El monasterio de Fresdelval, fundado en el siglo XV, ha recibido la declaración de Bien de Interés Cultural (BIC) en la categoría de Monumento, lo que amplía su protección en un radio aproximado de 200 metros según han informado fuentes de la Junta de Castilla y León. La catalogación de Monumento Histórico Artístico de este complejo monacal de titularidad particular databa de 1931 pero no protegía el entorno de la finca. Con esta declaración, aprobada por el Consejo de Gobierno, garantiza «la protección de sus valores, su contemplación, apreciación y estudio».
El Real Monasterio Jerónimo de Nuestra Señora de Fresdelval, que es su nombre completo, ocupa una extensión de 120 hectáreas, toda vez que sus posesiones se extienden más allá de las espectaculares ruinas de esta abadía entre gótica y renacentista.
Sus propietarios se hallan inmersos en la rehabilitación del palacio anejo al monasterio para convertirse en un futuro en una fundación cultural dedicada a los Jerónimos -orden originaria del cenobio- y al emperador Carlos V, quien se alojó en una ocasión allí y que a punto estuvo de elegirlo como destino para sus últimos días, algo que declinó en favor de Yuste por recomendación de sus médicos. La propiedad de todo el complejo está dividida en tres partes pero tienen un mismo y ambicioso objetivo: rehabilitarlo en su totalidad para convertirlo en hotel de lujo. El complejo monacal, a diez kilómetros de Burgos, fue fundado hace poco más de 600 años por Gómez Manrique. En poco tiempo, y gobernado por los jerónimos, ganó en importancia y poder, especialmente en el siglo XVI. Su declive comenzó un siglo más tarde, agravándose totalmente en el XIX, maltratado primero por el brutal expolio de las tropas napoleónicas y posteriormente por los no menos terribles procesos desamortizadores de ese siglo.
Sus ruinas cobijaron a escritores y artistas, cautivados hasta el tuétano por su prestigio melancólico. Entre ellos destacó el pintor romántico Francisco Jover Casanova, que llegó a convertirlo durante en centro de reuniones para todo tipo de artistas. Ya en el siglo XX, personalidades de la talla de Manuel Azaña, presidente del Gobierno durante de la II República, o del universal poeta granadino Federico García Lorca, que llegó a dedicarle uno de sus primeros textos en prosa posteriormente recreados en su primer libro, Impresiones y paisajes.
Fuente: www.diariodeburgos.es
Un rincón para conocer la historia, la naturaleza de Burgos y la magia de los Yacimientos de la Sierra de Atapuerca.
viernes, 7 de octubre de 2011
lunes, 3 de octubre de 2011
-Nueva especie de dinosaurio en La Revilla-Ahedo.
Un equipo internacional de paleontólogos ha publicado este mes en la
prestigiosa revista científica 'Acta Paleontológica Polonica' un trabajo
donde se describe una nueva especie de dinosaurio, cuyos restos se
encontraron entre 2002 y 2004 en el yacimiento de 'Las Tenadas de los
Vallejos II', ubicado en el término de La Revilla-Ahedo.Los fósiles de este nuevo espécimen fueron recuperados a lo largo de tres campañas de excavaciones, organizadas por el Colectivo Arqueológico-Paleontológico Salense (CAS) y el Museo de Dinosaurios, y fueron sometidos a un largo y complejo proceso de preparación y consolidación.
El hecho de encontrar caracteres anatómicos diferenciadores de otros dinosaurios ha permitido describir la nueva especie, que ha recibido el nombre de Demandasaurus Darwin (reptil de la [sierra de la] Demanda, de Darwin), dedicado a la Sierra de la Demanda y al autor de la Teoría de la Evolución de las especies, Charles Darwin.
Una parte importante de la investigación sobre este dinosaurio ha girado en torno a problemas paleobiogeográficos, en concreto a las posibles conexiones entre la fauna de África y Europa durante el Cretácico Inferior, entre 130 y 120 millones de años atrás. Y Demandasaurus proporciona una clave que ayuda a esclarecer ese problema científico.
El nuevo dinosaurio, que se suma a los pocos descritos en España, pertenece al grupo de los Diplodocoideos y dentro de éste, a la familia de los Rebaquisáuridos. Hasta el hallazgo de este dinosaurio ibérico, los Rebaquisáuridos se conocían solo en el antiguo supercontinente de Gondwana (que incluía las actuales África, América del Sur, Australia, India y Antártica), por lo que su aparición supuso una noticia relevante para la comunidad paleontológica mundial.
Los rebaquisáuridos son dinosaurios saurópodos que aún guardan enigmas para los paleontólogos.
En las instalaciones museísticas salenses se conserva gran parte del esqueleto del Demandasaurus Darwin, y se podrá contemplar durante la presentación del dinosaurio 'recién nacido'. En la misma, que tendrá lugar el viernes próximo en el Palacio Municipal de Salas de los Infantes, intervendrán tres de los paleontólogos que firman el artículo José Ignacio Canudo (Universidad de Zaragoza), Xavier Pereda (Universidad del País Vasco) y Fidel Torcida (Museo de Dinosaurios de Salas de los Infantes).
http://www.elcorreodeburgos.com
sábado, 1 de octubre de 2011
-Relato del descubrimiento del brazalete de oro de Atapuerca.
Escrito por Ana Isabel Ortega Martínez
www.grupoedelweiss.com
Era el día 21 de julio y, como en el resto de jornadas, la tarde la dedicábamos a los trabajos relacionados con el nivel de la terraza que se documenta en varios sectores de la Cueva del Silo. Éramos un equipo de 8 personas, los geólogos Eneko Uriarte y Asier Gómez, las palinólogas Miriam Dorado y Ana Valdeolmillos, los espeleólogos Miguel Ángel Martín y Fernando Ausín, la topógrafa Raquel Pérez y yo.
Nos habíamos dividido el trabajo: Raquel y yo estábamos topografiando, Miriam y Ana muestreaban en las arenas que hay sobre las gravas, Eneko y Asier tomaban datos de la columna estratigráfica y Miguel y Fernando hacían las fotografías. Entonces sucedió que, en la parte superior de los sedimentos de la columna estratigráfica, debajo del caos de bloques existente, al iluminar un hueco con el frontal eléctrico, algo brillaba al fondo y brillaba mucho, tanto como la moneda de oro musulmana que había salido el día anterior en la excavación del Portalón.
Eneko y Asier se miraron, sabían lo que era pero no lo creían, no podía ser cierto pero brillaba mucho y estaba ahí al lado, debajo del bloque calizo, aunque parecía inalcanzable debido a lo estrecho del lugar; finalmente tras indagar un poco encontraron un pequeño hueco entre los bloques por el que, tras deslizarse desde arriba, pudieron alcanzarlo. Tomaron el extraño objeto y se lo pasaron a Miriam y Ana, que no podían imaginar ante qué estaban, no comprendían el brillo de los ojos de sus compañeros. Entre tanto llegó Miguel, quien se echó a reír y, asombrado, les inquiría de donde lo habían sacado, que le dijeran la verdad, que ellos lo habían puesto allí, dado que ambos habíamos dibujado y fotografiado esa columna estratigráfica sin haber visto allí nada antes. Sabía lo que tenía entre manos y no se lo podía creer, confirmó lo que Eneko y Asier no se atrevían a aseverar. Una alegría extraña inundó al grupo y decidieron que yo debía conocer lo sucedido de una forma especial.
Asier se acercó hasta el lugar donde Raquel, Fernando y yo estábamos topografiando otro punto de la terraza y me comentó que las palinólogas requerían de mi presencia, ya que tenían dudas sobre donde muestrear. Me dispuse a partir pero Raquel me indicó que faltaban unos pocos puntos, que acabásemos primero. Decidí terminar la topografía, a pesar de la insistencia de Asier. Al cabo de unos 10 minutos nos acercamos al resto del grupo y, una vez allí, empezaron a decirme que tenía que mirar entre los bloques porque encima de la terraza había unos huesos. Yo me emocioné y empecé a hablar de las similitudes entre esta secuencia y la de Cueva Peluda, pero nadie me hacía caso e insistían en que me
metiese
entre los bloques a ver los huesos; yo hablaba y hablaba de su posible
cronología hasta que, dado el empeño de mis compañeros, me escurrí entre
dos bloques y pude ver el brillo del oro, el brillo de un brazalete de
oro, suavemente depositado sobre la arcilla y debajo de un gran bloque
calizo, allí solo, como esperando. En esos instantes imprecisos no supe
qué decir, callada y atónita hice un movimiento brusco hacia arriba para
ver a los demás pero mi cuerpo chocó con las paredes del bloque y como
no podía moverme lo único que quería era que Raquel viera lo que mis
atónitos ojos estaban observando, llamaba a Raquel e insistía en que
bajara, pero Raquel no bajaba porque no sabía como hacerlo, sólo había
un pequeño hueco entre los bloques y estaba ocupado por mi cuerpo.
Cuando me dijo que no podía, porque estaba yo, entonces, sólo entonces,
cogí el brazalete y se lo enseñé.
Estaba limpio, brillaba como nuevo, comprendí el valor del oro, su eternidad. Una eternidad que embriagaba de alegría aquel rincón oscuro de la Cueva del Silo, en aquel punto donde los cantos rodados del río Arlanzón llegaron hace cientos de miles de años, marcando el paso de unas corrientes que dejaron de fluir como lo harían las culturas que se conservan en estas cavidades y que son capaces de resurgir miles de años después. Nadie esperaba encontrar un hallazgo así, a pesar de estar ante unos yacimientos tan generosos; nadie imaginaba que la Cueva del Silo, hasta hoy una cavidad con escasas evidencias arqueológicas, destrozada y machacada por las numerosas visitas, pudiera representar un lugar especial para las culturas pasadas.
Este hallazgo es tan excepcional, que nadie podía imaginar su presencia, primero por ser un brazalete de oro ya que, como dijo Toni Canals tras el plantón de dos horas que le dimos esa tarde, estos hallazgos son de otra época, son de los que se encontraban los pioneros. En segundo lugar por estar en Cueva del Silo, una cavidad de segundo rango en la Sierra de Atapuerca.
Los diferentes hallazgos del pasado en el karst de la Sierra de
Atapuerca deberían hacernos reflexionar sobre lo que representaban las
cavidades para los pobladores de la Prehistoria, para quienes de algún
modo fueron sagradas, lugares de culto de unas gentes que desaparecieron
hace mucho tiempo, perdiéndose con ellos una forma de entender la
ocupación del mundo subterráneo.
Quizá, como dijo Nacho Martínez en una de sus visitas, fueron las diosas de la Sierra quienes regalaron este don a los que estudiamos las cavernas y sus recovecos, los espeleólogos, y lo depositaron lejos de las zonas de excavación o de las cavidades famosas, en el rincón del olvido, protegido más de 3.000 años bajo los bloques que una vez cayeron del techo. Pero como suele ocurrir con los regalos inesperados, este se produjo el día del cumpleaños de Olga y Shane, que junto a Mari y José Luis se acercaron también ese día a esperarnos a la entrada de la cavidad, por lo que fue también un regalo para ellos y, por pertenecer al mundo de la Prehistoria reciente, también fue un regalo para la gente que excava en el Portalón y en el Mirador, en suma, un regalo para todo el gran Equipo de Investigaciones de la Sierra de Atapuerca que sigue trabajando en estas Cuevas Sagradas. Y, en última instancia, es un regalo para todos aquellos que están interesados en el mundo de nuestros antepasados.
www.grupoedelweiss.com
Era el día 21 de julio y, como en el resto de jornadas, la tarde la dedicábamos a los trabajos relacionados con el nivel de la terraza que se documenta en varios sectores de la Cueva del Silo. Éramos un equipo de 8 personas, los geólogos Eneko Uriarte y Asier Gómez, las palinólogas Miriam Dorado y Ana Valdeolmillos, los espeleólogos Miguel Ángel Martín y Fernando Ausín, la topógrafa Raquel Pérez y yo.
Nos habíamos dividido el trabajo: Raquel y yo estábamos topografiando, Miriam y Ana muestreaban en las arenas que hay sobre las gravas, Eneko y Asier tomaban datos de la columna estratigráfica y Miguel y Fernando hacían las fotografías. Entonces sucedió que, en la parte superior de los sedimentos de la columna estratigráfica, debajo del caos de bloques existente, al iluminar un hueco con el frontal eléctrico, algo brillaba al fondo y brillaba mucho, tanto como la moneda de oro musulmana que había salido el día anterior en la excavación del Portalón.
Eneko y Asier se miraron, sabían lo que era pero no lo creían, no podía ser cierto pero brillaba mucho y estaba ahí al lado, debajo del bloque calizo, aunque parecía inalcanzable debido a lo estrecho del lugar; finalmente tras indagar un poco encontraron un pequeño hueco entre los bloques por el que, tras deslizarse desde arriba, pudieron alcanzarlo. Tomaron el extraño objeto y se lo pasaron a Miriam y Ana, que no podían imaginar ante qué estaban, no comprendían el brillo de los ojos de sus compañeros. Entre tanto llegó Miguel, quien se echó a reír y, asombrado, les inquiría de donde lo habían sacado, que le dijeran la verdad, que ellos lo habían puesto allí, dado que ambos habíamos dibujado y fotografiado esa columna estratigráfica sin haber visto allí nada antes. Sabía lo que tenía entre manos y no se lo podía creer, confirmó lo que Eneko y Asier no se atrevían a aseverar. Una alegría extraña inundó al grupo y decidieron que yo debía conocer lo sucedido de una forma especial.
Asier se acercó hasta el lugar donde Raquel, Fernando y yo estábamos topografiando otro punto de la terraza y me comentó que las palinólogas requerían de mi presencia, ya que tenían dudas sobre donde muestrear. Me dispuse a partir pero Raquel me indicó que faltaban unos pocos puntos, que acabásemos primero. Decidí terminar la topografía, a pesar de la insistencia de Asier. Al cabo de unos 10 minutos nos acercamos al resto del grupo y, una vez allí, empezaron a decirme que tenía que mirar entre los bloques porque encima de la terraza había unos huesos. Yo me emocioné y empecé a hablar de las similitudes entre esta secuencia y la de Cueva Peluda, pero nadie me hacía caso e insistían en que me
Estaba limpio, brillaba como nuevo, comprendí el valor del oro, su eternidad. Una eternidad que embriagaba de alegría aquel rincón oscuro de la Cueva del Silo, en aquel punto donde los cantos rodados del río Arlanzón llegaron hace cientos de miles de años, marcando el paso de unas corrientes que dejaron de fluir como lo harían las culturas que se conservan en estas cavidades y que son capaces de resurgir miles de años después. Nadie esperaba encontrar un hallazgo así, a pesar de estar ante unos yacimientos tan generosos; nadie imaginaba que la Cueva del Silo, hasta hoy una cavidad con escasas evidencias arqueológicas, destrozada y machacada por las numerosas visitas, pudiera representar un lugar especial para las culturas pasadas.
Este hallazgo es tan excepcional, que nadie podía imaginar su presencia, primero por ser un brazalete de oro ya que, como dijo Toni Canals tras el plantón de dos horas que le dimos esa tarde, estos hallazgos son de otra época, son de los que se encontraban los pioneros. En segundo lugar por estar en Cueva del Silo, una cavidad de segundo rango en la Sierra de Atapuerca.
Quizá, como dijo Nacho Martínez en una de sus visitas, fueron las diosas de la Sierra quienes regalaron este don a los que estudiamos las cavernas y sus recovecos, los espeleólogos, y lo depositaron lejos de las zonas de excavación o de las cavidades famosas, en el rincón del olvido, protegido más de 3.000 años bajo los bloques que una vez cayeron del techo. Pero como suele ocurrir con los regalos inesperados, este se produjo el día del cumpleaños de Olga y Shane, que junto a Mari y José Luis se acercaron también ese día a esperarnos a la entrada de la cavidad, por lo que fue también un regalo para ellos y, por pertenecer al mundo de la Prehistoria reciente, también fue un regalo para la gente que excava en el Portalón y en el Mirador, en suma, un regalo para todo el gran Equipo de Investigaciones de la Sierra de Atapuerca que sigue trabajando en estas Cuevas Sagradas. Y, en última instancia, es un regalo para todos aquellos que están interesados en el mundo de nuestros antepasados.
viernes, 30 de septiembre de 2011
-Descubrimiento de las Huellas Prehistóricas de Ojo Guareña
Escrito por Eliseo Rubio Marcos
www.grupoedelweiss.com
Corría el mes de julio de 1969, cuando un pequeño equipo del Grupo
Espeleólogico Burgalés (GEBU), escindido a la sazón del G.E. EDELWEISS,
nos disponíamos a explorar bajo tierra las galerías superiores de "El
Cacique", donde en jornadas precedentes se había dejado pendiente una
exploración más exhaustiva en dicha zona que prometía una prolongación
del Dédalo Oeste del complejo de Ojo Guareña.
Durante tiempo se había especulado mucho sobre las zonas aledañas a la
sala de "El Cacique" y se abrigaban fundadas esperanzas de encontrar
desde aquí algún posible acceso que estudios de topografía exterior
apuntaban hacia la primitiva entrada del circo de San Bernabé, por las
grandes dimensiones de estas galerías superiores que desde el circo
exterior se adentran en dirección Este del complejo hasta colmatarse en
grandes coladas que impiden la continuidad.
El equipo formado por J.L. Uribarri y cuatro miembros del G.E.B.U.,
Aurelio Rubio, Carmen Vadillo, Elías y Eliseo Rubio nos adentrábamos en
las galerías de "El Cacique", mientras otro equipo del G. Edelweiss
exploraba y topografiaba galerías del segundo piso, próximas también a
"El Cacique".
Tras un rápido recorrido de esta gran sala iniciábamos un progresivo y
dificultoso ascenso por grandes desniveles y caos de bloques que nos
llevó a una gran sala superior, desde donde reemprendimos la búsqueda
del o de los posibles accesos hacia la entrada de San Bernabé que
habíamos interrumpido en la expedición anterior.
Despues de una afanosa búsqueda por diversos divertículos laterales se
abrió ante nosotros un gran túnel que se adentraba en sentido Oeste. A
medida que avanzábamos por un suelo arcilloso, de pronto me pareció
distinguir huellas de pies en la arcilla blanda; acerqué mi luz al
suelo… y exclamé sobresaltado, !!huellas de pies¡¡, !!pies descalzos¡¡,
añadí. No podía dar crédito a mis ojos.
Los segundos que siguieron fueron indescriptibles, llenos de excitación y
euforia, cuando los demás miembros del equipo se acercaron para
constatar lo cierto del hallazgo, que se confirmó, en efecto, como
huellas de pies desnudos que nítidamente se hundían en la arcilla con
una ligera pátina de carbonato que les daba una apariencia muy antigua,
acaso del hombre primitivo, aventuramos. A medida que avanzábamos, la
profusión de pisadas era tal que Uribarri, consciente de que pudiéramos
estar ante un descubrimiento sensacional y poner en peligro la
integridad de las huellas, ordenó con autoridad: ¡se suspende la
expedición!
Todos nos contagiamos de la responsabilidad que Uribarri transmitió con
tan terminante orden; sin embargo, el descubrimiento, hasta ese momento
incompleto, no podíamos abandonarlo sin antes apagar la sed de admirar
tan desacostumbrado hallazgo que nos hacía vibrar de emoción. Por otra
parte era necesario valorar, aunque fuera de forma ligera, el alcance
del mismo.
Una somera observación indicaba que las pisadas eran de pies de
diferentes tamaños, prácticamente todas de adultos, con sentido de ida y
vuelta, y que se prolongaban a lo largo de la galería hasta un punto de
retorno, donde un gran tapón de colada cerraba totalmente la galería
impidiendo continuar la incursión de los hombres de pies desnudos y
también la nuestra. Huellas por centenares se localizaban en un
recorrido de unos 300 m. aproximadamente a lo largo de dos galerías y
una sala intermedia.
Por dónde habían entrado estos hombres hasta un punto tan distante de la
entrada habitual de Palomera, con los medios supuestamente escasos de
luz a traves de un medio tan hostil y lleno de obstáculos y peligros y,
lo que es peor, descalzos, no alcanzábamos a entenderlo. Solo un antiguo
acceso desde San Bernabé, ahora obstruido por derrumbamiento de la
galería, posteriormente concreccionado y que apenas dista 150 m. de
dicha entrada, podría considerarse como plausible.
Las conjeturas sobre quiénes fueron los individuos que llegaron hasta
aquí, cuándo se produjo esta incursión y con qué fin, se agolpaban en la
imaginación de todos; lo más verosímil parecería que se trataba de un
grupo de individuos que, bien empujados por un afán de exploración o
curiosidad, bien por llevar a cabo un posible rito iniciático, hubieran
hecho una incursión de ida y vuelta y nunca más hubieran vuelto hasta
aquí.
Esparcidos aquí y allá se advertían restos de madera carbonizada
pertenecientes quizás a antorchas con las que presumiblmente este grupo
de individuos había llegado hasta este punto de la cueva.
El final de esta galería, como se ha dicho, terminaba en una colada que
cerraba el paso e impedía proseguir más adelante, lo que explicaría el
sentido de vuelta del grupo.Tras esta inspección dimos por finalizada la
expedición para al día siguiente dar cuenta a los medios que
difundieron la noticia con la difusión y despliegue merecidos, pues
huellas de pies de características similares a las aquí descritas si se
asocian con el hombre primitivo, solo se conocen siete en todo el mundo;
cinco en Italia y dos en Lascaux, en Francia.Ojo Guareña añadía así un
tesoro más al acervo arqueoantropológico de sus ocultas riquezas.
Estudios posteriores de los restos de madera carbonizada llevados a cabo
por los investigadores Delibrias, Guillier y Labeyrie (1974) con
técnicas de C-14, arrojaron una antigüedad de 15.600 años, por lo que
nuestra impresión primera, que en el momento de su descubrimiento
atribuíamos al hombre primitivo, se reveló cierta.
Así, mientras la alta tecnología aeroespacial permitía al hombre moderno
a bordo de una cápsula espacial ver cumplido en esas fechas su hasta
entonces inaprensible sueño de alcanzar la Luna y poner los pies en su
suelo, a nosotros se nos concedía en el mismo espacio temporal descubrir
las primigenias huellas de pies desnudos que miles de años antes un
reducido grupo de hombres prehistóricos dejaron impresas en el vientre
de su vecina más próxima, la madre Tierra.
Eliseo Rubio Marcos
Burgos, Abril de 2001
Burgos, Abril de 2001
jueves, 29 de septiembre de 2011
miércoles, 28 de septiembre de 2011
martes, 27 de septiembre de 2011
lunes, 26 de septiembre de 2011
domingo, 25 de septiembre de 2011
sábado, 24 de septiembre de 2011
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