de París, que era como puede ser ahora la Unesco, le denominó ‘estupor mundis’».
El novelista señala que la Cúpula del Mundo es un hecho histórico. Se trataba de una idea medieval, muy presente en el mundo germánico, que anunciaba la llegada del Gran Monarca que llevaría una edad dorada a toda la humanidad. Filósofos y sabios de las tres religiones creían firmemente en ello. «Esa hermandad secreta eligió a Alfonso X; y como era un mundo muy espiritual, con connotaciones mágicas, milagrosas y sobrenaturales se creyó firmemente que podía ser ese guía para la humanidad, de ahí que se postulara para convertirse en emperador del Sacro Imperio Romano».
Esa Cúpula del Mundo, explica el escritor, nació en Castell del Monte, en Sicilia, y estaba integrada por Federico II, San Francisco de Asís, así como priores del Temple y otros grandes prebostes de la Cristiandad. «Era la élite intelectual y espiritual de la época, y fue la que eligió a Alfonso como el Rex Mundi, el que merecía ser monarca de las tres religiones para extirpar todos los males de la humanidad. Evidentemente, esa alianza de civilizaciones era, como lo es todavía, imposible, por cuanto los musulmanes siguen siendo inmovilistas».
Jesús Maeso reconoce haberse asombrado por el inmenso prestigio que tenía en la Cristiandad la Corona de Castilla. «Era el reino admirado. Por eso el Papa se opuso a que Alfonso fuera coronado emperador, porque su poder hubiera sido omnímodo». No en vano, finalmente el sabio monarca no se sentó en el trono romano germánico después de verse envuelto en complejas conspiraciones políticas y religosas. Ni tan siquiera pudo cumplir el deseo de que su corazón descansara en Tierra Santa, en Jerusalén. Lo hace en la catedral de Murcia, mientras que su cuerpo fue inhumado en la Capilla de los Reyes de la catedral de Sevilla.
Jesús Maeso de la Torre convierte en oro todo lo que escribe. Desde su debut en 2001 con La piedra del destino, todas sus novelas se cuentan por éxitos editoriales muy bien acogidos por el público. Otras de sus obras son Al-Gazal, el viajero de los dos orientes, El papa Luna, Tartessos, El auriga Hispania, la profecía del Corán, El sello del algebrista y El lazo púrupura de Jerusalén.
Nacido en Úbeda (Jaén) en 1949, Jesús Maeso de la Torre reside en la ciudad de Cádiz, donde trabaja como asesor cultural de la Junta de Andalucía y colabora con diversas publicaciones culturales.
Un rincón para conocer la historia, la naturaleza de Burgos y la magia de los Yacimientos de la Sierra de Atapuerca.
domingo, 18 de abril de 2010
lunes, 12 de abril de 2010
-Cortometraje homenajea los lugares de rodaje de "El bueno, el feo y el malo", rodada casi íntegramente en Burgos.
Después de los fastos por el 40 aniversario del rodaje de la mítica película de Sergio Leones ‘El bueno, el feo y el malo’, un documental homenajea ahora los lugares de rodaje de la película, que se llevó a cabo casi íntegramente en Burgos, en la comarca de Salas de los Infantes. Con la apasionante música de Ennio Morricone de fondo, intercalando pasajes de la cinta, se ofrece el actual estado de estas localizaciones, a la vez que se superponen con las imágenes de éstas cuando se rodó el filme.
Puede verse a través de esta dirección de internet: http://www.youtube.com/watch?v=yjDBUL_zhqs
La película protagonizada por Clint Eastwood (Joe, el rubio), Eli Wallach, (Tuco) y Lee Van Cleef (Sentencia) exhibe sus escenas esenciales en parajes burgaleses. Así, los interiores de la llamada Misión de San Antonio se tomaron entre las ruinas de la abadía de San Pedro de Arlanza. Este lugar era un hospital militar en la zona confederada donde los frailes franciscanos atendían a los heridos. Allí acuden Rubio y Tuco a recuperarse de las quemaduras que habían sufrido en el desierto.
El campo de concentración de Betterville se escenificó en la zona de Carazo; se construyó con barracones militares, una empalizada con torres de vigilancia y fosos que aún hoy son visibles. Representaba el campamento nordista de prisioneros en Texas. Decenas de habitantes del valle del Arlanza participaron para esta escena como extras de la zona.

La Batalla del puente de Lagstone es una de las más memorables escenas. Se grabó entre Hortigüela y San Pedro de Arlanza sobre el río del mismo nombre. Se construyeron trincheras a ambos lados del río, sobre el que se levantó un puente de madera con pilares de. Llegó a represarse el Arlanza para aumentar el caudal con el fin de que pareciera el Río Grande, empleándose armamento real. En su rodaje tomaron parte alrededor de 1.500 extras entre militares del Ejército de Burgos y gentes de la zona. El Cementerio de Sad Hill, entre Contreras y Santo Domingo de Silos se erigió el cementerio de Sad Hill, uno de los sets más conocidos de la película.
Fuente: www.diariodeburgos.es
Puede verse a través de esta dirección de internet: http://www.youtube.com/watch?v=yjDBUL_zhqs
La película protagonizada por Clint Eastwood (Joe, el rubio), Eli Wallach, (Tuco) y Lee Van Cleef (Sentencia) exhibe sus escenas esenciales en parajes burgaleses. Así, los interiores de la llamada Misión de San Antonio se tomaron entre las ruinas de la abadía de San Pedro de Arlanza. Este lugar era un hospital militar en la zona confederada donde los frailes franciscanos atendían a los heridos. Allí acuden Rubio y Tuco a recuperarse de las quemaduras que habían sufrido en el desierto.
El campo de concentración de Betterville se escenificó en la zona de Carazo; se construyó con barracones militares, una empalizada con torres de vigilancia y fosos que aún hoy son visibles. Representaba el campamento nordista de prisioneros en Texas. Decenas de habitantes del valle del Arlanza participaron para esta escena como extras de la zona.

La Batalla del puente de Lagstone es una de las más memorables escenas. Se grabó entre Hortigüela y San Pedro de Arlanza sobre el río del mismo nombre. Se construyeron trincheras a ambos lados del río, sobre el que se levantó un puente de madera con pilares de. Llegó a represarse el Arlanza para aumentar el caudal con el fin de que pareciera el Río Grande, empleándose armamento real. En su rodaje tomaron parte alrededor de 1.500 extras entre militares del Ejército de Burgos y gentes de la zona. El Cementerio de Sad Hill, entre Contreras y Santo Domingo de Silos se erigió el cementerio de Sad Hill, uno de los sets más conocidos de la película.
Fuente: www.diariodeburgos.es
sábado, 10 de abril de 2010
-Antiguas vías que pasaban por Burgos.
El camino romano a su paso por Burgos, que llega desde el Alto de Rodilla hasta la capital, atravesando los términos de Briviesca, Hurones o Villayerno Morquillas, entre otros, estuvo en uso hasta hace poco más de 250 años. Una plataforma abandonada, conocida como Camino Real, que, como muchas otras, queda al descubierto oficialmente gracias a un estudio puesto en marcha por la Junta de Castilla y León y en el que colabora la Universidad de Burgos. El objetivo, identificar estas rutas a su paso por la región. Un informe exhaustivo que ha permitido sacar a la luz cerca de 2.000 kilómetros de vías romanas en toda la Comunidad y realizar casi 200 cortes.
Se trata de una iniciativa «pionera» en el mundo que permite sacar a la luz estos restos que quedan en el saber de la ciencia, explica el director de este estudio, Isaac Moreno. Este ingeniero técnico de Obras Públicas insiste, sin embargo, en que ahora que se ha finalizado la realización de los cortes en Burgos y se está en camino de hacerlo en provincias como León y Zamora con el objetivo de presentar el estudio en 2011, es «fundamental» la implicación de las entidades locales en las que se sitúan estos cortes, un gran número de ellos en buen estado de conservación.
Para Moreno, el Gobierno regional «suficiente ha hecho» con identificar estas vías por las que discurrieron nuestros antepasados y ahora es el momento de que sean los propios ciudadanos quienes apuesten por poner en valor estas riquezas patrimoniales, a través de paneles promocionales y su adecuación como rutas para los peregrinos. En este sentido, recuerda que esta vía romana a su paso por la capital coincide con un antiguo Camino de Santiago. Es la denominada Vía de Aquitania, que viene desde Vitoria por Briviesca y el Alto de Rodilla hasta llegar a la capital por un antiguo camino de peregrinación. «Merece la pena tener bien conservado esto en un futuro. Los pueblos tienen aquí un patrimonio incalculable que ahora depende de ellos», sentencia, y apunta que la mitad de los cortes de la región serán tapados después de la realización de los estudios.
Sin embargo, pese a que ahora se está poniendo en valor esos vestigios, no siempre ha sido así, por lo que Moreno subraya que en la capital burgalesa, las nuevas construcciones han supuesto todo «un desastre». Zonas como la Barriada Illera, Pozanos, el G-3 o el S-4 albergaban en un pasado estos caminos que convertían a lo que más tarde sería Burgos, en un lugar de paso. «La ciudad más importante de los alrededores estaba en el Alto de Rodilla (Tritivm Avtrigonvm) y la siguiente era Tardajos (Deobrigvla). Entre ambas no se conoce que hubiera una población importante, ya que se trataba simplemente de un lugar frío e inhóspito», remarca.
Esta ruta, bajo el nombre de la Vía de Italia-Hispania según un documento del siglo XIII, ofrece cortes seccionados arqueologicamente en los que se muestran todas las capas que componen el firme tal y como lo hicieran los romanos. No obstante, no fue descubierta hasta las puertas del siglo XXI, pese a que ésta, como otras, «son la columna vertebral del país entero y sobre ellas se ha construido la historia del territorio», apostilla este ingeniero.
Es por ello que insta a la conservación de estos lugares emblemáticos que se utilizaron como vías comerciales y acogieron incluso el paso de los moros.
En concreto, en el término municipal de Burgos capital, el concejal de Fomento del Ayuntamiento, Javier Lacalle, explica que la señalización de esta vía a su paso por la ciudad a la altura del S-27, de la que ya se hablara en 2006 y que se sumaría a «la riqueza patrimonial gótica y románica de la capital», corre a cargo de la iniciativa privada. Tal y como está registrado en el Plan General de Ordenación Urbana, la señalización se desarrollará cuando lo haga todo el sector ubicado junto a la estación de trenes Rosa de Lima.
Fuente: diariodeburgos.es
martes, 6 de abril de 2010
-Restos fósiles de hace 12 millones de años en la ronda norte.
Hace 12 millones de años, durante el Mioceno, el páramo burgalés se parecía a la sabana africana. Amparados en un clima subtropical, con abundante vegetación, ríos y zonas encharcadas, especies de animales inimaginables hoy en día campaban a sus anchas sin la molesta presencia de los homínidos, a los que todavía nos quedaban unos cuantos cientos de siglos para conquistar estas tierras.
En esa época, siglo arriba, siglo abajo, murió un ejemplar de pequeño rinoceronte. Con el paso del tiempo su cuerpo quedó sepultado por toneladas de tierra y acabó fosilizado hasta que una enorme excavadora mordisqueó un pedazo del cerro de El Grajo y sacó a la luz su existencia.
Las obras de la ronda norte ejecutadas entre Villímar y Villatoro han permitido recuperar, reconstruir y conservar dos ejemplares de rinoceronte y tortuga datados con una antigüedad de 12,6 millones de años y que, en el primero de los casos, se trata de un caso único hallado en territorio burgalés. Así lo explica Jesús María Preciado, de la Asociación Geocientífica de Burgos, quien hace casi tres años vio un filón (y nunca mejor dicho) en los taludes ejecutados para la construcción del desvío del ferrocarril y la circunvalación de la capital.
Esos cortes en la montaña permitían observar la evolución del terreno durante millones de años, lo mismo que ocurrió en Atapuerca con la excavación realizada para construir el ferrocarril minero. Como un libro de geología abierto ante los ojos de quien quisiera contemplarlo, mostraban las arenas fluviales del valle del Arlanzón con estratificaciones cruzadas e intercalaciones de areniscas consolidadas.
Semejante oportunidad tenía que ser aprovechada por un geólogo inquieto como Preciado, que una tarde se fue a pasear por allí con su hijo Jesús y el amigo de este último, Juan. Con solo 13 años ambos fueron piezas clave en el descubrimiento no solo de los restos de los dos animales sino también de árboles fósiles que se habían pasado los milenios aguardando pacientemente en posición vertical.
Aquello ocurrió en el otoño de 2007 y hubo que esperar unos meses para iniciar la recogida y reconstrucción de los restos. Un equipo de alumnos de cuarto curso de la ESO del Instituto Cardenal López de Mendoza, coordinados por profesores del departamento de Biología, trabajaron durante los meses siguientes para organizar las alrededor de 280 piezas encontradas y formar con ellas el puzzle de un gran caparazón.
El ‘animalito’ tendría entre 110 y 120 centímetros de longitud, una anchura de entre 80 y 90 y una altura cercana a los 70 centímetros, y ha sido identificado como una hembra de Cheirogaster bolivari, un tipo de tortuga que ya fue hallada en su día durante la construcción de la Autovía de Ronda entre la Plaza del Rey y el Nudo Landa. Buen ejemplar, sin duda, que convivía con una especie, el Alicornops simorrense, cuya localización ha servido para datar el resto de los fósiles hallados.
Este rinoceronte de pequeña talla, bajito, algo más grande que un cerdo ibérico y más pequeño que una vaca, retozaría en las ciénagas de aquella sabana burgalesa, saciando sus instintos herbívoros y absolutamente ajeno a los monstruos de motor rugiente que muchísimo tiempo después recorrerían en autovía sus dominios.
Fuente: H. Jimenez www.diariodeburgos.es
En esa época, siglo arriba, siglo abajo, murió un ejemplar de pequeño rinoceronte. Con el paso del tiempo su cuerpo quedó sepultado por toneladas de tierra y acabó fosilizado hasta que una enorme excavadora mordisqueó un pedazo del cerro de El Grajo y sacó a la luz su existencia.
Las obras de la ronda norte ejecutadas entre Villímar y Villatoro han permitido recuperar, reconstruir y conservar dos ejemplares de rinoceronte y tortuga datados con una antigüedad de 12,6 millones de años y que, en el primero de los casos, se trata de un caso único hallado en territorio burgalés. Así lo explica Jesús María Preciado, de la Asociación Geocientífica de Burgos, quien hace casi tres años vio un filón (y nunca mejor dicho) en los taludes ejecutados para la construcción del desvío del ferrocarril y la circunvalación de la capital.
Esos cortes en la montaña permitían observar la evolución del terreno durante millones de años, lo mismo que ocurrió en Atapuerca con la excavación realizada para construir el ferrocarril minero. Como un libro de geología abierto ante los ojos de quien quisiera contemplarlo, mostraban las arenas fluviales del valle del Arlanzón con estratificaciones cruzadas e intercalaciones de areniscas consolidadas.
Semejante oportunidad tenía que ser aprovechada por un geólogo inquieto como Preciado, que una tarde se fue a pasear por allí con su hijo Jesús y el amigo de este último, Juan. Con solo 13 años ambos fueron piezas clave en el descubrimiento no solo de los restos de los dos animales sino también de árboles fósiles que se habían pasado los milenios aguardando pacientemente en posición vertical.
Aquello ocurrió en el otoño de 2007 y hubo que esperar unos meses para iniciar la recogida y reconstrucción de los restos. Un equipo de alumnos de cuarto curso de la ESO del Instituto Cardenal López de Mendoza, coordinados por profesores del departamento de Biología, trabajaron durante los meses siguientes para organizar las alrededor de 280 piezas encontradas y formar con ellas el puzzle de un gran caparazón.
El ‘animalito’ tendría entre 110 y 120 centímetros de longitud, una anchura de entre 80 y 90 y una altura cercana a los 70 centímetros, y ha sido identificado como una hembra de Cheirogaster bolivari, un tipo de tortuga que ya fue hallada en su día durante la construcción de la Autovía de Ronda entre la Plaza del Rey y el Nudo Landa. Buen ejemplar, sin duda, que convivía con una especie, el Alicornops simorrense, cuya localización ha servido para datar el resto de los fósiles hallados.
Este rinoceronte de pequeña talla, bajito, algo más grande que un cerdo ibérico y más pequeño que una vaca, retozaría en las ciénagas de aquella sabana burgalesa, saciando sus instintos herbívoros y absolutamente ajeno a los monstruos de motor rugiente que muchísimo tiempo después recorrerían en autovía sus dominios.
Fuente: H. Jimenez www.diariodeburgos.es
domingo, 14 de marzo de 2010
-El aviador burgalés Antonio Rexach
- Fuentes: El exilio republicano en Cuba. Jorge Domingo Cuadrillero. Editorial Siglo XXI. Cartas a un escultor. Indalecio Prieto. Editorial Planeta. Hemeroteca de ABC.
"Antonio Rexach y Fernández de Parga era un virtuoso aviador. Sus temerarias piruetas se hicieron famosas en la España de los años 20 y 30. Era un exhibicionista del aire, audaz y valiente. Pero no sólo hizo cabriolas a los mandos de un avión: por su carácter impetuoso, agresivo en ocasiones, toda su vida, hasta el final, fue un salto al vacío. Nació en la ciudad de Burgos en el año 1900, en el seno de una familia de tradición militar, carrera a la que él dio continuidad estudiando en varias academias militares hasta su ingreso en el cuerpo de Aviación, donde destacó por su pericia. Muy pronto sus hazañas lo convirtieron en un piloto afamado, que protagonizó no sin riesgo aventuras aéreas de toda índole, algunas de las cuales le costaron varios sustos y muchas heridas. Así le sucedió, por ejemplo, en junio de 1929, en La Coruña.
Siendo capitán a la sazón encargado de instalar en la ciudad una escuela de aviación, y con motivo de la celebración del Corpus, realizó a los mandos de un aparato una serie de vuelos extraordinarios, en uno de los cuales arrojó sobre la procesión varios ramos de flores. Tras la exhibición, con la ciudad boquiabierta y ya sobrevolando la bahía, unos problemas en el depósito de combustible obligaron al piloto burgalés a realizar un aterrizaje forzoso sobre el mar, del que resultó gravemente herido aunque salvara la vida.
Con la llegada de la República, y ya siendo comandante -máximo grado militar que alcanzó-, coqueteó Rexach con la política después de que el primer gobierno republicano le cesara de sus funciones como delegado gubernamental de la Compañía de Líneas Aéreas Subvencionadas S.A. (CLASSA) dentro de su plan de nacionalización de los servicios públicos aéreos. El piloto burgalés se presentó por el Partido Republicano Revolucionario en las elecciones a las Cortes Constituyentes de 1931 por la provincia de Sevilla. Durante la campaña se destacó como un orador vehemente, en ocasiones incendiario.
En uno de los mítines en los que participó días antes de los comicios, Rexach se dirigió así al público que abarrotaba el Salón Imperial de la capital sevillana: «He sido perseguido por Primo, por Berenguer y hoy me honro de haber sido destituido por este Gobierno de traidores. Esta República es una continuación de la Monarquía (...) Os ofrecemos nuestra experiencia, y os decimos que con nuestras vidas defenderemos la revolución, caiga quien caiga». No hubo suerte, y el piloto burgalés, desencantado, se centró en su carrera. En octubre de ese mismo año fue uno de los catorce aviadores que participaron en la Copa de España de Aviación.
Pese a que no tuvo sintonía con los sucesivos gobiernos republicanos, tras la sublevación militar de julio de 1936 fue de los pilotos leales que con mayor convicción defendió al gobierno legítimo, tomando parte en algunas de las acciones aéreas más importantes de los primeros meses de la guerra: bombardeó las localidades levantisca de África: aeródromo de Aumara, campamentos de la legión, cuarteles de Tetuán y Ceuta... Y, sobre todo, se destacó en la liberación del Cuartel de la Montaña, en el cerro de Príncipe Pío de Madrid, donde se habían acantonado militares y falangistas sublevados. Primero dejó caer octavillas en las que se instaba a los rebeldes a la rendición.
Como se viera que éstos no accedían, la siguiente pasada rasante, bien que peligrosa para la integridad del aparato, dejó en el interior del cuartel dos emisarios diferentes: sendas bombas que permitieron el asalto del recinto por los guardias republicanos que lo acechaban.
Considerado nuevamente por el gobierno de la República por sus acciones bélicas, Antonio Rexach empezó a frecuentar el Ministerio de la Guerra, adonde entraba como Pedro por su casa. Ya en 1937, convenció al ministro del ramo, Francisco Largo Caballero, de la necesidad de adquirir nuevos aviones que reforzaran la flota republicana. Y se postuló, dados sus conocimientos, para gestionar la compra en Francia. Largo accedió, y según cuenta Indalecio Prieto, entonces presidente del Gobierno, en su libro Cartas a un escultor, fueron 25 millones de francos la cantidad que se le entregó a Rexach para esta operación. El comandante burgalés viajó hasta París. Y si te he visto, no me acuerdo.
Desapareció con el botín. Y ya no hubo noticias del burgalés hasta meses después, ya en 1938. Rexach se había instalado en La Habana, donde abrió una tienda de de moda femenina. Consiguió sortear las denuncias de desfalco y traición que tanto los responsables de la Embajada de España en Cuba como algunos exiliados vertieron sobre él, pero su carácter violento y -ya sin duda- falto de escrúpulos le permitió salir indemne. Sin embargo, se vio envuelto en un asunto turbio que acabó en tiroteo y por el que resultó muerto un agente de la policía. Fue detenido y encarcelado. Pero sólo dos años después, en 1940, el Tribunal Supremo de Justicia lo absolvió de la acusación de homicidio imperfecto por considerar que había actuado en legítima defensa. Durante su presidio, y para limpiar su nombre y posiblemente congraciarse con los vencedores de la contienda española pensando, tal vez, en un regreso a la madre patria, escribió un libro titulado Lo que yo sé de la Guerra Civil, en el que vertió críticas contra los responsables políticos de la República pasando de puntillas por sus otrora adversarios.
La experiencia carcelaria podría haberle apaciguado el carácter bronco y malencarado, pero no fue así. En noviembre 1944, en otra turbia reyerta fue herido a balazos. Una vez más, salvó la vida. Pero, rodeado como estaba de enemigos, abandonó la isla. Se instaló durante un tiempo en el estado norteamericano de California, donde se casó y pudo desplegar nuevamente su pericia al mando de aviones, si bien en esta ocasión no con fines lúdicos ni bélicos, sino estrictamente comerciales: contrabandeó todo tipo de mercancías con México. Precisamente acabó instalándose en esta país, donde terminaría sus días. Y no de cualquier manera.
Instalado en la capital mexicana, Antonio Rexach convivió con varios refugiados españoles de toda condición e ideología: anarquistas, comunistas, socialistas, poumistas... Con todos mantuvo siempre una actitud altiva e insolente, especialmente con un miembro de la Federación Anarquista Internacional llamado Juan Duarte Camacho. Las discusiones entre ambos se subían habitualmente de tono. Y aunque la agresividad del burgalés era bien sabida, sólo el Duarte, como le conocían todos los españoles, le desafiaba con frecuencia. Más tarde se sabría el porqué: el anarquista había reconocido al ex piloto, sobre quien pesaba la acusación de haber desertado en plena guerra llevándose consigo una importante suma de dinero.
El 29 de septiembre de 1955, a las dos de la tarde, en la calle López de la capital mexicana, frente al hotel Toledo, el Duarte consumó su venganza. Harto de las amenazas del otro, de su altanería y ferocidad, en el fragor de la enésima discusión le disparó seis tiros a bocajarro. El burgalés murió en el acto. El homicida se entregó a la policía y, en su confesión, lo contó todo. Los ecos del suceso llegaron hasta España. El olvido que se cebó sobre todos los exiliados sepultó también sus nombres, al cabo una pequeña pieza más del mayúsculo puzle de la historia. El aviador que tantas piruetas dibujara en el aire se estrelló contra el suelo de su destino. Haciéndose añicos."
Fuente: www.diariodeburgos.es
"Antonio Rexach y Fernández de Parga era un virtuoso aviador. Sus temerarias piruetas se hicieron famosas en la España de los años 20 y 30. Era un exhibicionista del aire, audaz y valiente. Pero no sólo hizo cabriolas a los mandos de un avión: por su carácter impetuoso, agresivo en ocasiones, toda su vida, hasta el final, fue un salto al vacío. Nació en la ciudad de Burgos en el año 1900, en el seno de una familia de tradición militar, carrera a la que él dio continuidad estudiando en varias academias militares hasta su ingreso en el cuerpo de Aviación, donde destacó por su pericia. Muy pronto sus hazañas lo convirtieron en un piloto afamado, que protagonizó no sin riesgo aventuras aéreas de toda índole, algunas de las cuales le costaron varios sustos y muchas heridas. Así le sucedió, por ejemplo, en junio de 1929, en La Coruña.
Siendo capitán a la sazón encargado de instalar en la ciudad una escuela de aviación, y con motivo de la celebración del Corpus, realizó a los mandos de un aparato una serie de vuelos extraordinarios, en uno de los cuales arrojó sobre la procesión varios ramos de flores. Tras la exhibición, con la ciudad boquiabierta y ya sobrevolando la bahía, unos problemas en el depósito de combustible obligaron al piloto burgalés a realizar un aterrizaje forzoso sobre el mar, del que resultó gravemente herido aunque salvara la vida.
Con la llegada de la República, y ya siendo comandante -máximo grado militar que alcanzó-, coqueteó Rexach con la política después de que el primer gobierno republicano le cesara de sus funciones como delegado gubernamental de la Compañía de Líneas Aéreas Subvencionadas S.A. (CLASSA) dentro de su plan de nacionalización de los servicios públicos aéreos. El piloto burgalés se presentó por el Partido Republicano Revolucionario en las elecciones a las Cortes Constituyentes de 1931 por la provincia de Sevilla. Durante la campaña se destacó como un orador vehemente, en ocasiones incendiario.
En uno de los mítines en los que participó días antes de los comicios, Rexach se dirigió así al público que abarrotaba el Salón Imperial de la capital sevillana: «He sido perseguido por Primo, por Berenguer y hoy me honro de haber sido destituido por este Gobierno de traidores. Esta República es una continuación de la Monarquía (...) Os ofrecemos nuestra experiencia, y os decimos que con nuestras vidas defenderemos la revolución, caiga quien caiga». No hubo suerte, y el piloto burgalés, desencantado, se centró en su carrera. En octubre de ese mismo año fue uno de los catorce aviadores que participaron en la Copa de España de Aviación.
Pese a que no tuvo sintonía con los sucesivos gobiernos republicanos, tras la sublevación militar de julio de 1936 fue de los pilotos leales que con mayor convicción defendió al gobierno legítimo, tomando parte en algunas de las acciones aéreas más importantes de los primeros meses de la guerra: bombardeó las localidades levantisca de África: aeródromo de Aumara, campamentos de la legión, cuarteles de Tetuán y Ceuta... Y, sobre todo, se destacó en la liberación del Cuartel de la Montaña, en el cerro de Príncipe Pío de Madrid, donde se habían acantonado militares y falangistas sublevados. Primero dejó caer octavillas en las que se instaba a los rebeldes a la rendición.
Como se viera que éstos no accedían, la siguiente pasada rasante, bien que peligrosa para la integridad del aparato, dejó en el interior del cuartel dos emisarios diferentes: sendas bombas que permitieron el asalto del recinto por los guardias republicanos que lo acechaban.
Considerado nuevamente por el gobierno de la República por sus acciones bélicas, Antonio Rexach empezó a frecuentar el Ministerio de la Guerra, adonde entraba como Pedro por su casa. Ya en 1937, convenció al ministro del ramo, Francisco Largo Caballero, de la necesidad de adquirir nuevos aviones que reforzaran la flota republicana. Y se postuló, dados sus conocimientos, para gestionar la compra en Francia. Largo accedió, y según cuenta Indalecio Prieto, entonces presidente del Gobierno, en su libro Cartas a un escultor, fueron 25 millones de francos la cantidad que se le entregó a Rexach para esta operación. El comandante burgalés viajó hasta París. Y si te he visto, no me acuerdo.
Desapareció con el botín. Y ya no hubo noticias del burgalés hasta meses después, ya en 1938. Rexach se había instalado en La Habana, donde abrió una tienda de de moda femenina. Consiguió sortear las denuncias de desfalco y traición que tanto los responsables de la Embajada de España en Cuba como algunos exiliados vertieron sobre él, pero su carácter violento y -ya sin duda- falto de escrúpulos le permitió salir indemne. Sin embargo, se vio envuelto en un asunto turbio que acabó en tiroteo y por el que resultó muerto un agente de la policía. Fue detenido y encarcelado. Pero sólo dos años después, en 1940, el Tribunal Supremo de Justicia lo absolvió de la acusación de homicidio imperfecto por considerar que había actuado en legítima defensa. Durante su presidio, y para limpiar su nombre y posiblemente congraciarse con los vencedores de la contienda española pensando, tal vez, en un regreso a la madre patria, escribió un libro titulado Lo que yo sé de la Guerra Civil, en el que vertió críticas contra los responsables políticos de la República pasando de puntillas por sus otrora adversarios.
La experiencia carcelaria podría haberle apaciguado el carácter bronco y malencarado, pero no fue así. En noviembre 1944, en otra turbia reyerta fue herido a balazos. Una vez más, salvó la vida. Pero, rodeado como estaba de enemigos, abandonó la isla. Se instaló durante un tiempo en el estado norteamericano de California, donde se casó y pudo desplegar nuevamente su pericia al mando de aviones, si bien en esta ocasión no con fines lúdicos ni bélicos, sino estrictamente comerciales: contrabandeó todo tipo de mercancías con México. Precisamente acabó instalándose en esta país, donde terminaría sus días. Y no de cualquier manera.
Instalado en la capital mexicana, Antonio Rexach convivió con varios refugiados españoles de toda condición e ideología: anarquistas, comunistas, socialistas, poumistas... Con todos mantuvo siempre una actitud altiva e insolente, especialmente con un miembro de la Federación Anarquista Internacional llamado Juan Duarte Camacho. Las discusiones entre ambos se subían habitualmente de tono. Y aunque la agresividad del burgalés era bien sabida, sólo el Duarte, como le conocían todos los españoles, le desafiaba con frecuencia. Más tarde se sabría el porqué: el anarquista había reconocido al ex piloto, sobre quien pesaba la acusación de haber desertado en plena guerra llevándose consigo una importante suma de dinero.
El 29 de septiembre de 1955, a las dos de la tarde, en la calle López de la capital mexicana, frente al hotel Toledo, el Duarte consumó su venganza. Harto de las amenazas del otro, de su altanería y ferocidad, en el fragor de la enésima discusión le disparó seis tiros a bocajarro. El burgalés murió en el acto. El homicida se entregó a la policía y, en su confesión, lo contó todo. Los ecos del suceso llegaron hasta España. El olvido que se cebó sobre todos los exiliados sepultó también sus nombres, al cabo una pequeña pieza más del mayúsculo puzle de la historia. El aviador que tantas piruetas dibujara en el aire se estrelló contra el suelo de su destino. Haciéndose añicos."
Fuente: www.diariodeburgos.es
lunes, 8 de marzo de 2010
-Última entrevista de Félix para Diario de Burgos.
Hombre popular y polémico, Félix Rodríguez de la Fuente ha sido criticado por ciertos sectores radicalizados de la ecología española, pero incondicionalmente apoyado por otros, admirado simplemente por los más... ¿Quién es verdaderamente el televisivo doctor? «En una breve síntesis de introspección, yo diría que soy un hombre enamorado de lo que hago, de mi trabajo y un apasionado de mi propia vida», afirma.

Nació en un bello pueblo de la provincia de Burgos, Poza de la Sal en 1928. Pasa parte de su infancia en esta localidad. A lo nueve años se va a un internado a Vitoria. Cinco años más tarde vuelve a su tierra, a los Maristas de Burgos, donde acaba el Bachillerato. La Universidad vallisoletana va a ser durante los próximos siete años el hogar el joven Félix Rodríguez de la Fuente. Acaba la carrera de Medicina, especialidad de Odontología -de ahí el apelativo de doctor- y vuelve a la capital de su provincia natal para hacer el servicio militar en la Milicia Aérea Universitaria. Y por último -nos dice- «a los 25 años me vine a Madrid, donde he estado hasta ahora». Así termina el recorrido que hemos hecho sobre este burgalés y afamado zoólogo.
Zoólogo por vocación, Félix Rodríguez de la Fuente ha tratado siempre de poner su granito de arena -su amplio trabajo de investigación y de divulgación así lo atestiguan- en lo que ha sido su máxima ilusión: el desconocido e interesante mundo de los animales. «He hecho más de doscientas películas de media hora; tengo casi todos los premios nacionales de TVE y he participado en seis premios internacionales de los que gané cinco. En este momento mis series las ven alrededor del 700 millones de personas han sido exportadas a EEUU, Canadá, Japón, Alemania URSS, Australia...- y pronto las podrán ver ochocientos millones más puesto que vamos a ir a la República Popular China». Y es más, sus libros, enciclopedias y fascículos ha sido traducidos a veinte idiomas y vendidos en más de 35 países.
Es presidente de la Asociación Adena y consejero de Icona (Instituto para la Conservación de la Naturaleza). En su estudio de Madrid, rodeado de arcos, flechas, lanzas y fotos de sus estancias en muchos países de África, América y Asia y por los múltiples y variopintos diplomas, premios nacionales e internacionales por su dedicación plena y auténtica a los animales, habló así para Diario de Burgos.
-¿De alguna forma haber nacido en un pueblecito burgalés como Poza de la Sal influyó en su vocación por la zoología?
-Estoy totalmente convencido de esto y lo he dicho muchas veces. Mi infancia y parte de mi juventud en mi querida tierra burgalesa, y, concretamente, mi pueblo marcó y propició mi auténtica y verdadera vocación. Por aquellos años la fauna era relativamente rica. Mirabas al cielo y todavía podías ver águilas, buitres... Se podían seguir en la nieve las huellas del lobo...
-¿Qué contactos mantiene con su pueblo natal, Poza?
-No he dejado de ir nunca a Poza de la Sal. Todo lo que soy y todo lo que tengo se lo debo a haber nacido y vivido en este pueblecito. Además, la absoluta y abrumadora amabilidad -nunca se lo agradeceré bastante- de poner mi nombre al grupo escolar comarcal. Cuando no estoy fuera de España por mi trabajo voy todos los años a Poza a entregar todos los años mi libros a los mejores alumnos en el estudio y en el deporte. Además mantengo muchísimas amistades de mi niñez. No ha habido ninguna desvinculación con mis orígenes.
-Representa algo Castilla, su tierras y valores en su vida, en su trabajo...?
-Indudablemente. En el fondo de mi creación, de mi vida viajera, tiene gran importancia Castilla y lo castellano. Sé que si hoy puedo hacer lo que hago, si puedo trabajar como trabajo en medios agrestes y si puedo esforzarme como me esfuerzo es por el carácter que imprimió Castilla en mi. Por ejemplo, en el páramo de Masa, donde yo subía ya a los nueve años, no hace menos frío que en Alaska, donde estoy trabajando ahora. Quien haya nacido en esas tierras ásperas, duras -por ello no menos hermosas- castellanas y quien se haya nutrido de la esencia de una familia castellana, nunca lo podrá olvidar.
-¿Desde el punto de vista de su profesión cree que es posible hacer algo -parques, zoos, etc.- en Castilla, en Burgos?
-Efectivamente se puede hacer bastante, pero primero pienso que hay que enmendar problemas tan dramáticos como por ejemplo la muerte de los hermosos ríos, la muerte de ese hermoso Arlanzón, la tala de esos importante bosques de encina y roble...
Segundo, sería necesaria una catalogación, científica y bien documentada, sobre los lugares, de interés ecológico que tiene Burgos. Si hay -y creo que es verdad- una de las últimas parejas de quebrantahuesos en Burgos, si en alguno de sus bosques -que los hay- se pudiera reintroducir el corzo, el venado... a partir de esas premisas se podría llevar a cabo una labor efectiva.
-¿Cuál sería esta labor efectiva, parques zoológicos, por ejemplo...?
-No. No soy partidario de los parques zoológicos si no están un poco en la línea de ‘safari-park’, donde los animales se pueden mover y reproducir con cierta libertad. Pienso, eso sí, que todas las capitales de provincia con una cierta alcurnia -Burgos, por ejemplo- debieran un gran parque con la fauna autóctona. Un parque donde los niños no tuvieran que apostarse sobre lomas durante días para ver un corzo, un gamo o un águila. Primero, fauna autóctona; después la que un día existió pero que ha desparecido y, por último, la de toda la Península. Esto sería muy positivo a la vez que rentable. Sin embargo es necesaria la ayuda de la Administración, de la colectividad y de la iniciativa privada.
-Está a punto de finalizar la última serie televisiva, El hombre y la Tierra. Todos conocemos sus trabajos, primero en la ‘televisión escolar’, con sus programas de ciencias naturales: El planeta azul, Fauna ibérica... cortos fílmicos de zoología en dibujos animados... ¿Qué ha pretendido hacer desde la pequeña pantalla?
-En primer lugar, los programas ha sido una forma de realización personal. Al mismo tiempo he tratado de concienciar a la gente del grave problema que supondría para las generaciones venideras, sobre todo, quedarnos sin naturaleza. Desde hace dieciocho años he tratado de clamar a través de la televisión por la protección de las especies en franco peligro de extinción, por esa conservación de los bosques que se queman o se talan indiscriminadamente o de esos ríos que se contaminan. Hoy se puede decir que la concienciación popular ha aumentado, pero paralelamente y de forma más rápida han aumentado las posibilidades del hombre para contaminar el medio ambiente. Y, por último, he llegado al campo de la investigación. Mis filmaciones puede servir para estudiar especies extinguidas completamente.

-El pasado está ahí, se puede ver. ¿El futuro? ¿Seguirá trabajando en TVE?
-Por ahora me quedan cuatro capítulos de El hombre y la Tierra para finalizar esta serie, pero estoy trabajando ya en Canadá para hacer otros 13 o quizás otros 26 capítulos en aquel extensísimo país. No obstante, seguiré filmando en España porque no he dado por terminada la serie Fauna ibérica. Al margen de estos trabajos acabo de terminar la tercera parte de una serie nueva que se llamará Los perros del mundo y en julio también empieza una nueva serie africana. Todo esto puede transformarse en cuatro series de 26 capítulos para tres o cuatro años.
-Curiosamente sus ‘cortos’ de dibujos animados están tendiendo audiencia entre el público aficionado al cine. ¿Qué opinión le merece este hecho?
-Me ha sorprendido pues trabaje en estos ‘cortos’ hace ya ocho años. Un grupo de dibujantes estaban medio parados, no sabían que hacer... Tenían una posibilidad de trabajar para los antiguos Estudios Castilla y me pidieron ideas y así surgieron estos dibujos animados. Yo me encargué de las líneas argumentales y de los comentarios.
-El aspecto económico de su actual dedicación es el que más críticas le han valido. ¿Doctor, verdaderamente vive de los animales?
-Efectivamente que vivo, pero no me he hecho multimillonario como mis detractores afirman. Es una total, infundada y burda calumnia. Si yo hago series para televisión que se ven de una forma masiva, si escribo libros y enciclopedias que se traducen a varios idiomas como cualquier hijo de vecino tengo derecho a mi pequeña parcela económica. Sería multimillonario, tendrían mi avión y mi yate si el trabajo que realizo en España lo hiciera en Estados Unidos o en Japón. Estaría al mismo nivel que Walt Disney o Cousteau. Además este último tiene muchos menos telespectadores que yo. Si realmente yo hubiera querido hacerme multimillonario no tenía más que haberse dedicado a lo que profesionalmente soy, un médico odontólogo que acaba la carrera con notas brillantes. Probablemente estaría ahora en una magnífica clínica de una calle de Madrid, ganando mucho dinero, probablemente mucho más que ahora.
-El tema nuclear está de rabiosa actualidad en el mundo. Hace escasos días hubo un escape de gas en la central de Harrisburg ¿Cuál es su opinión como perito en materia de medio ambiente?
-Mi postura es muy clara. Abogo porque en España se instalen el menor número de estas centrales y porque estas mínimas plantas con el máximo de seguridad, a la vez, aporten el máximo de información de lo que en ellas ocurra de cara al público y porque estas centrales estén ubicadas en zonas geográficas que ecológicamente sean menos perniciosas, al lado de grandes cuencas fluviales, con gran caudal para que no esté tan concentrada una contaminación térmica que termine con la riqueza ictiológica.

-¿A qué cree que se debe la actual radicalización del tema?
-A los grupos de presión. La radicalización por la derecha, el gran capital, al que le mueve intereses puramente económicos; y, por la extrema izquierda, para esconder los intereses propiciados por las potencias del Este, para que Europa no tenga fuentes de energía. La única postura objetiva es la intermedia, ni la total permisividad ni la total oposición. Dadas las circunstancias actuales en materia energética, personalmente pienso que la energía nuclear es necesaria siempre y cuando se tengan las características que he expuesto anteriormente.
-Cambiando de tercio, en un breve panorama ¿cuál es la situación en España de las reservas cinegéticas y zoológicas?
-La situación caótica de los últimos años ha remitido totalmente. Icona, organismo oficial competente en la materia, está trabajando muy bien. Algunos hechos están ahí como la conversión de Doñana -60.000 hectáreas- en parque nacional o el estatuto de las Tablas de Daimiel, por ejemplo. No obstante hay que seguir luchando porque las declaraciones administrativas del Gobierno sean llevadas al campo práctico, porque zonas de gran interés hay muchas en España y todas deben ser declaradas naturales. Y hay que trabajar por un pragmatismo en la relaciones ciudadano-naturaleza mediante una concienciación para que no se contaminen los ríos y no se talen los montes, ni se exterminen las especies protegidas...
Comentario
Juan Ángel Gozalo / Periodista
Mi primera y última entrevista con Félix
Tuve la suerte de entrevistar a Félix Rodríguez de la Fuente poco antes de su viaje a Alaska, que a la postre sería el último por esos mundos de Dios que a él tanto le gustaban. Fueron sus últimas declaraciones en tierras españolas. Aún conservo la cinta del viejo casette en la que las grabé. Era entonces estudiante de Periodismo en la Universidad Complutense y a pesar de estar todavía aprendiendo este oficio de juntar letras ya hacía mis pinitos en Diario de Burgos. Entre clase y clase sacaba tiempo para hacer mis entrevistas para una sección que se llamaba Burgaleses en la diáspora y que me dio la oportunidad de conocer y hablar con insignes burgaleses que vivían en Madrid como eran el mismo Félix Rodríguez de la Fuente, el también televisivo Luis López del Pecho (Luis Pancorbo), Luis Ángel de la Viuda, Félix Pérez y Pérez o el dibujante Máximo San Juan, entre otros muchos.
Conseguí, después de llamar a un montón de personas de su círculo, el teléfono privado de Félix Rodríguez de la Fuente y le llamé. Me presenté como colaborador de Diario de Burgos y le expliqué que quería entrevistarle. Amable, como era él, accedió. Albricias, había conseguido una cita con el más grande de los naturalistas de este país y un ‘monstruo mediático’. Era todo un reto y me preparé el cuestionario. Eran tiempos en los que no había internet, no teníamos google ni la wikipedia. Un compañero de la residencia estudiantil, que trabajaba en el archivo del desparecido Ya, me facilitó decenas de recortes sobre la vida, obra y milagros de este pozano universal. Así que en una vieja máquina Lettera redacté las preguntas. No fue nada fácil porque había mil temas y un millón de vivencias. No llegué, ni mucho menos, a hacerle todas porque Félix Rodríguez de la Fuente era un hombre de verbo fácil, pero extenso y también muy ocupado. Me recibió en su estudio. Vivía en un piso enorme, decorado al mejor estilo ‘aventurero’. Me presentó a su esposa, Marcelle Parmentier, y a sus dos hijas, entonces unas niñas que correteaban entre las mesas y sillas del comedor. Hoy Odile, la niña de sus ojos y ahora toda una mujer, preside la fundación que lleva su nombre.
Más de una hora de charla dio para mucho. Había escuchado su singular y modulada voz en mil programas de televisión y radio, pero en vivo sonaba mucho mejor. Encandilaba como ninguno. Acabó la entrevista y le deseé buen viaje. Nadie sospechaba que sería su última aventura. El 14 de marzo de 1980, el día de su muerte confieso que lloré. Era mi nuevo ‘amigo’ Félix el que se había ido. Un compañero de la residencia, que oía la radio hasta en la ducha y que hacía sus pinitos periodísticos en el medio y que sabía de mi entrevista, me dio la mala nueva. «Félix Rodríguez de la Fuente ha muerto en un accidente aéreo en Alaska», dijo. No me lo creía. A penas unos días antes había estrechado su mano. Enseguida, por deformación profesional, me acordé de la entrevista y que en mi último fin de semana en Burgos había entregado los cuatro folios a Andrés Ruiz Valderrama, entonces director del periódico. Le llamé enseguida para recordárselo. La entrevista se publicó el día 20 de marzo, pasada la vorágine informativa que suscitó el fallecimiento de Félix Rodríguez de la Fuente, no solo en Diario de Burgos sino en otros medios regionales, sindicados entonces en Colpisa. Recuerdo que la vi publicada en la última página de El Heraldo de Aragón y en El Correo Español. Seguramente no sea una ‘perla’ periodística, pero fue el trabajo ilusionado de un estudiante de Periodismo. Así fue y así se lo cuento, que diría el maestro Ernesto Sáenz de Buruaga. Treinta años después, Félix sigue vivo en mi memoria y en la de miles de personas más.
Fuente: diariodeburgos.es
Nació en un bello pueblo de la provincia de Burgos, Poza de la Sal en 1928. Pasa parte de su infancia en esta localidad. A lo nueve años se va a un internado a Vitoria. Cinco años más tarde vuelve a su tierra, a los Maristas de Burgos, donde acaba el Bachillerato. La Universidad vallisoletana va a ser durante los próximos siete años el hogar el joven Félix Rodríguez de la Fuente. Acaba la carrera de Medicina, especialidad de Odontología -de ahí el apelativo de doctor- y vuelve a la capital de su provincia natal para hacer el servicio militar en la Milicia Aérea Universitaria. Y por último -nos dice- «a los 25 años me vine a Madrid, donde he estado hasta ahora». Así termina el recorrido que hemos hecho sobre este burgalés y afamado zoólogo.
Zoólogo por vocación, Félix Rodríguez de la Fuente ha tratado siempre de poner su granito de arena -su amplio trabajo de investigación y de divulgación así lo atestiguan- en lo que ha sido su máxima ilusión: el desconocido e interesante mundo de los animales. «He hecho más de doscientas películas de media hora; tengo casi todos los premios nacionales de TVE y he participado en seis premios internacionales de los que gané cinco. En este momento mis series las ven alrededor del 700 millones de personas han sido exportadas a EEUU, Canadá, Japón, Alemania URSS, Australia...- y pronto las podrán ver ochocientos millones más puesto que vamos a ir a la República Popular China». Y es más, sus libros, enciclopedias y fascículos ha sido traducidos a veinte idiomas y vendidos en más de 35 países.
Es presidente de la Asociación Adena y consejero de Icona (Instituto para la Conservación de la Naturaleza). En su estudio de Madrid, rodeado de arcos, flechas, lanzas y fotos de sus estancias en muchos países de África, América y Asia y por los múltiples y variopintos diplomas, premios nacionales e internacionales por su dedicación plena y auténtica a los animales, habló así para Diario de Burgos.
-¿De alguna forma haber nacido en un pueblecito burgalés como Poza de la Sal influyó en su vocación por la zoología?
-Estoy totalmente convencido de esto y lo he dicho muchas veces. Mi infancia y parte de mi juventud en mi querida tierra burgalesa, y, concretamente, mi pueblo marcó y propició mi auténtica y verdadera vocación. Por aquellos años la fauna era relativamente rica. Mirabas al cielo y todavía podías ver águilas, buitres... Se podían seguir en la nieve las huellas del lobo...
-¿Qué contactos mantiene con su pueblo natal, Poza?
-No he dejado de ir nunca a Poza de la Sal. Todo lo que soy y todo lo que tengo se lo debo a haber nacido y vivido en este pueblecito. Además, la absoluta y abrumadora amabilidad -nunca se lo agradeceré bastante- de poner mi nombre al grupo escolar comarcal. Cuando no estoy fuera de España por mi trabajo voy todos los años a Poza a entregar todos los años mi libros a los mejores alumnos en el estudio y en el deporte. Además mantengo muchísimas amistades de mi niñez. No ha habido ninguna desvinculación con mis orígenes.
-Representa algo Castilla, su tierras y valores en su vida, en su trabajo...?
-Indudablemente. En el fondo de mi creación, de mi vida viajera, tiene gran importancia Castilla y lo castellano. Sé que si hoy puedo hacer lo que hago, si puedo trabajar como trabajo en medios agrestes y si puedo esforzarme como me esfuerzo es por el carácter que imprimió Castilla en mi. Por ejemplo, en el páramo de Masa, donde yo subía ya a los nueve años, no hace menos frío que en Alaska, donde estoy trabajando ahora. Quien haya nacido en esas tierras ásperas, duras -por ello no menos hermosas- castellanas y quien se haya nutrido de la esencia de una familia castellana, nunca lo podrá olvidar.
-¿Desde el punto de vista de su profesión cree que es posible hacer algo -parques, zoos, etc.- en Castilla, en Burgos?
-Efectivamente se puede hacer bastante, pero primero pienso que hay que enmendar problemas tan dramáticos como por ejemplo la muerte de los hermosos ríos, la muerte de ese hermoso Arlanzón, la tala de esos importante bosques de encina y roble...
Segundo, sería necesaria una catalogación, científica y bien documentada, sobre los lugares, de interés ecológico que tiene Burgos. Si hay -y creo que es verdad- una de las últimas parejas de quebrantahuesos en Burgos, si en alguno de sus bosques -que los hay- se pudiera reintroducir el corzo, el venado... a partir de esas premisas se podría llevar a cabo una labor efectiva.
-¿Cuál sería esta labor efectiva, parques zoológicos, por ejemplo...?
-No. No soy partidario de los parques zoológicos si no están un poco en la línea de ‘safari-park’, donde los animales se pueden mover y reproducir con cierta libertad. Pienso, eso sí, que todas las capitales de provincia con una cierta alcurnia -Burgos, por ejemplo- debieran un gran parque con la fauna autóctona. Un parque donde los niños no tuvieran que apostarse sobre lomas durante días para ver un corzo, un gamo o un águila. Primero, fauna autóctona; después la que un día existió pero que ha desparecido y, por último, la de toda la Península. Esto sería muy positivo a la vez que rentable. Sin embargo es necesaria la ayuda de la Administración, de la colectividad y de la iniciativa privada.
-Está a punto de finalizar la última serie televisiva, El hombre y la Tierra. Todos conocemos sus trabajos, primero en la ‘televisión escolar’, con sus programas de ciencias naturales: El planeta azul, Fauna ibérica... cortos fílmicos de zoología en dibujos animados... ¿Qué ha pretendido hacer desde la pequeña pantalla?
-En primer lugar, los programas ha sido una forma de realización personal. Al mismo tiempo he tratado de concienciar a la gente del grave problema que supondría para las generaciones venideras, sobre todo, quedarnos sin naturaleza. Desde hace dieciocho años he tratado de clamar a través de la televisión por la protección de las especies en franco peligro de extinción, por esa conservación de los bosques que se queman o se talan indiscriminadamente o de esos ríos que se contaminan. Hoy se puede decir que la concienciación popular ha aumentado, pero paralelamente y de forma más rápida han aumentado las posibilidades del hombre para contaminar el medio ambiente. Y, por último, he llegado al campo de la investigación. Mis filmaciones puede servir para estudiar especies extinguidas completamente.

-El pasado está ahí, se puede ver. ¿El futuro? ¿Seguirá trabajando en TVE?
-Por ahora me quedan cuatro capítulos de El hombre y la Tierra para finalizar esta serie, pero estoy trabajando ya en Canadá para hacer otros 13 o quizás otros 26 capítulos en aquel extensísimo país. No obstante, seguiré filmando en España porque no he dado por terminada la serie Fauna ibérica. Al margen de estos trabajos acabo de terminar la tercera parte de una serie nueva que se llamará Los perros del mundo y en julio también empieza una nueva serie africana. Todo esto puede transformarse en cuatro series de 26 capítulos para tres o cuatro años.
-Curiosamente sus ‘cortos’ de dibujos animados están tendiendo audiencia entre el público aficionado al cine. ¿Qué opinión le merece este hecho?
-Me ha sorprendido pues trabaje en estos ‘cortos’ hace ya ocho años. Un grupo de dibujantes estaban medio parados, no sabían que hacer... Tenían una posibilidad de trabajar para los antiguos Estudios Castilla y me pidieron ideas y así surgieron estos dibujos animados. Yo me encargué de las líneas argumentales y de los comentarios.
-El aspecto económico de su actual dedicación es el que más críticas le han valido. ¿Doctor, verdaderamente vive de los animales?
-Efectivamente que vivo, pero no me he hecho multimillonario como mis detractores afirman. Es una total, infundada y burda calumnia. Si yo hago series para televisión que se ven de una forma masiva, si escribo libros y enciclopedias que se traducen a varios idiomas como cualquier hijo de vecino tengo derecho a mi pequeña parcela económica. Sería multimillonario, tendrían mi avión y mi yate si el trabajo que realizo en España lo hiciera en Estados Unidos o en Japón. Estaría al mismo nivel que Walt Disney o Cousteau. Además este último tiene muchos menos telespectadores que yo. Si realmente yo hubiera querido hacerme multimillonario no tenía más que haberse dedicado a lo que profesionalmente soy, un médico odontólogo que acaba la carrera con notas brillantes. Probablemente estaría ahora en una magnífica clínica de una calle de Madrid, ganando mucho dinero, probablemente mucho más que ahora.
-El tema nuclear está de rabiosa actualidad en el mundo. Hace escasos días hubo un escape de gas en la central de Harrisburg ¿Cuál es su opinión como perito en materia de medio ambiente?
-Mi postura es muy clara. Abogo porque en España se instalen el menor número de estas centrales y porque estas mínimas plantas con el máximo de seguridad, a la vez, aporten el máximo de información de lo que en ellas ocurra de cara al público y porque estas centrales estén ubicadas en zonas geográficas que ecológicamente sean menos perniciosas, al lado de grandes cuencas fluviales, con gran caudal para que no esté tan concentrada una contaminación térmica que termine con la riqueza ictiológica.

-¿A qué cree que se debe la actual radicalización del tema?
-A los grupos de presión. La radicalización por la derecha, el gran capital, al que le mueve intereses puramente económicos; y, por la extrema izquierda, para esconder los intereses propiciados por las potencias del Este, para que Europa no tenga fuentes de energía. La única postura objetiva es la intermedia, ni la total permisividad ni la total oposición. Dadas las circunstancias actuales en materia energética, personalmente pienso que la energía nuclear es necesaria siempre y cuando se tengan las características que he expuesto anteriormente.
-Cambiando de tercio, en un breve panorama ¿cuál es la situación en España de las reservas cinegéticas y zoológicas?
-La situación caótica de los últimos años ha remitido totalmente. Icona, organismo oficial competente en la materia, está trabajando muy bien. Algunos hechos están ahí como la conversión de Doñana -60.000 hectáreas- en parque nacional o el estatuto de las Tablas de Daimiel, por ejemplo. No obstante hay que seguir luchando porque las declaraciones administrativas del Gobierno sean llevadas al campo práctico, porque zonas de gran interés hay muchas en España y todas deben ser declaradas naturales. Y hay que trabajar por un pragmatismo en la relaciones ciudadano-naturaleza mediante una concienciación para que no se contaminen los ríos y no se talen los montes, ni se exterminen las especies protegidas...
Comentario
Juan Ángel Gozalo / Periodista
Mi primera y última entrevista con Félix
Tuve la suerte de entrevistar a Félix Rodríguez de la Fuente poco antes de su viaje a Alaska, que a la postre sería el último por esos mundos de Dios que a él tanto le gustaban. Fueron sus últimas declaraciones en tierras españolas. Aún conservo la cinta del viejo casette en la que las grabé. Era entonces estudiante de Periodismo en la Universidad Complutense y a pesar de estar todavía aprendiendo este oficio de juntar letras ya hacía mis pinitos en Diario de Burgos. Entre clase y clase sacaba tiempo para hacer mis entrevistas para una sección que se llamaba Burgaleses en la diáspora y que me dio la oportunidad de conocer y hablar con insignes burgaleses que vivían en Madrid como eran el mismo Félix Rodríguez de la Fuente, el también televisivo Luis López del Pecho (Luis Pancorbo), Luis Ángel de la Viuda, Félix Pérez y Pérez o el dibujante Máximo San Juan, entre otros muchos.
Conseguí, después de llamar a un montón de personas de su círculo, el teléfono privado de Félix Rodríguez de la Fuente y le llamé. Me presenté como colaborador de Diario de Burgos y le expliqué que quería entrevistarle. Amable, como era él, accedió. Albricias, había conseguido una cita con el más grande de los naturalistas de este país y un ‘monstruo mediático’. Era todo un reto y me preparé el cuestionario. Eran tiempos en los que no había internet, no teníamos google ni la wikipedia. Un compañero de la residencia estudiantil, que trabajaba en el archivo del desparecido Ya, me facilitó decenas de recortes sobre la vida, obra y milagros de este pozano universal. Así que en una vieja máquina Lettera redacté las preguntas. No fue nada fácil porque había mil temas y un millón de vivencias. No llegué, ni mucho menos, a hacerle todas porque Félix Rodríguez de la Fuente era un hombre de verbo fácil, pero extenso y también muy ocupado. Me recibió en su estudio. Vivía en un piso enorme, decorado al mejor estilo ‘aventurero’. Me presentó a su esposa, Marcelle Parmentier, y a sus dos hijas, entonces unas niñas que correteaban entre las mesas y sillas del comedor. Hoy Odile, la niña de sus ojos y ahora toda una mujer, preside la fundación que lleva su nombre.
Más de una hora de charla dio para mucho. Había escuchado su singular y modulada voz en mil programas de televisión y radio, pero en vivo sonaba mucho mejor. Encandilaba como ninguno. Acabó la entrevista y le deseé buen viaje. Nadie sospechaba que sería su última aventura. El 14 de marzo de 1980, el día de su muerte confieso que lloré. Era mi nuevo ‘amigo’ Félix el que se había ido. Un compañero de la residencia, que oía la radio hasta en la ducha y que hacía sus pinitos periodísticos en el medio y que sabía de mi entrevista, me dio la mala nueva. «Félix Rodríguez de la Fuente ha muerto en un accidente aéreo en Alaska», dijo. No me lo creía. A penas unos días antes había estrechado su mano. Enseguida, por deformación profesional, me acordé de la entrevista y que en mi último fin de semana en Burgos había entregado los cuatro folios a Andrés Ruiz Valderrama, entonces director del periódico. Le llamé enseguida para recordárselo. La entrevista se publicó el día 20 de marzo, pasada la vorágine informativa que suscitó el fallecimiento de Félix Rodríguez de la Fuente, no solo en Diario de Burgos sino en otros medios regionales, sindicados entonces en Colpisa. Recuerdo que la vi publicada en la última página de El Heraldo de Aragón y en El Correo Español. Seguramente no sea una ‘perla’ periodística, pero fue el trabajo ilusionado de un estudiante de Periodismo. Así fue y así se lo cuento, que diría el maestro Ernesto Sáenz de Buruaga. Treinta años después, Félix sigue vivo en mi memoria y en la de miles de personas más.
Fuente: diariodeburgos.es
domingo, 7 de marzo de 2010
-La infancia de Félix Rodriguez de la Fuente en un libro.
Quizás a través de aquel oído privilegiado Félix hizo un viaje a los orígenes de los tiempos, porque interiorizó de tal manera su presencia que se convirtió en un actor esencial de la misma. Todas las claves sobre aquella época seminal en la vida de Félix Rodríguez de la Fuente las ofrece en su último libro Miguel Pou, escritor, naturalista y uno de las personas que mejor conocen al burgalés universal, de cuyo fallecimiento se cumplirán en marzo 30 años.
En La maravillosa infancia de Félix Rodríguez de la Fuente, Pou explica con precisión dónde, cómo y por qué Félix se convirtió en la persona que fue, en ese ser cuyo trascendente legado está ya proyectado en la eternidad. Pou narra con maestría esa incipiente relación entre aquel niño curioso y montaraz en aquella tierra que él siempre definiría como «fabulosa» y «fantástica». Félix era todavía muy pequeño, pero ya miraba con creciente curiosidad, desde el estrecho y pequeño balcón, la montaña inhóspita, la montaña salvaje, la montaña que le estaba llamado y tentando porque tenía águilas salvajes y de ella descendían los míticos y admirables lobos. ¡Aquellos montes y serranías le provocaban! La tierra y los cielos parecía que le cantasen como una sirena, porque contenían -escondida para ser descubierta- una fascinante Naturaleza que se proponía visitar, escribe el naturalista.
Pou se propuso indagar en la infancia de Félix en Poza «porque todo lo que fue, todo lo que proyectó en su obra, se gestó allí. Todo lo que vivió le dejó marcado de manera indeleble. Su filosofía posterior, la relación entre el hombre y la tierra, se forjó allí». Pou explica que en pocos pueblos como Poza había una relación tan silvestre, tan fuerte en la comunicación entre el hombre y los animales. «Estamos hablando de un lugar con un ecosistema y una orografía perfectos que permitía una abundancia de fauna amplísima, con un páramo kilométrico y salvaje, con unas peñas ideales para águilas y buitres. Estoy convencido de que Félix no hubiera sido como fue si hubiese nacido en otro pueblo. Él mismo lo decía».
También le marcaron otros hechos, apunta el biógrafo. Por ejemplo, el genético: Pou asegura que Félix heredó la inteligencia y la magnífica oratoria de su padre, si bien al contrario que éste, activo tertuliano en reuniones con los miembros más elitistas de la comarca -don Samuel era notario y solía juntarse con el médico, el boticario, el cura-, prefirió pasar horas y horas de aprendizaje junto a los cazadores y, especialmente, los pastores, quienes habrían de enseñarle a leer en la naturaleza. «Tenemos a un niño pequeño que está viendo, todos los días, buitres en el cielo; a los hombres trabajando en las salinas; a los burros, mulas y caballos que allí morían las más de las veces ser devorados por las aves. Era un ser continuamente asombrado, que escuchaba cuentos y leyendas, que participaba en cacerías, que ya investigaba con su grupo de amigos, a los que se conocía como la cuadrilla de ‘Dios te libre’, por todo el campo capturando garduñas, comadrejas...», apunta Pou. Allí, entre los riscos imponentes de la villa se enamoró del vuelo majestuoso del buitre, del águila y el halcón, y una tarde que no olvidó nunca conoció de cerca al lobo, ese animal que según los relatos que había escuchado siempre era poco menos que un ser maligno, demoníaco, posiblemente de aspecto espeluznante y horrible.
Pou cuenta así aquella inolvidable jornada: «Un día hubo una batida de lobos en el páramo. Félix acompañó al pastor con el que más tiempo pasaba. Los cazadores hacían avanzar a los lobos por el páramo inmenso, y en un cambio de rasante, donde el animal no podía olerles, les esperaban las mejores escopetas de Burgos. Y Félix estaba allí. Entonces, con el sol rojo poniéndose, vio recortarse la figura del lobo (como esa imagen de la serie El hombre y la tierra, que está sacada del recuerdo de aquel día), enamorándose en ese mismo momento: la belleza de la mirada, la nobleza que irradiaba, su imponente e impecable presencia. Entonces, abandonó el puesto de cazador y empezó a gritar para auyentarlo y que no lo mataran. Y lo salvó la vida», detalla Pou.
Fuente: R. Pérez Barredo www.diariodeburgos.es
sábado, 27 de febrero de 2010
-Recordando al cura Merino.
El enfrentamiento duró tan solo un día. No hubo bajas significativas en ninguno de los dos bandos, pero sí un salto cualitativo en la contienda y el prólogo de la leyenda del Cura Merino y su papel en la Historia. Porque aquel incipiente ‘ejército’ que asaltó la guarnición francesa no eran más que civiles luchando contra una unidad militar en un fuerte. Un acto osado que tuvo su trascendencia y provocó el alistamiento de jóvenes estudiantes lermeños, sin cuya ayuda la unidad de Jerónimo Merino Cob nunca hubiera llegado a tener la «organización tan profesional» que alcanzó. Entre ellos se encontraba Ramón Santillán, que después fue ayudante de campo de Merino, experiencia que recogió en sus memorias publicadas por el Banco de España.
Aquellas 24 horas claves en la historia de Lerma y por extensión de España van a revivirse los días 21, 22 y 23 de mayo a través de una recreación escénica en la que participarán más de 200 personas de la Villa Ducal y alrededores. Un acontecimiento capitaneado por el Centro de Iniciativas Turísticas de la villa, encargado de solicitar las subvenciones que permitan cubrir los 36.000 euros de presupuesto, y que cuenta con la implicación de entidades públicas y privadas, asociaciones, particulares y colectivos de diversa índole. Puede decirse que todo el pueblo participará de una forma u otra en este evento.
Pero, ¿quiénes están detrás de este tinglado que durará tres días? ¿A quiénes se les ha ocurrido la idea de trasladar a Lerma al siglo XIX con todo lujo de detalles? ¿Cómo van a poder organizar y coordinar a todo el mundo? La respuesta es fácil para los que viven o tienen relación con la localidad: Diego Peña y Ernesto Pérez Calvo. El primero es un gran estudioso y conocedor de la Guerra de la Independencia. Y el segundo lleva desde que se fundó al frente de La Hormiga, la compañía que prepara la Fiesta Barroca, sube con éxito a los escenarios del Certamen Provincial de Teatro y preparará el espectáculo previsto para la noche del sábado 22 de mayo.
Y si ya tenemos los nombres de estos ‘capitanes’, ahora queda por saber qué les impulsó a meterse en tal berenjenal. Razones tienen. Peña considera que la Guerra de la Independencia se ha quedado en una lectura muy «simplista», cuando la contienda no solo fue entre franceses y españoles, sino que también participaron efectivos de otros países. Por eso y porque Lerma, y por extensión la provincia, fueron escenarios de éste y de otros muchos importantes episodios de esta época quiere que la «historia se conozca para sacar una lección positiva de algo negativo como fue una guerra».
Con las ideas claras, Peña trasladó su intención a Pérez Clavo, que enseguida puso texto, espectáculo y proyecciones a la historia. Y los dos explican así sus pretensiones: «Queremos hacer una recreación histórica de este ataque, al que también hemos unido otra serie de acontecimientos que ocurrieron durante la guerra para contextualizarlo. La gente recibirá una lección de lo que fue Lerma y Burgos durante esta contienda, basando además la representación en hechos reales y comprimiéndolo todo en un fin de semana».
Así, habrá combates, saqueos, una cena napoleónica que organizará el Parador Nacional, patrullas de franceses dando el toque de queda, destacamentos de españoles, rancho para todos, altercados, apresamientos... Todo lo que pudo ocurrir y ocurrió ese día en Lerma, puesto que la recreación está basada en el parte de guerra escrito por el propio cura Merino, que «parece que lo redactó pensando que un día se iba a representar», coinciden en afirmar tanto Peña como Pérez Calvo.
La maquinaria creativa está en marcha desde hace seis meses. Ya han comenzado las reuniones con los participantes y el reparto de cometidos. Ahora solo queda que el engranaje organizativo sea perfecto, tarea no tan difícil para un pueblo con experiencia en la preparación de grandes eventos culturales. Los ensayos para que Lerma reviva su historia no tardarán en comenzar.
Fuente: diariodeburgos.es
domingo, 21 de febrero de 2010
-Gregorio Mayoral Sendino. Un ejecutor muy fino.
Si en el desarrollo de la siniestra profesión de verdugo pudiera darse un momento de gloria, el del burgalés Gregorio Mayoral Sendino se produjo el 20 de agosto de 1897. Ese día, este funcionario con fama de fino estilista de la cosa había sido reclamado para ejecutar a garrote vil a un reo muy especial: el anarquista italiano Michele Angiolillo, quien días antes había asesinado al presidente del Gobierno, Antonio Cánovas del Castillo. Eran las once de la mañana. Gregorio Mayoral -bajito, regordete, de rostro cetrino y expresión tranquila- subió los doce peldaños del cadalso improvisado en el patio de la cárcel de Vergara, donde le esperaba un pálido condenado. Dispuso los hierros de la mortal argolla e hizo su trabajo. Cuando lo concluyó, cubrió el rostro del ejecutado con un paño negro y se marchó igual de silencioso y sereno por donde había llegado.

La flema de este verdugo, titular de la Audiencia de Burgos durante décadas, estaba a la altura de su habilidad para tan espeluznante cometido. Había nacido en Cabia en 1863, en el seno de una mísera familia que pronto se trasladó a la capital para seguir malviviendo, a pesar de que él trató de ganarse la vida: fue pastor, zapatero, peón de albañil e incluso hizo sus pinitos en la milicia, pero no tenía espíritu castrense. Así, desempleado y al cargo de su anciana madre, un letrado amigo de la familia se presentó un día en su casa con un posible trabajo: un empleo del Estado que había quedado vacante y que saldría en breve a concurso.
Las 1.750 pesetas anuales con que le anunciaron la oferta pudieron más que la escalofriante ocupación a que atendía la proposición de marras, y a pesar de los llantos de la madre, que no quería un hijo en esas lides, la plaza fue suya por delante de otros dos candidatos merced a los méritos de haber servido en el ejército.
Como el Amadeo de la inolvidable película El verdugo, escrita por Rafael Azcona y dirigida por Luis García Berlanga -quienes posiblemente se inspiraran en el burgalés, toda una leyenda entre los ministros ejecutores de justicia, para más de un rasgo del papel bordado por Pepe Isbert-, Gregorio Mayoral asumió siempre su oficio con naturalidad, como si despachar a los condenados fuera ejercicio tan normal como tramitar un expediente de aguas, que escribió en una ocasión el ensayista leonés Ricardo Gullón tras entrevistarlo en Burgos poco antes de su muerte. Existen testimonios como éste que reflejan esa campechanía e impavidez ante el hecho de dar muerte a un reo. Entrevistado en una ocasión por José Samperio, respondió, quitándole hierro al asunto, que ésta, al fin y al cabo, sólo trata de cumplir órdenes, siendo más grave la sentencia que el cumplimiento de la misma.
Su bautismo de fuego tardó dos años en llegar; en ese tiempo, Gregorio Mayoral conoció a fondo los misterios de aquella máquina terrible, a la que introdujo, con el paso de los años, una serie de mejoras que él decía humanizaban el cumplimiento de la pena capital. Gracias a estas investigaciones alcanzó gran destreza con el garrote, logrando una inusitada rapidez en la ejecución que le evitaba al convicto más sufrimientos que los estrictamente ineludibles. Su fama de diestro matarife le llevó por toda España. A cada ejecución se llevaba sus utensilios (la guitarra, decía con negro humor en referencia a la maleta en que los portaba), harto como estaba, decía, de encontrar aparatos en estados lamentables allá donde acudía.
En la misma entrevista con José Samperio describió casi jovialmente, con entusiasmo, las mejoras realizadas en el arma mortal: «No hace ni un pellizco, ni un rasguño, ni nada; es casi instantáneo, tres cuartos de vuelta y en dos segundos...». Declaraciones como ésta revelan lo que ser verdugo significó para este burgalés: un trabajo más, como otro cualquiera, que no le procuró nunca mal de conciencia alguno. Así de gráficamente se lo contó a Samperio: «Yo tengo la conciencia tranquila y duermo como un lirón. Solamente una vez soñé que ahí enfrente estaban despidiendo a uno y me pareció muy raro que no fuera yo el qu
e manejaba el aparato. Creí que me habían dejado cesante», aseveró.
Su primera ejecución fue en Miranda de Ebro en 1892. El reo, un cabo llamado Domingo Bezares que había dado muerte de un sablazo a un joven recluta al que después había lanzado al Ebro. Además del ajusticiamiento de Angiolillo, Mayoral tomó parte en otro de gran repercusión en toda España, ya que se trató de caso triple. Sucedió en 1924, en plena dictadura de Primo de Rivera. Se conoce como ‘El crimen del Expreso de Andalucía’. El verdugo burgalés fue el encargado, junto al de Madrid, llamado Casimiro Municio, de dar garrote a los tres ladrones y asesinos que asaltaron el convoy segando la vida de dos encargados. De este crimen hizo Uribe una película y el Museo de Cera de Madrid lo recrea tan vivamente que su sola contemplación estremece al visitante.
Mayoral fue admirado por verdugos coetáneos, que resaltaban siempre que podían «la precisión y rapidez» del aparato que manejaba su compañero de Burgos, al que algunos bautizaron como ‘el abuelo’, ya que estuvo más de cuarenta años desempeñando este oficio. Y es que el burgalés no dejó de trabajar hasta su muerte, natural por más señas. Aunque nunca le incomodaron los fantasmas de las sesenta personas a las que envió con pulso firme al otro mundo, vivió angustiado sus últimos días en una casa pobre y oscura del arrabal burgalés al cuidado de su nieta Paquita (ya era viudo por aquel entonces) toda vez que su hija y madre de la pequeña se había fugado con un soldado. Aquellas manos gruesas y fuertes que tantos cuellos atornillaron mimaron con delicadeza y cariño a aquella pequeña: la lavaron, la vistieron, la dieron de comer, la acompañaron a la escuela... Gregorio Mayoral Sendino murió en octubre de 1928 con 65 años y la conciencia en paz.
La flema de este verdugo, titular de la Audiencia de Burgos durante décadas, estaba a la altura de su habilidad para tan espeluznante cometido. Había nacido en Cabia en 1863, en el seno de una mísera familia que pronto se trasladó a la capital para seguir malviviendo, a pesar de que él trató de ganarse la vida: fue pastor, zapatero, peón de albañil e incluso hizo sus pinitos en la milicia, pero no tenía espíritu castrense. Así, desempleado y al cargo de su anciana madre, un letrado amigo de la familia se presentó un día en su casa con un posible trabajo: un empleo del Estado que había quedado vacante y que saldría en breve a concurso.
Las 1.750 pesetas anuales con que le anunciaron la oferta pudieron más que la escalofriante ocupación a que atendía la proposición de marras, y a pesar de los llantos de la madre, que no quería un hijo en esas lides, la plaza fue suya por delante de otros dos candidatos merced a los méritos de haber servido en el ejército.
Como el Amadeo de la inolvidable película El verdugo, escrita por Rafael Azcona y dirigida por Luis García Berlanga -quienes posiblemente se inspiraran en el burgalés, toda una leyenda entre los ministros ejecutores de justicia, para más de un rasgo del papel bordado por Pepe Isbert-, Gregorio Mayoral asumió siempre su oficio con naturalidad, como si despachar a los condenados fuera ejercicio tan normal como tramitar un expediente de aguas, que escribió en una ocasión el ensayista leonés Ricardo Gullón tras entrevistarlo en Burgos poco antes de su muerte. Existen testimonios como éste que reflejan esa campechanía e impavidez ante el hecho de dar muerte a un reo. Entrevistado en una ocasión por José Samperio, respondió, quitándole hierro al asunto, que ésta, al fin y al cabo, sólo trata de cumplir órdenes, siendo más grave la sentencia que el cumplimiento de la misma.
Su bautismo de fuego tardó dos años en llegar; en ese tiempo, Gregorio Mayoral conoció a fondo los misterios de aquella máquina terrible, a la que introdujo, con el paso de los años, una serie de mejoras que él decía humanizaban el cumplimiento de la pena capital. Gracias a estas investigaciones alcanzó gran destreza con el garrote, logrando una inusitada rapidez en la ejecución que le evitaba al convicto más sufrimientos que los estrictamente ineludibles. Su fama de diestro matarife le llevó por toda España. A cada ejecución se llevaba sus utensilios (la guitarra, decía con negro humor en referencia a la maleta en que los portaba), harto como estaba, decía, de encontrar aparatos en estados lamentables allá donde acudía.
En la misma entrevista con José Samperio describió casi jovialmente, con entusiasmo, las mejoras realizadas en el arma mortal: «No hace ni un pellizco, ni un rasguño, ni nada; es casi instantáneo, tres cuartos de vuelta y en dos segundos...». Declaraciones como ésta revelan lo que ser verdugo significó para este burgalés: un trabajo más, como otro cualquiera, que no le procuró nunca mal de conciencia alguno. Así de gráficamente se lo contó a Samperio: «Yo tengo la conciencia tranquila y duermo como un lirón. Solamente una vez soñé que ahí enfrente estaban despidiendo a uno y me pareció muy raro que no fuera yo el qu
e manejaba el aparato. Creí que me habían dejado cesante», aseveró.
Su primera ejecución fue en Miranda de Ebro en 1892. El reo, un cabo llamado Domingo Bezares que había dado muerte de un sablazo a un joven recluta al que después había lanzado al Ebro. Además del ajusticiamiento de Angiolillo, Mayoral tomó parte en otro de gran repercusión en toda España, ya que se trató de caso triple. Sucedió en 1924, en plena dictadura de Primo de Rivera. Se conoce como ‘El crimen del Expreso de Andalucía’. El verdugo burgalés fue el encargado, junto al de Madrid, llamado Casimiro Municio, de dar garrote a los tres ladrones y asesinos que asaltaron el convoy segando la vida de dos encargados. De este crimen hizo Uribe una película y el Museo de Cera de Madrid lo recrea tan vivamente que su sola contemplación estremece al visitante.
Mayoral fue admirado por verdugos coetáneos, que resaltaban siempre que podían «la precisión y rapidez» del aparato que manejaba su compañero de Burgos, al que algunos bautizaron como ‘el abuelo’, ya que estuvo más de cuarenta años desempeñando este oficio. Y es que el burgalés no dejó de trabajar hasta su muerte, natural por más señas. Aunque nunca le incomodaron los fantasmas de las sesenta personas a las que envió con pulso firme al otro mundo, vivió angustiado sus últimos días en una casa pobre y oscura del arrabal burgalés al cuidado de su nieta Paquita (ya era viudo por aquel entonces) toda vez que su hija y madre de la pequeña se había fugado con un soldado. Aquellas manos gruesas y fuertes que tantos cuellos atornillaron mimaron con delicadeza y cariño a aquella pequeña: la lavaron, la vistieron, la dieron de comer, la acompañaron a la escuela... Gregorio Mayoral Sendino murió en octubre de 1928 con 65 años y la conciencia en paz.
Fuente: R. Pérez Barredo www.diariodeburgos.es
martes, 16 de febrero de 2010
-El "Juego de la Oca" o el Camino de Santiago.
Desde que se popularizara en Francia e Italia en los siglos XVII y XVIII, el ‘Juego de la Oca’ se ha identificado con la propia vida del ser humano, llena de pruebas y dificultades, recompensas y atajos, como los que pueblan las 63 casillas del tablero. Los investigadores en la tradición también han ido más allá, al asociar el juego de mesa con los templarios, los saberes arcanos, el tarot y las fuentes esotéricas o el propio Camino de Santiago, en el que se dan cita, en su vertiente más mágica, los anteriores elementos.
«En el ‘Juego de la Oca’, como en la vida y en el Camino de Santiago hay un peregrinaje, un recorrido que se hace, o se hacía, una vez en la vida y que llevaba a la gente a reconvertir su existencia, a cambiar de hábitos y entrar en un mundo nuevo», relata el etnógrafo zamorano, afincado en Urueña (Valladolid), Joaquín Díaz, para quien «siempre se ha unido el Camino, que tiene muchos lugares que se refieren a las ocas, con el juego», aunque no haya una razón «clara» para ello.
Sin embargo, el arquitecto e investigador lucense Carlos Sánchez-Montaña, especialista en la arquitectura romana de la época de César Augusto y en el trabajo de Agripa y Vitrubio, sí está «convencido» de la claridad de esa conexión, que entronca el ‘Juego de la oca’ con el Camino de Santiago... o, según sus teorías, más bien con la ruta que lo precedió y de la que hoy apenas queda constancia en la sabiduría popular: el camino de las estrellas, de la Vía Lactea, del dios romano Jano, del celta Lugh o del sumerio Anu, en definitiva, del conocimiento y la iluminación.
«Según mi interpretación, el tablero es una carta geográfica, lo que hoy podemos entender como una guía de viaje, que permite realizar el antiguo ‘Callis Ianus’, el Sendero de Jano», explica Sánchez-Montaña, convencido de que esta ruta, que unía Oriente y Occidente, Asia Menor y Finisterre, ya se conocía en la cultura sumeria hace 6.000 años, y posteriormente «en la egipcia y en la celta».
Una vez que Roma controla prácticamente el mundo conocido, hacia el siglo I. a. C, César Augusto y su hombre de confianza, Marco Vipsanio Agripa, «ponen en valor» la antigua ruta, una línea recta que une Éfeso con el cabo de Touriñán, el extremo más occidental de la Península Ibérica, pasando por Roma.
Así, el general Agripa, «a través de un conocimiento cartográfico, matemático y arquitectónico del territorio», basado «en las normas de Vitrubio», diseña «el decumanus más grande del imperio», cuya calzada aún se conserva en puntos de «Cataluña, Galicia, Navarra o Castilla y León, en esta última en la provincia de León», señala el arquitecto lucense.
Calzadas. En la antigua Hispania, el ‘Callis Ianus’ comenzaba en el Cabo de Creus –el punto más oriental de la Península Ibérica- y terminaba en el ‘Ara Solis’, el altar del sol, de Touriñán, tras pasar por la ciudad sagrada de Augusto, Lucus Augusti, la actual Lugo. En total, y según la matemática de Vitrubio aplicada por Sánchez-Montaña, la ruta estaba compuesta por «63 etapas de 15 millas cada una», que se corresponden «con las 63 casillas del ‘Juego de la oca’».
Ante la progresiva «cristianización» y «transformación» del sendero pagano en el Camino de Santiago, «con el apoyo por parte de los francos, las órdenes de Cluny y el Císter y Roma», los que lo conocen deciden conservarlo codificado «en el juego». Carlos Sánchez-Montaña identifica a estos conservadores con «el gremio de constructores».
Pruebas. Para que los peregrinos llegaran sanos y salvos a su destino, los autores incluyeron en él una serie de pruebas o peligros, identificados, según Sánchez-Montaña, con lugares reales difíciles de atravesar, algunos de ellos ubicados en Castilla y León.La prueba del pozo, «el punto medio de toda la ruta», se sitúa, según el arquitecto, muy cerca de Leciñana del Camino y el Dolmen de la Mina, en Álava, pero «muy próxima a Castilla León». El laberinto podría ubicarse «en las cercanías de Cardaño de Abajo (Palencia), ya que esas rutas entre montañas son un laberinto de valles y gargantas en los que era fácil perderse». La ruta romana, y del ‘Juego de la oca’, en Castilla León sigue por «Quintanilla de las Torres, Cervera de Pisuerga, Crémenes, Villamanín y Villablino, y entra después en el sur de Asturias y en Galicia», señala Carlos Sánchez-Montaña, quien asocia la prueba de la cárcel con Los Ancares, entre El Bierzo (León) y Lugo, «donde los peregrinos podían penar sus culpas trabajando en las minas».
Fuente:Daniel G. Rojo
www.icaljacobeo.es
«En el ‘Juego de la Oca’, como en la vida y en el Camino de Santiago hay un peregrinaje, un recorrido que se hace, o se hacía, una vez en la vida y que llevaba a la gente a reconvertir su existencia, a cambiar de hábitos y entrar en un mundo nuevo», relata el etnógrafo zamorano, afincado en Urueña (Valladolid), Joaquín Díaz, para quien «siempre se ha unido el Camino, que tiene muchos lugares que se refieren a las ocas, con el juego», aunque no haya una razón «clara» para ello.
Sin embargo, el arquitecto e investigador lucense Carlos Sánchez-Montaña, especialista en la arquitectura romana de la época de César Augusto y en el trabajo de Agripa y Vitrubio, sí está «convencido» de la claridad de esa conexión, que entronca el ‘Juego de la oca’ con el Camino de Santiago... o, según sus teorías, más bien con la ruta que lo precedió y de la que hoy apenas queda constancia en la sabiduría popular: el camino de las estrellas, de la Vía Lactea, del dios romano Jano, del celta Lugh o del sumerio Anu, en definitiva, del conocimiento y la iluminación.
«Según mi interpretación, el tablero es una carta geográfica, lo que hoy podemos entender como una guía de viaje, que permite realizar el antiguo ‘Callis Ianus’, el Sendero de Jano», explica Sánchez-Montaña, convencido de que esta ruta, que unía Oriente y Occidente, Asia Menor y Finisterre, ya se conocía en la cultura sumeria hace 6.000 años, y posteriormente «en la egipcia y en la celta».
Una vez que Roma controla prácticamente el mundo conocido, hacia el siglo I. a. C, César Augusto y su hombre de confianza, Marco Vipsanio Agripa, «ponen en valor» la antigua ruta, una línea recta que une Éfeso con el cabo de Touriñán, el extremo más occidental de la Península Ibérica, pasando por Roma.
Así, el general Agripa, «a través de un conocimiento cartográfico, matemático y arquitectónico del territorio», basado «en las normas de Vitrubio», diseña «el decumanus más grande del imperio», cuya calzada aún se conserva en puntos de «Cataluña, Galicia, Navarra o Castilla y León, en esta última en la provincia de León», señala el arquitecto lucense.
Calzadas. En la antigua Hispania, el ‘Callis Ianus’ comenzaba en el Cabo de Creus –el punto más oriental de la Península Ibérica- y terminaba en el ‘Ara Solis’, el altar del sol, de Touriñán, tras pasar por la ciudad sagrada de Augusto, Lucus Augusti, la actual Lugo. En total, y según la matemática de Vitrubio aplicada por Sánchez-Montaña, la ruta estaba compuesta por «63 etapas de 15 millas cada una», que se corresponden «con las 63 casillas del ‘Juego de la oca’».
Ante la progresiva «cristianización» y «transformación» del sendero pagano en el Camino de Santiago, «con el apoyo por parte de los francos, las órdenes de Cluny y el Císter y Roma», los que lo conocen deciden conservarlo codificado «en el juego». Carlos Sánchez-Montaña identifica a estos conservadores con «el gremio de constructores».
Pruebas. Para que los peregrinos llegaran sanos y salvos a su destino, los autores incluyeron en él una serie de pruebas o peligros, identificados, según Sánchez-Montaña, con lugares reales difíciles de atravesar, algunos de ellos ubicados en Castilla y León.La prueba del pozo, «el punto medio de toda la ruta», se sitúa, según el arquitecto, muy cerca de Leciñana del Camino y el Dolmen de la Mina, en Álava, pero «muy próxima a Castilla León». El laberinto podría ubicarse «en las cercanías de Cardaño de Abajo (Palencia), ya que esas rutas entre montañas son un laberinto de valles y gargantas en los que era fácil perderse». La ruta romana, y del ‘Juego de la oca’, en Castilla León sigue por «Quintanilla de las Torres, Cervera de Pisuerga, Crémenes, Villamanín y Villablino, y entra después en el sur de Asturias y en Galicia», señala Carlos Sánchez-Montaña, quien asocia la prueba de la cárcel con Los Ancares, entre El Bierzo (León) y Lugo, «donde los peregrinos podían penar sus culpas trabajando en las minas».
Fuente:Daniel G. Rojo
www.icaljacobeo.es
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