
Para Julián Martín Abad, jefe del Servicio de Manuscritos, Incunables y Raros de la Biblioteca Nacional, aunque no existe constancia documental es muy posible que este impresor fuera Fiedrich Biel, quien ya imprimía en la ciudad suiza de Basilea hacia 1472. Sea o no así, la primera noticia cierta de que existe en Burgos un impresor llamado genéricamente ‘El alemán’ pero que se hace llamar maestro Fadrique es en 1482, cuando su taller recibió un encargo del Cabildo de la catedral para imprimir dos mil ejemplares de una hoja suelta, posiblemente de indulgencias. No existen ejemplares de esa hoja; sí, empero, de otra impresión un poco posterior: una Grammatica de Andrés Gutiérrez Cerezo, de la que se tiraron 400 ejemplares. Por ese trabajo Fadrique cobró 74.400 maravedíes
La casa-taller de este impresor estaba enclavada en un lugar provilegiado: frente a la catedral, en la plaza entonces denominada del Azogue. Afirma Julián Martín Abad, autor del estudio El taller del maestro Fadrique, alemán de Basilea, vecino de Burgos, publicado en el catálogo ‘El jardín de Melibea’ que se editó en 2000, nuestro impresor se casó con la burgalesa Isabel de la Fuente, de cuya unión nació una hija, Isabel de Basilea, quien acabaría convirtiéndose en uno de los personajes femeninos «más interesantes en la historia de la imprenta castellana».
De aquel taller de Fadrique, apunta Martín Abad, salieron más de 80 ediciones incunables, «un buen número sin indicaciones tipográficas y en demasiados casos representadas por ejemplares únicos conocidos, a la vez que muy dispersos por la geografía bibliotecaria mundial». Señala el estudioso que en los primeros años del siglo XVI, quizás debido a la crisis económica, el taller de Fadrique de Basilea baja el ritmo de su producción, recuperándose ésta hacia finales de la primera década. «Durante ese segundo momento de intensa actividad en el taller del maestro Fadrique encontramos de nuevo bastantes ediciones de obras devocionales y moralizantes; destaca la cuantía de textos literarios (incluyendo traducciones), principalmente literatura popular en forma de pliegos sueltos».

El maestro Fadrique estuvo siempre a la vanguardia de las diferentes soluciones técnicas y estéticas que iba ofreciendo la imprenta, «como es el caso de la utilización de tipos de gran cuerpo para los títulos que sustituyeron los acostumbrados títulos xilográficos que caracterizan a nuestros impresos del siglo XV, compartiendo entonces el uso de esta costumbre con Alemania». La última impresión de Fadrique fue una edición de Flor de virtudes con fecha de 1517. «El 1518 podemos considerar que su yerno, Alonso de Melgar, es ya responsable pleno de la actividad, claramente continuista, del taller del maestro de Basilea, iniciador de una saga de impresores, pues su hija Isabel, al quedar viuda, casará luego con Juan de Junta, uniendo la historia tipográfica de Burgos con la ya también antigua de Salamanca», apostilla.
La primera edición de La Celestina se cierra con esta addenda: «Fue impresa en la muy noble y muy leal ciudad de Burgos por Fadrique de Basilea Alemán a quince días del mes de octubre anno del nascimiento de nuestro salvador ihesu christo de mill quatrocientos e noventa annos...». Esta fue la piedra de toque, en el final del siglo (y de una era, con la entrada definitiva en el Renacimiento), para una epopeya editorial en la que Burgos habría de jugar un papel esencia. La capital castellana era una metrópoli referencial no sólo en lo político, sino también en lo económico, con el Consulado del Mar como centro de operaciones y de control en el comercio de las lanas castellanas, y en el ámbito cultural: arquitectos, pintores, escultores trabajaban en importantes construcciones de la época. También habría filófosos y teólogos desarrollando una intensa labor de pensamiento, como el caso de Francisco de Vitoria.
En aquel ambiente por desgracia irrepetible trabajó Fradrique de Basilea, pero no fue el único; tampoco La Celestina la única obra importante que saldría de los talleres castellanos. En1554 el suegro de Don Fadrique, Juan de Junta, alumbró otra obra llamada a la inmortalidad. Su título, La vida de Lazarillo de Tormes y de sus fortunas y adversidades. Con el fin del siglo XVI se extinguió el papel protagónico de Burgos. No hubo brasas ni rescoldos. Sólo entre finales del XIX y principios del XX la labor impresora recobraría cierta entidad, con los Calleja, Santiago Rodríguez, Aldecoa y compañía.
Fuente:R. Pérez Barredo www.diariodeburgos.es
Dicha inscripción suele pasar desapercibida ante la belleza de la Catedral y su entorno. La importancia de las imprentas de Burgos tendría que haber sido más mimada y continuada. Tampoco hay que olvidar que La familia de Pascual Duarte de Camilo José Cela se pudo imprimir gracias a la valentía de la Editorial Aldecoa de Burgos.
ResponderEliminarUn saludo
Comparto la opinión de Atapuerqués.
ResponderEliminarUna falta de atencion, por nuestro Ayuntamiento,no dar más empaque a la casa. Aunque la Gramatica de Nebrija se imprimió en 1492, en Salamanca, esta casa por la calidad y la expansión que tuvo la obra, quiza debiera estar más señalada.
El miércoles es el día de la Esclerosis Múltiple.
ResponderEliminarCuando veais a unas personas con huchas, dejadles un poco de lo que os sobra. Un poco de todos es un mucho para unos pocos. Se lo merecen, nos lo merecemos (nos haremos mejores)