La Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid acoge hasta
el 22 de enero una exposición singular que ha revelado imágenes de
España inéditas y desconocidas: la que proyectaron tres fotógrafos del
siglo XIX: Joseph Carpentier, J. Andrieu y Ernest Lamy, y dos editores,
Ferrier & Soulier y los hermanos Gaudin. ‘Una imagen de España.
Fotógrafos estereoscopistas franceses (1856-1867)’ reúne 130 piezas,
entre libros de viaje e imágenes, documentos sobre fotografía
estereoscópica y una magnífica colección de este tipo de fotografías,
así como las cámaras y visores correspondientes. En esa colección hay
una fotografía de Burgos. De su plaza Mayor.
Fue tomada por los
Gaudin en 1857. Capturada desde cierta altura, ofrece un aspecto
reconocible del corazón de la capital castellana. La plaza está libre de
arbolado; se observan algunos toldos junto a los soportales; el
pedestal de la estatua de Carlos III acoge a algunos ociosos; el perfil
de la Catedral se muestra imponente; a su derecha, el pelado cerro del
castillo. Puede que a los burgaleses no les sorprenda en demasía la
estampa; sin embargo, es posiblemente la más antigua que existe.
La
muestra permite descubrir cómo, más que un mercado de venta, España fue
en las décadas centrales del siglo XIX un yacimiento de imágenes que
enriquecían el imaginario de los consumidores europeos. «La gestación de
este patrimonio iconográfico y el fenómeno del voyage en Espagne, en su
versión fotográfica, se produce en los primeros años de la década de
1850. Este primer ámbito contextualiza, por tanto, la producción de
fotografía estereoscópica sobre España en el momento de máximo auge de
la literatura de viajes, a la vez que presenta la obra de autores
‘clásicos’ como Charles Clifford o Jean Laurent, libros de viajes e
imágenes que ilustran los recorridos y paradas consideradas obligatorias
en la época», explican los comisarios de la exposición.
Así, la
exposición es un mosaico de imágenes donde no están retratadas todas las
urbes, sino «lo que juzgaron más emblemático o lo que era más
accesible. Importa el mundo urbano, pero no están todas las ciudades;
importa el monumentalismo, pero la mirada enfatiza el Medievo cristiano y
el recuerdo de Al-Ándalus; importan los escenarios del poder político
-palacios reales, palacio de las Cortes, ayuntamientos-, pero no se
presta atención a los emblemas del poder económico y a los espacios de
trabajo (...) Abundan las visiones globales de las ciudades, capaces de
mostrar la realidad en una sola mirada o sucesivas, cuando se recurre a
la composición de panoramas».
El visor estereoscópico. A partir
de 1851 el visor estereoscópico cobró un auge increíble; aquella
sensación de relieve que ofrecía provocó un éxito comercial sin
precedentes. «Esta nueva manera de observar se adaptaba especialmente a
la visión del paisaje y de las ciudades, en un momento en que la
literatura de viajes vivía su máximo esplendor y España se consideraba
un destino ineludible. Cuando la estereoscopia se incorpora a esta
literatura, profundiza en una senda que ya había sido abierta. La
novedad, más allá de la temática, radicaba en la mayor amplitud con la
que se abordaba el tratamiento gráfico sobre el país por parte de los
editores franceses. La fotografía estereoscópica sobre España fue
realizada, fundamentalmente, por profesionales y empresas activas en el
mercado parisino, acometiendo expediciones por cuenta propia, encargando
colecciones a terceros o adquiriendo imágenes realizadas por fotógrafos
«locales» residentes en el país. Entre 1856 y 1858 las expediciones
realizadas o promovidas por Carpentier, Gaudin y Ferrier ponen en el
mercado más de 500 imágenes de España; ya en la década de los sesenta,
una nueva serie promovida por Ferrier y las colecciones de otros
fotógrafos y editores, como Lamy y Andrieu, suponen otras 600 vistas
más».
La exposición se divide en tres ámbitos temáticos que
introducen al espectador en el contexto del viaje fotográfico, en los
artificios y la explotación de la visión espacial y en la imagen de
España difundida a través de la fotografía estereoscópica. ‘Una imagen
de España. Fotógrafos estereoscopistas franceses (1856-1867)’.
Un rincón para conocer la historia, la naturaleza de Burgos y la magia de los Yacimientos de la Sierra de Atapuerca.
martes, 29 de noviembre de 2011
lunes, 28 de noviembre de 2011
-Hallado en Treviño un asta de ciervo que formó parte de un pico minero en el Neolítico
La segunda campaña de excavaciones del yacimiento de Araico, situado en el sinclinal surpirenaico de Miranda-Treviño, sacó a la luz abundantes fragmentos de sílex de gran tamaño, además de algunos nódulos, así como fragmentos de mazas de ofita, utilizadas para romper rocas más blandas.
Sin embargo, el hallazgo más destacado fue el de un trozo de asta de ciervo, probablemente de parte de un pico minero, herramienta que se empleó a partir del Neolítico y que demostraría "que es una auténtica escombrera minera prehistórica", según afirmó el doctor Andoni Tarriño,
geólogo responsable del Grupo de Materias Primas y Materiales
Antrópicos y Arqueológicos del Centro Nacional de Investigación sobre la
Evolución Humana (Cenieh).
El pasado fin de semana se dio por terminada la segunda edición de la campaña de excavaciones en este yacimiento excepcional de minas de sílex, que es de los pocos de sus características que existen en la Península Ibérica.
La unidad geológica donde se ubica este yacimiento, que dirige este geólogo del Cenieh junto con el arqueólogo Pedro José Lobo, de la Universidad del País Vasco, está compuesta por carbonatos miocenos originados en ambientes sedimentarios continentales (lacustres-palustres), esto es, en lagos y pantanos.
Todas las muestras recogidas durante las cuatro semanas que duró la campaña 2011 van a ser analizadas en los laboratorios del Cenieh y, tras los análisis pertinentes, se podrá conocer su antigüedad.
Fuente: http://www.elmundo.es
Sin embargo, el hallazgo más destacado fue el de un trozo de asta de ciervo, probablemente de parte de un pico minero, herramienta que se empleó a partir del Neolítico y que demostraría "que es una auténtica escombrera minera prehistórica", según afirmó el doctor Andoni Tarriño,
geólogo responsable del Grupo de Materias Primas y Materiales
Antrópicos y Arqueológicos del Centro Nacional de Investigación sobre la
Evolución Humana (Cenieh).El pasado fin de semana se dio por terminada la segunda edición de la campaña de excavaciones en este yacimiento excepcional de minas de sílex, que es de los pocos de sus características que existen en la Península Ibérica.
La unidad geológica donde se ubica este yacimiento, que dirige este geólogo del Cenieh junto con el arqueólogo Pedro José Lobo, de la Universidad del País Vasco, está compuesta por carbonatos miocenos originados en ambientes sedimentarios continentales (lacustres-palustres), esto es, en lagos y pantanos.
Todas las muestras recogidas durante las cuatro semanas que duró la campaña 2011 van a ser analizadas en los laboratorios del Cenieh y, tras los análisis pertinentes, se podrá conocer su antigüedad.
Fuente: http://www.elmundo.es
sábado, 26 de noviembre de 2011
-¿Una especie hermana de los neandertales?
Un estudio de los más de 500 dientes fósiles del yacimiento de la Sima de los Huesos de la Sierra de Atapuerca, publicado en la revista Journal of Human Evolution por científicos del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana, revela que los homínidos hayados en el yacimiento burgalés podrían ser una especie diferente pero próxima al Homo neanderthalensis.
El Grupo de Antropología Dental del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (CENIEH) ha publicado un estudio detallado de los más de 500 dientes fósiles hallados en la Sima de los Huesos de la Sierra de Atapuerca. Este estudio revela que los homínidos hallados en este yacimiento burgalés podrían representar una especie "hermana" de los neandertales, aunque diferente a éstos.
El artículo Morphological description and comparison of the dental remains from Atapuerca-Sima de los Huesos site (Spain), liderado por los investigadores del CENIEH, María Martinón-Torres y José María Bermúdez de Castro, publicado en la revista Journal of Human Evolution, afirma que a pesar de su antigüedad, en torno al medio millón de años, la morfología de los dientes de la Sima de los Huesos es completamente neandertal, incluso, como afirma María Martinón Torres “más neandertal”, que la de algunas poblaciones clásicas de Homo neanderthalensis del Pleistoceno Superior.
Según José María Bermúdez de Castro, hasta ahora, la idea generalizada de la comunidad científica es que las poblaciones que habitaron Europa durante el Pleistoceno Medio, generalmente asignadas a la especie Homo heidelbergensis, eran antecesoras directas de Homo neanderthalensis, y que debido a las duras condiciones glaciares de Europa en este periodo, estos homínidos habrían evolucionado en aislamiento, acumulando de forma progresiva características típicamente neandertales a través de frecuentes cuellos de botella y extinciones locales.
En este esquema, acuñado técnicamente como “proceso de acreción”, las poblaciones más antiguas serían menos neandertales que las poblaciones más recientes. Sin embargo, el hecho de que una población tan antigua como la de la Sima de los Huesos presente morfologías tan neandertales obliga a considerar otros escenarios evolutivos. “Podría ser que la población de la Sima de los Huesos represente la madre de todos los neandertales y que por un cuello de botella, a partir de este grupo, y no de otras poblaciones del Pleistoceno Medio, haya surgido la especie H. neanderthalensis”, señala Martinón Torres
Según el estudio, en el que también han participado los investigadores Aida Gómez Robles, Leyre Prado Simón y Juan Luis Arsuaga, cabe la posibilidad de que durante el Pleistoceno Medio en Europa, hubieran coexistido varios linajes humanos diferentes, lo que obligaría a redefinir la especie de H. heidelbergensis.
Fuente:www.agenciasinc.es
martes, 8 de noviembre de 2011
-El castillo de Arganzón en los documentos. Siglo VIII- XIII
La Arqueología
de épocas históricas tiene la ventaja de poder contar con textos
escritos que ayudan a complementar, revisar y contrastar los hallazgos
arqueológicos con el conocimiento histórico que se puede sacar del
estudio de las fuentes documentales. Aunque en numerosas ocasiones, uno y
otro registro se complementan, en otras los datos registrados en uno
contradicen lo que se extrae del otro. Esto no quiere decir que uno u
otro sean mentira, si no que es necesaria una labor de crítica y estudio
intenso que ayuden a explicar esta contradicción. Es, por tanto, muy
importante contar con los dos tipos de registro, si es posible, a la
hora de estudiar las sociedades del pasado, y estudiarlos de manera
crítica.
Como no podía
ser de otra manera, la Historia del Castillo de Arganzón es muy larga en
el tiempo, abarcando diversas épocas y problemas históricos en los que
el castillo fue un elemento más de unas sociedades tan complejas como la
nuestra propia.
La
primera referencia documental que tenemos del entorno del castillo en
la Alta Edad Media se encuentra en una fuente árabe fechada en el año
801 en el que se relata una escaramuza contra las tropas de un árabe
llamado Mu´awiyya:
En ese (año) el emir al-Hakam, inmediatamente después de haber concluido la guerra con Sulayman, su tío paterno, envió tropas en una campaña contra la tierra del enemigo (ard al’adūw), que Dios la quiebre. Dio su mando a su hermano Mu’awiyya, hijo del emir Hišām, hijo del emir ˁAbd al-Raḥmān, que marchó directamente hacia el país (balad) de Al.ba y al-Qilāˁ. Sufrió su ejército un traspié en el desfiladero (faŷŷ) de Ar.g.n.sūn en el mes de ramadān de ese (año), donde perdió un grupo de principales.
La segunda de las fuentes en las que se hace referencia a Arganzón es el Cartulario de San Millán
en el que se dice que en 871-872 se dona a San Vicente de Acosta la
iglesia de “Sancta Maria de Foze de Arganzone”, cuya ubicación todavía
es desconocida.
Por
último, en el año 1191 el rey Alfonso VIII concede un fuero a la nueva
puebla de Arganzón, en la frontera entre los reinos de Castilla y
Navarra.
Tendremos que esperar hasta el año 1199-1200 cuando, en la crónica latina de los reyes de Castilla se dice que:
“Entre
tanto el rey de Castilla asedó Vitoria, y mientras duraba el asedio,
adquirió todas las fortalezas vecinas, Treviño, Arganzón, Santa Cruz,
Alchorroza, Vitoria la Vieja, Arlucea, la tierra que se llama Guipúzcoa,
incluso San Sebastián, Marañón, San Vicente y algunas otras”.
Por
lo que en estos momentos se encuentra, con seguridad, una “fortaleza”,
aunque no podemos saber qué características tenía ni qué tipo de
estructuras y edificios se encontraban en ella. Esta es una de las
cuestiones principales que se buscan resolver con las actuales
excavaciones.
sábado, 5 de noviembre de 2011
-Poblado medieval fortificado en La Puebla de Arganzón
En ocasiones los arqueólogos encuentran lo que buscan mientras que en
otras las ruinas pueden hablar tan fuerte que delatan auténticos tesoros
adormecidos por el paso del tiempo. Eso han descubierto los integrantes
del equipo de arqueología de la Universidad del País Vasco (UPV) en el
corazón de la torre de La Concha ubicada en un promontorio de roca
natural sobre el desfiladero que discurre junto al río Zadorra en La
Puebla de Arganzón. A la espera de los últimos estudios que han comenzado a efectuarse en el propio laboratorio de la UPV, es posible asegurar que existe una fase de ocupación muy antigua cuyo inicio (a falta de determinar la fecha exacta) podría ubicarse entre el siglo IX y el X. Los textos ya mostraban una iglesia en la zona y también reflejaban que durante el mes de Ramadam, el hermano del emir Al-Hakam con sus ejércitos llega a la zona de Álava (cuyos límites discurrían tanto por Vitoria, Vizcaya y el propio enclave burgalés) pero sale derrotado a manos de los cristianos en el desfiladero llamado por aquel entonces de Arganzum.


En Condado de Treviño ya se produjo el hallazgo de un castillo del siglo X, muy relevante pero, a diferencia de otros, no se trataba de una construcción en lo alto sino de una residencia señorial de gente poderosa que se reúne en un poblado y vive entorno a los nobles. «Ya sabíamos lo de Treviño y nos imaginábamos su valor arqueológico, pero lo de La Puebla de Arganzón fue una sorpresa completa», admite el director del proyecto y responsable del área de arqueología de la UPV, Juan Antonio Quirós.
A la espera de poder estudiar con detalle los materiales arqueológicos recuperados y realizar algunos análisis de laboratorio, se ha podido constatar que el lugar fue ocupado en la época alto medieval, que ya en plena edad media fue construida una primera torre y otro potente edificio que fueron desmantelados con posterioridad para construir la torre actualmente visible y su aljibe.
Se estima que sobre el año 1.000 se funda un verdadero centro de poder con una gran torre de más de tres metros, «y además aparece una casa señorial muy bien conservada y un poblado», especifica Quirós, al tiempo que relaciona la construcción con una familia probablemente laica vinculada a los condes alaveses más que a la monarquía navarra de la época. A finales del siglo XIII o a inicios del XIV, el poblado se abandona y se produce una transformación de todo el yacimiento, se desmonta la vieja torre y se levanta otra junto a una cisterna. Entrado el siglo XIV se construye el castillo que empieza a funcionar como una estructura de control del paso, hasta que nueve siglos más tarde, en el XIX, la torre fue ocupada durante las guerras carlistas.

En cualquier caso, se sabía que ese paso adquiría relevancia histórica aunque lo único con lo que se contaba era con una torre y los restos de una cisterna. Fue entonces cuando el equipo arqueológico decidió contactar con la Junta de Castilla y León para poder efectuar una intervención valorativa de las ruinas. Se llevaron a cabo una serie de trabajos previos como recorrer el territorio a pie o sobrevolar en varias ocasiones la torre para fotografiar su entorno y comprobar que, efectivamente, estaba dispuesta sobre una plataforma y que había un recinto o muralla relativamente grande.
Tras estas primeras apreciaciones, los arqueólogos emplearon el método LIDAR (Light Detection And Ranging). Técnica que permite determinar la distancia desde un emisor láser a un objeto o superficie utilizando un haz láser pulsado; eso da la posibilidad de aclarar el panorama. Gracias al LIDAR se pudo hallar la cisterna, un profundo foso tallado en la roca, dos torres y una serie de irregularidades que corresponden a unos edificios. «A partir de este primer análisis, entendimos que se trataba de una estructura muy compleja y que era algo más grande e importante de lo que pensábamos inicialmente», destaca.
Durante seis semanas y media un total de ocho expertos en la materia efectuaron excavaciones, recogieron muestras y analizaron en unos cinco sectores de las ruinas. Quirós prefiere no hablar de castillo, porque como tal es apenas una parte de lo que se ha encontrado.
Las excavaciones se llevaron a cabo dentro de la torre, en el centro de la plataforma, en una segunda torre que demostró ser más antigua, en el poblado y en otros puntos de valoración más pequeños. «Si esto fuera así no solo se trataría del lugar fortificado más antiguo de todo el territorio de Treviño sino que, hasta el momento, de todo el entorno y no porque no los hubiera antes, puesto que hay registros tanto en municipio como Pancorbo o Lantarón o Miranda, lo que ocurre es que aún no hemos dado con ellas», describe.
Fuente:www.diariodeburgos.es
fotos: http://proyectoarganzon.blogspot.com
viernes, 7 de octubre de 2011
-Bien de Interés Cultural para el monasterio de Fresdelval.
El monasterio de Fresdelval, fundado en el siglo XV, ha recibido la declaración de Bien de Interés Cultural (BIC) en la categoría de Monumento, lo que amplía su protección en un radio aproximado de 200 metros según han informado fuentes de la Junta de Castilla y León. La catalogación de Monumento Histórico Artístico de este complejo monacal de titularidad particular databa de 1931 pero no protegía el entorno de la finca. Con esta declaración, aprobada por el Consejo de Gobierno, garantiza «la protección de sus valores, su contemplación, apreciación y estudio».
El Real Monasterio Jerónimo de Nuestra Señora de Fresdelval, que es su nombre completo, ocupa una extensión de 120 hectáreas, toda vez que sus posesiones se extienden más allá de las espectaculares ruinas de esta abadía entre gótica y renacentista.
Sus propietarios se hallan inmersos en la rehabilitación del palacio anejo al monasterio para convertirse en un futuro en una fundación cultural dedicada a los Jerónimos -orden originaria del cenobio- y al emperador Carlos V, quien se alojó en una ocasión allí y que a punto estuvo de elegirlo como destino para sus últimos días, algo que declinó en favor de Yuste por recomendación de sus médicos. La propiedad de todo el complejo está dividida en tres partes pero tienen un mismo y ambicioso objetivo: rehabilitarlo en su totalidad para convertirlo en hotel de lujo. El complejo monacal, a diez kilómetros de Burgos, fue fundado hace poco más de 600 años por Gómez Manrique. En poco tiempo, y gobernado por los jerónimos, ganó en importancia y poder, especialmente en el siglo XVI. Su declive comenzó un siglo más tarde, agravándose totalmente en el XIX, maltratado primero por el brutal expolio de las tropas napoleónicas y posteriormente por los no menos terribles procesos desamortizadores de ese siglo.
Sus ruinas cobijaron a escritores y artistas, cautivados hasta el tuétano por su prestigio melancólico. Entre ellos destacó el pintor romántico Francisco Jover Casanova, que llegó a convertirlo durante en centro de reuniones para todo tipo de artistas. Ya en el siglo XX, personalidades de la talla de Manuel Azaña, presidente del Gobierno durante de la II República, o del universal poeta granadino Federico García Lorca, que llegó a dedicarle uno de sus primeros textos en prosa posteriormente recreados en su primer libro, Impresiones y paisajes.
Fuente: www.diariodeburgos.es
El Real Monasterio Jerónimo de Nuestra Señora de Fresdelval, que es su nombre completo, ocupa una extensión de 120 hectáreas, toda vez que sus posesiones se extienden más allá de las espectaculares ruinas de esta abadía entre gótica y renacentista.
Sus propietarios se hallan inmersos en la rehabilitación del palacio anejo al monasterio para convertirse en un futuro en una fundación cultural dedicada a los Jerónimos -orden originaria del cenobio- y al emperador Carlos V, quien se alojó en una ocasión allí y que a punto estuvo de elegirlo como destino para sus últimos días, algo que declinó en favor de Yuste por recomendación de sus médicos. La propiedad de todo el complejo está dividida en tres partes pero tienen un mismo y ambicioso objetivo: rehabilitarlo en su totalidad para convertirlo en hotel de lujo. El complejo monacal, a diez kilómetros de Burgos, fue fundado hace poco más de 600 años por Gómez Manrique. En poco tiempo, y gobernado por los jerónimos, ganó en importancia y poder, especialmente en el siglo XVI. Su declive comenzó un siglo más tarde, agravándose totalmente en el XIX, maltratado primero por el brutal expolio de las tropas napoleónicas y posteriormente por los no menos terribles procesos desamortizadores de ese siglo.
Sus ruinas cobijaron a escritores y artistas, cautivados hasta el tuétano por su prestigio melancólico. Entre ellos destacó el pintor romántico Francisco Jover Casanova, que llegó a convertirlo durante en centro de reuniones para todo tipo de artistas. Ya en el siglo XX, personalidades de la talla de Manuel Azaña, presidente del Gobierno durante de la II República, o del universal poeta granadino Federico García Lorca, que llegó a dedicarle uno de sus primeros textos en prosa posteriormente recreados en su primer libro, Impresiones y paisajes.
Fuente: www.diariodeburgos.es
lunes, 3 de octubre de 2011
-Nueva especie de dinosaurio en La Revilla-Ahedo.
Un equipo internacional de paleontólogos ha publicado este mes en la
prestigiosa revista científica 'Acta Paleontológica Polonica' un trabajo
donde se describe una nueva especie de dinosaurio, cuyos restos se
encontraron entre 2002 y 2004 en el yacimiento de 'Las Tenadas de los
Vallejos II', ubicado en el término de La Revilla-Ahedo.Los fósiles de este nuevo espécimen fueron recuperados a lo largo de tres campañas de excavaciones, organizadas por el Colectivo Arqueológico-Paleontológico Salense (CAS) y el Museo de Dinosaurios, y fueron sometidos a un largo y complejo proceso de preparación y consolidación.
El hecho de encontrar caracteres anatómicos diferenciadores de otros dinosaurios ha permitido describir la nueva especie, que ha recibido el nombre de Demandasaurus Darwin (reptil de la [sierra de la] Demanda, de Darwin), dedicado a la Sierra de la Demanda y al autor de la Teoría de la Evolución de las especies, Charles Darwin.
Una parte importante de la investigación sobre este dinosaurio ha girado en torno a problemas paleobiogeográficos, en concreto a las posibles conexiones entre la fauna de África y Europa durante el Cretácico Inferior, entre 130 y 120 millones de años atrás. Y Demandasaurus proporciona una clave que ayuda a esclarecer ese problema científico.
El nuevo dinosaurio, que se suma a los pocos descritos en España, pertenece al grupo de los Diplodocoideos y dentro de éste, a la familia de los Rebaquisáuridos. Hasta el hallazgo de este dinosaurio ibérico, los Rebaquisáuridos se conocían solo en el antiguo supercontinente de Gondwana (que incluía las actuales África, América del Sur, Australia, India y Antártica), por lo que su aparición supuso una noticia relevante para la comunidad paleontológica mundial.
Los rebaquisáuridos son dinosaurios saurópodos que aún guardan enigmas para los paleontólogos.
En las instalaciones museísticas salenses se conserva gran parte del esqueleto del Demandasaurus Darwin, y se podrá contemplar durante la presentación del dinosaurio 'recién nacido'. En la misma, que tendrá lugar el viernes próximo en el Palacio Municipal de Salas de los Infantes, intervendrán tres de los paleontólogos que firman el artículo José Ignacio Canudo (Universidad de Zaragoza), Xavier Pereda (Universidad del País Vasco) y Fidel Torcida (Museo de Dinosaurios de Salas de los Infantes).
http://www.elcorreodeburgos.com
sábado, 1 de octubre de 2011
-Relato del descubrimiento del brazalete de oro de Atapuerca.
Escrito por Ana Isabel Ortega Martínez
www.grupoedelweiss.com
Era el día 21 de julio y, como en el resto de jornadas, la tarde la dedicábamos a los trabajos relacionados con el nivel de la terraza que se documenta en varios sectores de la Cueva del Silo. Éramos un equipo de 8 personas, los geólogos Eneko Uriarte y Asier Gómez, las palinólogas Miriam Dorado y Ana Valdeolmillos, los espeleólogos Miguel Ángel Martín y Fernando Ausín, la topógrafa Raquel Pérez y yo.
Nos habíamos dividido el trabajo: Raquel y yo estábamos topografiando, Miriam y Ana muestreaban en las arenas que hay sobre las gravas, Eneko y Asier tomaban datos de la columna estratigráfica y Miguel y Fernando hacían las fotografías. Entonces sucedió que, en la parte superior de los sedimentos de la columna estratigráfica, debajo del caos de bloques existente, al iluminar un hueco con el frontal eléctrico, algo brillaba al fondo y brillaba mucho, tanto como la moneda de oro musulmana que había salido el día anterior en la excavación del Portalón.
Eneko y Asier se miraron, sabían lo que era pero no lo creían, no podía ser cierto pero brillaba mucho y estaba ahí al lado, debajo del bloque calizo, aunque parecía inalcanzable debido a lo estrecho del lugar; finalmente tras indagar un poco encontraron un pequeño hueco entre los bloques por el que, tras deslizarse desde arriba, pudieron alcanzarlo. Tomaron el extraño objeto y se lo pasaron a Miriam y Ana, que no podían imaginar ante qué estaban, no comprendían el brillo de los ojos de sus compañeros. Entre tanto llegó Miguel, quien se echó a reír y, asombrado, les inquiría de donde lo habían sacado, que le dijeran la verdad, que ellos lo habían puesto allí, dado que ambos habíamos dibujado y fotografiado esa columna estratigráfica sin haber visto allí nada antes. Sabía lo que tenía entre manos y no se lo podía creer, confirmó lo que Eneko y Asier no se atrevían a aseverar. Una alegría extraña inundó al grupo y decidieron que yo debía conocer lo sucedido de una forma especial.
Asier se acercó hasta el lugar donde Raquel, Fernando y yo estábamos topografiando otro punto de la terraza y me comentó que las palinólogas requerían de mi presencia, ya que tenían dudas sobre donde muestrear. Me dispuse a partir pero Raquel me indicó que faltaban unos pocos puntos, que acabásemos primero. Decidí terminar la topografía, a pesar de la insistencia de Asier. Al cabo de unos 10 minutos nos acercamos al resto del grupo y, una vez allí, empezaron a decirme que tenía que mirar entre los bloques porque encima de la terraza había unos huesos. Yo me emocioné y empecé a hablar de las similitudes entre esta secuencia y la de Cueva Peluda, pero nadie me hacía caso e insistían en que me
metiese
entre los bloques a ver los huesos; yo hablaba y hablaba de su posible
cronología hasta que, dado el empeño de mis compañeros, me escurrí entre
dos bloques y pude ver el brillo del oro, el brillo de un brazalete de
oro, suavemente depositado sobre la arcilla y debajo de un gran bloque
calizo, allí solo, como esperando. En esos instantes imprecisos no supe
qué decir, callada y atónita hice un movimiento brusco hacia arriba para
ver a los demás pero mi cuerpo chocó con las paredes del bloque y como
no podía moverme lo único que quería era que Raquel viera lo que mis
atónitos ojos estaban observando, llamaba a Raquel e insistía en que
bajara, pero Raquel no bajaba porque no sabía como hacerlo, sólo había
un pequeño hueco entre los bloques y estaba ocupado por mi cuerpo.
Cuando me dijo que no podía, porque estaba yo, entonces, sólo entonces,
cogí el brazalete y se lo enseñé.
Estaba limpio, brillaba como nuevo, comprendí el valor del oro, su eternidad. Una eternidad que embriagaba de alegría aquel rincón oscuro de la Cueva del Silo, en aquel punto donde los cantos rodados del río Arlanzón llegaron hace cientos de miles de años, marcando el paso de unas corrientes que dejaron de fluir como lo harían las culturas que se conservan en estas cavidades y que son capaces de resurgir miles de años después. Nadie esperaba encontrar un hallazgo así, a pesar de estar ante unos yacimientos tan generosos; nadie imaginaba que la Cueva del Silo, hasta hoy una cavidad con escasas evidencias arqueológicas, destrozada y machacada por las numerosas visitas, pudiera representar un lugar especial para las culturas pasadas.
Este hallazgo es tan excepcional, que nadie podía imaginar su presencia, primero por ser un brazalete de oro ya que, como dijo Toni Canals tras el plantón de dos horas que le dimos esa tarde, estos hallazgos son de otra época, son de los que se encontraban los pioneros. En segundo lugar por estar en Cueva del Silo, una cavidad de segundo rango en la Sierra de Atapuerca.
Los diferentes hallazgos del pasado en el karst de la Sierra de
Atapuerca deberían hacernos reflexionar sobre lo que representaban las
cavidades para los pobladores de la Prehistoria, para quienes de algún
modo fueron sagradas, lugares de culto de unas gentes que desaparecieron
hace mucho tiempo, perdiéndose con ellos una forma de entender la
ocupación del mundo subterráneo.
Quizá, como dijo Nacho Martínez en una de sus visitas, fueron las diosas de la Sierra quienes regalaron este don a los que estudiamos las cavernas y sus recovecos, los espeleólogos, y lo depositaron lejos de las zonas de excavación o de las cavidades famosas, en el rincón del olvido, protegido más de 3.000 años bajo los bloques que una vez cayeron del techo. Pero como suele ocurrir con los regalos inesperados, este se produjo el día del cumpleaños de Olga y Shane, que junto a Mari y José Luis se acercaron también ese día a esperarnos a la entrada de la cavidad, por lo que fue también un regalo para ellos y, por pertenecer al mundo de la Prehistoria reciente, también fue un regalo para la gente que excava en el Portalón y en el Mirador, en suma, un regalo para todo el gran Equipo de Investigaciones de la Sierra de Atapuerca que sigue trabajando en estas Cuevas Sagradas. Y, en última instancia, es un regalo para todos aquellos que están interesados en el mundo de nuestros antepasados.
www.grupoedelweiss.com
Era el día 21 de julio y, como en el resto de jornadas, la tarde la dedicábamos a los trabajos relacionados con el nivel de la terraza que se documenta en varios sectores de la Cueva del Silo. Éramos un equipo de 8 personas, los geólogos Eneko Uriarte y Asier Gómez, las palinólogas Miriam Dorado y Ana Valdeolmillos, los espeleólogos Miguel Ángel Martín y Fernando Ausín, la topógrafa Raquel Pérez y yo.
Nos habíamos dividido el trabajo: Raquel y yo estábamos topografiando, Miriam y Ana muestreaban en las arenas que hay sobre las gravas, Eneko y Asier tomaban datos de la columna estratigráfica y Miguel y Fernando hacían las fotografías. Entonces sucedió que, en la parte superior de los sedimentos de la columna estratigráfica, debajo del caos de bloques existente, al iluminar un hueco con el frontal eléctrico, algo brillaba al fondo y brillaba mucho, tanto como la moneda de oro musulmana que había salido el día anterior en la excavación del Portalón.
Eneko y Asier se miraron, sabían lo que era pero no lo creían, no podía ser cierto pero brillaba mucho y estaba ahí al lado, debajo del bloque calizo, aunque parecía inalcanzable debido a lo estrecho del lugar; finalmente tras indagar un poco encontraron un pequeño hueco entre los bloques por el que, tras deslizarse desde arriba, pudieron alcanzarlo. Tomaron el extraño objeto y se lo pasaron a Miriam y Ana, que no podían imaginar ante qué estaban, no comprendían el brillo de los ojos de sus compañeros. Entre tanto llegó Miguel, quien se echó a reír y, asombrado, les inquiría de donde lo habían sacado, que le dijeran la verdad, que ellos lo habían puesto allí, dado que ambos habíamos dibujado y fotografiado esa columna estratigráfica sin haber visto allí nada antes. Sabía lo que tenía entre manos y no se lo podía creer, confirmó lo que Eneko y Asier no se atrevían a aseverar. Una alegría extraña inundó al grupo y decidieron que yo debía conocer lo sucedido de una forma especial.
Asier se acercó hasta el lugar donde Raquel, Fernando y yo estábamos topografiando otro punto de la terraza y me comentó que las palinólogas requerían de mi presencia, ya que tenían dudas sobre donde muestrear. Me dispuse a partir pero Raquel me indicó que faltaban unos pocos puntos, que acabásemos primero. Decidí terminar la topografía, a pesar de la insistencia de Asier. Al cabo de unos 10 minutos nos acercamos al resto del grupo y, una vez allí, empezaron a decirme que tenía que mirar entre los bloques porque encima de la terraza había unos huesos. Yo me emocioné y empecé a hablar de las similitudes entre esta secuencia y la de Cueva Peluda, pero nadie me hacía caso e insistían en que me
metiese
entre los bloques a ver los huesos; yo hablaba y hablaba de su posible
cronología hasta que, dado el empeño de mis compañeros, me escurrí entre
dos bloques y pude ver el brillo del oro, el brillo de un brazalete de
oro, suavemente depositado sobre la arcilla y debajo de un gran bloque
calizo, allí solo, como esperando. En esos instantes imprecisos no supe
qué decir, callada y atónita hice un movimiento brusco hacia arriba para
ver a los demás pero mi cuerpo chocó con las paredes del bloque y como
no podía moverme lo único que quería era que Raquel viera lo que mis
atónitos ojos estaban observando, llamaba a Raquel e insistía en que
bajara, pero Raquel no bajaba porque no sabía como hacerlo, sólo había
un pequeño hueco entre los bloques y estaba ocupado por mi cuerpo.
Cuando me dijo que no podía, porque estaba yo, entonces, sólo entonces,
cogí el brazalete y se lo enseñé.Estaba limpio, brillaba como nuevo, comprendí el valor del oro, su eternidad. Una eternidad que embriagaba de alegría aquel rincón oscuro de la Cueva del Silo, en aquel punto donde los cantos rodados del río Arlanzón llegaron hace cientos de miles de años, marcando el paso de unas corrientes que dejaron de fluir como lo harían las culturas que se conservan en estas cavidades y que son capaces de resurgir miles de años después. Nadie esperaba encontrar un hallazgo así, a pesar de estar ante unos yacimientos tan generosos; nadie imaginaba que la Cueva del Silo, hasta hoy una cavidad con escasas evidencias arqueológicas, destrozada y machacada por las numerosas visitas, pudiera representar un lugar especial para las culturas pasadas.
Este hallazgo es tan excepcional, que nadie podía imaginar su presencia, primero por ser un brazalete de oro ya que, como dijo Toni Canals tras el plantón de dos horas que le dimos esa tarde, estos hallazgos son de otra época, son de los que se encontraban los pioneros. En segundo lugar por estar en Cueva del Silo, una cavidad de segundo rango en la Sierra de Atapuerca.
Los diferentes hallazgos del pasado en el karst de la Sierra de
Atapuerca deberían hacernos reflexionar sobre lo que representaban las
cavidades para los pobladores de la Prehistoria, para quienes de algún
modo fueron sagradas, lugares de culto de unas gentes que desaparecieron
hace mucho tiempo, perdiéndose con ellos una forma de entender la
ocupación del mundo subterráneo.Quizá, como dijo Nacho Martínez en una de sus visitas, fueron las diosas de la Sierra quienes regalaron este don a los que estudiamos las cavernas y sus recovecos, los espeleólogos, y lo depositaron lejos de las zonas de excavación o de las cavidades famosas, en el rincón del olvido, protegido más de 3.000 años bajo los bloques que una vez cayeron del techo. Pero como suele ocurrir con los regalos inesperados, este se produjo el día del cumpleaños de Olga y Shane, que junto a Mari y José Luis se acercaron también ese día a esperarnos a la entrada de la cavidad, por lo que fue también un regalo para ellos y, por pertenecer al mundo de la Prehistoria reciente, también fue un regalo para la gente que excava en el Portalón y en el Mirador, en suma, un regalo para todo el gran Equipo de Investigaciones de la Sierra de Atapuerca que sigue trabajando en estas Cuevas Sagradas. Y, en última instancia, es un regalo para todos aquellos que están interesados en el mundo de nuestros antepasados.
viernes, 30 de septiembre de 2011
-Descubrimiento de las Huellas Prehistóricas de Ojo Guareña
Escrito por Eliseo Rubio Marcos
www.grupoedelweiss.com
Corría el mes de julio de 1969, cuando un pequeño equipo del Grupo
Espeleólogico Burgalés (GEBU), escindido a la sazón del G.E. EDELWEISS,
nos disponíamos a explorar bajo tierra las galerías superiores de "El
Cacique", donde en jornadas precedentes se había dejado pendiente una
exploración más exhaustiva en dicha zona que prometía una prolongación
del Dédalo Oeste del complejo de Ojo Guareña.
Durante tiempo se había especulado mucho sobre las zonas aledañas a la
sala de "El Cacique" y se abrigaban fundadas esperanzas de encontrar
desde aquí algún posible acceso que estudios de topografía exterior
apuntaban hacia la primitiva entrada del circo de San Bernabé, por las
grandes dimensiones de estas galerías superiores que desde el circo
exterior se adentran en dirección Este del complejo hasta colmatarse en
grandes coladas que impiden la continuidad.
El equipo formado por J.L. Uribarri y cuatro miembros del G.E.B.U.,
Aurelio Rubio, Carmen Vadillo, Elías y Eliseo Rubio nos adentrábamos en
las galerías de "El Cacique", mientras otro equipo del G. Edelweiss
exploraba y topografiaba galerías del segundo piso, próximas también a
"El Cacique".
Tras un rápido recorrido de esta gran sala iniciábamos un progresivo y
dificultoso ascenso por grandes desniveles y caos de bloques que nos
llevó a una gran sala superior, desde donde reemprendimos la búsqueda
del o de los posibles accesos hacia la entrada de San Bernabé que
habíamos interrumpido en la expedición anterior.
Despues de una afanosa búsqueda por diversos divertículos laterales se
abrió ante nosotros un gran túnel que se adentraba en sentido Oeste. A
medida que avanzábamos por un suelo arcilloso, de pronto me pareció
distinguir huellas de pies en la arcilla blanda; acerqué mi luz al
suelo… y exclamé sobresaltado, !!huellas de pies¡¡, !!pies descalzos¡¡,
añadí. No podía dar crédito a mis ojos.
Los segundos que siguieron fueron indescriptibles, llenos de excitación y
euforia, cuando los demás miembros del equipo se acercaron para
constatar lo cierto del hallazgo, que se confirmó, en efecto, como
huellas de pies desnudos que nítidamente se hundían en la arcilla con
una ligera pátina de carbonato que les daba una apariencia muy antigua,
acaso del hombre primitivo, aventuramos. A medida que avanzábamos, la
profusión de pisadas era tal que Uribarri, consciente de que pudiéramos
estar ante un descubrimiento sensacional y poner en peligro la
integridad de las huellas, ordenó con autoridad: ¡se suspende la
expedición!
Todos nos contagiamos de la responsabilidad que Uribarri transmitió con
tan terminante orden; sin embargo, el descubrimiento, hasta ese momento
incompleto, no podíamos abandonarlo sin antes apagar la sed de admirar
tan desacostumbrado hallazgo que nos hacía vibrar de emoción. Por otra
parte era necesario valorar, aunque fuera de forma ligera, el alcance
del mismo.
Una somera observación indicaba que las pisadas eran de pies de
diferentes tamaños, prácticamente todas de adultos, con sentido de ida y
vuelta, y que se prolongaban a lo largo de la galería hasta un punto de
retorno, donde un gran tapón de colada cerraba totalmente la galería
impidiendo continuar la incursión de los hombres de pies desnudos y
también la nuestra. Huellas por centenares se localizaban en un
recorrido de unos 300 m. aproximadamente a lo largo de dos galerías y
una sala intermedia.
Por dónde habían entrado estos hombres hasta un punto tan distante de la
entrada habitual de Palomera, con los medios supuestamente escasos de
luz a traves de un medio tan hostil y lleno de obstáculos y peligros y,
lo que es peor, descalzos, no alcanzábamos a entenderlo. Solo un antiguo
acceso desde San Bernabé, ahora obstruido por derrumbamiento de la
galería, posteriormente concreccionado y que apenas dista 150 m. de
dicha entrada, podría considerarse como plausible.
Las conjeturas sobre quiénes fueron los individuos que llegaron hasta
aquí, cuándo se produjo esta incursión y con qué fin, se agolpaban en la
imaginación de todos; lo más verosímil parecería que se trataba de un
grupo de individuos que, bien empujados por un afán de exploración o
curiosidad, bien por llevar a cabo un posible rito iniciático, hubieran
hecho una incursión de ida y vuelta y nunca más hubieran vuelto hasta
aquí.
Esparcidos aquí y allá se advertían restos de madera carbonizada
pertenecientes quizás a antorchas con las que presumiblmente este grupo
de individuos había llegado hasta este punto de la cueva.
El final de esta galería, como se ha dicho, terminaba en una colada que
cerraba el paso e impedía proseguir más adelante, lo que explicaría el
sentido de vuelta del grupo.Tras esta inspección dimos por finalizada la
expedición para al día siguiente dar cuenta a los medios que
difundieron la noticia con la difusión y despliegue merecidos, pues
huellas de pies de características similares a las aquí descritas si se
asocian con el hombre primitivo, solo se conocen siete en todo el mundo;
cinco en Italia y dos en Lascaux, en Francia.Ojo Guareña añadía así un
tesoro más al acervo arqueoantropológico de sus ocultas riquezas.
Estudios posteriores de los restos de madera carbonizada llevados a cabo
por los investigadores Delibrias, Guillier y Labeyrie (1974) con
técnicas de C-14, arrojaron una antigüedad de 15.600 años, por lo que
nuestra impresión primera, que en el momento de su descubrimiento
atribuíamos al hombre primitivo, se reveló cierta.
Así, mientras la alta tecnología aeroespacial permitía al hombre moderno
a bordo de una cápsula espacial ver cumplido en esas fechas su hasta
entonces inaprensible sueño de alcanzar la Luna y poner los pies en su
suelo, a nosotros se nos concedía en el mismo espacio temporal descubrir
las primigenias huellas de pies desnudos que miles de años antes un
reducido grupo de hombres prehistóricos dejaron impresas en el vientre
de su vecina más próxima, la madre Tierra.
Eliseo Rubio Marcos
Burgos, Abril de 2001
Burgos, Abril de 2001
jueves, 29 de septiembre de 2011
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