jueves, 15 de octubre de 2009

-Huellas de dinosaurios en Salas de los Infantes.


La comarca de Salas de los Infantes cuenta con importantes yacimientos paleontológicos. Cronológicamente, el primero es el de Cantera Cavila; allí, en una potente serie de calizas bien estratificadas, encontramos sedimentos del Jurásico Inferior, depositados entre hace 160 y 140 millones de años cuando esta zona estuvo sumergida bajo el mar. Destaca su enorme riqueza fosilífera, siendo rico en Ammonites, Belemnites e incluso reptiles marinos como el Ictiosaurio.

Relacionado con los dinosaurios, Salas cuenta con dos yacimientos, ambos con sus huellas: Costalomo y Peña Uñor. En Costalomo encontramos rastros de dinosaurios carnívoros y herbívoros. Durante julio de 2003 se han realizado excavaciones de dinosaurios datados en el intervalo del Jurásico superior al Cretácico Inferior, con una antigüedad de entre 140 y 120 millones de años. Las excavaciones han sido organizadas por el Colectivo Arqueológico Paleontológico de Salas (CAS).


El dinosaurio que se ha excavado en La Revilla-Ahedo es un rebaquisáurido, herbívoro cuadrúpedo de cuello y cola largos. Al espécimen de este yacimiento se le ha calculado unos 12 metros de longitud en base a su fémur, de más de un metro de altura, expuesto en el Museo de Dinosaurios de Salas.
Este dinosaurio tiene un indudable valor científico ya que sólo se habían encontrado sus restos en África y Sudamérica, por lo que el ejemplar burgalés apoya una hipótesis que postula que hubo una conexión terrestre entre estos tres continentes en algún momento del Cretácico Inferior.
Además, el rebaquisáurido de La Revilla es varios millones de años más antiguo que sus parientes africanos y sudamericanos, siendo el primer representante conocido de esta familia de dinosaurios.


El yacimiento de Tenadas de Costalomo fue el primer lugar en que se citan huellas de dinosaurios en la provincia de Burgos y ha sido objeto de diversas publicaciones científicas.
Hay una característica que hace realmente especial a Costalomo y es el modo en cómo se han conservado las huellas. No están hundidas en la roca sino que sobresalen del estrato como relieves redondeados. Imaginemos un dinosaurio a la orilla de un río pisando sobre barro muy blando y plástico, y bajo éste, una capa de arenas. El animal hunde su pie en el fango, llegando a contactar con las arenas inferiores. Debido a la textura del barro el dinosaurio no ‘rompe’ su huella al sacar el pie, sino que lo retira hacía atrás dejando su molde en el barro. Tras esto nuevas arenas cubren el fango rellenando las huellas. Las arenas, una vez consoliden, llegarán a soldarse con la capa de arenas inferiores, que sujetarán la huella.

Millones de años después la erosión hace aflorar las primeras huellas en Costalomo, que actualmente no tienen paralelismos conocidos en ninguna otra parte del mundo.


Fuente: sierradelademanda.com

miércoles, 14 de octubre de 2009

-Descubiertas nuevas cavidades en Atapuerca.


Atapuerca sigue deparando sorpresas. Los trabajos de preparación del terreno para construir un almacén de apoyo a la excavación en el exterior de la Trinchera del Ferrocarril han puesto al descubierno nuevas cavidades con sus correspondientes rellenos. Se trata de oquedades pertenecientes al complejo kárstico de la Sierra y podrían contener restos fósiles susceptibles de ser estudiados.

Según los datos facilitados por la Consejería de Cultura y Turismo, se ha identificado una boca de cueva tipo sima o silo, de desarrollo vertical y forma circular de 70 por 90 centímetroscolmatada por sedimentos de facies rojas de exterior de características pleistocenas. Asimismo, en los frentes este y sur del área intervenida han aparecido además otras dos bocas rellenas por sedimentos de margas resedimentadas y de facies rojizas con cantos soportados con matriz arcillo-arenosa.

El director general de Patrimonio, Enrique Saiz, apuntó que se eligió precisamente esa zona para ubicar el almacén al no prever que hubiera en ella cavidades kársticas. Sin embargo, al excavar el terreno han salido a la luz. «Los tentáculos de las cuevas llegan incluso hasta esta zona», apuntó.
Con el objetivo de obtener toda la información sobre la nuevas cavidades, se ha encargado un estudio a la arqueóloga Ana Isabel o Ortega, que es la máxima conocedora del sistema kárstico de Atapuerca. «Las cuevas de Atapuerca son cuevas colmatadas que están rellenas de sedimentos en los que se han encontrado fósiles. La fertilidad de estos sedimentos puede ser mucha, poca o nula y parece oportuno realizar un análisis en profundidad», añadió el director de Patrimonio.

La Consejería de Cultura y Turismo, de acuerdo con el equipo de directores de las excavaciones de Atapuerca, ha decidido interrumpir el desarrollo de las obras iniciadas a la vista de la localización de las nuevas cavidades.
Dadas las especiales características que reúne el Espacio Cultural de la Sierra de Atapuerca y la riqueza y excelencia patrimonial de sus vestigios arqueológicos, la Junta de Castilla y León está estudiando la posible modificación del proyecto de la nueva infraestructura que se venía ejecutando o bien su localización en otras zonas del complejo arqueológico. «El aspecto negativo del nuevo descubrimiento es que se van a retrasar las obras del almacén, pero el positivo es que se va a conocer más el mapa geológico del kárst».
Enrique de la Torre añadió que la Junta ha solicitado a los codirectores un plan de necesidades de infraestructuras al servicio a la excavación para no interverior en el desarrollo de las excavaciones.

Fuente: diariodeburgos.es

viernes, 9 de octubre de 2009

-Sobre la historia de la Bureba.

Posiblemente el nombre de Bureba procede del dios autrigón Vurobio, como así nos lo constatan cuatro aras votivas del siglo III o principios del siglo IV dedicadas a ésta divinidad, que fueron descubiertas entre 1973 y 1975, en el término de Barcina de los Montes. Lo que se desconoce es la relación existente entre la divinidad prerromana y la aplicación del topónimo a la comarca.

Hasta mediados del siglo XIII no aparece en la documentación el término Bureba. Anteriormente las referencias habían sido diversas: Villa de Orobi (863), Boruevan (867), Borovia (975), Borova (1054), Boroviam (1106), Borovie (1156), Buruva (1169), Voroviam (1198), Burueva (1230), Borueva (1237), y menos frecuente es el término Borovie.

La primera referencia documental sobre la ocupación del espacio físico de la Bureba se encuentra en el acta fundacional de la iglesia de San Juan de Orbañanos, del 1 de marzo de 867, en el valle de Tobalina, donde se cita por primera vez el nombre de esta región, Boruevan.

La invasión musulmana no provocó un vacío en el poblamiento anterior, pero sí un descenso del contingente humano, hasta que el movimiento repoblador del norte descendió en busca de las tierras burebanas para cultivos desde los valles de Losa, Sedano y Valdivielso. En la Crónica de Alfonso III, realizada en la segunda mitad del siglo IX, se narró la actividad expansiva de Alfonso I en el año 757 por las tierras de Alava, la Bureba y la Rioja.


Durante el siglo IX, apenas cien años después del inicio de la Reconquista, el poblamiento de la Bureba se distinguió por abundantes y exiguos núcleos muy próximos entre sí, carentes de condiciones defensivas y por una larga ocupación y utilización del suelo con fines agrícolas.
De mediados de este siglo son dos noticias, una referida a una donación de tierras y viñas en Briviesca y en Prádanos, y otra que significaba el avance de la repoblación desde los Montes Obarenes sobre la región.
Anteriormente, en el año 759, había tenido lugar la fundación del monasterio de San Miguel de Pedroso por la abadesa Nunna Bella, que bien podía considerarse como el primer conato repoblador de castilla. Fue muy favorecido por Fernán Gonzalez y quedó anexionado a San Millán de la Cogolla en 1049.

En el año 869 se alude a un monasterio de San Juan con posesiones en Briviesca. Todo el sector se hallaba dentro de una relativa seguridad y gozaba de tranquilidad y protección para permitir estos asentamientos. No obstante, a pesar de la recuperación de territorios por la monarquía asturiana las razzias fueron frecuentes e intermitentes durante la mitad del siglo VIII y buena parte del siglo IX. La fundación de Burgos por el Conde Diego Porcelos en el año 884 hace pensar que los lugares que quedaban por detrás, entre ellos la Bureba, gozarían de una cierta seguridad, pero que no llegaría definitivamente hasta el siglo XI, en el que Alfonso VIII trajo hasta estas tierras paz, estabilidad y progreso.

Fuente: Historia del poblamiento burebano.


viernes, 2 de octubre de 2009

-Ramón Bonifaz. Almirante de España.

Ramón de Bonifaz y Camargo es -a todas vistas- natural de la Cabeza de Castilla, así esta inscrito en el "Libro Armorial de la Cofradía de la Parroquia de Santiago de la Fuente de Burgos" con todo su linaje, genealogía y parentela; tanto de los Bonifaz como de los Camargo.
Nació en el año de Gracia de 1196, la Crónica General de Alfonso X dice de él que era “Omne de Burgos” y
“Sabidor de las cosas de la mar”.

Fue presentado a Fernando III el Santo cuando en 1245 estuvo en Burgos. Enterado el rey de sus grandes conocimientos marineros adquiridos en el mar Cantábrico, le encargó, a principios de 1247, del apresto en los puertos de Vizcaya y Guipúzcoa de una flota que había de operar en coordinación con su ejército en la reconquista de Sevilla.

Bonifaz entregó las reales cartas a los consejeros de las provincias del norte y ellas tuvieron de estimular la emulación entre navieros y navegantes. Una vez constituida su armada se puso rumbo al sur, reforzándola a su paso por Galicia con buques y tripulantes. Llegó a reunir una flota de trece naves de vela o “naues”, además de cinco galeras o “galea”, con muchos remos que se habían construido ex profeso a expensas de la Corona, en los astilleros de Santander a lo largo del año de 1247.

Se presentó Bonifaz con su armada en la desembocadura del Guadalquivir a principios de agosto de 1247, después de una navegación con temporales fuertes que acreditaron su pericia marinera y derrotó a las flotas de saetías y zabras moras que mandaba Abu Kabl, que trataron de impedirle el paso, así como las que conducía a Sevilla refuerzos desde África.

Remontó el río en cooperación con la caballería cristiana, apoyado desde la margen izquierda por el rey, a la sazón el Alcalá del Río, envió a tomar contacto con la flota en evitación del apoyo que de otro modo se hubiese dado a las naves musulmanas desde dicha ribera, hostigando a los cristianos.

Dominado el curso del Guadalquivir, en su parte cercana a Sevilla por el sur, ello permitió el paso de las fuerzas a la margen derecha y por tanto el ataque al importante arrabal fortificado de Triana y el destacar el necesario guarda flanco para evitar que acudiesen los socorros enviados por el Moro de Niebla.

La acción decisiva de la flota fue la rotura del puente-barrera que unía a Sevilla con Triana, que era el principal obstáculo que se presentaba a los buques cristianos para pasar “más río arriba”.

La crónica expresa la dificultad que representaba el puente-barrera, que era de barcas amarradas con gruesas cadenas, al esfuerzo del rey Fernando, cuyas tropas no bastaban para completar el cerco del sistema defensivo de Sevilla-Triana, no obstante los esfuerzos que enviaba el rey de Aragón Jaime I, a pesar de estar empeñado en su guerra del sur de Valencia, frontera con Murcia, reino musulmán también. Dice la crónica: “ Con todo estado lo hecho (la ayuda de Jaime) se tenía por poco estar en pie la puente que había sobre barcos, entre la ciudad y el arrabal de Triana”.

Se proyectó la operación de rompimiento del puente-barrera, para ser efectuada un día de viento y marea favorable y éste fue el tres de mayo de 1248, en que se conmemoraba la Invención de la Cruz en la flota y en el real de los cristianos. Bonifaz preparó sus dos naves más gruesas, probablemente dos carracas de carga, reforzando sus proas con gruesas tablas sujetas con pernos.

Empezó la acción al subir la marea y con el viento a favor, pues ya previamente se habían reforzado los palos, para que aguantasen la embestida. Las naves se lanzaron a toda vela contra el puente, que retembló al choque de la primera y se rompió al de la segunda, que era precisamente en la que iba Bonifaz. Se dio un asalto general a Sevilla y a Triana que fue rechazado, pero la resistencia de los moros estaba herida de muerte, al no poder recibir más refuerzos. Las fuerzas cristianas pudieron perfeccionar el cerco y anular la navegación de las naves moras, llegándose así a la rendición de la ciudad de Sevilla.

Dice la crónica que en la rotura del puente “consistió toda la victoria, porque los moros desde aquella hora conocieron ser vencidos”. El rey musulmán Axataf, al verse cercado y sin esperanzas de socorro, se rindió el 23 de noviembre de 1248.

Era palpable, después de esta experiencia, la necesidad de una fuerza naval propia de la Corona, y así el rey Fernando encargó a Bonifaz la construcción de unas atarazanas o astilleros donde se construyeran los vasos necesarios. Las estableció a orillas del Guadalquivir, en Sevilla, en el Arenal, y su alcaide fue Fernán Martínez Badana. Bonifaz consiguió con las fuerzas a su mando limpiar el río de obstáculos de tal modo que poco después las naves mercantes genovesas, pisanas, florentinas y aragonesas, pudieron entrar en el puerto de Sevilla.

Esta escuadra de Bonifaz, es la primera de todas las de la península ibérica, que se regía por ordenanzas realmente militares, ya que los códigos anteriores, como las “Ordinationes Ripariae”, estaban dirigidas a las naves mercantes.

En el año de 1250, el rey Fernando III, como recompensa a toda su labor, preocupación, saber y éxito, que de sus servicios se obtuvieron, vino en nombrarle Almirante de Castilla. El código de las “Siete partidas” publicado en tiempos del rey Alfonso X el “Sabio”, hijo de Fernando III, no hizo más que recoger todo lo anteriormente legislado en tiempos de su padre, en cuanto a lo que la mar se refiere, ya empezando a ponerse en práctica bajo su mandato.

Bonifaz, viéndose abatido físicamente y casi agotado por sus grandes esfuerzos en la tarea de organizar la primera marina de guerra, solicitó del rey ser retirado a su tierra burgalesa, donde fundó el monasterio de San Francisco. Falleció en la ciudad de Burgos en el año de 1256. Según otras fuentes fue en el año 1252. Durante la invasión francesa de 1808 fue destruido este lugar a cañonazos y una revolución posterior terminó de arrasar el sepulcro de Bonifaz. Ostentaba la siguiente inscripción: “Aquí yace el muy noble y esforzado caballero don Ramón Bonifaz, primer almirante de Castilla que ganó a Sevilla. Murió el año MCCLVI”.

La reina Isabel la Católica al visitar el monasterio, celosa del prestigio real, ordenó completar la frase añadiendo ”que fue en ganar a Sevilla con el rey Don Fernando”.

Por su testamento sabemos que estuvo casado tres veces: “con doña Andrea Grimaldo, con doña Luisa de Velasco et con doña Teresa Arias de las que hubo dos hijos et cuatro hijas”.

Fuente: Historia Naval de España.

viernes, 18 de septiembre de 2009

-Homínidos vegetarianos a carnivoros.

El desarrollo de los humanos está muy relacionado con la nutrición. Hace 4 millones de años nuestros antepasados eran vegetarianos, pero un cambio en el clima provocó que los homínidos de hace 2 millones de años introdujeran más carne en su dieta. Este cambio en la alimentación produjo un aumento del tamaño del cerebro y el desarrollo de las primeras herramientas, según aseguró ayer el director del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana, José María Bermúdez de Castro, durante la conferencia ‘Desarrollo y nutrición de los homínidos’, con la que se inauguraron las actividades de la Cátedra Tomás Pascual-CENIEH.

Bermúdez de Castro destacó que los ecosistemas en los que han vivido nuestros antepasados a lo largo de los años han condicionado en todo momento su dieta. «Los homínidos de hace 4 millones de años vivieron en un ambiente forestal, más húmedo y arbóreo. De modo, que eran más vegetarianos aunque su sistema digestivo también estaba preparados para asimilar proteínas de origen animal al igual que el de los chimpancés. No en vano compartimos con estos primates un antecesor común, que vivió en África hace 6 millones de años, y casi el 99% de nuestro genoma», apuntó.

La dieta vegetariana estaba compuesta por frutas, hojas tiernas y verduras, que complementarían con pequeños invertebrados o la caza de algún pequeño animal.
Sin embargo, los cambios climáticos producidos hace 3 millones de años alteraron de manera drástica los ecosistemas del planeta y, muy en especial, los del continente africano. Hay regiones más templadas y oscilaciones entre invierno y verano. No hay tantos productos vegetales y tienen que recurrir a la carne. «Los homínidos que explotaron todo su material genético para adaptarse a las nuevas condiciones y consumieron algo más de carne sobrevivieron y dieron lugar al género homo. A partir de ese momento se prolonga el desarrollo, aparece la niñez y la adolescencia. La dieta se convierte cada vez en más carnívora, lo que trae como consecuencia la caza, la recolección y el fuego», subrayó.

En el caso del género homo esta adaptación fue decisiva para desarrollar un cerebro de mayor tamaño y complejidad. Hace 2,5 millones de años el cerebro creció un 40%. «Los cambios en el desarrollo de nuestro cerebro han condicionado la aparición de una tecnología y de unas culturas diferentes como el Neolítico, la agricultura o la ganadería, así como las primeras herramientas», añadió Bermúdez de Castro.

El canibalismo también está presente en los humanos desde tiempo inmemorial, aunque no esté documentado. También se daba entre los chimpancés. En el caso de la Sierra de Atapuerca se han encontrado evidencias de hace 1,2 millones de años en la Sima del Elefante y con anterioridad de hace 800.000 años en Gran Dolina.
Bermúdez de Castro indicó que el equipo de investigación de los yacimientos de Atapuerca podría abrir una línea de investigación relacionada con el canibalismo.

El ciclo de conferencias de la Cátedra Tomás Pascual continuará el 14 de octubre en el Museo de la Ciencia de Valladolid, donde el investigador del CENIEH Jesús Rodríguez hablará sobre ‘La gran extinción de Edad del Hielo’ y concluirá el 12 de noviembre en la Universidad de Salamanca con la investigadora Ana Mateos y su ponencia ‘Historia de fósiles: humanos por descubrir’.

Fuente: diariodeburgos.es

domingo, 6 de septiembre de 2009

-Mandíbula "Jimena"


El Centro Nacional de Investigación sobre Evolución Humana (CENIEH), inaugurado a principios de verano por la Reina, ha comenzado el estudio de la mandíbula "Jimena" correspondiente a un individuo de Homo Antecessor que debió estar en la sierra de Atapuerca hace unos 900.000 años.

Se trata de una mandíbula que fue encontrada en el nivel TD-6 de Gran Dolina, correspondiente a una antigüedad de hace unos 900.000 años, hace dos campañas de excavación, aunque su estudio no se ha podido iniciar hasta ahora porque se encontraba dentro de un bloque muy cimentado.

Ese ha sido el motivo por el cual ha requerido una restauración "muy delicada", según ha informado a Efe la antropóloga María Martinón, responsable del equipo de Antropología dental del CENIEH.

El equipo de Atapuerca tiene la costumbre de bautizar con nombres propios los restos más importantes que aparecen en los yacimientos, como los cráneos "Miguelón" y "Agamenón", la pelvis "Elvis" o la lasca "Excalibur", pero en esta ocasión, por primera vez, han querido dar a un fósil un nombre que se identifique claramente con la historia de Burgos, como es el de la esposa de Mio Cid.

El estudio de la mandíbula acaba de comenzar, aunque María Martinón se ha mostrado convencida de que permitirá extraer conclusiones importantes en los próximos meses, por lo que "muy probablemente", ha dicho, será objeto de algún artículo en una publicación científica internacional.

Fuente: EFE

-El tesoro del Castillo

El reciente rechazo de la Dirección General de Patrimonio al proyecto de construcción de un aparcamiento subterráneo en una de las laderas del Castillo está argumentada en los restos arqueológicos que descansan bajo las mismas. La fortaleza -o, mejor dicho-, los restos que quedaron tras la voladura criminal que perpetraron los franceses durante la Guerra de Independencia y que fueron rehabilitados hace unos años no difieren demasiado de otros fortines medievales. Sin embargo, la vieja barbacana burgalesa destaca por su impresionante entramado subterráneo, una red de extensas galerías excavadas en la tierra que siguen siendo hoy un laberinto que subyuga a investigadores y curiosos. Los enigmas en torno a las razones por las que existen tantas cavidades no han sido despejados del todo, o al menos no existe una teoría que satisfaga completamente a los estudiosos.

Si en sus más de mil años de historia hubo una persona que trató de desentrañar éste y otros misterios fue Leopoldo Centeno Jiménez-Peña, general de la Guardia Civil, quien durante casi un cuarto de siglo recorrió sus entrañas obsesionado con la existencia de un tesoro que, aseguraba, en su precipitada huida no pudieron llevar consigo los franceses. Nacido en Sevilla en 1861, el General Centeno se convirtió en un popular personaje de la sociedad burgalesa a partir de 1925, año en el que por primera vez solicitó al Ayuntamiento de Burgos los permisos pertinentes para perforar en el cerro sobre el que se asentaba la fortaleza castellana.

Sin embargo, esa fama no se tradujo en el apoyo económico que reclamó siempre el buscador del tesoro, a pesar de que tratara de llamar la atención de los burgaleses con sugestivos mensajes en la prensa de la época. En ese cerro del Castillo, que con tanta indiferencia se le mira, hay oro en cantidad insospechada, y el conocer su volumen ha de causar sensación. A presencia mía se han hecho estudios por cultivadores de las ciencias geofísicas, eminentes prospectores, uno español y tres extranjeros, y los cuatro han coincidido en situación y naturaleza de los cuerpos explorados. Las radiaciones electromagnéticas captadas acusan la existencia de un yacimiento de oro de un metro cúbico aproximadamente.

Lo único que consiguió el General Centeno fue despertar la expectación de la sociedad y, sobre todo, pulirse todo su patrimonio, ya que las suscripciones populares que ingenuamente abriera no fueron nunca respaldadas por los burgaleses, que asistieron quizás más divertidos que intrigados a las excavaciones que trataban de desvelar el misterio del tesoro oculto.

El tesoro del que hablaba Centeno no era baladí. Según él, constaba de unas 400.000 monedas de oro, más 200.000 de plata, la lujosa vajilla que perteneció a Pedro I de Castilla, del siglo XIV, así como perlas y diamantes. El obstinado general sostenía que el pozo del Castillo no era la única cavidad horadada en las entrañas del cerro, y que en alguna de esas galerías debieron esconder las tropas napoleónicas el fastuoso botín. Lo cierto es que meses después de iniciar las perforaciones, en mayo de 1929, Diario de Burgos anunciaba con entusiasmo la noticia de la aparición de las galerías y abundaba en los misterios que aguardaban en los sótanos de la fortaleza, alentando la empresa de Centeno. La fantasía tiene ya una base y un principio para continuar sus derroteros. Los escalones descubiertos es probable que sigan, ¿hasta dónde? Del final de esta escalera es de suponer que arranque otra galería ¿en qué dirección?, y sobre todo, ¿adónde irá a parar?

Pero el tesoro no apareció, a pesar de la tozudez de Centeno, que diez años después de sus primeras investigaciones aseguraba haber encontrado la entrada a una nueva cámara, por lo que pedía más paciencia a la sociedad. Ítem más: pocos días antes de la sublevación militar de julio de 1936, Leopoldo Centeno volvió a dirigirse al alcalde de la ciudad pidiendo soporte económico para continuar excavando. No dejar de tener su gracia el paralelismo entre la idea peregrina de Leopoldo Centeno, obsesionado con adentrarse tierra adentro días antes del golpe, con la de don Cosme Herrera, el personaje de la afamada novela de Óscar Esquivias Inquietud en el Paraíso quien también días antes de la asonada militar propone un viaje a las entrañas de la Catedral con destino, en el caso de esta ficción, al mismísimo Purgatorio.

La vehemencia de Centeno pudo derivar en esquizofrenia, o al menos en disparate cuando, en 1948, casi 25 años después de su primera solicitud, requiriera por última vez el apoyo del consistorio capitalino. En esta ocasión, las posibles riquezas que decía se escondían en los subterráneos de la fortaleza eran inmensamente más importantes. Así, el general, que ya parecía perdido en un laberinto más mental que físico, aseguraba que en algún lugar de las galerías se encontraba enterrado el archivo con toda la documentación de la ocupación francesa entre 1808 y 1813; los citados bienes de Pedro I de Castilla, ¡una tumba egipcia!, oro sepultado en dos cámaras romanas y estaño acumulado en otras dos cavidades. El general Centeno aseguraba en su carta al regidor de la ciudad que, de ser este tesoro hallado, «España podría, quizá, convertirse en el país más solvente de Europa, pudiendo así volver la vida normal y de prosperidad que todos anhelamos».

La red de galerías subterráneas halladas durante el pasado siglo XX bajo el castillo es realmente impresionante. Destaca el llamado Pozo, una singular construcción de origen medieval (posiblemente siglos XII ó XIII) que consta de un cilindro hueco de más de 60 metros de profundidad con escaleras de acceso hasta el fondo. Junto al Pozo se encuentra la Galería Principal, bautizada como Cueva del Moro, con 60 metros de longitud y un sinuoso recorrido a 10 metros bajo tierra; la Galería de la Carretera, llamada de esta manera porque discurre bajo la vía actual, consta de 13 metros de longitud; la Galería de la Cavidad, a 30 metros bajo tierra, discurre en dirección a San Esteban; por último, en esta obra de ingeniería medieval, destaca la Galería de los bomberos, así bautizada por haber sido este Cuerpo quien lo descubriera y desescombrara; está a 10 metros de profundidad y su trayecto es de 15 metros.

Fuentes: El castillo de Burgos. José Sagredo. Ayuntamiento de Burgos. 1999. El pozo y galerías del castillo de Burgos. Una gran obra de ingeniería. Clemente Sáenz y Luis María García. Revista de Obras Públicas. 2001. Revista Estampa. Julio de 1936.

Fuente: diariodeburgos.es

viernes, 4 de septiembre de 2009

-Puesta en valor del castillo de Miranda.

La existencia de importantes restos del primitivo castillo de Miranda en el cerro de La Picota ya no sólo se puede constatar a través de la documentación histórica y arqueológica. A partir del día 16 de este mes se podrán realizar visitas guiadas a los restos que un equipo arqueológico ha estado exhumando durante las últimas semanas.
En concreto se podrá visitar toda la zona de la barbacana, que es la zona de entrada a la primitiva fortaleza. Los restos de esta parte de la construcción defensiva han sido descubiertos prácticamente en su totalidad. Así, han salido a la luz parte importante de los muros de esta zona defensa de la fortaleza ante un posible ataque.













De los trabajos realizados por el equipo arqueológico de la empresa Ondare Babesa se ha determinado que la barbacana contaba con «un patio de más de 400 metros cuadrados que servía para aumentar la capacidad de defensa del castillo con un foso de más de 2 metros de profundidad», explicó ayer el alcalde Fernando Campo, adelantando los resultados «provisionales» de los arqueólogos.
Las visitas no sólo servirán para ver los restos de muros y torres encontrados en la zona, sino que además pretenden explicar a los visitantes la historia de la fortaleza, sus orígenes, su permanencia en el tiempo y los muchos avatares sufridos en los últimos siglos como su desmantelamiento ordenado por el Ayuntamiento o la construcción sobre sus restos de varios depósitos de agua.

También se explicó que el recinto excavado a visitar va a ser objeto de un acondicionamiento para posibilitar que las visitas sean cómodas, y que la zona estará de manera permanente vallada y cerrada al público, estando sólo abierta para las visitas programadas. También se prometió que la documentación existente, así como varias fotografías de las excavaciones, serán volcadas en la página web municipal parea ser consultada.

Del análisis arqueológico también se han extraído otras conclusiones «muy interesantes» que van a servir para saber más sobre la historia de la ciudad, aseguró el primer edil. «Alguna sorpresa se ha dado en los trabajados. Han aparecido restos de construcciones más antiguas que el castillo, aproximadamente del siglo VIII o siglo X, cuando históricamente se supone que fue el origen de Miranda, porque el asentamiento original estuvo en La Picota, y eso ha salido gracias al trabajo realizado para el castillo», defendió.

En el avance del informe se concreta de manera menos severa que «podríamos haber descubierto restos de la presencia de la primitiva aldea de Miranda hacia el siglo VIII», y además no se descarta «la presencia de asentamientos de épocas anteriores».
Otros descubrimientos «han permitido la localización de restos inéditos de la Miranda medieval asentada en el cerro con una secuencia cronológica que arrancaría en el año mil», dijo.

Fuente: diariodeburgos

martes, 1 de septiembre de 2009

-Descubierta antigua bodega medieval.


La localidad de Caleruega podría albergar la bodega más antigua de la Ribera del Duero. El hallazgo se produjo la semana pasada en el despoblado del Coto de la Quiñonera y, a la espera de una datación exhaustiva, algunos historiadores apuntan que podría tratarse de las bodegas de Alfonso VIII, que ya existían en el siglo XII -un documento de 1.179 guardado en el monasterio calerogano dice que «habíase 4.000 cántaras en las bodegas reales de San Martín de Bañuelos, de don Alfonso»- , e incluso otros autores estiman que su origen podría ser anterior y remontarse a la época imperial ya que en las proximidades existen los restos de una villa y discurre la calzada que unía Clunia con el Valle del Arlanza.

La cava, cuya entrada llevaba oculta desde hace seis décadas por un desprendimiento, fue descubierta siguiendo las indicaciones de Fernando Martín Gil, El Rojo, un pastor que nació en el Coto de la Quiñonera y que ha sido el impulsor de esta excavación.
El alcalde calerogano, José Ignacio Delgado, se muestra entusiasmado porque se han encontrado la cava en un perfecto estado de conservación pese a que ha llegado a estar en ocasiones completamente inundada.
Excavada en la roca, dispone de una única nave con orientación oeste-este trazada en sentido descendente hacia la puerta para permitir la salida del agua que mana en el fondo y se recogía en una pila tallada en la piedra. Tiene una longitud de 30 metros, una altura de cerca de cinco metros y una anchura de cuatro. A lo largo de ambos lados dispone un total de 12 cabañones o nichos, donde se colocaban las cubas, aunque la gran altura de los más profundos hace pensar que albergaron tinajas.

La bodega, según Delgado, fue utilizada hasta los años 40 por los obreros del Coto de la Quiñonera, ya que el señor tenía la suya propia, al parecer también de origen medieval aunque se cree que algo posterior y remodelada en el siglo XIX, amenazada de ruina, con un arco de medio punto en la entrada y de cuyo conjunto se conserva también parte del lagar.
El Ayuntamiento ha limpiado la bodega y está consolidando la entrada para evitar nuevos desprendimientos. Paralelamente se ha dado aviso a la arqueóloga provincial para que se acerque a visitarlo y determine si es necesario realizar alguna prospección y documentar con exactitud los restos.
A partir de ahí la idea es poner en valor este patrimonio, a ser posible en colaboración con el Consejo Regulador de la Denominación de Origen o con algún bodeguero de la zona, e integrarlo en una ruta de senderismo.
Fuente: diariodeburgos

lunes, 17 de agosto de 2009

-La plata del Potosí acuñada en Burgos.



Hace 500 años, el mundo se expandía hendido por las proas de los galeones que se aventuraban más allá de lo seguro, desbordando constantemente la línea de lo imposible hasta convertirlo en realidad inmediata, directa. Los viajes eran singulares, la experiencia jamás fue suficiente y los generales de flota, almirantes, capitanes, pilotos y marineros, siempre encomendaban su alma al Altísimo, a sabiendas que podrían no retornar.
Empero, los cantos de sirena eran poderosos acercados por el brisote generoso, oliendo a oro, plata, piedras preciosas y mercaderías opulentas. La sed de riqueza, hermana gemela de la codicia, anidaba en cada cofa de aquellos ingenios de madera portadores de un nuevo orden mundial, ineluctable.

En la primavera de 1545 un grupo de españoles encabezados por el capitán Juan de Villarroel tomaron posesión de Sumaq Urqu, que traducido del quechua viene a significar Cerro Hermoso o Cerro Rico. Las leyendas sobre el descubrimiento del argentífero metal aderezan una de las historias más importantes que jalonan las relaciones entre el Viejo y Nuevo Mundo. Allí, a 4.800 metros de altitud, cristalizó el sueño de riqueza de Villarroel, que, como tantos europeos, se lanzó en busca de honra y fortuna. Sirvió en Cuba a las órdenes de Hernán Cortes, luego formó parte de las huestes de Cortés en la conquista de México, pasando a explorar la zona del actual istmo de Panamá, en Honduras, y estuvo inmerso en las complejas tramas de conspiraciones e intrigas que lo hicieron pasar de un bando a otro en dependencia de las posibilidades de supervivencia. Tuvo una vida azarosa y poco gratificante económicamente hablando hasta que en abril de 1545 se proclamó descubridor de las minas de plata de Potosí.

La plata trajo la vida…y como no, la muerte a Potosí: 45.000 toneladas del preciado metal fueron extraídos y la mayor parte embarcado hacia España. El laboreo minero era muy duro, las condiciones de trabajo extenuantes y la cifra de 15 000 nativos muertos en pocas décadas parecen conservadoras. Lo cierto es que Potosí se convirtió en un referente de riqueza y poder. La ciudad emergió con inusitada velocidad, y al finalizar el primer cuarto del siglo XVII llegó a tener más habitantes de París o Madrid, por utilizar únicamente dos referentes. Por supuesto, la nobleza y los ricos vivían de forma que sólo podía ser soñada en las grandes capitales europeas.
Siguiendo a Galeano: «Vena yugular del Virreinato, manantial de la plata de América…» o ¡¡¡Vale un Potosí!!!, como le decía el Quijote a Sancho acuñando una expresión para designar riquezas quiméricas.

El mineral se extraía de las ricas vetas, luego se amalgamaba con el preciadísimo azogue y estaba casi listo para convertirse en…dinero. Primero se hacían barras, discos para, tras un proceso complejo y delicado, convertirse en las ansiadas monedas que financiaron durante siglos las maltrechas arcas europeas, agotadas por las constantes guerras y pugnas por el poder. Las Casas de la Moneda eran lugares muy controlados, pero igualmente vulnerables. Los ensayadores buscaban siempre la forma de burlar los férreos controles, de los cuales debían ser garantes. Se alteraba la pureza, o lo que es lo mismo, la cantidad de mineral de plata por pieza y el peso, haciéndolas más finas, recortándolas de forma irregular e incluso dándole lo que se llegó a conocer como «el bocado del ensayador», una especie de escotadura descarada en los bordes de las monedas con la finalidad de escamotear un pequeñísimo fragmento, que al multiplicarse por cientos de miles se convertía casi en otro Potosí.

Una vez listas, comprobadas y convenientemente embaladas, comenzaba un peculiar peregrinaje hasta los puertos de mar, donde aguardaban los galeones, flotas y armadas que las custodiarían hasta España y una vez aquí, se distribuirían por todo el mundo. Pasión, esfuerzo, coraje, trabajo y valor eran básicamente necesarios para sobrevivir.
El Condestable del barco en cuestión levantaba un pormenorizado inventario, especificando la carga y los propietarios, marcando cajas, fardos y paquetes. Luego, en medio de huracanes, feroces ataques de corsarios y piratas, era imprescindible navegar hasta La Habana, Llave del Nuevo Mundo, Antemural de las Indias y punto de reunión obligado de los barcos que emprendían el tornaviaje.

Una parte de esa plata venía en barras o discos como hemos dicho. Llegaba al Guadalquivir y subían por el río hasta Sevilla, donde era debidamente contabilizada en los predios de la Casa de la Contratación. Luego emprendía otro viaje a través de la península, hasta Burgos, para ser acuñada, y circular libremente, enriqueciendo a unos y empobreciendo a otros.
La vieja Casa de la Moneda de Burgos ha desaparecido, pero no olvidemos que aquí, la plata, sangre y sudor de los indios americanos, tambien estaban presentes en esos dineros que sostenían la opulencia de una rica familia, o el delicado equilibrio de los menos pudientes. En honor se esa vetusta factoría una calle de igual nombre pretende mantener vivo el recuerdo de una importante institución histórica americano- burgalesa, oculta bajo el peso de los años y la desmemoria…por eso resulta vital recordar.

Las monedas que acompañan este artículo fueron excavadas en un pecio en las aguas del Caribe. Es necesario tener una vista especialmente entrenada, pues tanto las piezas como las barras y discos se sufren una transformación físico química que las enmascara por completo. Pueden parecer un coral, o sencillamente una piedra. Luego se someten a un cuidadoso proceso de restauración, por medios electroquímicos y mecánicos que le devuelven una parte importante de su antiguo esplendor y hacen que su valor rebase las rígidas talanqueras de lo netamente material, transmitiendo desde sus elocuentes miradas en las vitrinas de los museos, que venimos de tiempos extraordinarios.

Fuente: diariodeburgos.es