miércoles, 5 de agosto de 2015

El estudio de Cueva Román (Clunia) desvela nuevas inscripciones.

La Cueva Román es un complejo cárstico que servía para abastecer de agua a la ciudad. Grupo Espeleológico Ribereño
El equipo de investigación de Clunia han entrado ya en la recta final de su campaña estival de trabajo, que este año tuvo unas labores previas de excavación entre noviembre de 2014 y enero de 2015 para recopilar la información con la que han estado trabajando estas semanas.
La protagonista de esta campaña ha sido la Cueva Román, que era la base del abastecimiento hidráulico de la ciudad, a la que se ha vuelto a acceder gracias a un equipo de expertos de la Universidad de Zaragoza. Estas incursiones siguen aportando sorpresas para los investigadores. 

«Somos conscientes de que tenemos que entrar el menor número de veces, las estrictamente necesarias para documentarlo porque cada incursión lo agrede. La garantía de su conservación es una documentación que cierre por completo su conocimiento y deje su vida normal, porque sabemos que es tendente a la desaparición porque es un karst que se está conformando y se están desprendiendo las partes del techo que conforman la bóveda estable», explica Miguel Ángel de la Iglesia, uno de los codirectores del yacimiento.
Durante una de las últimas incursiones se llegaron a descubrir nuevas pruebas del tránsito de los pobladores romanos de Clunia por esta galería de túneles y lagunas subterráneas. «El jefe del equipo de Zaragoza, José Luis Villarroel, la última vez que entró dio con cuatro inscripciones nuevas y salió temblando, corriendo para sacar a su gente para volver a entrar de otra manera, porque es emocionante encontrarte ahí un grafito», confiesa Francesc Tuset, la otra parte del tándem de codirectores. Y es que las condiciones de humedad de la cueva mantienen las marcas humanas como si se acabaran de realizar.
El significado de las nuevas inscripciones localizadas está aún por desentrañar, pero se estima que serán del estilo de las encontradas en incursiones anteriores. Más allá de significados profundos, esas marcas realizadas con un punzón o con los propios dedos sobre el barro de la cueva no son más que una especie de libro de visitas. «Es un ‘aquí estuvo No Se Quien’ y cosas de esas», aclara Tuset, para explicar De la Iglesia a renglón seguido que «han dejado constancia gráfica como hacíamos nosotros cuando entrábamos en una cueva o lo hicieron Miguel Ángel o Rafael cuando entraron en la Domus Aurea, es una costumbre muy humana la de dejar constancia de haber estado en un sitio donde difícilmente alguien puede estar».


El objetivo de esas incursiones a la reserva de agua situada justo bajo la ciudad, con la que se comunicaba a través de una serie de pozos, era realizar labores de revisión y, curiosamente, dada la importancia para Clunia de esta fuente de agua, eran los propios magistrados de la colonia los que acudían
a estar revisiones. «Bajan a revisar los acuíferos y son los magistrados, porque hay una inscripción que dice ‘hemos estado aquí los cuatro virus’», confirma De la Iglesia.
En cuanto a las esculturas de barro encontradas, entre las que hay bustos y símbolos fálicos, los investigadores descartan que la cueva fuese un lugar de culto a los dioses romanos. Más bien, estas figuras modeladas con el barro de la propia cueva son una herramienta para calmar los miedos de los que allí bajaron. «Son elementos dedicatorios que tienen que ver con sus creencias religiosas, creen que haciendo ese elemento dedicatorio calman sus cuestiones de fortuna o suerte, o para invocar la protección de algún dios», reconoce Miguel Ángel de la Iglesia, completada su argumentación por Tuset, que sentencia que «entendemos que en este caso estarían dedicados al dios Príapo, que una de sus variantes es la fecundidad en su sentido más amplio, y esta es la fuente de vida de la ciudad».


De lo que no tienen la menor duda los dos directores de los trabajos de investigación en Clunia es que esta cueva y su contenido hace que sea un hallazgo único en España, porque acuíferos similares se han localizado en otros yacimientos romanos, pero ninguno con este nivel de conservación y mucho menos con los detalles esculpidos y grabados en sus paredes, que dejan clara constancia de la presencia humana en este subsuelo.
La propia forma de la cueva y sus accesos hacen que los directores del yacimiento descarten hacer una reproducción, «porque habría que estar en buena forma para transitar por ella» apunta Tuset, decantándose más por la posibilidad que ofrecen las nuevas tecnologías, como recreaciones en 3D o realidad virtual, que se podría completar con maquetas para que el visitante se hiciese una idea del espacio y su importancia.


Fuente:  http://www.diariodeburgos.es/noticia/ZCDA9461D-F41C-EC4F-22280FB9280EB776/20150805/estudio/cueva/roman/desvela/nuevas/inscripciones

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