domingo, 25 de diciembre de 2011

-Excavaciones en el castillo de la Picota (Miranda).

La rehabilitación del castillo de Miranda gana enteros. Apenas dos meses y medio después de que Trycsa iniciase unos trabajos que permitirán su puesta en valor parcial -quedará pendiente todavía una segunda fase-, la antigua fortificación de la ciudad ha revelado un valor mucho mayor que el que los estudios históricos y arqueológicos le presuponían hasta la fecha. Protegidos por los restos visibles de la muralla, en el flanco que en 2009 sacó a la luz la barbacana, se ocultan los de otra fortaleza que los expertos datan en el siglo XVI. Es un castillo dentro de otro castillo.

Pero con un muro irregular, totalmente dentado. Nada que ver con las líneas rectas de las edificaciones militares de época medievales y altomedieval. El diseño, tipificado como italiano, tiene su razón de ser en el cambio del sistema defensivo que trajo consigo el uso de un nuevo armamento: los cañones. «Sus disparos causaban mucho más daño con los muros regulares, rectos. Inventaron este sistema, siguiendo el modelo de los castillos italianos. Con los redientes, el impacto de un ataque con cañones era menor».

El archivero municipal, Carlos Díez Javiz, explica que el hallazgo «parece ser un desarrollo, una ampliación» del fortín en el siglo XVI porque «del primigenio, el del XV, no se han encontrado muchos restos». El muro oculto sería visible nada más bajar del ascensor que se construirá en los próximos meses para dar acceso directo desde el jardín botánico hasta la barbacana. Ésta última se construiría en una época posterior, entre finales del siglo XVIII y principios del XIX, cuando el castillo mirandés vuelve a tener un uso bélico más notable por las guerras de la Convención, la de la Independencia y las tres Carlistas. Esa construcción avanzada, iría seguida de una nueva muralla que suprimió la que ha sido descubierta esta misma semana. En los restos se advierten al menos cuatro puntas; «cuatro redientes», uno de ellos cercano a lo que se conoce como torreón del rey, que mira frontalmente a la ciudad. «Se trata de un descubrimiento interesante y novedoso que nos cuentan mucho de la historia de esta ciudad», resaltó Díez Javiz.


Los cambios más recientes son los que concedieron un carácter mucho más «cuartelero» al castillo; el que los expertos tenían más documentado. Hasta la fecha había también constancia de la estructura originaria del siglo XV, de la que no se descartan puedan aparecer más huellas en los próximos meses. Pero no se sabía que existía una 'piel' intermedia. No había referencias.
Una sorpresa que obliga a replantearse parte del proyecto de recuperación: hay una capa más del pasado que quiere asomar. «Serán los arquitectos los que tengan que ver cómo vamos a desarrollar este tema. Ya estamos trabajando en ese asunto, pero los restos acaban de aparecer». No ha habido, por tanto, tiempo material para diseñar un plan específico.

Más aún si se tiene en cuenta que, con toda probabilidad, a medida que los trabajos se desplacen hacia el interior del cuartel, las sorpresas pueden multiplicarse. «Es más, nos hemos encontrado con que el propio cuartel es incluso más grande de lo que creíamos y más cuadrado», con respecto al trazado que figuraba en el plano de la fortificación que se obtuvo del archivo militar. De esa última estructura, la más joven, ha sido localizada la puerta de acceso con sus herrajes originales. Y a escasos metros, al menos, seis tumbas -dos cadáveres estaban ayer descubiertos- que «con toda seguridad» estarían vinculadas con la primitiva iglesia de Santa María, que fue destruida para construir el fortín en torno al año 1450 -para 1.480 ya estaba en pie-, por orden del Conde de Salinas. Desde el Cerro de La Picota era más fácil controlar el paso de las mercancías por el Ebro. Ese fue el sentido que llevó al conde -al parecer, inclinado hacia el bandolerismo-, a obligar a los mirandeses a levantar la fortaleza sacrificando el templo a su Patrona.

Los restos se extraerán de la zona y «se estudiarán de forma concienzuda». Porque todo ese área se convertirá en una zona de paseo para los visitantes de las ruinas. La demolición el pasado 17 de noviembre del depósito de agua potable que se construyó una vez que el Ayuntamiento de Miranda de 1903 decidió acabar con el castillo -sufría desprendimientos y tenía un coste de mantenimiento alto-, acabó con el símbolo del desinterés por el pasado patrimonial. Hoy el lugar que ocupaba, -en el corazón de la fortaleza-, es una explanada que dentro de unos seis meses se recuperará como parque. 537.000 euros es el coste de esta primera fase de rehabilitación, que cuenta con la cobertura de fondos europeos.

www.arqueologiamedieval.com 












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