La vitrina que acogerá este nuevo ‘tesoro’ desenterrado de las entrañas
de una tierra dedicada tradicionalmente al cereal en el camino conocido
como el Molino de Arriba, se instalará junto a los hallazgos de Baños de
Valdearados para mantener la cronología histórica. Y es que estas
piezas, pertenecientes a una vajilla doméstica, entre las que destacan
varios calderines, cazuelas, ensaladeras y un colador, están datadas en
el siglo IV después de Cristo, hacia el año 340 ó 350 más concretamente,
según explica Adelaida Rodríguez, que lleva un año trabajando en
recuperar estos utensilios de cocina, y que aún tiene trabajo por
delante con el resto de material localizado en Buniel.
Como sucede cada vez que hay un descubrimiento arqueológico de esta
magnitud, y tras la valoraciones iniciales, se procede a recuperar el
material y una vez trasladado al Museo comienza su largo proceso de
restauración, del que queda constancia en un pertinente informe de cada
pieza. Lo que se conserve en el Museo de Burgos es lo que se verá de la
villa romana de Buniel, ya que ésta vuelve a reposar bajo toneladas de
tierra como lo ha estado durante 17 siglos. «Es la mejor forma de
preservar ese legado», apunta Marta Negro, directora del Museo.
La información que proporciona el lote de vajilla, reconstruida hasta
donde ha sido posible, es en sí misma de una gran importancia para
conocer qué tipo de asentamiento era éste de Buniel, una villa con
dependencias principales, las de los dueños, y otras más modesta para el
servicio y los aparceros; en todo caso, no estamos ante una familia
romana de alta alcurnia, sino una familia terrateniente adinerada, pero
sin acumular riqueza ni poder. «En definitiva, estamos hablando de una
especie de minifundio», puntualiza la restauradora.
En este caso, las piezas dicen muchos más, son un libro abierto, y
sobre todo, destacan Adelaida Rodríguez y Marta Negro, se han podido
recuperar porque la vivienda sufrió un incendio; la estancia donde se
guardaba la vajilla se hundió quedando tapada por otras; por esta
circunstancia se salvaron cuencos, cazuelas y el resto de utensilios.
Rodríguez puntualiza que de haberse abandonado paulatinamente la villa,
las piezas con toda probabilidad, no hubieran aparecido sino que se
habrían fundido para fabricar nuevos útiles, práctica que era habitual.
Las piezas presentan un color verdusco, el propio del bronce al
oxigenarse, mientras que el hierro da un color amarronado o negro, el
que se puede ver en una jarra (probablemente para guardar aceite)
también procedente de Buniel, como un par de platos de cerámica. Esto
significa que el ‘cortijo’ podía tener dos estancias diferenciadas para
guardar el ajuar doméstico.
El lote de vajilla no es el único material procedente de Buniel. La
restauradora sigue recomponiendo piezas y ya cuenta con un buen catálogo
de ellas, entre las que destacan trébedes, llaves, colgadores,
tiradores o cencerros.
El trabajo de limpieza es meticuloso y lento porque las piezas fueron
sometidas al fuego y recibieron incrustaciones de otras similares u otro
material que cuesta despegar y que en algún caso se ha dejado para que
quede constancia de cómo llegan y como quedan tras el proceso
restaurador. Proceso en el que una pieza puede ‘descomponerse’ en
decenas, algunas minúsculas, que se numeran. Tras la limpieza y el
tratamiento con los líquidos pertinentes, hay que construir el puzzle
que es, al mismo tiempo, reconstruir la vida de nuestros antepasados.
Fuente: http://www.diariodeburgos.es/noticia/ZA02ED35F-E581-B9AF-4CA0CD55BB891954/20131022/veintena/piezas/villa/romana/buniel/expondran/museo/burgos
Yo vivo en Buniel y si quieres ver fotos de esas ruinas que estan a escasos metros de mi casa aqui
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